viernes, 22 de junio de 2018

¿Vacas protegidas?

Leemos con preocupación algunos comentarios sobre el maltrato animal y las vacas, en los que los ¿protectores? plantean cómo hemos de tratar a las vacas, con argumentos teóricos, alejados del mundo agroganadero, con una cultura urbana en la que se asocia la ganadería con las mascotas, en una "humanización" animalista que ignora las relaciones entre las vacas y la ganadería. Quien mejor cuida a las vacas son los ganaderos, que, exceptuando casos aislados, ponen un gran esfuerzo en cuidarlas y mimarlas.

No es justo asociar el arrastre con maltratadores, idealizando la vida de los animales, como un recorrido sin trabajo ni compromiso. La carreta, la rastra, el arigón, lo asociamos con maltrato y tortura, olvidando que manejar animales como las vacas requiere que los ganaderos domestiquen, disciplinen, que nuestros jóvenes aprendan con las novillas como manejarlas.

El arrastre es un deporte que familiariza al ganadero con los animales, algo básico en la actividad ganadera, ya que necesitamos la domesticación, no sólo como elemento básico para trabajar, labrar, sino como actividad económica básica, dada la demanda que tenemos de productos ganaderos (leche, carne, estiércol, limpieza de maleza en el medio rural, pastoreo, actividades complementarias).

Aquí y ahora, tenemos gran parte de las Islas cubiertas de maleza, mientras que una vaca demanda al año más de 20 Tn de hierba. Nuestros ganaderos son trabajadores ambientales que nos protegen de los incendios con su actividad, y, en consecuencia, no sólo son cuidadores de la naturaleza, sino que nos aportan alimentos frescos y abonos, para una agricultura con menos químicos y más naturaleza con el aporte de estiércol, vacas y cultura.

En unos años se ha implantado en las Islas una cultura urbana que ignora las relaciones de nuestro pueblo con la naturaleza. Hace apenas 60 años teníamos vacas en la calle San Agustín, a sólo 20 metros de distancia del Obispado, o qué decir de las cabras de Pepe Monagas en las azoteas de las casas. El ganado era la calefacción central en numerosas viviendas de la España continental, y tantos otros sitios. En La Laguna, la calle Maya tenía varias vaquerías o el señor Mateo, junto a la Escuela de Magisterio. En cambio ahora, convertimos en clandestinos a los ganaderos en las laderas de San Roque o la Mesa Mota.

Nos preocupan los pocos jóvenes que aún van a la fiesta con sus vacas, que dignifican ser ganadero, que compran y cuidan una yunta en vez de comprar una moto, se sacrifican con sus animales, los cuidan y miman. En realidad, son una referencia de un mundo rural ignorado y maltratado en nuestra cultura. Ahora los urbanitas del WhatsApp los asocian a maltratadores, o las administraciones les piden que las vacas las lleven en "taxi" a las romerías, dados los sistemas de transporte que les piden, con instalaciones propias del transporte en el continente (tanto plataforma como toldo, aislamientos, etc.). No olvidemos que aquí las distancias no son más de unos kilómetros, y hasta ahora nuestros ganaderos han gestionado el transporte sin problema.

En pocas palabras, no sembremos más problemas a los heroicos ganaderos que cuidan la mermada cabaña que aun sobrevive, que tenemos que cuidar y mimar por una sociedad menos dependiente y solidaria, social y ambientalmente. Cuidemos a los ganaderos como patrimonio social y ambiental. Las vacas también son medio ambiente.

Aquí y ahora, las vacas no han de estar más lejos que los humanos que en Santander o en Holanda. La cinta métrica es la misma, los medidores son diferentes, en una cultura anti campo, anti naturaleza, y posiblemente alejada del sentido común. Con el sistema holandés tendríamos en Canarias más de un millón de vacas, y aquí y ahora tenemos en la seudo clandestinidad menos de 40.000 que aún subsisten en las Islas. Seamos más europeos también con las vacas.

viernes, 15 de junio de 2018

Canarias y el REA

Nos parece preocupante la situación que se está produciendo actualmente con la parte positiva del Régimen Específico de Abastecimiento, el REA (la que permite importar insumos para agricultores y ganaderos, como la papa de semilla o el alimento animal, y no la de productos como la carne o el queso importados con subvención, con efectos negativos). Con toda la razón del mundo, nuestros ganaderos lo han defendido, desde la perspectiva de que estas ayudas de la UE hagan competitiva la actividad ganadera en las Islas, dadas las dificultades que impone la geografía para el desarrollo de esta actividad: pastos, topografía, insularidad, atomización impuesta por el territorio, etc., etc.

Pedro Molina (qdep), y otros ganaderos, lucharon por conseguir una prestación económica que acercara los costes de producción en las Islas a otros territorios comunitarios. Las autoridades europeas le pusieron nombre y apellidos, metiendo dentro del REA recursos económicos para alimentar de manera complementaria nuestra ganadería, conjuntamente con otros apoyos más discutibles, dirigidos a financiar la importación de productos lácteos y cárnicos de la UE, o de terceros países con arancel cero. En cualquier caso, el apoyo para importar forrajes y cereales para la alimentación animal ha contribuido a que tengamos una respetable actividad ganadera en las Islas, que aporta una importante partida en carne, leche, huevos…, actividad que propicia que tengamos una cabaña que nos hace menos dependientes del exterior, que anima a la agricultura con aporte de materia orgánica para nuestros campos, no siendo menos importante el papel que juega la ganadería en el poblamiento del interior de las Islas, siendo en muchos casos gestores del medio rural, cuando participamos en la estabulación y el pastoreo, algo básico en la prevención de incendios forestales.

El problema principal con la importación apoyada vía REA es que, en apenas cinco meses del año, se ha consumido el total del presupuesto destinado anualmente a reducir el precio al ganadero de productos como la alfalfa, el raigrás, el millo o la avena, lo que puede suponer una fuerte subida de los precios del alimento a partir de ahora. Las razones tienen que ver con procesos de acaparamiento, insolidaridad y un mal uso de la ayuda.

Espero que el Gobierno de Canarias ponga orden en el tema, es decir, que las ayudas lleguen a todos los ganaderos de manera proporcional a la actividad que realizan, y que estas no se queden en manos de "espabilados", como leemos en la prensa.

Queremos que las autoridades comunitarias y las canarias velen porque dicho instrumento y su aplicación siga cumpliendo con un papel social de solidaridad con un territorio poco afortunado para la ganadería; que entiendan que hemos de castigar todo tipo de fraude o adulteración de un compromiso solidario con un territorio y un pueblo agradecido. Con tal modelo, que ha favorecido la potenciación de la cabaña ganadera en Canarias, haciéndonos menos dependientes del exterior, fomentando y anclando en el Archipiélago una cultura del ayer comprometida con el futuro, como de hecho ponen de manifiesto las granjas de gallinas, cerdos, pollos, cabras y vacunos, etc., qué decir del queso, huevos, leche, etc.

La incorporación de jóvenes a la ganadería es otra lectura que tenemos que hacer. La nueva ley del suelo, la potenciación y diversificación de la agricultura ecológica, tienen que ver con la actividad ganadera. La sostenibilidad de una agricultura más solidaria con el medioambiente requiere ganaderos, pastores y agricultores. La alimentación de la ganadería también demanda pastos y forrajes de nuestro medio rural, cama para los animales de nuestros montes, a la que hemos de incorporar tanto ramas verdes como pastos en entornos forestales, como la limpieza y pastoreo en los cortafuegos.

Los fríos y duros datos de lo ocurrido en el presente año requieren una intervención de los responsables políticos, que corten tal situación con solidaridad y transferencia. Espero que tal tema lo resolvamos en casa, por el bien de la sociedad canaria, y por la solvencia de un pueblo serio, que hace un buen uso de los recursos públicos.

viernes, 8 de junio de 2018

Agua y recursos en Tenerife (y II)

Ese día se produjo un rico debate sobre el emplazamiento de la depuradora que el Cabildo va a instalar en la comarca y sobre la mejor tecnología aplicable (sobre la que el Consejo Insular de Aguas, en colaboración con la ULL, han determinado que la más eficiente sería la de sistema MBR). Tenemos una lectura que genera dudas para un sector de la población, y tiene que ver con una historia poco afortunada con las depuradoras que hemos puesto en la Isla, que han funcionado mal, ya que el 90% de las instaladas no han sido operativas. Por otra parte, tenemos dificultades para asociar la dimensión que debería tener la nueva instalación en relación al agua a tratar en los núcleos urbanos de la Isla Baja. En su día, pusimos en marcha el Bolico, los Carrizales y Masca, que cuentan con sistemas adaptados a núcleos pequeños en zonas poco pobladas, pero que no se pueden reproducir en zonas más pobladas, que demandan una superficie lagunar y un modelo técnico para una población que supera los 10.000 habitantes, y la dificultad que genera un volumen de aguas estancadas en las proximidades de la población (mosquitos, costes de mantenimiento, estaciones para uso agrario, etc., etc.).

No hay duda de que la instalación de dicha depuradora será favorable, tanto por aspectos sanitarios, como por el aporte de agua a la agricultura de la zona, ya que hemos de regar no sólo la sequía pluviométrica, sino también la sequía de ideas en una isla que apenas utiliza el 20% de las aguas urbanas, y que aquí y ahora podemos mejorar la calidad del agua de riego, al aportar las de consumo humano, de mejor calidad, mezclando ambas.

Estamos en tiempos de reflexionar sobre un modelo más sostenible de gestión del agua, tanto en la depuración, como en la distribución del agua de galerías en las medianías para uso de la población y el agro, regando la zona costera con aguas depuradas y desaladas. No olvidemos que las galerías de Tenerife han mermado, donde en 1970 manaban más de 6.000 litros/segundo, en la actualidad solo quedan poco más de 2.500 litros/segundo.

Los tiempos nos obligan, tenemos que hacer otra lectura de nuestros recursos, separando dicho tema de la política. Atrás quedan los tiempos en los que construíamos hasta 10 metros de galería al día, y de estas manaban más de 200 Hm3/año. Ahora tenemos menos agua y de peor calidad.

No hagan campaña electoral con los problemas del agua. La tecnología y el buen uso han de ser la prioridad, el debate social sobre el uso del agua, agricultura, turismo, autoabastecimiento, cultivos de exportación, cabría en un contexto social. Sin embargo, ahora estamos poniendo en juego una instalación importante, planteando el "dónde", distancia a mi casa, o si se la podemos poner al vecino.

La zona y sus características, bombeo a la balsa de Taco, emisario para la salmuera, reúne una serie de aspectos favorables para instalar la depuradora allí. Pongámosla en el lugar más adecuado tecnológicamente, con el máximo de garantías sanitarias y ambientales. Las depuradoras son una necesidad, no son una opción.

viernes, 25 de mayo de 2018

Agua y recursos en Tenerife (I)

Parece que los hechos nos están obligando a hacer otra lectura del uso de los recursos, ya que, hasta hace poco, la isla picuda olvidaba la problemática mundial del agua. Aquí y ahora miramos para el Teide y asociamos que las nevadas mantenían unos caudales que nos alejaban de los problemas. Pocos asociaban el agua al esfuerzo que se ha hecho por varias generaciones, que habían perforado más de 1.600 km de galerías y pozos, a los que se les daba una mala prensa, asociados con la especulación.

Agua que no solo es un bien limitado del que consumíamos en las zonas urbanas, próximo al 50% de lo que manaba de las galerías y manantiales, o lo que elevábamos de los pozos, a los que estamos aportando agua desalada con petróleo en cifras respetables.

La Isla Baja es un ejemplo de libro. Mientras hay un déficit entre lo que demanda la agricultura y la población en relación a los caudales disponibles, se establece una polémica por el dónde ubican la depuradora, ya que este pequeño territorio está dividido en 3 municipios.

Y sin embargo, se obvia que lo fundamental, en este caso, es la necesaria depuración y la reutilización de algo más de un millón de m3 de agua que ahora se vierte al mar o al acuífero sin depurar -como hacemos en gran parte de la Isla-; no olvidemos que de los más de 60 millones de m3 de consumo urbano, apenas reutilizamos 12. Esta situación no ha evolucionado en los últimos 15 años, estancada, con el riego en Las Galletas, con aguas depuradas en Santa Cruz, Adeje y Arona. Atrás quedó la época en la que éramos pioneros tanto de las Islas como de todos los territorios al sur de los Pirineos.

Aquí y ahora sufrimos un síndrome relacionado con la división municipal del territorio, y con la posibilidad de verter al volcán (pozo negro), ya que las más de 50 depuradoras construidas con dinero público en la Isla durante los años 80, apenas han funcionado porque no se construyó el alcantarillado, entre otras cosas porque de tales obras no "manaban" votos. Ahora, los hechos nos obligan a hacer una nueva lectura, ya que no nos podemos permitir continuar contaminando con las aguas sin depurar, no sólo por las leyes europeas, sino por sentido común.

Estamos derrochando entre el 8% y el 10 % del agua que demanda la agricultura en una de las comarcas que produce la décima parte de los plátanos de toda Canarias. Un territorio en el que la agricultura significa más del 30% de los puestos de trabajo.

La reunión mantenida por agricultores, el día 22 de mayo en Buenavista, pone de manifiesto que la mayor preocupación es cómo gestionar mejor un recurso que ahora es un residuo, y cómo incorporar una tecnología que dé garantías en una obra que supere las miserias de la política local, que han frenado y empobrecido el desarrollo de esta zona en los últimos años. Un mejor uso del líquido elemento, entendiendo que el Cabildo es quien pone los recursos económicos para una obra vital en la Isla Baja, que mejora de manera significativa aspectos básicos para la salud de la zona, cortar contenciosos en obras clave en la canalización del alcantarillado, incorporando las mismas al complejo sistema que funciona en torno a una planta de desalación y bombeo con el embalse de la montaña de Taco.

COAG-UPA-ASAGA. Los tres sindicatos agrarios con presencia en la comarca y los agricultores de la zona entienden que los aspectos sanitarios y el interés agrícola son prioritarios, ya que la comarca demanda más de 12 hm3 para regar algo más de 1.000 ha cultivadas en la zona.

Las galerías pierden cantidad y calidad, que ahora se mantiene con el complemento de una desaladora que aporta unos 4.000 m3/día, a la que se le añadirán unos 2.000 m3/día de aguas depuradas, cuando empiece a funcionar la depuradora, y aun así no se cubre el déficit de la zona, habrá que mejorarlo con otros aportes.

No es posible seguir dilatando la toma de decisiones en la zona para que el sector agrario tenga garantizada agua en cantidad y calidad suficiente. Se requiere dialogo y consenso, pero también un compromiso con aquellos que producen alimentos. Las tecnologías a aplicar deben ser compatibles con el respeto medioambiental y fiables, e igualmente permitir un aumento del caudal de agua que se ajuste a lo que necesita el sector agrario.

El próximo día 29 de este mes habrá un nuevo encuentro de agricultores, y esperemos que sirva para continuar dando pasos en la incorporación de infraestructuras y toma de decisiones que mejoren las condiciones de los productores de la comarca.

viernes, 18 de mayo de 2018

Carbón de Argentina

Cuesta entender muchas de las cosas que ocurren en nuestro territorio, ya que la devaluación de la cultura y la economía local ha provocado no sólo una pérdida de identidad, degradando lo que sabemos hacer, pero sobre todo, creando una mayor dependencia ante la debilidad de lo local frente al negocio de la importación.

El admirado Pedro Lezcano, en el poema de la maleta, nos acerca a lo que ocurre con el carbón. El negocio es el negocio. Lo pequeño, lo local, lo nuestro, lo han separado del interés colectivo.

¿Tiene explicación que en un territorio como el nuestro tengamos que recurrir a la importación del carbón desde el otro lado del mundo? Un territorio con más de 130.000 ha forestales, en las que hemos de hacer selvicultura, limpieza, abrir caminos, pistas forestales, cortafuegos, entresacas ante la alta densidad de árboles en los montes, leñas muertas, etc.

¿De verdad queremos arriesgarnos a la introducción de nuevos problemas para la salud de nuestra naturaleza, o que amplíen los que todos ya conocemos en nuestros campos, propagación de patógenos, etc.?

El carbón puede ser un elemento auxiliar para retirar combustible de nuestros montes, no tiene espacio, ya que no es una actividad para que la gestione la administración, y por otra parte no hemos creado un hueco legal para que empresas locales que sabían hacer carbón pueda actuar, pues los "máster universitarios" para tal actividad no están "homologados", ya que los requisitos que pedimos para tal actividad son similares a los de una planta industrial en un supuesto polígono.

Lo que ocurre con los carboneros es lo mismo que ocurre con numerosos oficios y actividades agrarias, que debemos cuidar que se transmitan de padres a hijos, y que estamos perdiendo, en medio de una sociedad que ha revalorizado la cultura libresca, alejada de una sabiduría local, vinculada al territorio. Las mal llamadas modernidad y globalización debieran mirar para el entorno, ya que nos hacen más pobres en nuestro medio.

El carbón de Argentina, las almendras de California, los higos pasados de Turquía, las papas de Egipto, los cabos de los sachos? las importaciones de nuevas plagas, nos deben hacer meditar sobre una revalorización de lo local. No olvidemos lo que está ocurriendo con numerosas plagas que se propagan en los cítricos y en los olivos, o el agotamiento de los suelos, con los monocultivos de soja en Argentina, Paraguay, y Brasil. Qué decir del glifosato, los problemas de salud, y las plantas que se hacen resistentes a él y a otros venenos similares.

Nos toca hablar y leer lo pequeño con más cariño y detenimiento. Una carne preparada con carbón de brezo y faya es también un valor de un pueblo que saborea y dignifica un territorio, pero también, que contribuye a una gestión más sostenida, en la que tenemos que hacer un esfuerzo ambiental y social, ya que la conservación de nuestros montes es también la conservación de nuestros carboneros, pastores y agricultores.

Hemos hecho unas leyes ambientales que han ignorado o excluido a un sector claves en los equilibrios entre el hombre y la naturaleza. Tenemos que encontrarnos con "viejos usos" que son claves para un mejor entendimiento con la naturaleza y las necesidades socioambientales. El monte no se gestiona sólo con más drones, helicópteros e hidroaviones, seamos más humildes, leamos los libros no escritos de nuestros abuelos, gestores de gran sabiduría, en la que había espacio para los carboneros sin "máster universitarios", y sin polígonos industriales. Dejemos los usos tradicionales con la lógica de la vida, de un pueblo sabio, que mantuvo nuestros montes sin gas butano y "máster ambientales" que ignoran la cultura de la tierra, con teorías urbanas y librescas.

No sólo importamos carbón, importamos también ideas que nos empobrecen. En Canarias sobra carbón, y faltan ideas y compromiso ambiental.

viernes, 11 de mayo de 2018

Puntagorda (II)

Hemos de leer lo que ocurre sobre la piel del territorio, asociando tal situación con las personas que han propiciado los cambios. Han mejorado la calidad de vida de los vecinos, sin degradar el medio ambiente, siembra que tiene nombre y apellidos, tanto por parte del consejero del Cabildo que puso en marcha las pistas, la red de aguas, depósitos, bombeo, como el soterramiento de la luz eléctrica hasta los 1.700 metros de altura. También, el alcalde, que participa en algo similar hacia la costa, planifica y crea infraestructuras en todo el municipio, favorece los cuartos de apero en el campo, con agua y luz, crea condiciones para mejorar las actividades económicas que hacen posible agricultura, medioambiente, turismo, conviviendo en espacios próximos sin conflictos.

La lectura de Puntagorda tiene nombres y apellidos, no dibujados en estas líneas para poner flores, aunque creemos que se lo merecen. Estas líneas pretende valorar un camino con rumbo que siembra modelo, que propone alternativas tan básicas y elementales en la Canarias en la que convive el mundo "saudí" y los bancos de alimentos, a pocos metros de distancias, en la que los asuntos sociales tienen mucho que ver con un modelo económico, que no es solo insolidario y egoísta, sino, lo que es peor, hablamos de la distribución de la cosecha sin hacer un surco para sembrar, pero tan siquiera sin encavar la (guataca-sacho), derecho de todos, pero obligaciones también. Si podemos hemos de cuidar la cabra antes de ir a buscar la leche al ayuntamiento.

Puntagorda es una referencia en La Palma, en muchos casos, es una referencia en Canarias, es un ejemplo de alternativas del sector primario, para dar salida a la crisis. Aquí y ahora, lo surcos no son sinónimo de un pasado, de pobreza y miserias, son compromiso de futuro, es más, convive turismo y sector primario. Se abren granjas y casas de turismo rural, se plantan frutales, incluidos almendros y se venden papas al Spar o en el mercadillo. Se cultivan viñas como antes, pero también con tecnologías de último grito. Cuidan la naturaleza y la agricultura. Tienen la red de aguas más extensa de Canarias para luchar contra el fuego, conviviendo con agricultura y caminos rurales, con rodales de pinos y naturaleza. Tenemos aquí bandas de granjas y cultivos, lo que significa que no abusamos de los venenos, actividades económicas que en otros municipios son antagónicas, aquí son complementarias, casas de turismo en las proximidades de granjas, pinos, cultivos.

Tenemos aquí los montes con los mejores cortafuegos de Canarias, con campos de viña hasta los 1.700 metros de altura y, en consecuencia, limpias de lo que llaman los ingenieros "combustible", aquí era pasto para el ganado o maleza, armonía entre cultivos y naturaleza.

El planeamiento del municipio permite que al poner agua y luz en el medio rural, asociando las actividades económicas, con un planteamiento previo, favorece la convivencia, alejando conflictos entre lo rural y lo urbano.

Alcalde campesino; sin duda, la relación de la máxima autoridad local con el sector primario es muy positiva para el mundo rural, ya que en la mayoría de los municipios de Canarias no tenemos concejal de Agricultura, y en muchos la agricultura es sinónimo de marginal, aquí es una referencia del mundo rural. El campo no es sinónimo de miseria y atrasos, aquí tenemos universitarios al frente de granjas y explotaciones agrarias, conviviendo con campesinos de siempre (lo empírico y lo teórico haciendo surco, azufrando la viña), cultura que dignifica y enriquece al campo y la naturaleza. Aquí, el campo es sinónimo de progreso, de futuro, de compromiso de la dignificación del ayer, de lo rural como compromiso de futuro.

Los encuentros económicos culturales del mercadillo, como el de los últimos días de abril, con la cocina de 20 países, el que la mayor cadena de supermercados de la Isla les compra las papas, son maneras de dignificar un campo que ha estado huérfano de compromiso, que ahora arropa el consejero de Agricultura, apoyando la incorporación de jóvenes de la que Puntagorda es un ejemplo de otra manera de hacer las cosas.

Creemos que lo que se hace bien en Puntagorda puede ser una referencia muy positiva, tanto en el plano ambiental como social para el mundo rural canario.

Enhorabuena para los que han cultivado y cultivarán, pero, sobre todo, siembran ideas en un campo en el que disminuyen los surcos y crece el rabo de gato, una tierra huérfano de campesinos.

viernes, 4 de mayo de 2018

Puntagorda (I)

En pocos lugares de la geografía canaria se presenta una situación como la que se nos ofrece en esta localidad. Hemos de entender que es el único municipio rural de La Palma que gana población, siendo una referencia en agricultura y ganadería, mejorando tanto en el plano demográfico, como en su potenciación como centro comarcal del noroeste de la Isla.

Históricamente, Puntagorda fue uno de los municipios más pobres de La Palma, carecía de manantiales y las precipitaciones la castigaban, como a toda la comarca del noroeste palmero, quedando como cultivos prioritarios el almendro y la vid, dada su tolerancia a la sequía. Se cosechaban aquí los cereales más pobres (cebada y centeno, principalmente). Pedro de Oliva escribe en 1860 que la cosecha era la más escasa de la Isla, quedando como actividad económica unas 2.000 pipas de vino, y unos 200.000 kilos de almendras, hasta la década de los años setenta del siglo XX, con la llegada del agua de Los Minaderos, con un aporte importante en la siguiente década de otras galerías de Garafía y la Laguna de Barlovento (viñedos cubiertos de rabo de gato).

Puntagorda es hoy uno de los pocos municipios que gana terreno labrado, siendo de los mayores productores de hortalizas de la Isla. Es el único que gana superficie de viña, unido al entorno de Tijarafe-Garafía, siendo Las Traviesas uno de los mejores viñedos de Canarias. Se ha aumentado la superficie plantada entre Briestas y Tinizara, mientras en el resto de la Isla se pierde terreno de cultivo desde Las Manchas hasta Mazo, no teniendo mejor suerte el noreste, desde Puntallana a Barlovento.

Hay numerosas sorribas para aguacate, naranjos y otros frutales. Comienza de manera tímida la comercialización de almendras, hoy semiasilvestrado. Son importantes los cultivos de papas, y los suministros para el mercado del agricultor más dinámico de La Palma, lo que hace, junto a los colegios, que se convierta en un centro neurálgico de la comarca noroeste, ya que tiene también un centro de prevención de incendios forestales y es el mayor abastecedor de la estación hortofrutícola de la Isla, en Breña Alta. Qué decir de la actividad ganadera, con más de media docena de granjas de cabras, varias bodegas y una actividad agrocultural en torno al mercadillo, siendo también destacables las actividades económicas relacionadas con el turismo rural.

Su mayor valor es haber roto con la "alergia a la guataca" que padece gran parte de nuestro agro, entre otras cosas, porque tienen más de 30 tractores y una juventud que ve el campo con dignidad, como referencia económico cultural, sin complejos, en la que el trabajo en él tiene la lectura de generaciones pretéritas, de lo que fue gran parte de la llamada "clase media" palmera, hoy en la emigración o soñando con los "máster en ciencias ocultas" para funcionarios.

Puntagorda es hoy un oasis de trabajo, de compromiso, de un modelo que dignifica el hoy, sin separarse del suelo, contando con un ayer, con unas señas de identidad, como referencia de una isla que sufre una crisis profunda, de alejamiento del entorno, incluso en el plano económico, ya que el vino, el queso, las hortalizas, los aguacates, las próteas, las naranjas, los ñames, etc., etc. (de los plátanos hemos escrito en otros momentos), todos ellos se venden, mientras que, sin embargo, los núcleos rurales pierden población, quedando jóvenes de forma testimonial. Las Breñas, Los Llanos y El Paso, con "urbanitas" con alergia a la guataca, con una tercera edad en los plátanos, reforzados con inmigrantes, ante una crisis que también es de identidad, de un campo devaluado social y económicamente.

viernes, 27 de abril de 2018

Los campesinos y los pinos

Hoy toca hablar de lo ocurrido en Granadilla, que debe ser un toque de atención de una política forestal con poca prevención y demasiada confianza en las máquinas.

Decía el año pasado la ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, que España es la mayor potencia de la UE en lucha contra el fuego, con más de 250 aparatos aéreos. Sin embargo, en momentos de dificultades como los vividos recientemente en el Sur de Tenerife, este planteamiento de combatir el fuego vía aérea no parece ser suficiente. Aquí tenemos numerosos puntos de difícil acceso, pistas poco cuidadas, como ocurrió en Granadilla, por ejemplo en la pista de Las Vegas a Madre del Agua, o el puente del Barranco de El Río, sin concluir. ¿Dónde están ahora los ecologistas que lo pararon?

Hemos olvidado que el monte gana nuevo espacio y los campesinos retroceden. Antes limpiaban el monte, pastaba el ganado, y ahora tardamos casi un año en darle permiso para limpiar o cortar en un trozo de monte, alegando que si una faya o un brezo tienen tantos centímetros de tronco, no digamos de la dificultad para cortar un pino que afecte a un cultivo, una vivienda, un canal de agua, etc., etc.

No miremos solo para los pirómanos, la gestión es fundamental.

Es bueno que leamos lo que ocurre en el territorio. En la década de 1970, la geografía de Canarias registraba más de 70 puntos con denominación de un pino "en singular"; hoy, sin embargo, en muchos casos tenemos en dichos puntos un pinar, como pasa en La Guancha, con tres pinos, denominados los 3 hermanos, que hoy forman un bosque, y tantos otros sitios, como en el noroeste de La Palma, donde a los pinos se los "afeitaba" (ya que solo multaban por talar el árbol), formándose un pinar en forma de ciprés, para mantener en su entorno pastos y cultivos. Hoy cortar un pino genera un papeleo propio de un territorio deforestado, con gran presión sobre el monte, propio de los años 50.

Aquí y ahora, demandamos otra política forestal, creando cuadrillas, con más dotaciones, con conocimiento y manejo del territorio, con buenas relaciones con los campesinos, formando un todo entre el medio ambiente y el mundo rural y forestal, mejorando los caminos, los cortafuegos, las pistas forestales, creando un tejido humano vinculado al territorio forestal y a los vecinos. Cuando un monte se quema, algo nuestro se quema. ¡No más barreras de burócratas!

Lo del hidroavión ante el incendio de Granadilla, en el que las condiciones no fueron favorables para el fuego, pone de manifiesto los puntos débiles que tiene nuestro sistema, ya que una amplia superficie -entre el 20% y el 30%- de las Islas Occidentales que es forestal tiene una gestión deficitaria, con más de 200 ha por trabajador forestal encargado de su cuidado. Y, lo que es peor, seguimos limitando los usos tradicionales en los pocos casos en los que ganaderos o agricultores proponen actividades en el medio rural, como ocurrió en Chivisaya con don Nicomedes y sus cabras frente a las supuestas plantas protegidas entre los pinos de repoblación.

La actividad agraria y forestal requiere más recursos, ya que hoy apenas tenemos gestores en nuestros campos ante la pérdida de agricultores y ganaderos, que hacían una gestión compartida de nuestros montes. Por ello, en el campo de lo social, tenemos que cuidar toda actividad en el entorno forestal, hemos de cuidar a los gestores de los montes y, entre ellos, de manera preferente, a los campesinos. Y fundamental es la labor de los cabildos, con apoyos coyunturales de otras administraciones, como ocurre en los incendios, entendiendo que la prevención es básica, es un trabajo de todo el año. Ahora tenemos bomberos, pero apenas trabajo forestal.

Necesitamos profesionalizar equipos para los trabajos en los montes, ya que antes eran agricultores los que dominaban las tareas forestales y los conocimientos sobre el monte, y ahora son urbanitas, aunque vivan en el medio rural. Si los pinos y el monte están en expansión y los agricultores están disminuyendo, entendemos que en unas islas cargadas de caminos, senderistas, coches y áreas recreativas, de urbanitas, etc., etc., no se pueden gestionar los montes con más de 200 ha por operario, como ocurre en la mayoría de los casos, porque entonces nos encontramos con situaciones como la de Granadilla, en la que los equipos debieron caminar más de 2 horas para llegar al fuego debido al abandono en el cuidado de las pistas.

La gestión ambiental en las Islas es mucho más que adjetivos y declaraciones bonitas, que la reserva de parque y demás. Necesitamos una política forestal para una nueva época, hemos de hacer silvicultura, entre otras cosas, entresacar gran parte de los pinares y montes cargados de árboles, para unas mejores condiciones forestales.

Miremos para Portugal o California. Lo que ocurrió en Granadilla, en La Palma o en Gran Canaria son avisos de que hemos de mejorar la gestión forestal. ¿Qué hubiese ocurrido si el incendio de Granadilla hubiese sido en agosto?

No es razonable importar leña y carbón en Canarias, o abonos orgánicos para la agricultura, mientras nuestro monte está cargado de maleza y leña. Otra gestión es necesaria.

viernes, 20 de abril de 2018

Canarias y Portugal

Leemos en la prensa una serie de medidas que aplican las autoridades portuguesas como prevención de los incendios forestales, lo cual nos parece de interés para nuestro Archipiélago, dado el clima y los peligros de ambas realidades geográficas. Canarias tiene mucho en común en el plano físico, con veranos largos y secos, diferenciándose de Portugal en que, aquí en las Islas, los montes públicos son mayoritarios, mientras que en Portugal se fueron privatizando tras la Revolución de los Claveles de 1974.

En el país vecino existe una gran explotación maderera, con monocultivo de eucaliptos, mientras aquí domina la vegetación natural, sin apenas actividades forestales en nuestros montes.

En ambas regiones, además, hay poca gestión para la retirada de material combustible. En Portugal, a las empresas particulares sólo les interesa la madera, y no hacen silvicultura, mientras que en Canarias se han suprimido los usos tradicionales, pues no hay interés económicos (leña, horquetas, ramas para el ganado, etc.), y en contadas ocasiones se hacen rozas, en parte por la crisis del mundo rural, en parte por una política conservacionista rígida. El resultado final es que tenemos la mejor masa forestal en la historia de los últimos 400 años en Canarias. Sin embargo, los recursos humanos que demandan el cuidado de algo más de 120.000 ha son muy pobres.

Las medidas portuguesas no son aplicables directamente aquí, ya que los montes son mayoritariamente públicos, y a los privados les hemos limitado los usos, y en consecuencia el interés ambiental ha de proteger la naturaleza de las Islas, sin distinción de la propiedad.

Sin embargo, si es posible tomar referencia de algunas líneas de actuación recientes de Portugal, en las que, por ejemplo, se obliga a los particulares a la limpieza del monte, con fecha limite el 31 de mayo, con implicación para el cumplimiento de las medidas de la Guardia Republicana (GNR, equivalente a la Guardia Civil), aplicando multas de hasta 120.000 ?. Más importante que las medidas, nos parece la actitud de los responsables políticos que las aplican, el socialista Antonio Acosta, al que también respalda el presidente, el conservador Marcelo Ravelo de Sousa, unidos por el compromiso ambiental, separando el conflicto electoral.

En Canarias la situación se complica, no solo por las miserias de la vida política, sino también por tener que contar con tres administraciones con competencia en la gestión del monte.

Entendemos que los cabildos han de dotarse de más recursos humanos para hacer prevención en nuestros montes, ya que las plantillas existentes no cubren un mínimo de las demandas de los mismos, sea retirando combustible, mantenimiento de pistas cortafuegos, red de aguas, etc., etc. Entendemos que la situación de Portugal es la consecuencia de la mala gestión de los montes privados, de lo que también podemos aprender. Más del 50% de los incendios en la UE se produjeron en Portugal el año 2017.

No es bueno esperar a las desgracias para acordarnos de Santa Bárbara; que si helicópteros, que si hidroaviones? todos los recursos son necesarios, pero la prevención es básica. Demandamos más personas y, por supuesto, mejorar las relaciones con los campesinos, fomentando los usos tradicionales, con cultivos de las zonas próximas al monte. Qué decir de lo que ha hecho el Cabildo de Tamarán, legalizando la trashumancia en sus montes, después de más de cuarenta años en lucha por un uso, hoy suspendido en el resto de las Islas.

El monte también sufre la crisis agraria porque está rodeado por campos de cultivos, cubiertos de maleza, donde han nacido muchos incendios en los últimos años.

Espero que los responsables públicos en Canarias pongan más recursos para gestionar la mayor superficie forestal de las Islas, con casi el 30% del territorio, gestionado por una docenas de cuadrillas. Nuestra naturaleza demanda más recursos y menos adjetivos, más vale prevenir que curar.

Entendemos que hay que hacer leyes más tolerantes con los usos tradicionales, ya que gestionamos el mejor monte que han tenido las Islas en mucho tiempo, y ello requiere gestión humana: campesinos, agricultores y pastores, vida en los pueblos, no aldeas sin vida, como ocurre en parte de Portugal. Las más de cien mil hectáreas de monte del Archipiélago son la resultante de una gestión sabia y comprometida de nuestra gente con la naturaleza. En época de penurias, con muchas carencias, cuidaron nuestros montes, con usos que hoy no permitimos. Dignifiquemos, pues, la sabiduría de los campesinos.

sábado, 14 de abril de 2018

La Laguna y los surcos (y IV)

Entendemos que muchos de los problemas del agro y los agricultores en La Laguna no son exclusivos del medio territorial, es decir, los problemas que genera el minifundio. La crisis de las cooperativas, que han jugado un papel positivo durante muchas décadas, los problemas de alejamiento de los jóvenes del campo, la agroquímica y los agro tóxicos como alternativa, campo y rentas, campo y salud, piche y cemento como alternativa, la devaluación de lo rural como sinónimo de un pasado de pobreza e ignorancia.

Hemos de entender que no hay una medicina que cure todo, ya que el campo de ayer, la cooperativa y el gangochero tuvieron un techo, explicando además parte de lo que ocurre en nuestro campo hoy. La implantación de las grandes superficies, concentrando la distribución y la compra de los productos del campo, pusieron el resto. El campo y los campesinos quedaron ahogados, era imposible vivir una familia con 15.000 kilos de plátanos, cuando dejamos de producir el resto de alimentos y servicios del entorno: la vaca, las gallinas, el cerdo, el estiércol. El trabajo familiar es sustituido por el suministro a los supermercados, implantando una economía monetaria en el mundo agrario.

Ahora se vende más pienso para mascotas, en algunas cooperativas, que pienso para gallinas o cabras. Tenemos una ruptura en el mundo rural. No hay un modelo de un camino para recomendar. Parece claro que hay agricultores que les va bien, que comienzan abriendo caminos, sustituyendo el modelo anterior por maneras de acercar al productor y el consumidor, buscando una relación directa entre ambos (mercadillos, pequeña distribución, restaurantes, tiendas, cadenas especializadas en la distribución, etc.).

Leemos en el territorio que hay empresas que sobreviven, incluso crecen, y se potencian cultivos como plantas tropicales, hortalizas, flores, ganadería, vino, viveros, papas, etc. Estas son referencia de otra manera de hacer las cosas y, lo que es más importante, están incorporando jóvenes como profesionales, que superan los complejos de antaño, planteándose vivir del campo sin reparos y miserias de antaño. En algunos casos están arrendando o comprando tierras, siendo un ejemplo que alumbra otro modelo viable y posible.

Tenemos algunos cuellos de botella con los aportes de ayudas de la administración, como la exigencia de comercializar al menos 200.000 kilos para recibir la ayuda a la producción vendida localmente, que entendemos debe bajarse para que muchos pequeños agricultores participen de las mismas. Por otra parte, el sector ganadero y la cooperativa de La Candelaria tenemos que ver como potencian la carne del país. También, los cereales para la producción de gofio de la tierra (millo, trigo), tema clave con los molinos, ya que necesitamos solvencia y garantía con este producto muy nuestro, algo que ya tenemos con el vino y el queso. Qué decir de los boniatos y de las papas borrallas como elementos que dignifican Anaga.

Hemos de potenciar las ferias, los mercadillos, la agricultura ecológica, los bancos de tierras para jóvenes, con préstamos de semillas, con asesoramiento técnico. Qué decir de los huertos escolares, reconvertir el campo y la agricultura como actividades lúdicas.

Son elementos ejemplarizantes de lo que hacemos y producimos aquí el ganado, los frutales de la tierra, las hortalizas, los vinos, el queso..., como referencia de un pueblo que dignifica al campo, al trabajo, al gofio y el cereal, al paisaje de las medianías, tal como defendió y cuidó Pedro Molina (trigo barbilla, vaca del país y productos de la tierra).

No tenemos una solución única, ¿agricultor y vendedor?

Entendemos que tenemos que valorar las cosas que hacen los que les va bien, ya que nuestra tierra demanda sembradores de ideas que hagan camino al andar, ya que sembrar ilusiones en el mundo rural debe estar cerca del surco, pues el campo sufre un bombardeo teórico, que, en muchos casos, lo siembran personas con alergia al sacho. Aquí y ahora otro campo es posible, leamos lo que hacen los agricultores a los que les va bien, afortunadamente tenemos numerosos ejemplos para sembrar ilusiones.

viernes, 6 de abril de 2018

La Laguna y los surcos (III)

Leer lo que ocurre en la piel de este municipio, y la relación de sus vecinos con el territorio, pone de manifiesto que el mundo agrario sufre un síndrome cultural de valores mucho más complejo que el manido tema campo-ciudad, que, indudablemente, ha creado desiertos demográficos en numerosos puntos de la "piel de toro".

Cuando analizamos lo que ocurre en el campo lagunero (tierras sin campesinos, red de riego, establos en abandono, maleza en zonas con viña, glifosato para sustituir a la cava), encontramos que el factor humano, su cultura, sus valores, sus prioridades se han alejado del campo, de la naturaleza, o quizás nunca han estado con lo rural, con sus problemas y sus ventajas.

Hablamos mucho del bolsillo y poco de calidad de vida y de alimentos sanos. La modernidad y la moda la asociamos a las máquinas, a los agrotóxicos y herbicidas que eliminan las supuestas plagas de la naturaleza, alejados del sacho confiamos en el merry y el tractor. Mientras en la zona europea la Francia de Macron plantea eliminar el uso del glifosato del campo francés, aquí y ahora, gran parte de los viñedos no los cavamos, y solo ponemos "quema-yerba". Fincas que hace unos años eran un vergel ahora son un erial con el suelo planchado, donde el agua no infiltra y se seca, y esto ocurre tanto en La Laguna como en muchos otros municipios de nuestra geografía canaria.

Hoy por hoy existe un alejamiento del campo por parte de nuestros jóvenes como nunca se había dado en los ciclos de la economía canaria. La cultura que transmitimos a nuestros jóvenes desde la familia, la escuela y la política, disocian campo y progreso, campo y modernidad, futuro, progreso, prosperidad. Campo es pasado, trabajo, torpeza y miseria, disociamos campo de alimentos, salud, progreso, modernidad, futuro digno y más seguro.

No es solo cuestión de dinero, hay numerosas actividades que exigen sacrificios sin contrapartidas económicas y tienen éxito, los caballos, los perros, coger olas y el surf. Es más, hay familias que tienen una actividad agraria funcionando y no tienen continuidad familiar, mientras los herederos sufren los problemas de una sociedad de consumo cargada de pretensiones de difícil atendimiento por la administración y asuntos sociales.

La Laguna tiene un patrimonio de suelo con buenas instalaciones de riego en la costa, red de tuberías, canales viarios, pozos, red de Balten, u otras más modernas como la depuradora recién inaugurada. Una cultura agraria de las más dinámicas de la Isla, que fue un emporio de hortalizas, flores, plantas ornamentales, mejorando humanamente con técnicos universitarios, lo que da lugar a un enclave económico, apoyado en una actividad que podría ser rentable y que puede dinamizar nuestra sociedad, haciéndonos menos dependientes, con unos territorios y unas islas más cuidados, más prósperos.

No se entiende campos balutos, bancos de alimentos y paro. Se asemeja al modelo venezolano, con campos sin cultivar, miseria y hambre. Aquí tenemos que dignificar el campo, nuestros jóvenes han de entender que la modernidad no está reñida con el campo, que se puede ser moderno y campesino, que se puede vivir de lo que da la tierra, que lo rural no es cosa del pasado, de un mundo de ignorancia y marginalidad. No es bueno el modelo de la Venezuela saudí, que ha producido la actual situación. Aquí y ahora, hemos de dignificar el campo, y para ello tienen que incorporarse miles de jóvenes en una agricultura más respetuosa con la naturaleza, con tierras en las que el tractor, el merry y el sacho sean más compatibles con la dignificación de la vida en el campo.

No tenemos que hacer un máster en ciencias ocultas para vivir del campo, podemos ser modernos y campesinos, tenemos que romper con muchos complejos para dignificar el mundo rural. La administración tiene que poner instalaciones, con modelos que funcionen, que dignifiquen la actividad agraria y que permitan vivir de ella, desde los colegios hasta la universidad. Las máquinas nos ayudan, pero las manos de campesinos no se acomplejan por ser más ásperas, todo lo contrario.

En La Laguna hay posibilidades para generar trabajo y riqueza, en un agro que tiene un importante papel en la agricultura canaria, aunque tiene muchas tierras balutas con muchos jóvenes con alergia al campo. Tenemos que plantar y sembrar.

La creación de bancos de tierra, poner recursos de semillas, asesoramiento técnico para orientar a los jóvenes y que aprendan a pescar. No olvidemos la figura clave de Pedro Molina y cómo logró salvar la vaca del país, dignificando social y económicamente a los ganaderos en la cooperativa.

jueves, 29 de marzo de 2018

La Laguna y los surcos (II)

Cada día estamos más convencidos, la crisis agraria en Canarias tiene las connotaciones culturales de un pueblo que ha crecido en el espejismo de la modernidad, en la que se asocia agricultura a miseria, a atraso, al pasado. Ahora lo que asociamos con mejora del campo son las máquinas, modificar semillas, química, robótica, PlayStation, etc.

Esta crisis también tiene un importante origen económico, pues ahora lo que manda son los márgenes comerciales en el mundo de la distribución de alimentos, propiciando la pérdida de los pequeños distribuidores, primando la gran superficie y concentrando la distribución en pocas manos. Esto, unido al dinero fácil, la construcción, los sueños de vender el suelo para urbanizar, ha desembocado en el fracaso de las cooperativas y las entidades locales (Tenflor, Cooperativa Cosecheros de Tejina), la crisis de varias empresas familiares en la zona, y la caída del mercado exterior de flores y plantas ornamentales, que antaño fueron motor económico de la zona.

La cultura de señoritos en la que se han criado nuestros hijos, "el que sirve, sirve, y el que no pal campo", ha dado lugar a una erosión sin precedentes en la historia de La Laguna, pasando de 4.200 ha cultivadas en 1984 a las 1.800 ha en el año 2016.

Ruptura con el ayer sin que veamos garantía, freno del deterioro de los últimos años. Tenemos pequeñas luces que parece que alumbran el final del túnel. La incorporación de jóvenes en el sector primario tiene que ser una prioridad, así como el nuevo marco de leyes que facilitan la actividad ganadera, la mejora en instalaciones complementarias, bodegas, establos, invernaderos, agua, etc.

La potenciación de empresas que marcan pautas con cultivos que son una referencia, como el caso de la papaya. Un cambio de mentalidad que demanda productos de la tierra, tanto en el plano ganadero, como en el vino, hortalizas, gofio, queso. La siembra que ha dejado Pedro Molina en la defensa de una identidad, de una referencia, en la que el campo no es sinónimo del pasado y la marginación. Ese es el espíritu en el que vamos a celebrar próximamente unas jornadas, que aquí y ahora quieren sembrar ilusión, compromiso con un pasado como camino de futuro, ya que tanto en el plano local como en el contexto internacional, tenemos que mirar para el futuro, entendiendo que no tratamos de un tema de nostalgia con tintes románticos, de contemplación, con cultura museística, de una retahíla de acontecimientos, de un pasado de miseria y atraso, de sorribas, construcción de pozos, canales de agua.

Trabajo y miseria de una sociedad pobre y áspera, de un pueblo sin rumbo, en la que el sacho o la mandarria eran la única alternativa a la emigración a Venezuela. Ahora, los acontecimientos recientes de ese país ponen de manifiesto que el estómago no digiere billetes devaluados. Es necesario leer con máxima atención la contradicción que existe entre la riqueza de recursos de Venezuela y la situación de sufrimiento de su pueblo.

La Laguna tiene más de 500 años de historia en su actividad agroganadera, y casi 100 años de cultivo de regadío en la costa, ya que en los años 30 del s. XX fue el segundo municipio tomatero de la Isla, después de Güímar, y, con anterioridad, tuvo otras zonas de regadío en torno a los barrancos de Las Tapias y el Río. Estamos ante uno de los paisajes agrarios más productivos de Tenerife y de Canarias, desde El Ortigal hasta Los Batanes, desde Las Carboneras hasta Punta del Hidalgo.

La principal carencia es humana. En Tenerife, como en Canarias, tendremos que plantearnos como asignatura pendiente la dignificación del campo. Uno de los puntos importantes es el relevo generacional, hemos de plantear que el actual sistema de reparto de herencias hace inviable sacar adelante explotaciones, asignando surcos a los hijos, en muchos casos haciendo que se abandone la actividad agraria, descapitalizado el medio rural. Las administraciones deben plantear medidas que refuercen la viabilidad de las explotaciones, bien sea el sistema catalán de herencia al hijo mayor, o por otra vía. Recordemos las 500 ha de plátanos que hemos perdido en La Laguna en cuarenta años, que eran las más divididas de Tenerife en los años ochenta, ya que la media por agricultor estaba en 15.000 kg, mientras Guía de Isora superaba los 75.000 kg.

En Canarias, el actual sistema de herencia obliga a repartir entre los herederos, de tal forma que incluso parte de una higuera debe ser dividida; incluso en La Gomera hay palmeras pertenecientes a varios familiares, o unos surcos de papas, o las pencas de los dragos de La Tosca en Barlovento, que están repartidas entre varios herederos.

La dignificación del campo, aquí y ahora, en La Laguna y otros puntos del Archipiélago, nos obliga a mirar hacia dentro, porque tenemos que cambiar muchas cosas para crear estímulos sociales y económicos. Nuestro campo, como algo básico y elemental en una sociedad más equilibrada en los planos social y ambiental.

En los encuentros del próximo mayo hemos de tratar muchos temas que siembren compromiso e ilusión con el futuro de nuestra tierra. Hemos de poner los cimientos de una sociedad más viable, y no son sólo económicos, son también de dignificación del mundo rural.

viernes, 23 de marzo de 2018

La Laguna y los surcos (I)

Hace poco he leído el mapa de cultivos de Canarias y La Laguna es el municipio con más surcos. En una lectura del paisaje y el paisanaje, se pone de manifiesto que los problemas del campo canario son complejos, no son solo aislamiento, sequía, topografía del problemática mecanización, etc.

Cuesta entender lo que ocurre en el mayor municipio agrario de Canarias, con casi dos mil hectáreas cultivadas, con diversidad de cultivos, y en el que se mantienen más de 200 ha de cereal, siendo también una referencia en cultivo de plantas tropicales, con más de 50 ha de papayas en invernaderos, además de un enorme peso histórico en flores y plantas ornamentales. Lo que debiera ser el Wageningen canario (WUR), la entidad investigadora agrícola más importante del mundo, en nuestro caso se convierte en alejamiento entre agricultura y campo de la investigación, en un agro que no contamina a la universidad. Aquí y ahora encontramos hechos de difícil lectura, como es la desvinculación entre el campo y los ciudadanos, entre campo y trabajo. En Holanda, en cambio, la agricultura es importante tanto en el plano económico como en el social, de tal manera que es el segundo país exportador de alimentos del mundo, tras EE UU, a pesar de tener únicamente unos 40.000 Km2. Desde esta perspectiva, La Laguna tiene una difícil lectura, siendo difícil de entender que tengamos más de 1.000 ha en las que hacíamos surcos hace unos años y ahora las situamos como tierras balutas. No estamos hablando de los Machupichu de Lepe o del barranco de los Tilos, estamos mirando para suelos relativamente llanos, en torno al casco lagunero, o incluso zonas de regadío en la zona de Valle de Guerra-La Punta. Como bien planteaba el querido amigo Pedro Molina, los mejores defensores del suelo agrícola son los que hacen surcos; por ello, creemos que cada día es más importante acercar el campo a la escuela, en una relación directa entre agro y cultura, que contamine, como diría Pedro Guerra, nuestros jóvenes con el campo.

Veamos el caso concreto de los plátanos. La Laguna ha pasado de cultivar el 13% de los plátanos de Tenerife en el año 1977, a situarse en un pírrico 5,5% en el año 2016. Téngase presente que no hay problemas de agua, tanto en cantidad como en calidad; es más, ahora se ha realizado una obra importante para mejorar los sistemas de riego, con la depuradora. Tampoco se ha producido un exceso de urbanización, como en el Valle de La Orotava, mientras que la expansión en otros cultivos, caso de la papaya, ha sido de manera limitada.

La pérdida de superficie cultivada parece más motivada por razones familiares y de relevo generacional, así como otros problemas sociales que tendremos que abordar. Es necesario un compromiso con la tierra y el trabajo, una ley de arrendamientos que dé garantías, mostrar interés colectivo sobre los suelos sin cultivos, pues hoy lo que podemos contemplar es un paisaje ruiniforme de invernaderos. Es necesario valorar el campo y la tierra como elemento productivo, con compromiso social máximo en una sociedad deficitaria en alimentos con miles de parados.

El suelo agrario y los cultivos han de jugar un papel en la defensa del suelo y la estabilidad social. Las tierras balutas y el paro son incompatibles en unas islas en las que somos deficitarios en gran parte de lo que demanda el estómago. Por ello, las jornadas sobre el agro en La Laguna, sobre lo nuestro, lo de aquí, son oportunas. Demandamos también cursos acelerados en los centros educativo-formativos, que acerquen el campo al mundo urbano, en la que las organizaciones, preocupadas por los temas sociales, entiendan también la máxima de Confucio: "no le regales el pescado, enséñale a pescar". Tenemos la obligación de mirar para el campo con otros ojos, de compromiso, con el hoy y el mañana. La superficie sin campesinos en el agro lagunero es una lección de la separación que tenemos entre nuestros jóvenes y el uso de los recursos en esta tierra.

Tenemos que mirar con más cariño y respeto las empresas que funcionan, que mantienen los surcos sin malas hierbas, sembrando esfuerzo e ilusiones en el agro.

El cuadro de la superficie labrada en La Laguna debe ser una referencia de dignificación y orgullo de un colectivo que siembra ilusión y compromiso en la que el campo no es cosa de unos marginados como restos de un pasado sin rumbo. Todo lo contrario, el campo es sinónimo de compromiso con el presente y el futuro. Los mapas de cultivo de los próximos años tendrán, con toda seguridad, más surcos, en una sociedad más solidaria, y ambientalmente más comprometida.

Estas jornadas deben ser de dignificación y encuentro con los jóvenes que no tienen alergia al sacho, pero también de reconocimiento con los que continúan escabándolo.

Hagamos un pacto social con la tierra y los campesinos también en la manera de alimentarnos.

viernes, 16 de marzo de 2018

Trump, los tornillos y los alimentos

Las últimas declaraciones del mandatario de EEUU, sobre el comercio mundial y el interés de los yanquis en el mismo, deben hacernos reflexionar, ya que hemos sufrido a lo largo de más de 100 años las pautas del desarme arancelario, marcadas por los intereses económicos de los lobbys americanos, que han trazado las pautas en pequeñas economías, en los lugares más alejados del planeta.

Los canarios hemos sufrido nuestra parte, viendo como la caída de los aranceles al banano ha creado una situación problemática para los agricultores isleños, ya que las multinacionales han aplicado sus normas y sus intereses de "fuera barreras arancelarias".

Nos han dicho que la globalización era la línea a seguir y, en consecuencia, han entrado en las Islas gran parte de nuestros alimentos con arancel cero, tanto desde la UE como de terceros países, como ocurre con más de 40.000 Tm de carne importada, que "siembran" penuria y miseria para nuestros ganaderos.

La propuesta por parte del presidente Trump debe hacernos reflexionar, ya que es un giro en más de 100 años de historia económica, pero, sobre todo, por tratarse de productos clave en el comercio mundial, el acero y el aluminio. Estos son referencia tanto en tecnología como en poder hegemónico.

Valga como referencia la comparativa entre los años 1964 y 2016 de las producciones de metal de EE UU y China:

              1964 -           2016

EE UU     115 mill. Tm   178 mill. Tm

China        20 mill. Tm   808 mill. Tm

Si hacemos una valoración de la producción de automóviles, las diferencias son aún más marcadas; por ello, ahora nos encontramos con una situación nueva. En lo de Trump, manda el interés americano, que hasta ahora ha barrido para casa, y a las pequeñas economías nos ha creado múltiples problemas por la llamada globalización, que ahora como antaño ha ignorado el interés de los pueblos que la sufren.

Trump habla para los operarios del acero en Detroit o Pensilvania, el llamado interés americano.

La agricultura, la alimentación a los pueblos, poco tiene que ver con la bolsa y los aranceles al acero y a los automóviles. Necesitamos crear estímulos, condiciones, para producir alimentos en los entornos en los que viven quienes los demandan, y ello sólo es posible fomentando la producción local, de proximidad, dependiendo poco del transporte y del frío industrial para su conservación.

La globalización olvida a la población local y las demandas básicas. Puede servir de ejemplo lo ocurrido los últimos años en Venezuela, que olvidaron el campo, ya que los petrodólares les permitían importar alimentos de cualquier punto del planeta, siendo el mayor consumidor de leche en polvo del mundo, sacrificando la ganadería local.

Veamos un caso concreto que afecta a nuestros hermanos de Venezuela. En los últimos años, ante la crisis de los precios del petróleo, los hechos le han pasado factura a un país cuyos responsables políticos no han mirado para el campo, olvidando la producción local. No aplicaron barreras a las importaciones, tampoco apoyaron a los productores locales, separaron agricultura y estómago, degradando el campo tanto en lo social como en lo económico.

Leche holandesa, argentina y neozelandesa para los niños venezolanos. Caso del Gobierno de Chávez financiando una cooperativa lechera en Argentina ("San Cor"), para producir leche en polvo para los venezolanos. Ahora, la cooperativa está en quiebra, porque Venezuela carece de petrodólares para pagar la leche, y en los campos venezolanos apenas quedan vacas y ganaderos.

La agricultura y la producción de alimentos requieren una cultura del territorio. Es mucho más que máquinas, mejoras genéticas con monocultivos, son también un riesgo ante enfermedades, y supuestos teóricos que funcionan en la bolsa y las producciones industriales, incluidos los tornillos.

Las recetas de Trump son un riesgo para el campo y la alimentación de la humanidad. Los temas no se resuelven ni con aranceles proteccionistas, ni con libre comercio, como se ha planteado en los últimos años. Hemos de contar con los consumidores y con los agricultores, con los que la salud, la alimentación y el medioambiente han de contar.

Hay que plantearse qué sociedad queremos. El campo es un tornillo del engranaje social, no de los planteamientos bajo presión de los lobbys, como parecen ser las medidas de Trump.

Y a los de aquí, hemos de decirles que el campo es mucho más que PIB; es cultura, y un modelo de sociedad más equilibrada, social y ambiental.

viernes, 9 de marzo de 2018

La Palma: crisis de identidad

La actual situación social de los palmeros genera más preguntas que respuestas. Difícil entender como pierde población una isla que actualmente cuenta con los mayores recursos de su historia, mientras que ese vacío lo cubren personas extranjeras que se han asentado en ella, pero a la vez, se cierran colegios, más de 30 unidades escolares. Hay un alto envejecimiento de la población, tiene campos sin campesinos, viviendas vacías, etc. ¿Tenemos respuesta para tal situación?

Si leemos en el haber, la Isla tiene algo más del 16% de los recursos hídricos de Canarias, cultiva más del 20% de los terrenos regados, tiene buenas instalaciones sanitarias y educativas, ha mejorado las comunicaciones, tanto hacia el exterior como las carreteras de la Isla, mientras el turismo mantiene una presencia discreta y posee una población residente procedente del exterior significativa.

Ayer y hoy en La Palma. Es bueno que repasemos las mejoras alcanzadas en los últimos años, para entender lo que tenemos y sepamos valorarlo en un contexto socioeconómico único, que devalúa lo pequeño, lo local, lo nuestro. La universidad y la escuela devalúan lo rural, los medios de comunicación entienden el campo como sinónimo del pasado, de un ayer superado. La alimentación de los isleños se disocia de la tierra, de lo local. El microondas o la nevera nos alejan del campo y de la naturaleza; ya no hay fruta de temporada, tenemos a nuestra disposición peras y manzanas todo el año.

Contexto histórico de La Palma. Sin lugar a dudas, en las últimas décadas se han producido los mayores cambios en la historia de la Isla, superando la penuria de la emigración masiva a Venezuela, que en muchos pueblos superó el 20%. En aquellos tiempos, la miseria y la penuria se ponían de manifiesto, por ejemplo, cuando en la Isla se instaló un sanatorio antituberculosos con cientos de jóvenes en Mirca. Una isla de secano, donde solo se regaban unos oasis en Argual-Tazacorte, Los Sauces, La Dehesa, la Galga, Oropesa o Gallegos. El resto eran cultivos de secano, careciendo de agua para beber en numerosos municipios del sur y noroeste de la Isla.

En las tres décadas que van desde los años 40 a los 60, se construyeron en la Isla casi 300 kilómetros de galerías y pozos, miles de kilómetros de canales y tuberías, se puso agua corriente en todos los municipios, multiplicando por tres o cuatro los caudales disponibles, creando una infraestructura agraria nueva, sorribando más de cuatro mil hectáreas, sorribas realizadas sobre lavas de las ultimas erupciones volcánicas, sobre todo al suroeste del municipio de Los Llanos, la costa de Tijarafe, Fuencaliente, Mazo, las Breñas, Puntallana y Barlovento. Sorribas que movilizaron millones de metros cúbicos de suelo agrícola, abriendo en el Llano de las Cuevas, en El Paso, uno de los cráteres más profundos construidos por el hombre en Canarias. Manteniendo una importante actividad agraria de secano, cultivando vid, tagasastes y otros frutales.

Crisis de valores o crisis de identidad. Las generaciones jóvenes, tanto los universitarios como el resto, han dejado de mirar al campo, la familia, la educación. El ambiente que se respira devalúa lo rural, la cultura de ayer como algo sin futuro.

La Palma, en el siglo XXI, dispone, con diferencia, de los mayores recursos de su historia: tiene más del 16% del agua que disponemos en Canarias, más del 30% de la superficie forestal, amplias zonas de suelo cultivable ocupadas por zarzales, rabos de gatos, etc.

El futuro de La Palma pasa por una revalorización de lo local, del campo y la naturaleza, dignificando el trabajo, el esfuerzo de generaciones que han buscado el agua, que han manejado millones de piedras para hacer paredes, que han dignificado un territorio con esfuerzo y trabajo. Mirar hacia dentro, dignificar las generaciones que hicieron las galerías y los pozos, sorribando las lavas calientes de los volcanes, sembrando y plantando frutales. Sin embargo, nos hemos olvidado de sembrar ilusiones y compromiso con nuestros hijos; la Isla tendrá futuro en cuanto en tanto sus moradores se lo crean y revaloricemos una cultura, una manera de vivir y estar en el territorio.

La crisis económica es más que nada cultural. Al mar fui por naranja, cosa que la mar no tiene.

Por primera vez en la historia de la Isla, la crisis tiene nombres y apellidos, es hija de una cultura que no mira para adentro, que ve espejismos, más que futuro, fuera, devaluando lo local, de tal manera que la Isla que dispone de más del 16% del líquido elemento no mantiene el 3% de la población. Está en nuestras manos otra lectura del presente y futuro, revalorizando lo local, el trabajo y el futuro de una sociedad más solidaria que dignifique a los palmeros, que han levantado las paredes y han hecho los canales, pozos o galerías. Se lo debemos tanto a los emigrantes como a los que se quedaron en una isla que tiene futuro si los moradores se lo creen. Para ello debemos mirar con respeto y cariño al ayer comprometido con un mañana.

viernes, 2 de marzo de 2018

Lanzarote y el cambio climático

Cuando leemos lo que está ocurriendo con los monocultivos y el abuso de pesticidas y agroquímicos, aparecen los interrogantes de los transgénicos. Países con desiertos "verdes", como el caso de la soja del norte de Argentina y Paraguay o Brasil. Suelo en el que los herbicidas no han dejado hierbas ni a los pájaros, causando problemas de salud en sus habitantes, llegando incluso a plantear el debate sobre prohibir la fabricación del glifosato y otros agrotóxicos.

En otro estado de cosas está la sequía, el cambio climático, los problemas del agua para la población, y los consumos por parte de la agricultura.

La agricultura de Lanzarote es una lección de economía de recursos, la adaptación de las plantas al medio, ya que tiene los secanos más productivos de Canarias, cultivando unas 4 mil hectáreas, con una producción que supera, los años buenos, las 20 mil Tm. Si bien hace unos años solo en cebollas y batatas superaban dicha cifra. Hablamos de una crisis cultural más que económica.

La devaluación del agro en Lanzarote es un tema cultural, en la que el productivismo, la revalorización de la naturaleza, separada de la cultura agraria conejera, unida a las modas, las importaciones de comida barata y la separación de los jóvenes del manejo y conocimiento de lo rural, asociando la agricultura solo con dinero y vida fácil, separando campo y salud, campo y cultura. Solo queda como referencia la bodega y el vino del país, por ello, más del 50% de las tierras cultivadas tienen viña. El resto de cultivos, jables y enarenados, ha entrado en crisis, ya que la cebolla ha tenido problemas de comercialización. Las legumbres de la tierra, higueras, tuneras y otros frutales, manteniéndose como paisaje singular, los cultivos de viña en hoyos o las goronas abiertas al sur.

Agricultura y viento en Lanzarote. Sin duda, una de las lecciones más bonitas de la agricultura conejera está en el maíz enano: ¿en cuánto tiempo ha conseguido el conejero cambiar la biología de una planta que según Jaime Gil se cultiva en Lanzarote dese 1750? La planta ha aprendido a vivir con los vientos alisios. En un periodo menor a los 300 años la planta se hace enana solo en el tallo, pero de gran rendimiento en la producción, con la quinta parte del agua que necesita en México, hasta dos mazorcas, en muchos casos. Es un cultivo que podemos proteger del viento, con setos vivos, de centeno, o bien con paja haciendo de barrera a barlovento del maíz. Cultivo que ha disminuido de manera significativa, quedando un 30% de la superficie cultivada en 1980, reduciendo también la superficie de cebolla al 10% (de 1.310 Has. en el año 1980, a 118 en 2014). La batata y sandía de 722 Has. a solo 118. Si bien se mantienen otros cultivos de hortalizas bajo riego, o bien las tuneras, que siguen manteniendo un 50%, y unos cultivos de papas en los valles.

La agricultura de Lanzarote es una referencia cultural de primer orden. No solo por mantener los cultivos de secano más activos de Canarias, unidos al Norte de Tenerife y a las viñas de La Palma. Es una agricultura singular en el manejo, bajo condiciones adversas (viento y sequía), tenemos un nivel de conocimientos empíricos muy valiosos, que hay que codificarlos y transmitirlos a los jóvenes. No olvidemos que se trata de una cultura que no es hija solo del hambre y la penuria, ya que en la vecina Maxorata la situación no ha tenido tal arraigo. Cultura que ha permitido la subsistencia ante situaciones límites, como ocurrió el año 1948 ante la sequía, en la que, sin una gota de lluvia, consiguieron una cosecha de boniatos en el jable.

Dignificar la cultura agraria es una tarea alcanzable, ya que Lanzarote se estimuló de valor hacia la naturaleza y el paisaje natural, pero separados de los agricultores. Hemos de señalar y dignificar al agricultor conejero como innovador, como adelantado ante la agricultura industrial, cargada de agrotóxicos e interrogantes. Un puchero con boniatos cultivados con estiércol en jable, y unas piñas de millo conejero, son algo básico que dignifica el paisaje y paisanaje, en una isla en la que el hombre ha domesticado la naturaleza sin romperla. Los cultivos de Lanzarote tienen mucho de imaginación, pero también de trabajo y lucha para domesticar los volcanes y conseguir algo para llevarse al estómago.

Por favor, separemos la agricultura del PIB económico mercantil. Asociemos el campo al PIB cultural de mucha sabiduría y experiencia acumulada al estómago y la vida más humanizada y menos monetarizada. Lanzarote es un laboratorio vivo del cambio climático y la lucha contra la aridez.

viernes, 23 de febrero de 2018

Lanzarote: las aulagas y los boniatos

En una lectura de la riqueza agroambiental de Canarias, son sin duda los cultivos en jable de Lanzarote los que ponen de manifiesto los aportes de una riqueza cultural del mundo campesino, cargado de experiencia, en un sistema de acierto-error que demuestra la gran sabiduría agroambiental de nuestro pueblo. Un saber que, lamentablemente, lo asociamos al pasado, a la rutina, a la pobreza, a la ignorancia, en una sociedad cargada del espejismo urbano, que mira al exterior, incorporando modas y modos, devaluando lo local como sinónimo de pobreza y, lo que es peor, de un pasado sin futuro.

La tecnología, la mejora de las comunicaciones, la mecanización de la agricultura, los abonos químicos (¿agrotóxicos?) y los pesticidas han puesto las bases para el olvido y la marginación de los usos tradicionales, de los valores útiles y positivos, de su sabiduría, de aportes de gran valor agroambiental que ahora tendría una lectura rica en otro ámbito social.

Veamos:

La aulaga es una planta de medio árido, carece de hojas, y está formada por espinas. Es la planta que sobrevive a las puertas del desierto. Los conejeros sustituyeron la aulaga en jable por los boniatos (o batatas), planta tropical exigente de agua, de 400 a 600 m2 de agua por año. Ahora que hablamos de cambio climático, de plantas que soporten la sequía, aquí tenemos un ejemplo de libro. Con rendimientos de 6.000 a 8.000 kg/ Ha, cultivo que significó alimento para los isleños, siendo importante la exportación tanto al continente como a las islas británicas hasta hace unos años. No olvidemos que en el jable se cultivan también numerosas hortalizas y frutas (calabazas, tomate, sandía, etc.).

Jable es un vocablo francés derivado de "sable" (arena). Pero no es arena mineral, es arena de procedencia animal, formada por conchas y moluscos triturados, la marea los deposita en la playa de Famara, y el viento los transporta a lo largo de un corredor hasta Playa Honda al sureste.

El jable fue un castigo para los antiguos campesinos, ya que ahogaba los cultivos de grano o cereal, hasta que los luchadores campesinos conejeros incorporaron los boniatos, creando un sistema de control de la circulación del jable. En la piel de los campos utilizaron setos vivos o muertos que frenaban la circulación de la arena, depositando el jable al pie del seto, y extendiéndolo también por toda la parcela. También tenían un sistema de barbecho, retirando la hierba para mantener la humedad y la fertilidad.

El manejo del jable tiene un valor extraordinario, ya que el cultivo del boniato tiene algo menos de 200 años. Véase Jaime Gil y Marta Peña, y otros cultivos tradicionales de Lanzarote.

Otra lectura del jable. Gran parte de las tierras donde se cultivó el jable ahora es lo que llaman "monte aulaga", y lo que queda cultivado, una parte está enarenado con riego, ya que los campos de secano están cubiertos de aulaga. No olvidemos que los boniatos se han quedado en la actualidad con un consumo reducido en las islas, si bien ahora cultivamos una nueva variedad cubana, con boniatos más pequeños, ya que las variedades de antaño dejaron de tener interés comercial por su excesivo peso.

En una palabra, los cultivos en jable son una lección de sabiduría y riqueza cultural, de aporte de imaginación y lucha para optimizar un medio hostil. Un ejemplo que la escuela y la Universidad han devaluado, identificándola como cultura de la pobreza, todo ello regado por la ignorancia de una sociedad que ha dejado de lado lo nuestro, lo pequeño, lo local. Una sociedad en la que los boniatos no entran en la comida preparada, ni en los valores de moda actual, tampoco entran en lo que les presentamos a los turistas, ni como gimnasio para los jóvenes.

Es necesario reivindicar el valor cultural de los platos con este cultivo, desde un puchero a boniatos al horno y tantos otros platos.

Qué decir del valor como paisaje, referencia de un cultivo único en el mundo, cultivado sobre restos marinos que los alisios depositan en tierra, regados con la lluvia del desierto. Plantas tropicales gracias a la sabiduría y el saber hacer de los campesinos conejeros, sistema que dignifica el trabajo y el esfuerzo de nuestros hombres y mujeres del campo, que cultivan sobre restos marinos de moluscos milenarios.

Volvamos al cultivo sobre los campos de aulaga, dignifiquemos social y económicamente a nuestros campesinos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Tenerife: el agua y las papas

Cuesta entender cómo cada día somos más dependientes del exterior, ya que todos hablamos de la sostenibilidad, de la huella de carbono, de la diversidad de la agricultura como paisaje y como elemento de cohesión social, y de estabilidad ambiental, etc., etc.

Desde el punto de vista de la lectura de nuestro paisaje, las papas han sido una referencia desde los valles del norte de Lanzarote hasta Taibique en El Hierro. El territorio en el que cultivamos papas no ha tenido competencia con el suelo urbanizable, la competencia está en el agua. La isla que ha tenido la mayor superficie cultivada ha sido Tenerife, donde ha encontrado un duro cuello de botella en el sotavento, básicamente en los jables del sur, en Agache o Ifonche. En el norte de la isla, la mayoría del cultivo apenas lo regamos, en numerosas ocasiones con un par de riegos en mayo-junio se salva la cosecha.

Con respecto a las aguas del sotavento de Tenerife, los procesos de urbanización y la demanda de agua han sido decisivos en la crisis. Veamos: Tenerife ha cultivado más del 50 % de las papas de Canarias. Valga como referencia la exportación del año 1976/1977, cuando de las 44.000 Tm exportadas, por un valor superior a los 800 millones de pesetas, Tenerife había producido entre el 70 u 80%. En el año 2017, Canarias importó 60.000 Tm de papas de consumo, es decir, 30 kg por habitante, pasando Canarias de sembrar unas 15.000 Has a situarnos en algo menos de 5.000, ya que hemos pasado de importar 17.000 Tm de papas de semilla 1976/77 a solo 6.000 Tm el año 2017.

Papas y agua. Gran parte de los agricultores del sotavento de Tenerife alegan que el principal factor limitante es la carencia de agua. No olvidemos que producir un kilo de papas es similar al consumo de un turista al día (unos 300 litros), y el precio del agua es igual para el consumo humano que para la agricultura.

Ruptura entre agua y agricultura. En los últimos años, gran parte del agua ha pasado a ser controlada por 3 o 4 empresas urbanas, que compran el agua de las galerías, pozos o desaladoras, y abastecen a la población y al turismo. No tenemos comunidades de regantes, en la gestión del agua para la agricultura el interés de los nuevos gestores del agua no está en el campo.

Veamos algunos aspectos del mercado:

Los precios que cobran las comunidades de agua por una pipa oscilan entre los 0,17 ? de la galería de Vergara y los 0,46 ? por pipa desalada en Las Galletas. Hay otros precios de agua desalada, en torno a los 0,30 ?.

Como vemos, a los nuevos gestores del agua no les interesa la desalada, ya que obtienen más barata la de galerías y pozos.

El mercado no regula. El agua no es una mercancía, es un bien básico para todos, es por esto que la gestión de las galerías, pozos y canales debe cuidarse, es preciso poner recursos públicos, participando con los comuneros para la optimización de este elemento vital. También es necesario que los ayuntamientos y áreas turísticas utilicen agua desalada en sus zonas medias y bajas (esto es, cotas inferiores a los 350 s.n.m.), dejando los aportes hídricos de las zonas medias y altas para el regadío.

El autoabastecernos de papas u otras hortalizas está en nuestras manos, con otra política hídrica que tenga un mayor compromiso con la relación agua y agricultura.

El mercado no regula, todo lo contrario. Y lo que es peor, construimos las desaladoras con dinero público, lo que distorsiona los precios del agua tanto en el plano urbano como en las comunidades de galerías y pozos, que en muchos casos acaban descapitalizadas, como de hecho ocurre con los canales construidos hace 70 años, cuando el agua tenía como finalidad el riego. Hoy el uso urbano requiere en muchos casos de tubos cerrados y los anteriores han quedado en la ruina.

Demandamos un nuevo marco legal que priorice agua para la población y para la agricultura, que optimice las desaladoras, usándolas como herramienta complementaria de la agricultura y el medioambiente. Y no digamos lo que se podría hacer con la depuración de las aguas urbanas y su aprovechamiento para el agro. Es urgente otra política hidráulica.

Las importaciones de papas del año 2017 no solo ponen de manifiesto nuestra dependencia del exterior en un producto básico que podemos generar nosotros, también son expresivos los costes, más de 26 millones de euros, sino que olvidamos que suponen también varios miles de puestos de trabajo. Puestos que de generarse en nuestras islas jugarían un papel positivo, ya que la población en el medio rural es la principal cuidadora ambiental y gestor de nuestro medio.

El agua en el campo es mucho más que un bien de comercio. Necesitamos vincular el agua a la tierra, tanto en el plano social como en el ambiental.

viernes, 9 de febrero de 2018

Papas "dumping"

La aragonesa María Moliner, autora del Diccionario del Uso del Español, nos introduce la palabra inglesa "dumping", que significa que una mercancía es vendida con precios más bajos que los costes de producción, y ello supone que crea ruina para los productores del país en el que se comercializa. Con ello, Moliner no nos presenta una nueva variedad de papas inglesa, sino que nos traduce al castellano una picaresca del comercio internacional que crea problemas serios a los que lo sufren.

Hace cuatro o cinco años, en Canarias comprábamos papas a 5 euros los 25 kilos, es decir, 0,20 euros el kilo. ¿Es posible producir papas en Inglaterra, envasarlas y transportarlas a Canarias por sólo 20 céntimos? Ahora podemos contemplar parte de los resultados: los precios de importación doblan los de las supuestas papas baratas, ya que los precios anteriores hicieron desertar a los agricultores que las cultivaban en Canarias.

Ahora sólo hay tierras balutas; ahora tenemos que pagar las alegrías de las papas "dumping", a las que se unen otros problemas relacionados con el agua, la sequía, la polilla guatemalteca, etc., etc.

Como vemos, la filóloga no introduce una nueva variedad de papa; nos dice que hay que poner en valor el trabajo, el esfuerzo, lo pequeño, lo local, en resumen, separar el trigo de la paja, fuera de espejismos coyunturales. El coste de las cosas tiene que tener armonía; por ello, los agricultores deben tener una recompensa por su trabajo. Lo que nuestra experiencia señala es que, cuando no hay papa local, el precio al consumidor sube, ya que el importador sabe que, no habiendo papa canaria, puede llevar al alza la papa de fuera sin mucha dificultad.

Apoyar la producción local es, además, una garantía de calidad. En el caso de este año, por ejemplo, consumiremos papas inglesas "viejas" (cavadas en septiembre pasado) por lo menos hasta abril, ya que la cosecha local de invierno ha tenido problemas con la escasez de agua, sobre todo en los jables entre La Escalona y Agache.

Aquí, el cuello de botella es el agua, ya que los cultivos en jable como siembra de verano demandan más de 200 l/ m2. Este verano ha sido largo y seco, encontrándose, además de las mermas de las galerías, las carencias en la balsa de Trevejos, y la dura competencia de las demandas urbanas, situación que requiere un esfuerzo por parte de la administración para suministro de abasto urbano de las zonas medias y bajas con aguas desaladas.

Las papas y la vid son también paisaje, población viviendo en el mundo rural. Es necesario dignificar un territorio y su gente, donde el autoabastecimiento es algo básico. Qué decir de las papas como un plato de la tierra. Los agricultores demandan unos precios similares que cubran sus costes de producción, que, dependiendo de las zonas, puede situarse entre los 0,50 ?/kg y los 0,60 ?/Kg. Nuestros productores están dispuestos al autoabastecimiento de las Islas doblando la superficie cultivada, mejorando no sólo la calidad y la estabilidad de un plato básico en la dieta de los canarios, con un consumo de más de 30 kg por persona y año.

Las papas y su cultivo significan también diversidad en las medianías, tanto cuando se alterna con legumbres y cereal como cuando complementa a la viña. También es de destacar el papel que cumplen las tierras sembradas de papas como barreras contra incendios forestales en las medianías, sobre todo en el norte.

Las papas de significan también un elemento de identidad y referencia en el paisaje y la cocina, una seña de identidad vinculada al vino del país. En consecuencia, nuestro medio rural no se entiende sin papas y vino.

Tenemos que dignificar a los agricultores y ganaderos echando de las Islas las papas "dumping" de María Moliner; aquí y ahora podemos autoabastecernos con papas canarias.

Las papas "dumping" siembran una miseria en nuestro campo y espejismo en el mundo urbano, al dejar los surcos para el rabo de gato. Las papas son más baratas cuando hay producción local.