sábado, 13 de abril de 2019

Barlovento: los campesinos y el futuro.

En los últimos años hemos sufrido una ola económica cultural que degrada social y económicamente el mundo rural. El despoblamiento del mundo rural es un reflejo de un tsunami que desde el mundo urbano agravia, agrede, devalúa lo rural, creando un espejismo urbano que actúa como imán hacia las urbes, creando nuevos problemas: el vacío del campo (no hay relevo generacional), el hacernos dependientes del exterior, el amontonamiento de población en las zonas urbanas y la pérdida de una cultura valiosa transmitida de padres a hijos, semillas, cultivos, etc.

El restaurante El Campesino, en Barlovento, una luz que alumbra y dignifica el mundo rural de hoy, una referencia de hacer las cosas bien. Esta empresa familiar, que genera más de una docena de puestos de trabajo directo, produce, a parte de las hortalizas y fruta en una finca familiar como agricultura ecológica, gran parte de los productos del restaurante, los suministros de carne, queso y vino se producen en la comarca Noroeste de La Palma (Barlovento-Puntagorda).

El Campesino también es una referencia de la cocina local, con ingredientes mayoritariamente locales, cocinados con leña de brezo y carbón local. Una empresa local que contribuye no solo con puestos de trabajo a una comarca deprimida que pierde población, una comarca que dispone de buenas tierras para cultivo, no solo en secanos, húmedos, sino también buenos suelos para regar.

El Campesino no solo dinamiza la economía de la zona, sino que también rescata del olvido platos como el caldo trigo, escaldón de gofio, con trigo cultivado en la comarca.

El Campesino es también una referencia que dignifica el trabajo, el esfuerzo, el riesgo de emprender una empresa que asocia lo que ponen en el caldero con el territorio, con el paisaje y el paisanaje, algo básico que hoy es una manera de que los territorios tengan vida propia.

Nuestro mundo rural demanda iniciativa propia, tanto en el plano agrario, como en la dinamización de actividades que generen riqueza, que animen a nuestros jóvenes a la creación de actividades propias, tanto en el sistema productivo, como ocurre con cultivos de proteas, ñames, caña de azúcar, aguacates... En una palabra, Barlovento ha perdido población, por la falta de iniciativa y por los frenos burocráticos de una administración que prioriza las fiestas, poniendo barreras a los usos tradicionales, siendo referencias positivas las casas de turismo rural y el hotel de La Palma Romántica. No digamos el papel que juega la Comunidad de Regantes, con una gestión responsable de los equipos de riego y la bolsa de regulación en el barranco de Abreu.

El Campesino es también un punto de luz en el olvidado y machacado norte de La Palma. No olvidemos que un número importante de restaurantes que funcionan prestando un buen servicio pero con menos personalidad, hacia los que los productos de la tierra mantienen una digna competencia.

Sirvan estas líneas de reconocimiento a todas las personas que entienden que la lucha contra la desertización del mundo rural pasa por sembrar ilusión y compromiso con lo local. No hay varitas mágicas para conseguir una sociedad más equilibrada, sobre todo para que las diferencias entre el mundo rural y el urbano sean menores.

El Campesino en Barlovento es una buena referencia de otra manera de hacer las cosas y el nombre está bien defendido con la empresa familiar que hace un buen uso de algo que ha dignificado nuestro campo.

sábado, 6 de abril de 2019

Del Batán a Chamorga

La crisis del campo en Canarias tiene múltiples lecturas. El campo se vacía, tenemos una devaluación de lo rural, tanto en el plano económico como en lo cultural, no se ha producido una revaloración de lo rural, dignificación de lo local, de los productos locales, de los paisajes, de la singularidad, el folclore y la fiesta, no única para lo singular. Nos hemos quedado en las obras, en mejorar las comunicaciones, agua, luz..., temas importantes, pero, sin embargo, no hemos conseguido que las obras en los espacios rurales tengan prioridad para los que viven en el entorno de los espacios supuestamente protegidos. Entiendo, además, que frente a los urbanitas, los habitantes del medio rural han de tener, ante Hacienda, una menor carga fiscal, que permita hacer frente al aislamiento y favorezca la fijación en el territorio. La recuperación de la población en el medio rural es algo tan básico, tanto en lo social, población amontonada en pocos núcleos urbanos, mientras gran parte del territorio está infrautilizado, despoblado, agua, suelo, paisaje, paisana del campo sin campesinos y jóvenes sin trabajo en los núcleos urbanos.

Leamos un caso de Anaga: Del Batán a Chamorga, las lecturas, comparativas, siempre tienen dificultades; hemos de destacar que el Batán es de los núcleos más vivos de Anaga, mantiene una comunidad de vecinos organizada, cultivando un alto porcentaje de los terrenos: ñames, papasborrellas, viñas, frutales, etc. El Batán mantiene también un fuerte movimiento vecinal, un grupo musical, la parranda, cuevas del lino, además de que su proximidad a La Laguna y sus vínculos laborales han favorecido una mayor cohesión. Chamorga ha sufrido un mayor aislamiento, con una crisis del entorno, hoy agravado ante la descapitalización del entorno. No olvidemos que en Anaga apenas quedan jóvenes, con menos de cincuenta niños entre tres y doce años, y colegios que, gracias a la buena voluntad de los maestros y la Consejería de Educación, mantienen las puertas abiertas en Taganana, Igueste de San Andrés, Roque Negro y Carboneras. Esta es una situación que se reproduce en muchas zonas de La Palma, La Gomera, cumbres de Gran Canaria, y, en Tenerife, en zonas como el Noroeste, Icod, Teno o en el suroeste Agache (Vilaflor).

Efectos colaterales del despoblamiento: ampliación de los campos sin cultivo y consecuencia, espacios para la propagación del fuego en los veranos, crisis en el poblamiento, en los bancales, infraestructuras, caminos, red de riego, viviendas, paredes frutales, pérdida de una cultura de gestión del territorio: pastores, agricultores, pescadores, etc.

Ahora, Chamorga sufre la presión de animales asilvestrados que entran en conflicto con los agricultores y ganaderos. Según los últimos datos del Parque Rural de Anaga, tenemos más de 400 animales sueltos, sin pastor, creando problemas muy serios para la población local, bien sea ganadero o agricultor, sin que olvidemos los problemas en la naturaleza de la zona.

Entendemos que la gestión del territorio requiere población con actividades agrarias y ambientales. Hemos de poner recursos públicos en una gestión sostenible del medioambiente. Hay que armonizarlo con la población y los usos tradicionales y, para ello, hemos de mejorar la vida de los habitantes de Anaga. Agricultura, naturaleza y población son un todo. Tenemos que dignificar la cultura del territorio.

viernes, 29 de marzo de 2019

De Barovento al Silicon Valley

He leído estos días un trabajo sobre la historia de Barlovento entre 1493 y 1918, obra interesante, cargada de datos y referencias sobre la vida en nuestro pueblo, en la que Horacio Concepción García desgrana una rica información, en casi quinientas páginas. La obra, presentada en Barlovento hace algunos meses, no tiene apenas divulgación, posiblemente porque vivimos en el espejismo, que mira de manera permanente hacia fuera, ignorando y marginando lo local, lo pequeño, lo nuestro. Mientras, en los centros de poder del mundo, como el de Silicon Valley, le prohíben a los niños las tabletas y los móviles, y fomentan volver al papel y a la pizarra. Y eso ocurre con los hijos y nietos de los dueños de Apple o Google, intentando evitar la desconexión de los niños con el medio, con la vida, dada la separación y alejamiento entre los humanos y el territorio y la sociedad en la que vivimos. Sean estas líneas de apoyo a la dignificación de lo pequeño, de lo local, como manera de hacer visible la tierra en la que hemos nacido, pero también convencido que la dignificación de lo pequeño, lo próximo, lo de aquí, aporta no sólo bienestar a la familias locales, sino que también genera equilibrio y orgullo como pueblo, revalorizándonos, rompiendo con moldes que miran para lo global, para las macrociudades, como modelo, en un mundo que devalúa y destruye lo rural, asociando todo progreso y modernidad al alejamiento del campo y lo rural. Sin embargo, la salud humana y la salud ambiental del planeta nos dicen que tenemos que mirar para el campo por la naturaleza, leer el ayer para sembrar el mañana.

A partir de una lectura rica de los archivos, Horacio presenta un amplio recorrido de la historia de Barlovento, con páginas cargadas de información, en la que presenta los temas básicos para entender el presente: poblamiento, comunicaciones, actividades económicas: cultivos, ganadería, reparto y uso de las tierras, el papel de los usos comunales, las actividades forestales, los aprovechamientos de madera, los recursos hídricos y la tierra, los grandes ciclos económicos y Barlovento, los conflictos por la tierra y el agua.


Horacio describe los montes con sobrepastoreo, hasta la cumbre, con una gran explotación de la madera y nuevos cultivos como los boniatos para mitigar el hambre. En otro estado de cosas, sitúa la cebada y el centeno para suelos más pobres, para conseguir algo que llevar al estómago.

Capítulos importantes son los dedicados a la alimentación; sequía, langosta, tierras dedicadas a cultivos no comestibles, escasez de grano, importación, hambre, situando el año 1847 como el de la carestía de alimentos que nos obligó a recurrir a la raíz de helechos y las tuneras asadas como alimento.

El libro es un trabajo que nos ilustra con abundante documentación del recorrido de una comunidad a lo largo de los años, siendo un documento básico que nos sirve, de alguna manera, para preparar el futuro, entendiendo que, para ello y en buena lógica, hemos de conocer el pasado.

Echamos de menos que dicho trabajo no aparezca como una referencia importante de lectura básica en Barlovento, máxime cuando vemos las referencias de nuestros pueblos, la desmotivación en nuestros jóvenes por las cosas y conocimientos sobre temas básicos para generar riqueza económica y ambiental, agua, agricultura, turismo, dignificación de nuestra historia y la económica, como optimizar nuestro medio. En relación a ello Horacio hace un recorrido a través de diez capítulos, en el que nos habla de un rico repertorio, desde el robo del pósito a la construcción de la Iglesia y a las actividades agropastoriles. Aquí y ahora, el presente y futuro de Barlovento, que nos obliga a mirar para dentro dignificando nuestro entorno.

La lectura del trabajo de Horacio nos sitúa en el Barlovento con más recursos en quinientos años de historia, que tiene los mejores montes, y qué decir de las viviendas, la sanidad, los centros de enseñanza... Nos falta una valoración en positivo de cómo optimizar los recursos campesinos; agua, tierra, turismo, naturaleza, con una gestión que dignifique y armonice naturaleza y vecinos, en una sociedad más equilibrada y solidaria que reconozca valores que hoy están devaluados, por un espejismo que degrada y devalúa lo pequeño, lo local, en una farándula, y que no siembra futuro, ni bienestar social y ambiental.

La lectura del estudio sobre Barlovento es también una manera de dignificar y autovalorar lo nuestro, como colectivo, que se identifica con el territorio que pisamos, ante un mundo globalizado que nos empobrece.

Enhorabuena y gracias a Horacio.

viernes, 22 de marzo de 2019

De Arafo a Zonzamas

El pasado viernes, los jóvenes nos dieron un tirón de orejas sobre el cambio climático y lo que hacemos. El sistema educativo y los medios de comunicación suelen estar con actitudes que miran para la alta política. Sin embargo, entiendo que, en relación a lo que ocurre con el clima y la política económica en el planeta, o la huella de carbono y el kilómetro cero, es esencial lo que pasa a escala de lo pequeño, lo local y lo familiar. ¿Qué hacemos aquí y ahora? Veamos el ejemplo de los castaños de Arafo y los boniatos de Zonzamas, cultura y cambio climático.

Hemos de entender que el castaño es una planta que demanda más de 700 litros de agua por m2 y año, y una baja insolación. Sin embargo, nuestros agricultores han sido capaces de hacerlos productivos en la ladera del sotavento de Tenerife, con menos del 50% de los recursos hídricos y una mayor insolación, en este mismo marco. Nuestros agricultores han incorporado otros frutales adaptándolos a la aridez: guindas, perales, damasqueros, etc. Han construido hornos para secar higos de las zonas altas que maduran en octubre, hornos localizados entre Arafo a Ifonche. Qué decir de la cultura del jable y la aridez, evidente entre Arafo y Vilaflor, con pequeños pasos hasta las Fuentes Cloro y El Cedro (Guía-Adeje), o la de los boniatos y hortalizas en los jables de Lanzarote.

Los llanos de Zonzamas son un ejemplo de libro que debemos incorporar a la escuela y a la Universidad; boniatos y tomates con la lluvia del desierto, con rendimiento de zonas tropicales, tomates de secano en Tías o en el jable de Costa de Teguise; qué decir de los boniatos de secano en el sur de La Palma o de la viña malvasía en los Llanos Negros (planta exigente en humedad cultivada en secano). Nuestros jóvenes y sus profesores tienen que mirar para lo pequeño, lo local, donde referencias como Greta Thunberg seguro que cogerían una guataca o un sacho y dignificarían la cultura campesino huérfana en los tiempos que nos toca vivir; y lo del viernes pasado no puede ser una nueva marca en el santoral de los tiempos haciendo del tema un día más de nuestros ritos colectivos.

Las castañas en Arafo, las almendras en Santiago del Teide-Guía de Isora, los tunos y el queso ariqueros en el Valle del Palmar (Teno Alto) no son compatibles con las zarzas y tabaibas dominantes, y menos aún en algunos de los pedazos de tierra más fértiles de Tenerife, en los que quedan menos de una docena de agricultores y ganaderos con peligros muy serios de seguridad en los próximos meses de verano cargados de combustible mientras nuestra ganadería se alimenta con forraje importado. Aquí estamos sembrando peligros serios ante los largos veranos canarios.

Necesitamos activistas locales que miren en su entorno, desde la Caleta de Famara hasta Garafía, que a la hora de alimentarse miren hacia nuestros paisanos y nuestros paisajes. Pongamos en nuestra agenda un mayor compromiso con la tierra, con más respeto a los que hacen surcos y limpian maleza. Hagamos surcos con los conocimientos, sembrando el campo, con una cultura cargada de valores que han dignificado haciendo productivo, medios y plantas. Que la cultura de los campesinos se incorpore al saber, en una lucha por mejorar la relación con el medio y evitar la aridez y los suelos pobres. Dignifiquemos la cultura hija de la sabiduría del campesino.

Al final, los maestros de la tierra en Arafo, Lanzarote, Fuencaliente son maestros del cambio climático que debemos tratar con cariño y respeto, y sobre todo aprender. Gracias por esta sabiduría que es hoy tan útil y tan necesaria en esta tierra.

viernes, 15 de marzo de 2019

Las grajas, tuneras y el cambio climático

Hacemos cosas que cuesta entender en eso que llamamos sentido común. Lo peor de todo es que son planteamientos que parten de las cabezas más ilustradas, las que están cultivadas en las universidades.

Las grajas en La Palma son una referencia de salud ambiental, centinelas del medio ambiente, y localizadas en zonas con menos veneno. Solo quedan en La Palma.

Las tuneras, las arrancamos como plantas invasoras. Sin embargo, las grajas demandan tunos, al igual que otras aves, lagartos? es decir, a las grajas les cortamos la alimentación, en nombre del medioambiente. Por otra parte, como no sembramos cereal y apenas labramos la tierra, impedimos que las grajas encuentren larvas, caracoles, semillas... Y qué decir de las higueras y los higos, otro alimento en abandono, etc. Nosotros no comemos tunos, porque tienen picos, y en cambio compramos fruta del otro lado del mundo. No olvidemos que las tuneras son plantas adaptadas a suelos pobres, con gran capacidad de arraigar con precipitaciones muy cortas, siendo una planta que produce fruta en suelos con pocos cuidados, y además sin veneno.


Esta planta, además, ha sido un auxilio en la alimentación de los canarios cuando éramos pobres, tanto como fruta fresca como pasada, mientras que las pencas de tunera era utilizadas como forraje para el ganado, desde Lanzarote a Tijarafe. Por ello, rechazamos la lectura libresca sobre las supuestas plantas invasoras, olvidando los usos tradicionales y las leyes de la naturaleza, como ocurre con la pitera que fue una gran forrajera, sobre todo ante los años secos, no siendo menos importante cómo distraemos recursos públicos en temas periféricos, ignorando que los frutales de secano no solo alimentaban a la población local, pero también a la fauna supuestamente protegida.

En La Palma son una referencia las grajas, pero, sin embargo, nuestros ambientalistas proponen a los políticos actuaciones que nos empobrecen y alejan al gastar recursos en los temas que debemos priorizar como pueblo.

El cambio climático nos obliga como colectivo al cuidado de plantas adaptadas a la aridez, así como a los suelos pobres. Las tuneras, las higueras, los almendros y la viña son ejemplo de un modelo que siembra y planta futuro. No es razonable que estemos plantando tabaibas y otras euphorias mientras vemos que nuestros frutales se encuentran ahogados entre aulagas, tabaibas, granadillos, retamas, etc. o mientras celebramos fiestas de almendro en flor, olvidando la limpieza, la poda y el mantenimiento, careciendo en nuestro comercio de higos y almendros del país, mientras los importamos de Turquía o California.

Pongamos las cuadrillas ambientales en trabajos de prevención de incendios, o en actuaciones ordenadas con continuidad en frenar el rabo de gato, pero, sobre todo, dando cuidados a los frutales y a un amplio campo de conocimiento sobre la cultura agraria. Lo de las tuneras y las grajas son un ejemplo de la separación entre el mundo real y las teorías urbanas, alejadas de los campesinos.

Las grajas crean problemas a los campesinos cuando le arrancan el millo recién sembrado, pero la Administración Pública no debe dejarlas sin tunos, porque en ese caso se hacen más agresivas con los pocos agricultores que siembran. Las grajas no quieren tabaibas ni verodes. Y nosotros tampoco.

Canarias deber tener ahora la mayor superficie de tabaibas y verodes de los últimos quinientos años. No hagamos nuevas plantaciones.

Las tuneras nos han socorrido en periodos de hambre, son los frutales más tolerantes a la aridez de los cultivos en Canarias. Debemos tratarlas con el respecto que se merecen. No son invasores, las trajeron los emigrantes y generaron un ciclo económico con menos miserias, además de poner alimento en nuestro estomago cuando los alimentos no venían en los barcos.


Sembremos ilusión y compromiso con un mundo más sostenible. Si la naturaleza va a mal para las grajas va mal para nosotros. Aprendamos, aunque sea un poco, de nuestros mayores.

Las tuneras frenan la erosión y hacen productivos suelos hoy valutos. Leamos el territorio con cultura de ayer que puede ser una siembra del mañana.

viernes, 8 de marzo de 2019

Barlovento y el Monte

Tiene una difícil lectura la problemática de nuestros montes en estos momentos. Hace unos años, Barlovento era un pueblo que vivía básicamente relacionado con el monte, ya que su costa carecía de interés económico por los problemas de la escasez de agua.

Los montes de Barlovento son unos de los montes más ricos de La Palma, unidos a los de Garafía, Los Sauces y Puntallana, sin embargo en estos momentos carecen de gestión. Hemos de entender que el mantenimiento del monte tiene elementos básicos. Si hacemos una gestión humana de los recursos forestales, por ejemplo, no podemos seguir tratando los problemas de los montes con la misma cultura que los problemas urbanos. Es decir, en Barlovento carecemos en estos momentos de cuadrillas forestales que manejen, que conozcan, que dominen las pistas, las dificultades de la orografía, el conocimiento del terreno y, sobre todo, que hagan una labor de selvicultura, tanto de cortafuegos con entresaca, como de la limpieza de las zonas próximas a la población propias de un medio rural. La gestión medioambiental en La Palma carece de cuadrillas asignadas al territorio, como es el caso de este municipio, y se piensa en unos bomberos de tipo urbano, de tal manera que lo que hemos visto estos días en Galicia y Asturias, en pleno mes de marzo, con incendios que se pueden dar en Canarias en las mismas condiciones.

Los bomberos urbanos se mueven con planos, con conocimiento de las zonas urbanas donde trabajan y actúan. Los bomberos en el medio rural han de conocer el medio en el que están. No nos vale un sistema de cuadrillas sólo mirando para los medios aéreos, como están en estos momentos. Tenemos que darnos cuenta de que la defensa de los incendios en La Palma tiene carencias importantes en la selvicultura y la entresaca que hay en los trabajos forestales. Por lo tanto, en los montes de Barlovento, que tiene la mayor superficie forestal , por lo menos en los últimos 200 años, en la que se ha abandonado la actividad agraria y ganadera que tenía que ver directamente con el monte, se encuentran desatendidos. Pensemos que en los años cincuenta-sesenta tenía más de mil cabezas de ganado, que dependían en gran parte del forraje del monte, tagasaste, brezos y demás. Se hacía estiércol, para abonar las tierras. Hoy en día, toda esa actividad agraria y ganadera está prácticamente desaparecida, con el riesgo que conlleva principalmente para los incendios. Por lo tanto, necesitamos urgentemente la reactivación de brigadas forestales asignadas al territorio con un dominio del mismo.

El monte hoy puede generar puestos de trabajo. En su momento significó un complemento económico para el ayuntamiento, el cual tenía parte de sus ingresos relacionados con la actividad forestal. Hoy en Canarias hay 130.000 ha forestales y las brigadas forestales son el personal humano encargado de su gestión. En ningún momento se ha planteado que estas personas deben estar relacionadas con el territorio que pisan, cosa que en el caso de Barlovento si sucedía tiempo atrás. En ese mismo marco hemos de situar que la selvicultura no puede ser una actividad burocrática separada de los problemas de los agricultores y de los ganaderos. Por eso no podemos estar de acuerdo que este tema se resuelva con unos agentes forestales que vienen a las zonas rurales o las zonas forestales, con unos planteamientos librescos, que aplican unas dimensiones en el corte de los árboles, o una supuesta protección forestal, que sale de un marco urbano alejado de la situación real. Por ejemplo cuando nos hablan de los viñátigos o laureles, como plantas para conservar el monte, ante los brezos, los acebiños o las fayas, o con un tema teórico de que el monte se degrada si se corta muchas veces, ya que no es así. En Canarias hemos de tener en cuenta donde está cada superficie forestal, si está en las zona de umbría o está en el fondo de los barrancos, o en los lomos, las condiciones no son las mismas, ni la vegetación tampoco. Canarias tiene que volver otra vez a asignar a personas con tareas concretas en superficies definidas y que los trabajos forestales no pueden ser temas teóricos o abstractos, que un día los enviamos al monte o llamamos a la UME para que resuelva los incendios en una superficie que no han pisado o que no conocen. Es en ese marco en el que entendemos que el monte de Barlovento ha de generar puestos de trabajos y estabilidad ambiental. Hay que cambiar la política forestal en Canarias o en el caso concreto de La Palma, para que lo que está ocurriendo estos días en Asturias y Galicia, o lo que ocurrió el otro día en Llano Negro en Garafía, sea algo excepcional. Para ello hay que hacer selvicultura , trabajos de mantenimiento, cuidando los accesos. Al fin y al cabo poniendo en práctica la cultura del monte.

Los montes de Barlovento han estado prácticamente humanizados cuando las condiciones económicas nos obligaron a mirar para el monte, como principal fuente de supervivencia. Así, cuando hablamos de Las Cancelitas, de Las Eritas, del Corral de la Piedra, de La Cueva de Peteire y de tantos topónimos que tenemos en medio de lo que es hoy una zona forestal, que en una época de carencias la gente del lugar aprovecho para vivir, desde los codesales, que se utilizaron como elemento de pastoreo, hasta gran parte de las zonas de monte en las que no sólo se utilizaban para la leña, el carbón, o las ramas para los animales, sino que se llegaron a exportar a Gran Canaria o zonas urbanas de La Palma, toda esa actividad agraria o ganadera prácticamente ha desaparecido. Ahora nos encontramos en otra coyuntura en la que tenemos el mejor monte que hemos conocido en la historia posiblemente de la Palma. Pero falta una relación de trabajadores vinculados al monte , de profesionales con conocimiento del territorio y compromiso con éste, en el que se ha de partir de un presupuesto que ha de manejar los responsables ambientales de la Isla o con participación del ayuntamiento, para que los montes tengan un nivel de limpieza y de trabajo de selvicultura, entendemos que los tiempos modernos nos obligan a tenerlo y no como está en estos momentos.

Hablando estos días me decía un "no ya joven" de este territorio que en la época en la que tenía 18 años llegó a bajar al empaquetado de la Finca de Oropesa hasta 700 kg de pinocha al mes. En esa época teníamos cientos de chicos de Barlovento y otros menos jóvenes llevando pinocha para los plátanos o los empaquetados. En esa época de miseria que el monte estaba barrido, hoy afortunadamente eso no lo necesitamos. Hoy eso no es así, pero sí que tenemos que tener selvicultura, cuidar nuestros montes con profesionales, que tengan garantizados unos ingresos económicos, revalorizados como trabajadores de una actividad que se necesita mantener y que está ahora mismo descuidada.

viernes, 1 de marzo de 2019

Los montes y el medioambiente

En la historia de las Islas, el monte fue un complemento económico de la población. En las cinco islas occidentales funcionó una relación vertical, en la que las zonas costeras y las medianías demandaban productos forestales, pero también las tierras más fértiles que ocupaba el monte. Teníamos un equilibrio inestable, monte y tierras para cultivar, el topónimo rosas se repite en Canarias, de rozar con "z", de la dura lucha entre el hacha y la azada, que no siempre fueron complementarias, como ocurrió en muchos puntos de las medianías, sobre todo en Gran Canaria, y en otros puntos de las Islas en las que se privatizaron los montes. Leamos la creación de los municipios y los montes, así por ejemplo, en La Palma todos los municipios tenían monte, excepto Tazacorte. En Tenerife, quedaron huérfanos de monte Arona, San Miguel y el Puerto de la Cruz. En Gran Canaria, en las medianías húmedas se impuso el hambre de tierra para cultivar los surcos y el pastoreo. Se impusieron sobre un mayor equilibrio socioambiental.

Los montes y el medio ambiente. Los montes hoy: contemplación sin actividad económica, 135.000 hectáreas, supuestamente protegidas, con apenas operarios, cargadas de visitantes urbanos con poco presupuesto, con profesionales más preocupados por los incendios en los veranos, sin apenas gestión de la selvicultura -bosques cargados de combustible, leñas muertas, altas densidades de plantas, pinos como plantaciones de lechugas, sin entresacas, pinocha, maleza, matorrales en zonas de antaño de cultivo, pastoreo ahora en crisis agroganadera-. De madera y de leña apenas tenemos demanda, el abono orgánico cae en picado, dada la perdida de la actividad agraria y la comodidad con los abonos químicos.

La burocratización de la actividad forestal, con lamentables cortacircuitos urbanos, tiempo, papeles, limitaciones poco entendibles, por el distanciamiento entre la actividad forestal y la administración. Los corta la matarrasa o entresaca, la lectura de las distintas categorías de protección -inclinación del terreno, supuestas plantas más protegidas, los viñátigos, los laureles-, el resto de los montes en terrenos de uso agrario hace unos años, ha vuelto al cultivo la lectura urbana del monte. Separar la actividad forestal de los problemas de cada día, cortar, hacer carbonera, limpieza de la broza, grueso de los arboles, transporte de los materiales, periodos para realizar las actividades. Las relaciones entre empresas y administración, o no son fluidas, o están cortocircuitadas, las multas son una referencia en muchos casos, leyenda o realidad de los damnificados.

Hemos de superar la mala prensa entre los gestores del monte y los agricultores, ganaderos y las empresas forestales. No es entendible que tengamos multas que hacen inviable la solvencia de las empresas forestales en nuestros montes, que en Garafía, Barlovento y otros municipios, en los que el monte ahoga las zonas habitadas, tengamos enfrentamiento permanente entre administración y los que realizan la tan necesaria actividad forestal, hoy en entredicho. Hemos de mejorar las relaciones entre la administración y los afectados por los usos del monte. Los ayuntamientos se han de dotar de un equipo humano que vele por mejorar las relaciones entre ambas partes, que fomente una actividad básica en la necesaria mejora entre la explotación del monte, su conservación, la lucha contra los incendios, con la labor de prevención y toda una cultura de ocio y contemplación del monte (senderos, áreas recreativas o educación ambiental, etc.).

Los cuidados del monte nos corresponden a todos, no es buena la actual situación jerarquizada, muy burocratizada, en la que hemos distanciado los usos tradicionales de los administradores, con un gran número que nos separa y aleja. La gestión del monte y la lucha contra el fuego.

La cultura urbana dominante requiere muchos aliados para cuidar y defender nuestros montes con costes aceptables. No olvidemos que tenemos un 20% de superficie de las Islas como espacio forestal, que en La Palma es más de un 50%, es decir, más de 30.000 hectáreas. Hemos de mejorar las plantillas humanas y cuidar las relaciones entre administración y territorio. El actual sistema de sanciones debilita y empobrece la gestión del monte y la naturaleza. La rentabilidad social del monte es muy superior a la rentabilidad económica, pero ambas son importantes.

La buena gestión del monte la hemos de asociar con una economía ambiental que dignifique una agricultura más sostenible, más armónica con el medio. Se están dando pasos positivos en la alimentación local, con alimentos sin agroquímicos, incluso en el principal cultivo de exportación, con más de cuatro millones de kilos de plátanos ecológicos en La Palma.

La mejora de las relaciones entre administración y administrados está en nuestras manos, la gestión del monte con cultura de prevención demanda una mayor participación de los vecinos en la gestión de los montes. Las multas y las sanciones deben reducirse al mínimo, es necesario el dialogo, tendamos puentes, es compatible la gestión del monte y del medioambiente, las actividades forestales son básicas.

Demandamos una política tolerante con los usuarios del monte, los campesinos y los usos tradicionales, que son básicos para un futuro más sostenible. No olvidemos que la prevención es básica en la lucha contra el fuego, y ello requiere retirar combustible de los montes.

viernes, 22 de febrero de 2019

Los montes y la burocracia

Cuesta entender lo que hacemos en la gestión forestal de Canarias. Las leyes vigentes están alejadas de la gestión, de la cultura y la actividad agraria y ganadera, separadas del paisano, del conocimiento del entorno, olvidándose de la economía de los vecinos del monte, de la sabiduría de los campesinos.

Hacemos leyes que declaran categorías de conservación de los montes, ignorando el medio, pero sobre todo los usos y costumbres. Hacemos mapas de colores en los despachos, tras la pantalla de un ordenador, ignorando los usos tradicionales, la vida y las actividades de los que han gestionado el monte generación tras generación.

El monte es hijo de la naturaleza (suelo, clima), pero también de los gestores del territorio. La mejor o peor conservación de los montes tiene nombre y apellidos

Entremos en materia. En la montaña de El Pozo -en Barlovento-, han multado a un agricultor en una finca particular por corte a matarrasa, aplicando una ley que "protege" la naturaleza, limitando el diámetro del tronco a 15 cm, y la no eliminación de los despojos procedentes de la corta. ¿Cada día hay que barrer la zona como la plaza?

Las leyes y la ignorancia. Hemos de destacar que la zona sancionada era zona de cultivo hace solo 30 años, como lo atestigua la cueva de las vacas en el entorno, es decir, la faya o el viñátigo, con más de 15 cm, han crecido en dicho periodo. Aplicamos unas leyes de supuesta protección para las montañas de Jandía en Fuerteventura. Lo de matarrasa es otro planteamiento poco entendible -árboles para que aniden los pájaros- en Barlovento, donde la foresta rodea las viviendas.

Monte y economía. Estamos alejando la gestión forestal de los campesinos, de los usos tradicionales, mientras que en los veranos contratamos equipos aéreos, helicópteros, aviones etc., separando la gestión del monte de los vecinos. Apenas cuidamos los cortafuegos, las zonas de protección de los vecinos, imponiendo la burocracia para autorizar las labores forestales: varas, leña, carbón, monte para el ganado, o qué decir de una agricultura con manos agroquímicas.

El monte como actividad económica. Estamos importando carbón vegetal de Argentina o Cuba (carbón de marabú), con costes y peligros de introducir nuevas plagas en Canarias, y aquí generando paro y miserias. Monte y burocracia, aquí tratamos como delincuentes a los que hacen labores forestales, como es el caso de la denuncia antes comentada. Estas labores significan puestos de trabajo, a parte de carbón vegetal para restaurantes o leña para barbacoas. ¿Qué decir de las horquetas tradicionales, con precios más económicos que las horquetas metálicas, o de la materia orgánica para los cultivos, etc.?

La agricultura y la naturaleza han de estar en sintonía, para que los agricultores, o las empresas forestales, hagan una labor complementaria, en el plano económico y ambiental. La expansión de los montes en La Palma crea condiciones para una actividad agraria más ecológica, con un monte más preparado ante los largos veranos canarios y el fuego. Ahora un permiso para cortar monte suele superar los cien días, no digamos de la matarrasa o el no a las carboneras tradicionales. Con las leyes actuales tenemos más peligro de incendios, y lo que es peor, los pueblos se vacían, como en Barlovento, cerrando colegios. Los montes se hacen intransitables, y sólo los podemos contemplar del aire. Y el paro y la pobreza son la referencia de lo que ocurre, como el caso de la denuncia por realizar una labor positiva social y ambientalmente.

Hagamos las leyes para los pueblos y no para la burocracia, tratemos con respeto a los que trabajan. Las leyes ambientales han de estar vinculadas al sentido común, a la cultura de ayer. La gestión del monte es hija de los campesinos, ahora ignorados por los burócratas.

viernes, 15 de febrero de 2019

Barlovento y los cabuqueros

En ocasiones, en la historia de los pueblos, ignoramos o escondemos nuestra cultura, como comunidad, acomplejada de su ayer y en consecuencia del presente y del mañana. La historia de las galerías y los pozos, por ejemplo, ha tenido una lectura cargada de tópicos y adjetivos, poco objetivos, ya que el agua la asociamos a la naturaleza, como el aire que respiramos. En Canarias es un bien escaso y gran parte de la que obtenemos en galerías y pozos se debe al esfuerzo y al trabajo, en algunos casos de varias generaciones sacrificadas. Hoy quiero hacer mención a algunas de estas personas, y en concreto a los cabuqueros, término portugués que en Canarias lo asociamos a caboco(depresión profunda en un barranco), y que sería el trabajador especializado en la perforación de túneles de las galerías para la extracción de aguas subterráneas. Valga como referencia un acto que hacemos en Barlovento hoy, 15 de febrero, de encuentro con los cabuqueros locales e insulares.

Es bueno que sepamos que La Palma ha multiplicado por ocho las tierras regadas entre 1940 y 2018, significando más del 20% de las aguas no industriales de Canarias, mientras que la Isla apenas alcanza el 3% de la población canaria, con un gran desequilibrio entre población y recursos. En el caso de Barlovento, este municipio supera el 10% de los caudales alumbrados en la Isla, mientras que su población no alcanza el 2% de la insular, con un gran desequilibrio entre población y recursos.

Significa una cultura que devalúa el territorio y no crea estímulos de valores, donde se debe sembrar y plantar conocimientos, encuentro entre generaciones, conocer el ayer para entender el hoy y el mañana. Valga como referencia la galería de los Tocaderos, con algo más de 7.000 metros (con 6.400 en un solo frente, situándose el resto en ramales), y que es con toda seguridad la más profunda de Canarias, solo comparable a la de San José en Agache (Güímar), situada en la boca mina, a 400 metros de la plaza del Rosario y el frente Búcaro, en el límite con Garafía (barranco de Los Poleos). La galería de Los Tocaderos significa también otro posible récord de esfuerzo y compromiso intergeneracional, ya que los que iniciaron la galería en el año 1941 pagaron la cuota y no regaron con agua de dicha galería ya que alumbró algo más de cien pipas por horas en el año 2006, es decir, más de 60 años buscando el líquido elemento con ilusiones y compromiso. Por eso, esta semana hacemos un merecido homenaje a los cabuqueros y a los que, con ahorro y sacrificio, han perforado en La Palma 188 galerías de las que producen agua, 95 con casi 400 km, mientras 93 frustraron los sueños y los sacrificios puestos en las mismas con unos 70 km.

Tenemos la obligación de sembrar y plantar ilusiones, conocimiento, información de la historia local, dignificar un amplio colectivo que sembró gran parte de las mejoras que disponemos hoy de la fuente, el balde o garrafas, de los lavaderos públicos del aljibe y la miseria al agua corriente en las casas, de unos secanos, mirando y estudiando las cabañuelas, como ocurrió en el año 1948, en el que hubo que recurrir a Los Sauces por agua para lavar o para el ganado en Barlovento. No digamos lo que ocurrió en Tijarafe, Puntagorda, Fuencaliente, Mazo, Las Manchas, etc. En la actualidad es el municipio que dispone de más agua por habitante de Canarias. Barlovento, con 4.000 m3 cuando la media en Canarias no alcanza los 300 m3. La crisis de población de Barlovento es una crisis de cultura, de valores de trabajo y del esfuerzo ¿Estamos en crisis? ¿Crisis de valores? ¿Crisis de compromiso? "Con buenas tierras y aguas no hay crisis".

Espejismo urbano consumista que degrada el trabajo, el esfuerzo. La crisis demográfica en Barlovento es una crisis de valores: con buenas tierras y agua no se entiende, los holandeses valoran sus vacas, sus tulipanes, sus polders, Philips? nosotros, en cambio, devaluamos las sorribas, ignoramos a los que con una masa, un pistolete y con los músculos perforaron las galerías, moviendo una vagoneta sobre 400 km de railes, en muchos casos de madera. Dignifiquemos el ayer 'heroico' de un pueblo sin alergia a la guataca y al trabajo, que en muchos casos pusieron en las galerías parte de lo que demandaba el estómago. Enhorabuena, campesinos, pongamos en marcha un museo del agua, que dignifique un ayer que sembró el presente con más calidad de vida en 500 años de historia. Gracias cabuqueros y ahorradores para la construcción del actual presente.

viernes, 8 de febrero de 2019

Almendros huérfanos: paisaje y paisanaje

Estos días de febrero encontramos numerosas lecturas contemplativas del mundo rural, tema que nos parece bien, el acercamiento a la naturaleza y a la labor de los campesinos, la cultura del medio. Sin embargo, lamentamos que el tema sea lúdico-estético, "flores, es", y que separe el mundo rural del hombre, del esfuerzo, de la dignificación del trabajo.

Contemplar cómo están los frutales más sufridos de Canarias, desde Tejeda a Puntagorda, en la que en contadas ocasiones se cavan, podan, sin hablar de la no recogida de la fruta. Valga como referencia que hace unos años las almendras jugaron un papel en la alimentación de los canarios, siendo el cuarto producto en la exportación, tras los plátanos, tomates y papas."Almendros en Fitur". ido folklore, supuesta naturaleza, pero sin campesinos.

Leer las rutas de los almendros, que empezamos a promover hace mas de 20 años, las de Santiago-Tamaimo o Santiago-Arguayo, tiempos en los que limpiábamos hasta 6.000 almendros o higueras con recursos públicos, ya que teníamos voluntad de recuperar. En esos tiempos, la recuperación de las medianías pasaba por dos aspectos importantes, uno era cultural (visitas guiadas con lectura del paisaje y paisanaje, cosa que ocurre ahora, olvidándose de los campesinos), y otro era consiguiendo ingresos (mercadillo del agricultor en la localidad, se puso en marcha en la época de María Candelaria Pérez y Pancracio Socas -DEP-, hoy cerrado).

Este año nuestros almendros no tienen flores, puede deberse a factores ambientales, como la posible falta de frío, pero también a factores culturales, de los usos humanos, que han abandonado estos frutales dejándolos ahogados por la maleza. En su momento, pusimos en marcha actuaciones con la Asociación los Poleos (con José Álvarez Abreu al frente), en la que teníamos un sueño, dignificar los almendros del sotavento de Tenerife.

La limpieza y dignificación de uno de los espacios frutales de secano más amplio de Canarias, solo comparable con el noroeste de La Palma. Trabajo que mejoraba la lucha contra incendios y defendía unos cultivos de autoría, hoy en vías de extinción.

No queremos hablar de política, creemos que es lamentable que dejemos morir un paisaje cargado de esfuerzo y sabiduría para adaptar plantas a los suelos más pobres. Lavas casi calientes, tierras muy pobres, azotadas por vientos, heladas, sequías. Sabiduría basada en el acierto error, no codificada por escrito.

Podemos tener hoteles de gran lujo y cuidar los clientes, sin embargo, el paisaje de las medianías de Tenerife, la humanización de las lavas del último volcán de la isla picuda, con cultivos en su entorno, es parte de una tierra que brinda no solo sol y naturaleza, sino también cultura y esfuerzo, dignidad de un pueblo que domesticó cuanto gramo de tierra teníamos, incluso en la zona más seca en el sotavento de Tenerife.

El recorrido hacia Tamaimo-Arguayo, con unos higos pasados y almendras de la tierra, acompañado de un vaso de vino, también tiene estrellas. Dignifiquemos, demos valor a la cultura de ayer. Estos árboles equivalen a miles de esperanzas, plantadas o sembradas por campesinos que cuidaron con devoción y mimo, esperando que dieran fruto ante un entorno de miseria, de lucha y trabajo en un entorno sin galerías de agua ni de turismo. De una cultura de supervivencia que ahora llamamos cultivos sostenibles.

Los últimos cuidadores de dicho paisaje, Cipriano del Valle de Arriba, María Candelaria y José Álvarez, son parte de un paisaje que queremos contaminar -como diría Pedro Guerra-, otra lectura de unas islas ambiental y socialmente más justas.

Es bueno que los almendros los vendan en Fitur y otros puntos, pero con el compromiso de que no estamos vendiendo las últimas fotos de un pasado ruiniforme. Está en nuestros manos su recuperación, dignifiquemos a los agricultores, dignifiquemos una cultura de ayer y mañana, no olvidemos el pasado para no repetirlo mañana.

viernes, 1 de febrero de 2019

Venezuela y los frijoles

Nuestros pueblos han tenido y tienen unos vínculos históricos y de sangre que hacen que lo que ocurre al otro lado del Atlántico nos impacte. La actual coyuntura social nos preocupa, esperando sea lo más corta, dado el sufrimiento que tiene dicho pueblo, en temas tan básicos como los estómagos vacíos, aunque con el estómago lleno no se sabe mirar para el pueblo. Como dice el expresidente de Uruguay José Mujica, "con el estómago vacío no se hacen revoluciones".

Las relaciones entre los alimentos y los venezolanos ponen de manifiesto que las cosas se han hecho mal en un largo periodo histórico. Al depender del petróleo para alimentar a dicho pueblo, se ha ido sembrando una cultura del derroche y despilfarro dentro de una clase media separada del trabajo y el esfuerzo que sí vivieron y sufrieron muchos isleños, comprometidos con el país bolivariano, haciendo surcos y produciendo alimentos, sembrando señas de identidad en el paisaje agrario y paisanaje con un rico paisaje rural, pero también en la alimentación de los venezolanos. Los frijoles los conocimos en Cuba, en Venezuela son "caraotas"; en ambos pueblos son alimento básico, las llamadas proteínas de los pobres? valga como referencia del fracaso de la llamada Revolución Bolivariana el precio de las caraotas.

Los precios de los alimentos y los salarios como referencia. Un trabajador gana al mes menos de diez kilos de frijoles. Con 18.000 bolívares les da para dos kilos de queso o 60 huevos, con 1.600 bolívares una arepa, 9.000 bolívares un kilo de carne molida, etc. Tres mil bolívares equivalen a un euro, una economía dolarizada dada la hiperinflación de un país que solo sembró petróleo, creando una económica fuertemente dependiente. El campo venezolano es fértil, de una hectárea de frijoles se obtienen más de mil kilos de frijoles, el país reúne condiciones para alimentar a más de cien millones de personas hoy con carencias básicas. Hemos pasado del petróleo a 1oo dólares el barril de los "indios tabaratos" y una clase media visitando los centro de cirugía estética en Madrid y Miami, a ver los hospitales sin material básico y los niños desnutridos. La Revolución Bolivariana únicamente les dio un tirón de orejas a los de siempre, que eran los mayores consumidores de whisky del mundo, comprando mansiones en Miami o en Madrid. Mientras la Revolución Bolivariana hace declaraciones para la galería, maltrata a los agricultores en nombre de un supuesto socialismo, interviene fincas que producen alimentos, crea inseguridad en las empresas y en empresas agrarias que han apostado por mantener la producción. Además, fija precios agrarios con costes superiores a los que pagan a los agricultores. Por otra parte, la inseguridad, el secuestro y el robo hacen aún más grande la problemática en la actividad agraria. Como ejemplo esta la intervención de Agroisleña y otras empresas básicas en inputs en el campo (dedicadas al almacenaje, el asesoramiento o la distribución), cuyo papel ha sido ahora sustituido por la burocracia de la administración o por el llamado "bachaqueo" (mercado negro de Venezuela), sembrando escasez y miseria.

De los petrodólares a las petromiserias. La llamada Revolución Bolivariana se encontró con petróleo a 100 dólares el barril, un manantial que manaba cuatro millones y medio de barriles diarios, es decir, quinientos millones de dólares, creando un mundo de farándulas, regalos, petrocaribe y fiestas para los de siempre. A los campesinos los olvidan y maltratan, muchos eran isleños, que habían creído en aquel país, invirtiendo y mejorando explotaciones que ahora, en nombre de la supuesta revolución y el malandraje, marginan y aburren, aunque sean los únicos productores de comida. Y todo esto en una coyuntura en la que se carece de dólares para importar, haciendo que la comida sea un bien escaso, en uno de los pueblos más ricos en suelo y agua de América latina.

Sean estas líneas de cariño y respeto a quienes han hecho y siguen haciendo surcos en este país para sembrar bienestar a dicho pueblo aunque tememos que parte de la solidaridad de estos días mira más para el petróleo que para los venezolanos.

viernes, 25 de enero de 2019

¡Labrando en el mar!

Estos días, un amigo que ha vivido y sufrido los problemas del campo y la sociedad de Venezuela, leyó los últimos artículos sobre "Canarias: Campo y campesinos", y me dice: "¡Sigues labrando en el mar!"

Un planteamiento que me hace reflexionar, ya que dado el recorrido, la siembra y la cosecha del amigo, con toda seguridad tiene razón. Siempre hemos tenido sembradores en tierras baldías, desde el Antiguo Testamento, pero gracias a la voluntad de superación y las semillas que han caído en suelo fértil, la humanidad ha mejorado.

Aquí y ahora, el campo y los campesinos continuarán sembrando y cosechando, aunque algunas semillas caigan en campos de zarzas y otras malezas, con un apagón de ideas y de compromiso. Hacia el campo y los campesinos, apoyados por cabezas y estómagos que se alimentan de los excedentes y el "dumping" de la llamada globalización, que aquí -como ocurre en la llamada "Venezuela Saudí"-, ahora paga por un kilo de frijoles negros millones de bolívares que suben el coste más del 6% al día.

Ante la deriva de la crisis del campo y los campesinos maltratados de un país que ha sembrado en el mar las ideas básicas para producir alimento, y los estímulos a los campesinos en el campo fértil venezolano, huérfano de campesinos ante el maltrato sufrido, ya que no sembraron el petróleo, sembraron espejismo, embrutecimiento. ¿Estamos nosotros sembrando turismo?

Con estos surcos pretendemos sembrar en tierra, no es una siembra de nostalgia, es compromiso, oportunidad, pensar en el futuro, mirar para afuera para integrar, para dentro, como hemos hecho con las papas de o con los boniatos. También mirar para atrás para no perder la memoria, mirar para adelante para sembrar porvenir.

El campo en Canarias es mucho más que unos surcos arañados en la piel de las islas, mucho más que buenas declaraciones y de mirar para la despensa. Ahora, aprovisionados, en muchos casos, con excedentes de los mercados del mundo, aprovechando coyunturas del mercado mundial en las que las tecnologías del frío y la génica han favorecido esta situación, desarticulando la cultura agraria, de gran talento, gestionando un medio con dificultades.

El paisaje campesino canario es un patrimonio en peligro de extinción. Leamos lo que hicieron nuestros campesinos en Cuba y Venezuela. Es precisamente la falta de campesinos parte de los problemas en el abastecimiento de Venezuela, y ahora los estamos perdiendo tanto en Canarias como en Venezuela. Aquí tenemos euros para importar, en Venezuela el manantial del petróleo no da para todos, incluida la mala gestión.

Los surcos no son en el mar, el paisaje y el paisanaje campesino no debe estar en peligro de extinción. El campo es parte del ser y del estar como pueblo, nuestro campo, los frutales y cultivos aclimatados en Canarias están cargados de equivocaciones, de erres y acuerdos de un pueblo a lo largo de los años, pero también de ilusiones y fracasos que nos han dignificado como pueblo, como comunidad que tiene un patrimonio agrario de los más ricos del mundo. Falta solo la cultura de arroz y la soja en todas las grandes culturas agrarias del mundo: maíz, papas, trigo, higuera, vid, frutales tropicales y templados, etc.

Hace algo más de 45 años, el periódico EL DÍA me prestó unos surcos de papel que he sembrado con el cariño que aprendí en el faro de Barlovento, con una guataca hecha en la Herrería de Martiniano, con un cabo de aceviño en los "huertos escolares" de la época , en muchos casos descalzo. Ahora, Barlovento tiene agua, comunicaciones, pero no tiene campesinos. Tenemos un pueblo con recursos que no hace surcos, en tierra, ha perdido el 50% de la población porque no mira para dentro. No peleamos por la dignificación del campo y los campesinos. Sean estas líneas de homenaje y respeto a los que hicieron las galerías de agua de 46 kilómetros y a los que sorribaron más de 300 hectáreas.

No labremos en el mar, tenemos tierra y agua, faltan ilusiones, compromiso de futuro, tenemos gran parte de lo que carecíamos en los años 40 y 50, cuando emigraron a Venezuela el 20% de los jóvenes del pueblo. Sembremos ilusiones, hagamos surcos en tierra. ¡No labremos el mar!

viernes, 18 de enero de 2019

Canarias:campo y campesinos (y III)

Hemos de insistir en que la crisis de nuestros tiempos no solo es la económica, del PIB, o la del campo, es sobre todo cultural. El esfuerzo y la penuria de los campesinos la superan en muchas ocasiones nuestros jóvenes: los surferos ante montañas de mar, los maratones en nuestras montañas trasvulcánicas, el parapente, el barranquismo. Esfuerzo y riesgo sin contrapartidas económicas, moda, prestigio social, etc.


La alergia al sacho, la devaluación de lo rural, las modas urbanas, la calidad de vida en los pueblos, la lectura de ayer, la devaluación del pasado, la ruptura con nuestra historia, con nuestras raíces. La hija no entiende a su padre cuando le cuenta la vida de su abuelo, ya que vive en las modas y los modos urbanitas de la sociedad actual.

Los datos del paro son un claro ejemplo de la devaluación del agro, en proporciones preocupantes, ya que existe una carencia de capital humano que gestione el suelo y el agua, unos recursos que son escasos en Canarias. ¿El sacho como pasado y el gimnasio como futuro? Veamos: de los 200.000 parados de Canarias, aspiran a trabajar en la tierra, según las encuestas, unos 5.000, es decir, el 2,5%, el resto aspira a actividades principalmente en los servicios, trabajos que en muchos casos no están mejor pagados que en la agricultura.

Recursos, sueños e ilusiones. El campo canario, como la agricultura en todo el planeta, es una actividad cargada de esfuerzo, pero también de sueños e ilusiones. Pasar de cazadores/recolectores a agricultores/ganaderos ha sido uno de los saltos más grandes que ha dado la humanidad. Aquí y ahora, hemos devaluado el campo y, en consecuencia, a los campesinos, creando un espejismo de derechos sociales que nos pasarán factura.

Hay numerosos pueblos en los que el número de parados supera al de agricultores, al tiempo que se encuentran tierras fértiles en completo abandono, con numerosos jóvenes esperando por unos contratos de pan para hoy y hambre para mañana.

Veamos algunos casos de libro en Canarias. En La Gomera tenemos dadas de alta en agricultura a 155 personas (entre asalariadas y autónomas), mientras las desempleadas superan las 1.300. Qué decir de las tierras de cultivo, ociosas, como gran parte de las presas, que apenas utilizan el agua, y cómo tenemos los cañeros y otras plantas invasoras en las tierras de cultivo. Qué decir de la dependencia del exterior, hasta en los berros para el potaje y el agua para las ranas.

La Palma es otro ejemplo que pone de manifiesto que el modelo hace aguas, aunque en esta isla tengamos el 20% de la superficie regada de Canarias, con más del 20% de las aguas no industriales, y con apenas el 3% de la población del Archipiélago. Los más de 2.000 agricultores de este territorio, más del 10% de los activos agrarios de las Islas, se nos ponen cuesta arriba cuando leemos el número de parados, algo más de 8.000, lo que pone de manifiesto un problema serio en Canarias.

Si ponemos el acento en las discrepancias entre los recursos y la población, hablar de paro y autoabastecimiento requiere otra política agroeducativa que armonice la población con el entorno.

Nos hemos equivocado, hemos educado a nuestros hijos para alejarse del campo, lo que, en el caso de La Palma, tiene una doble lectura; dejar la Isla para ir a las mal llamadas islas mayores, hace unos años nos dio oportunidades; ahora, sin embargo, éstas últimas tienen una peor relación población recursos, mantenido con el pegamento urbano, de una cultura que ha devaluado el campo y lo rural.

El campo palmero se revalorizará cuando revaloricemos la vida en los pueblos, dignificando el campo, la naturaleza, con un desarrollo adecuado de las costumbres, incorporando la producción local, dignificando lo que hacen y producen en los pueblos, revalorizando los valores y la calidad de vida en los pueblos, su naturaleza.

Los sueños que presentan nuestros jóvenes en la oficina de empleo muestran que más del 60% aspira al comercio, dependientes, personal de limpieza, camareros. El campo es cosa del ayer. Un modelo cargado de espejismo, en una sociedad que no mira para el suelo, para la naturaleza, que ignora la historia de estas islas a lo largo de más de 500 años, generando en estos momentos el mayor cambio socioeconómico en la vida de este Archipiélago, al que se une la presión demográfica -el 20% de los parados no nacieron en Canarias-, no olvidemos que hemos doblado la población en 50 años.

Hemos olvidado gran parte de los códigos del campo, mucho más complejo de lo que creen los urbanitas.

El campo y la ciudad han de ser compatibles y solidarios, lo otro es espejismo, importamos alimentos y sueños.

viernes, 11 de enero de 2019

Canarias: campo y campesinos (II)




Leer los datos sobre la población activa y el sector agrario en Canarias pone bajo lupa una crisis muy seria, ya que el recurso del suelo cultivado y el medioambiente lo dejamos sin gestores. No digamos la fragilidad en la dependencia de alimentos del exterior, unido a la separación entre la población y el medio en un territorio insular, en el que la mayoría de los casos nuestra población fue domesticando la naturaleza , incorporando plantas y animales al medio isleño, desde el pastoreo a la domesticación de las plantas tropicales o templadas, tanto en medios húmedos como en suelos pobres o carentes de humedad, desde El Hierro a Lanzarote, desde las batatas tropicales a los castaños y nogales.




El cuadro anterior sobre la población activa en Canarias nos da una lectura preocupante: asumir que el campo canario lo gestionan menos de 30.000 personas, aunque también contemos con que hay una población de fin de semana y pensionistas, jugando cierto papel en la realidad social de las Islas. Sin embargo, la pérdida de superficie labrada es contundente, hemos pasado de más de 150.000 hectáreas en 1960, a situarnos en unas pírricas 45.000 en 2018, con la desaparición de los secanos en las Islas, quedando como cultivo sin riego unos campos de viña y un porcentaje reducido de papas, complementado con algo de cereal.

Hemos de tener presente que gran parte de los terrenos sin cultivos acaban siendo matorrales en muchos de los casos, lo que conlleva problemas serios en cuanto a la generación de incendios, y para la conservación de nuestros bienes forestales. En el caso de la superficie forestal, tenemos la mayor masa de vegetación en muchos años, superando las 135.000 hectáreas, es decir, un espacio como la isla de Tamarán o más del doble de La Palma.

Superficie carente de gestores, ya que la plantilla para la gestión forestal no alcanza los 1.700 operarios, mientras se está perdiendo gran parte de la actividad complementaria que ayuda y tiene un gran papel en la gestión y limpieza del monte, como es la agricultura, la ganadería, o en otros casos con la labor de pastoreo, que ayuda retirando vegetación en los entornos forestales.

Los activos agrarios y la superficie cultivada nos obligan con urgencia a una lectura que proponga, en el plano económico educativo, medidas que estimulan la incorporación de jóvenes al medio rural. En el pasado año se han incorporado tres centenares de jóvenes, con apoyo económico por parte de la Consejería de Agricultura, pero sigue siendo urgente la incorporación de nuevos equipos humanos, con ilusión y compromiso, con garantías para los productos locales y donde la economía, para los que hacen surcos, tenga también una valoración positiva por parte de la sociedad, que dignifique el trabajo, el esfuerzo, lo pequeño, lo local.

Leer lo que ocurre en nuestros pueblos es preocupante. Ver las contradicciones entre los altos niveles de jóvenes desempleados que solicitan ayuda a los bancos de alimentos, mientras muchas tierras están abandonadas; o la contratación temporal e insuficiente de cuadrillas mediante convenios, donde supuestamente se contrata a peones agrícolas, pero el trabajo que hacen es de barrenderos. Mientras, se extiende el rabo de gato en las tierras balutas, quedando los campos intransitables cubiertos de zarzas. También traemos papas de importación, manzanas, pienso para perros y gatos, mientras nuestro campo se queda sin campesinos.

Leamos el cuadro de los activos agrarios, está en nuestras manos cambiarlo. La defensa del campo y la agricultura no es cosa de drones, sino de campesinos.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Canarias: campo y campesinos (I)

El paisaje agrario y el medio natural en Canarias tienen una compleja lectura en cuanto al uso de los recursos, ya sean las tierras labradas, los recursos naturales, o los activos humanos que gestionan nuestro medio. Por ello, la Seguridad Social y el campo son una referencia importante de cómo está la sociedad canaria, tanto en lo que se refiere a la relación del ser humano con el territorio, como la distribución de la población y el medio. Estudiando estos indicadores, podemos ver una radiografía de la ruptura entre lo urbano y lo rural, el desequilibrio entre el suelo y la población, y la presión del poblamiento en zonas antaño rurales, que se ven fracturadas entre el campo y la ciudad.

El modelo educativo y cultural armoniza o desarticula población y territorio. Y es que, en lo relativo a la formación profesional, ¿mira para lo rural o está orientada a incorporar población sin empleo en la sociedad de servicios? ¿Se tiene en cuenta al mundo rural, tanto desde el punto de vista de la actividad económica como en el plano ambiental? Estos son algunos de los interrogantes entre territorio y población.

La devaluación de la tierra y de la cultura ambiental son parte de un modelo que ha marginado lo rural. El sistema educativo-formativo está hecho para abandonar el campo. Es un modelo cuyas expectativas se centran en el espejismo urbano, la vida menos sacrificada, el turismo como modelo de vida, la fiesta, las importaciones de alimentos (bien sean de excedentes, bien en sistema dumping).

Esto nos ha dejado un panorama en el que existe una ruptura de las grandes superficies con la producción local, provocando la casi desaparición de los gangocheros locales, así como las tiendas de chochos, aceite, sal y moscas en nuestros pueblos. Todo ello avalado por leyes urbanas, que maltratan y degradan las actividades agrarias, la cría de animales, así como actividades y usos forestales. Leyes que designan supuestas plantas protegidas en tierras antes cultivadas, que ahora están balutas.

La organización del territorio tampoco ayuda a la mejora de las condiciones de trabajo en el campo. Un territorio con dificultades para la mecanización, un sistema de minifundios que dificulta la creación de explotaciones más adecuadas en un campo que ha de optimizar recursos, tierras en abandono que demandan una ley que favorezca el cultivo y castigue el absentismo en el medio rural...

¿Estamos en tiempos nuevos? Trump pone candados, habla de proteccionismo local, lo de la aldea global tiene dificultades. En Europa lo del "brexit" nos afectará, tenemos ambientes que revalorizan lo local (kilómetro 0). Parece que hay una cultura, tanto hacia la población local, como hacia el turismo, enfocada hacia la salud y la ecología. Los hábitos de vida sana ganan puntos, sin embargo, los activos agrarios no reflejan tal situación.

¿Todos camareros y funcionarios? Veamos el siguiente cuadro de población activa agraria en Canarias:

                   Total empleados         Cuenta ajena      Cuenta propia
Lanzarote                640                        438                     202
Fuerteventura          710                        421                     281
Gran Canaria         8.070                     6.826                  1.244
Tenerife               10.021                    8.247                  1.744
La Gomera               153                         98                       55
La Palma               2.162                       964                  1.198
El Hierro                  154                         64                       90
TOTAL CANARIAS 21.903                   17.119                  4.784         


El cuadro es una referencia de lo que ocurre con el capital humano en el medio rural de Canarias. Activos a los que hay que añadir a los pensionistas y otros que hacen agricultura a tiempo parcial. Este cuadro requiere un análisis más amplio, que haremos en el próximo artículo, en una lectura sobre territorio y población.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Canarias y la COAG

El pasado día 3 de diciembre, en la Vega de San Mateo, en Gran Canaria, la organización agraria COAG-Canarias (que en sus inicios fue la Unión de Agricultores y Ganaderos de Canarias) realizó un sentido y emocionante homenaje a aquellos que hicieron posible el nacimiento de esta entidad hace ahora 42 años. En ese encuentro, al que asistieron un centenar de campesinos y campesinas de todo el Archipiélago, y que contó también con la presencia de numerosas autoridades, se rindió un caluroso tributo a un grupo de guerrilleros del arado, que han dedicado su vida a defender el campo de estas Islas.

Gente como los ya fallecidos Liberato Padrón, Rafael Jiménez, y Pedro Molina, -descansen en paz-, junto a Manolo Caballero, Pedro Pérez, Félix Henríquez, y el que escribe estas líneas, iniciaron en la calle El Sol, 1, de La Guancha, en 1977, esta organización, la COAG, que afortunadamente continuamos manteniendo hasta nuestros días.

En estas más de cuatro décadas de lucha, la COAG ha participado en centenares de batallas defendiendo a los que viven y trabajan en el mundo rural. Por ello, me centraré en este artículo en los inicios, en las primeras reivindicaciones, cuando la organización no tenía las dimensiones de ahora.

Uno de los temas en los que la COAG ha tenido un mayor empuje en defensa de situaciones de nuestro campo ha sido el del agua. Así, por ejemplo, ya a principios de los 80, en La Gomera, la gestión de las presas de los Chejelipes, Iscagua y Palacios, construidas con dinero público y gestionadas por unos particulares, hizo que la nueva organización, con Liberato Padrón al frente en esta Isla, librase una batalla para poner en manos de los agricultores la gestión del líquido elemento en esa zona; batalla que se ganó con gran esfuerzo. Otra lucha con resultado exitoso en aquella época fue la llevaba a cabo en La Palma para la paralización de las galerías de la Caldera, cuyo mayor hito fue una importante manifestación en Los Sauces. También hay que recordar otras reivindicaciones en las que no tuvimos tanto éxito, como las relativas a la Ley de Aguas, cuya mala prensa y la supuesta sovietización de los canaleros derivó después en una importante problemática de empobrecimiento de los acuíferos por sobreexplotación en las Islas -sobre todo en Tenerife y Gran Canaria-, salvo honrosas excepciones en el caso de la isla de La Palma.

En la defensa del suelo rústico, la COAG ha tenido una constante participación en todos los procesos de elaboración de las leyes del suelo en Canarias, desde la Vega de Galdar hasta La Laguna, donde uno de sus fundadores y referente del sector ganadero en la totalidad del Archipiélago, Pedro Molina, se erigió como actor principal en defensa del suelo para la actividad agraria hace más de treinta años.

La participación de la organización, desde sus inicios, se hizo visible en los distintos sectores y las diferentes islas. En el caso del plátano, por ejemplo, se jugó un papel decisivo en la democratización de la Confederación Regional para la exportación de Plátano (CREP), con mejoras importantes para los plataneros; de hecho, como resultado de los cambios de aquella época, se consiguió reducir los fletes en más de un 40%. Igualmente se han tenido fuertes debates sobre la necesidad de simplificar los criterios de clasificación de los plátanos y reducir el minifundio comercial en este sector, participándose en numerosos actos y manifestaciones en la calle, especialmente en los periodos en los que se pica la fruta. También hay que recordar que se fue muy activo en las luchas para que no se vendiesen las licencias de los plátanos.

Otro hito destacable de la COAG en aquellos tiempos fueron las actuaciones para frenar las importaciones de papas y defender la producción propia, siendo esta organización la que montó una asamblea en el Casino de La Guancha, en la que participó Jaime Lamo de Espinosa, ministro de Agricultura de Adolfo Suárez, y en la que la administración se comprometió a que, mientras hubiese producción local, se suspendía la importación. Ese logro, con los años, se ha ido socavando.

En Lanzarote, a finales de los 80, la organización se volcó contra el fraude en la exportación de cebollas, momentos en los que se vivieron situaciones tan tremendas como el uso de los contenedores de fruta para la exportación fraudulenta de televisores.

Fue también relevante el papel destacado en la exportación de tomate, donde defendimos los cupos asociados a los agricultores y al territorio, como un tema social. Así, por ejemplo, La Gomera y Fuerteventura perdieron gran parte de los beneficios derivados de estos cupos, denunciado en aquella época por esta organización.

Y qué decir de la defensa de los productores de cochinilla de Guatiza y Mala, o las actuaciones para incrementar el precio a pagar a los productores por la distribución, o las demandas de que la actividad agraria tenía que ser valorada, y que a los campesinos se les reconociese su papel estelar en el mantenimiento de la biodiversidad y en el dar de comer a la población de las Islas.

Lo recogido aquí son solo algunas de las primeras batallas que, aquellos que iniciaron la COAG a finales de los 70, emprendimos en unos tiempos en los que se empezaba a generar el mal habito de creer que agricultura y modernidad eran incompatibles. Celebro que desde la organización se haya organizado un acto que, además, nos ha permitido juntarnos a compañeros de fatigas que hace mucho tiempo que no compartíamos charla.

viernes, 30 de noviembre de 2018

La ganadería como elemento ambiental

En Canarias hemos hecho unas leyes que han declarado de una manera "alegre" más del 50% como espacio protegido, con distintas categorías, suspendiendo los usos tradicionales y separando el territorio de los habitantes, tema que ocurre de hecho, ante la crisis agraria, ya que más del 50% de las tierras de labor están sin gestión, tanto por los campesinos como por los supuestos nuevos gestores, administraciones públicas, etc.

Suelos sin labradores, sin pastores y sin usos tradicionales, con una supuesta protección inactiva? ganando terreno el bosque, los pinos, monte verde, terrenos de más de 130.000 hectáreas de monte?, pero también ganando terrenos los matorrales, las zarzas, el cañero, los granadillos, las tabaibas y retamas, las aulagas, etc.

Los incendios de Portugal, Galicia y California deben hacernos reflexionar sobre un campo sin campesinos llevando la gestión del mismo, no solo en una lectura ambiental, sin olvidarnos de los temas de seguridad, con especial preocupación por las zonas pobladas y los campos. Sin campesinos no retiramos leña, pinocha, madera muerta o pastos, lo que ahora llaman los ingenieros combustibles, en los largos veranos canarios.

El pastoreo es una actividad vital, para mantener un equilibrio en nuestros campos, ya que tenemos veranos secos y prolongados, lo que hace que la vegetación que se desarrolla en la estación húmeda sea un problema en los veranos, tanto por la proximidad de las zonas forestales, como, lo que es aún más grave, ante un poblamiento disperso, rodeado de hierbas y matorrales que alimentan los incendios. Veamos algunos datos: en las Islas cultivamos más de 40.000 hectáreas, ocupando la superficie no cultivada y los pastos más de 100.000 hectáreas, terrenos que demandan gestión, algo que hacíamos hace 20 o 30 años, cuando nuestro ganado apenas consumía forraje del exterior. Valga como referencia que cuando comenzamos la repoblación en Tenerife, en 1983 (en Chajuana, Archifica, Majades del Rio, Finca la Siete, Chivisaya...), nuestras cabras apenas comían maíz o alfalfa (pastos de la tierra).

Nuestros campos están cargados de adjetivos "bonitos": Parque rural, parque natural, suelo de protección paisajista, reserva de?, etc. Blablablá ¿presupuesto y gestores? Relación de hectáreas protegidas y medios para tal protección? La nueva Ley del Suelo dice que podemos mantener los usos tradicionales y la memoria de tales usos, hoy olvidados, con unos planteamientos teóricos sobre una supuesta protección, con una lectura urbana biológica, con poco tacto hacia el campo y los campesinos. Aprovechemos la oportunidad que nos presta el nuevo marco.

Los pastores y las cabras tienen una lectura poco positiva en el plano urbano ambiental. Solemos olvidar que las cabras han convivido con nuestra naturaleza a lo largo de 2.000 años, y que parte de la rica naturaleza canaria es hija y hermana de las cabras y los pastores.

Los pastores, ¿una especie en extinción? Entendemos que hemos de hacer un esfuerzo en la incorporación de pastores en nuestro campo, tanto por la labor ambiental como por su papel económico. Nos dicen los conocedores de nuestras cabras que la biología de dichos animales se altera si las criamos estabuladas, pero, además, no es menos importante, no solo por la salud de las cabras, sino también por la nuestra, ya que el queso de las cabras que se alimentan con los ricos y diversos pastos de las Islas no lo podemos comparar con lo forrajes importados que no solo nos hacen dependientes del exterior, empobreciendo tanto en la calidad como en la diversidad, tanto de nuestro ganado como de nuestros quesos.

No olvidemos que los pastores no se adquieren en la ferretería y tampoco los podemos sustituir por un robot o un dron. Leamos con cariño lo ocurrido en California, en el país más rico del mundo. El ultimo incendio duró casi 20 días y lo apagó la lluvia el 25 de noviembre, dejando un desastre humano y material, poniendo claro que la prevención es una asignatura pendiente en California y en Canarias.

La incorporación de pastores y agricultores al mundo rural es una asignatura pendiente en Canarias. ¡Sembremos pastores y agricultores! Dignifiquemos su labor y su compromiso con el campo y el futuro de esta tierra.

viernes, 23 de noviembre de 2018

La quesería de Benijos: un faro en las medianías de Tenerife

Estos días se han inaugurado unas instalaciones pioneras para el queso en Tenerife (construidas por la cooperativa La Candelaria, con la ayuda del Cabildo), obra que permite regular el mercado, así como cámaras de maduración, envasado, frío, etc. Con algo más de 800 m2, suponen un coste que supera los 700.000?, siendo una referencia al ser una empresa que produce más de 700 tm3 de queso anual. Hemos de valorar no solo la mayoría de edad de dicha cooperativa, sino también la implantación en un territorio amplio, varias islas, creando riqueza y siendo una referencia solvente en la dignificación de la ganadería, obra muy vinculada al querido Pedro Molina.

En el caso de Benijos, las cabras han limpiado de vegetación numerosos barrancos, siete u ocho mil bocas retirando zarzas, cañeras, vinagreras, hinojos, etc. Véase la diferencia entre los barrancos de La Orotava, con los de Tacoronte, Icod de los Vinos, Barlovento o Hermigua. La desaparición del pastoreo entraña un riesgo y un coste ambiental, puesto que al no haber cabras que se coman la maleza, el peligro de los incendios es más alto.

No olvidemos que hace una docena de años los ganaderos de La Orotava, el ayuntamiento y el Cabildo trataron de construir unos establos fuera de los barrancos y la burocracia y el señoritismo local lo impidieron.

Hemos de recalcar que la producción de queso en Benijos tiene que ver con ganaderos localizados en distintos puntos de las Islas, dignificando una actividad que genera riqueza y nos hace menos dependientes del exterior. También son una referencia para los ganaderos de vacas, incluso para otros ganaderos que no entregan la leche a dicha cooperativa, o la entregan parcialmente, ya que se ha creado un tejido local que dignifica y valora los productos de la tierra, como ocurre con la revalorización que se ha hecho en los últimos años del ganado autóctono (cabras, arrastre, vacas del país, matadero y carne fresca, etc.). Qué decir de la trashumancia en Gran Canaria, autorizada al reconocer los aspectos positivos en el incendio de 2017, gracias a la larga lucha de los ganaderos de Tamarán, en los casi 40 años de democracia en la piel de la isla redonda.

Este año le han dado un premio en Agrocanarias al queso de oveja de los trashumantes Caideros de Gáldar.

Aquí, después de más de 2.000 años con cabras y ovejas pastando en la piel de las Islas, no permitimos que nuestros pastores limpien entornos forestales o montes adehesados, en los que retiremos maleza con los dientes de cabras y ovejas, tanto en el Valle de La Orotava como en otros puntos de las Islas, con la única excepción de Gran Canaria.

Nos gusta el queso y queremos montes limpios, pero no queremos ni cabras, ni vacas, ni establos, como en California. Es bueno que sepamos que Trump anuncia que hay que coger el rastrillo para apagar el fuego, y que el actual incendio se apagará para final de mes, con las próximas lluvias, ya que los miles de bomberos y cientos de aviones no han podido con el mismo.

Hemos de poner recursos en cuadrillas para trabajar en los montes: limpieza, entresaca, abono para el campo, etc., pero también en un pacto con los ganaderos, incorporando los mismos a la retirada de lo que llamamos combustible en los veranos canarios, que nuestros ganaderos llaman pasto. Cada cabra demanda de 10 a 20 kilos al día, y una vaca más de 50, sólo las cabras de La Orotava retiran cada día más de 300 t, producen alimentos y generan varios cientos de puestos de trabajo, en una isla más sostenible y más solidaria campo-ciudad gracias a Pedro Molina, Agate y la Cooperativa La Candelaria. ¡Enhorabuena para el campo canario.

viernes, 16 de noviembre de 2018

California, algo más que incendios

Tiene una difícil lectura lo que está ocurriendo en California con los incendios, ya que los incendios "forestales" han quemado zonas "urbanas".

Canarias tiene muchos problemas comunes al Estado americano, veranos largos y secos, vientos del desierto (el Santa Ana en California, la calima-el siroco aquí), poblamiento disperso, expansión de las masas de vegetación, un mundo rural en crisis, expansión de las masas de vegetación, tierras en las que se han perdido los usos tradicionales (agricultura, ganadería, pastores, leñadores, actividades forestales, etc.), y, en general, una profunda crisis de la cultura rural.

California y Canarias. Allí tienen unos años de ¿adelanto? a Canarias, las urbanizaciones y las máquinas han roto con el mundo rural, tienen un supuesto culto a la naturaleza, viviendo en casas rodeadas de árboles. Las construcciones son preferentemente de madera, dada la sismicidad, y los árboles son tratados como símbolo de naturaleza. Sin embargo, existe una gestión pobre de los montes, tanto públicos como privados.

Existe también un exacerbado culto a las máquinas, estamos en el país más rico del planeta, en el que los usos tradicionales han sido borrados del mapa. No hay gestión de lo rural, se combate con drones, aviones, helicópteros, bomberos, etc. Las actividades tradicionales en el campo sólo quedan para los espaldas mojadas, que mantienen gran parte de la horticultura americana.

Máquinas separadas de la agricultura y los pastores y gestores forestales. La separación del hombre y la naturaleza es, en parte, responsable de la actual situación. En muchos casos, tenemos plantas pirófitas en las proximidades de las zonas pobladas, con una nula gestión ambiental; no se retiran pastos y leña, ni arboles propagadores de fuego.

En Canarias, tenemos pinos, brezos, cañeros, helechos, próximos a las viviendas. Tierras cultivadas hasta hace unos años, ahora son ocupadas por maleza. Valga como referencia las zonas pobladas de los barloventos de las Islas Occidentales, desde Tentiniguada al propio Barlovento. En numerosas ocasiones tenemos pueblos rodeados por monte y matorrales, con plantas con gran capacidad para propagar el fuego: pinos, brezos, zarzas, granadillos, cañeros.

California es un ejemplo de la separación de la gestión y la naturaleza, si bien los efectos del viento seco del desierto, y las pavesas y el humo, y su orografía de montaña-costa complican la vida en las zonas pobladas.

No se entiende que se quemen pueblos urbanos, como ponen de manifiesto los desalojos a los que se han visto obligados en grandes centros urbanos, actualmente cifrados en más de 300.000 personas. Entre julio y agosto se quemaron más de 300.00 ha., y las de ahora se estiman en más de 80.000 ha. Pero la peor cifra es la de víctimas, que superan las 300 personas en lo que va de año.

Maquinas e ineficiencia. Sin lugar a dudas, los norteamericanos tienen unos recursos aéreos y terrestres que en Canarias estaríamos a años luz de tenerlos. Sin embargo, sus resultados han puesto de manifiesto la dudosa eficacia de estos medios y, lo que es peor, no parece que ellos alcancen el nivel de mentalidad para entender que las máquinas tienen sus limitaciones ante la naturaleza. En este plano hemos de recurrir al saber popular, gestionando la naturaleza con teorías probadas por los humanos a base de ensayo-error. La prevención se ha de hacer contando con los campesinos, con los pastores, no entrar en una cultura de espectáculo, utilizando contra el fuego máquinas poco eficientes, como el DC-10, tirando agua de es y otros artilugios de alta tecnología.

Aquí en Canarias estamos dando pasos que imitan a los americanos, separando los operarios forestales del territorio, destinando cada año más recursos a los medios aéreos, descuidando las relaciones con los campesinos y, lo que es peor, poniendo puertas y cancelas para actividades forestales, básicas para la gestión sostenible del monte, como la entresaca, el corte de ramas, los carboneros, o la leña. Aquí y ahora, estamos importando carbón de Argentina y Cuba, y materia orgánica para la agricultura. Hemos de apoyar los usos tradicionales.

El cambio climático es un hecho, y se está agravando por la cultura urbana. No es normal que en noviembre tengamos incendios en la latitud de California, pero tampoco deberíamos tener las viviendas rodeadas de bosque y maleza, ignorando las leyes de la naturaleza, responsabilizando del fuego a los bomberos y sus máquinas.

La prevención es una asignatura pendiente, aquí y en California. Hemos de asignar recursos a la gestión del territorio (más de 130.00 ha. en nuestro caso), con tareas concretas ante los veranos canarios, con responsabilidades compartidas, tanto por las administraciones públicas como por los privados (viviendas, fincas, etc.).