jueves, 29 de marzo de 2018

La Laguna y los surcos (II)

Cada día estamos más convencidos, la crisis agraria en Canarias tiene las connotaciones culturales de un pueblo que ha crecido en el espejismo de la modernidad, en la que se asocia agricultura a miseria, a atraso, al pasado. Ahora lo que asociamos con mejora del campo son las máquinas, modificar semillas, química, robótica, PlayStation, etc.

Esta crisis también tiene un importante origen económico, pues ahora lo que manda son los márgenes comerciales en el mundo de la distribución de alimentos, propiciando la pérdida de los pequeños distribuidores, primando la gran superficie y concentrando la distribución en pocas manos. Esto, unido al dinero fácil, la construcción, los sueños de vender el suelo para urbanizar, ha desembocado en el fracaso de las cooperativas y las entidades locales (Tenflor, Cooperativa Cosecheros de Tejina), la crisis de varias empresas familiares en la zona, y la caída del mercado exterior de flores y plantas ornamentales, que antaño fueron motor económico de la zona.

La cultura de señoritos en la que se han criado nuestros hijos, "el que sirve, sirve, y el que no pal campo", ha dado lugar a una erosión sin precedentes en la historia de La Laguna, pasando de 4.200 ha cultivadas en 1984 a las 1.800 ha en el año 2016.

Ruptura con el ayer sin que veamos garantía, freno del deterioro de los últimos años. Tenemos pequeñas luces que parece que alumbran el final del túnel. La incorporación de jóvenes en el sector primario tiene que ser una prioridad, así como el nuevo marco de leyes que facilitan la actividad ganadera, la mejora en instalaciones complementarias, bodegas, establos, invernaderos, agua, etc.

La potenciación de empresas que marcan pautas con cultivos que son una referencia, como el caso de la papaya. Un cambio de mentalidad que demanda productos de la tierra, tanto en el plano ganadero, como en el vino, hortalizas, gofio, queso. La siembra que ha dejado Pedro Molina en la defensa de una identidad, de una referencia, en la que el campo no es sinónimo del pasado y la marginación. Ese es el espíritu en el que vamos a celebrar próximamente unas jornadas, que aquí y ahora quieren sembrar ilusión, compromiso con un pasado como camino de futuro, ya que tanto en el plano local como en el contexto internacional, tenemos que mirar para el futuro, entendiendo que no tratamos de un tema de nostalgia con tintes románticos, de contemplación, con cultura museística, de una retahíla de acontecimientos, de un pasado de miseria y atraso, de sorribas, construcción de pozos, canales de agua.

Trabajo y miseria de una sociedad pobre y áspera, de un pueblo sin rumbo, en la que el sacho o la mandarria eran la única alternativa a la emigración a Venezuela. Ahora, los acontecimientos recientes de ese país ponen de manifiesto que el estómago no digiere billetes devaluados. Es necesario leer con máxima atención la contradicción que existe entre la riqueza de recursos de Venezuela y la situación de sufrimiento de su pueblo.

La Laguna tiene más de 500 años de historia en su actividad agroganadera, y casi 100 años de cultivo de regadío en la costa, ya que en los años 30 del s. XX fue el segundo municipio tomatero de la Isla, después de Güímar, y, con anterioridad, tuvo otras zonas de regadío en torno a los barrancos de Las Tapias y el Río. Estamos ante uno de los paisajes agrarios más productivos de Tenerife y de Canarias, desde El Ortigal hasta Los Batanes, desde Las Carboneras hasta Punta del Hidalgo.

La principal carencia es humana. En Tenerife, como en Canarias, tendremos que plantearnos como asignatura pendiente la dignificación del campo. Uno de los puntos importantes es el relevo generacional, hemos de plantear que el actual sistema de reparto de herencias hace inviable sacar adelante explotaciones, asignando surcos a los hijos, en muchos casos haciendo que se abandone la actividad agraria, descapitalizado el medio rural. Las administraciones deben plantear medidas que refuercen la viabilidad de las explotaciones, bien sea el sistema catalán de herencia al hijo mayor, o por otra vía. Recordemos las 500 ha de plátanos que hemos perdido en La Laguna en cuarenta años, que eran las más divididas de Tenerife en los años ochenta, ya que la media por agricultor estaba en 15.000 kg, mientras Guía de Isora superaba los 75.000 kg.

En Canarias, el actual sistema de herencia obliga a repartir entre los herederos, de tal forma que incluso parte de una higuera debe ser dividida; incluso en La Gomera hay palmeras pertenecientes a varios familiares, o unos surcos de papas, o las pencas de los dragos de La Tosca en Barlovento, que están repartidas entre varios herederos.

La dignificación del campo, aquí y ahora, en La Laguna y otros puntos del Archipiélago, nos obliga a mirar hacia dentro, porque tenemos que cambiar muchas cosas para crear estímulos sociales y económicos. Nuestro campo, como algo básico y elemental en una sociedad más equilibrada en los planos social y ambiental.

En los encuentros del próximo mayo hemos de tratar muchos temas que siembren compromiso e ilusión con el futuro de nuestra tierra. Hemos de poner los cimientos de una sociedad más viable, y no son sólo económicos, son también de dignificación del mundo rural.

viernes, 23 de marzo de 2018

La Laguna y los surcos (I)

Hace poco he leído el mapa de cultivos de Canarias y La Laguna es el municipio con más surcos. En una lectura del paisaje y el paisanaje, se pone de manifiesto que los problemas del campo canario son complejos, no son solo aislamiento, sequía, topografía del problemática mecanización, etc.

Cuesta entender lo que ocurre en el mayor municipio agrario de Canarias, con casi dos mil hectáreas cultivadas, con diversidad de cultivos, y en el que se mantienen más de 200 ha de cereal, siendo también una referencia en cultivo de plantas tropicales, con más de 50 ha de papayas en invernaderos, además de un enorme peso histórico en flores y plantas ornamentales. Lo que debiera ser el Wageningen canario (WUR), la entidad investigadora agrícola más importante del mundo, en nuestro caso se convierte en alejamiento entre agricultura y campo de la investigación, en un agro que no contamina a la universidad. Aquí y ahora encontramos hechos de difícil lectura, como es la desvinculación entre el campo y los ciudadanos, entre campo y trabajo. En Holanda, en cambio, la agricultura es importante tanto en el plano económico como en el social, de tal manera que es el segundo país exportador de alimentos del mundo, tras EE UU, a pesar de tener únicamente unos 40.000 Km2. Desde esta perspectiva, La Laguna tiene una difícil lectura, siendo difícil de entender que tengamos más de 1.000 ha en las que hacíamos surcos hace unos años y ahora las situamos como tierras balutas. No estamos hablando de los Machupichu de Lepe o del barranco de los Tilos, estamos mirando para suelos relativamente llanos, en torno al casco lagunero, o incluso zonas de regadío en la zona de Valle de Guerra-La Punta. Como bien planteaba el querido amigo Pedro Molina, los mejores defensores del suelo agrícola son los que hacen surcos; por ello, creemos que cada día es más importante acercar el campo a la escuela, en una relación directa entre agro y cultura, que contamine, como diría Pedro Guerra, nuestros jóvenes con el campo.

Veamos el caso concreto de los plátanos. La Laguna ha pasado de cultivar el 13% de los plátanos de Tenerife en el año 1977, a situarse en un pírrico 5,5% en el año 2016. Téngase presente que no hay problemas de agua, tanto en cantidad como en calidad; es más, ahora se ha realizado una obra importante para mejorar los sistemas de riego, con la depuradora. Tampoco se ha producido un exceso de urbanización, como en el Valle de La Orotava, mientras que la expansión en otros cultivos, caso de la papaya, ha sido de manera limitada.

La pérdida de superficie cultivada parece más motivada por razones familiares y de relevo generacional, así como otros problemas sociales que tendremos que abordar. Es necesario un compromiso con la tierra y el trabajo, una ley de arrendamientos que dé garantías, mostrar interés colectivo sobre los suelos sin cultivos, pues hoy lo que podemos contemplar es un paisaje ruiniforme de invernaderos. Es necesario valorar el campo y la tierra como elemento productivo, con compromiso social máximo en una sociedad deficitaria en alimentos con miles de parados.

El suelo agrario y los cultivos han de jugar un papel en la defensa del suelo y la estabilidad social. Las tierras balutas y el paro son incompatibles en unas islas en las que somos deficitarios en gran parte de lo que demanda el estómago. Por ello, las jornadas sobre el agro en La Laguna, sobre lo nuestro, lo de aquí, son oportunas. Demandamos también cursos acelerados en los centros educativo-formativos, que acerquen el campo al mundo urbano, en la que las organizaciones, preocupadas por los temas sociales, entiendan también la máxima de Confucio: "no le regales el pescado, enséñale a pescar". Tenemos la obligación de mirar para el campo con otros ojos, de compromiso, con el hoy y el mañana. La superficie sin campesinos en el agro lagunero es una lección de la separación que tenemos entre nuestros jóvenes y el uso de los recursos en esta tierra.

Tenemos que mirar con más cariño y respeto las empresas que funcionan, que mantienen los surcos sin malas hierbas, sembrando esfuerzo e ilusiones en el agro.

El cuadro de la superficie labrada en La Laguna debe ser una referencia de dignificación y orgullo de un colectivo que siembra ilusión y compromiso en la que el campo no es cosa de unos marginados como restos de un pasado sin rumbo. Todo lo contrario, el campo es sinónimo de compromiso con el presente y el futuro. Los mapas de cultivo de los próximos años tendrán, con toda seguridad, más surcos, en una sociedad más solidaria, y ambientalmente más comprometida.

Estas jornadas deben ser de dignificación y encuentro con los jóvenes que no tienen alergia al sacho, pero también de reconocimiento con los que continúan escabándolo.

Hagamos un pacto social con la tierra y los campesinos también en la manera de alimentarnos.

viernes, 16 de marzo de 2018

Trump, los tornillos y los alimentos

Las últimas declaraciones del mandatario de EEUU, sobre el comercio mundial y el interés de los yanquis en el mismo, deben hacernos reflexionar, ya que hemos sufrido a lo largo de más de 100 años las pautas del desarme arancelario, marcadas por los intereses económicos de los lobbys americanos, que han trazado las pautas en pequeñas economías, en los lugares más alejados del planeta.

Los canarios hemos sufrido nuestra parte, viendo como la caída de los aranceles al banano ha creado una situación problemática para los agricultores isleños, ya que las multinacionales han aplicado sus normas y sus intereses de "fuera barreras arancelarias".

Nos han dicho que la globalización era la línea a seguir y, en consecuencia, han entrado en las Islas gran parte de nuestros alimentos con arancel cero, tanto desde la UE como de terceros países, como ocurre con más de 40.000 Tm de carne importada, que "siembran" penuria y miseria para nuestros ganaderos.

La propuesta por parte del presidente Trump debe hacernos reflexionar, ya que es un giro en más de 100 años de historia económica, pero, sobre todo, por tratarse de productos clave en el comercio mundial, el acero y el aluminio. Estos son referencia tanto en tecnología como en poder hegemónico.

Valga como referencia la comparativa entre los años 1964 y 2016 de las producciones de metal de EE UU y China:

              1964 -           2016

EE UU     115 mill. Tm   178 mill. Tm

China        20 mill. Tm   808 mill. Tm

Si hacemos una valoración de la producción de automóviles, las diferencias son aún más marcadas; por ello, ahora nos encontramos con una situación nueva. En lo de Trump, manda el interés americano, que hasta ahora ha barrido para casa, y a las pequeñas economías nos ha creado múltiples problemas por la llamada globalización, que ahora como antaño ha ignorado el interés de los pueblos que la sufren.

Trump habla para los operarios del acero en Detroit o Pensilvania, el llamado interés americano.

La agricultura, la alimentación a los pueblos, poco tiene que ver con la bolsa y los aranceles al acero y a los automóviles. Necesitamos crear estímulos, condiciones, para producir alimentos en los entornos en los que viven quienes los demandan, y ello sólo es posible fomentando la producción local, de proximidad, dependiendo poco del transporte y del frío industrial para su conservación.

La globalización olvida a la población local y las demandas básicas. Puede servir de ejemplo lo ocurrido los últimos años en Venezuela, que olvidaron el campo, ya que los petrodólares les permitían importar alimentos de cualquier punto del planeta, siendo el mayor consumidor de leche en polvo del mundo, sacrificando la ganadería local.

Veamos un caso concreto que afecta a nuestros hermanos de Venezuela. En los últimos años, ante la crisis de los precios del petróleo, los hechos le han pasado factura a un país cuyos responsables políticos no han mirado para el campo, olvidando la producción local. No aplicaron barreras a las importaciones, tampoco apoyaron a los productores locales, separaron agricultura y estómago, degradando el campo tanto en lo social como en lo económico.

Leche holandesa, argentina y neozelandesa para los niños venezolanos. Caso del Gobierno de Chávez financiando una cooperativa lechera en Argentina ("San Cor"), para producir leche en polvo para los venezolanos. Ahora, la cooperativa está en quiebra, porque Venezuela carece de petrodólares para pagar la leche, y en los campos venezolanos apenas quedan vacas y ganaderos.

La agricultura y la producción de alimentos requieren una cultura del territorio. Es mucho más que máquinas, mejoras genéticas con monocultivos, son también un riesgo ante enfermedades, y supuestos teóricos que funcionan en la bolsa y las producciones industriales, incluidos los tornillos.

Las recetas de Trump son un riesgo para el campo y la alimentación de la humanidad. Los temas no se resuelven ni con aranceles proteccionistas, ni con libre comercio, como se ha planteado en los últimos años. Hemos de contar con los consumidores y con los agricultores, con los que la salud, la alimentación y el medioambiente han de contar.

Hay que plantearse qué sociedad queremos. El campo es un tornillo del engranaje social, no de los planteamientos bajo presión de los lobbys, como parecen ser las medidas de Trump.

Y a los de aquí, hemos de decirles que el campo es mucho más que PIB; es cultura, y un modelo de sociedad más equilibrada, social y ambiental.

viernes, 9 de marzo de 2018

La Palma: crisis de identidad

La actual situación social de los palmeros genera más preguntas que respuestas. Difícil entender como pierde población una isla que actualmente cuenta con los mayores recursos de su historia, mientras que ese vacío lo cubren personas extranjeras que se han asentado en ella, pero a la vez, se cierran colegios, más de 30 unidades escolares. Hay un alto envejecimiento de la población, tiene campos sin campesinos, viviendas vacías, etc. ¿Tenemos respuesta para tal situación?

Si leemos en el haber, la Isla tiene algo más del 16% de los recursos hídricos de Canarias, cultiva más del 20% de los terrenos regados, tiene buenas instalaciones sanitarias y educativas, ha mejorado las comunicaciones, tanto hacia el exterior como las carreteras de la Isla, mientras el turismo mantiene una presencia discreta y posee una población residente procedente del exterior significativa.

Ayer y hoy en La Palma. Es bueno que repasemos las mejoras alcanzadas en los últimos años, para entender lo que tenemos y sepamos valorarlo en un contexto socioeconómico único, que devalúa lo pequeño, lo local, lo nuestro. La universidad y la escuela devalúan lo rural, los medios de comunicación entienden el campo como sinónimo del pasado, de un ayer superado. La alimentación de los isleños se disocia de la tierra, de lo local. El microondas o la nevera nos alejan del campo y de la naturaleza; ya no hay fruta de temporada, tenemos a nuestra disposición peras y manzanas todo el año.

Contexto histórico de La Palma. Sin lugar a dudas, en las últimas décadas se han producido los mayores cambios en la historia de la Isla, superando la penuria de la emigración masiva a Venezuela, que en muchos pueblos superó el 20%. En aquellos tiempos, la miseria y la penuria se ponían de manifiesto, por ejemplo, cuando en la Isla se instaló un sanatorio antituberculosos con cientos de jóvenes en Mirca. Una isla de secano, donde solo se regaban unos oasis en Argual-Tazacorte, Los Sauces, La Dehesa, la Galga, Oropesa o Gallegos. El resto eran cultivos de secano, careciendo de agua para beber en numerosos municipios del sur y noroeste de la Isla.

En las tres décadas que van desde los años 40 a los 60, se construyeron en la Isla casi 300 kilómetros de galerías y pozos, miles de kilómetros de canales y tuberías, se puso agua corriente en todos los municipios, multiplicando por tres o cuatro los caudales disponibles, creando una infraestructura agraria nueva, sorribando más de cuatro mil hectáreas, sorribas realizadas sobre lavas de las ultimas erupciones volcánicas, sobre todo al suroeste del municipio de Los Llanos, la costa de Tijarafe, Fuencaliente, Mazo, las Breñas, Puntallana y Barlovento. Sorribas que movilizaron millones de metros cúbicos de suelo agrícola, abriendo en el Llano de las Cuevas, en El Paso, uno de los cráteres más profundos construidos por el hombre en Canarias. Manteniendo una importante actividad agraria de secano, cultivando vid, tagasastes y otros frutales.

Crisis de valores o crisis de identidad. Las generaciones jóvenes, tanto los universitarios como el resto, han dejado de mirar al campo, la familia, la educación. El ambiente que se respira devalúa lo rural, la cultura de ayer como algo sin futuro.

La Palma, en el siglo XXI, dispone, con diferencia, de los mayores recursos de su historia: tiene más del 16% del agua que disponemos en Canarias, más del 30% de la superficie forestal, amplias zonas de suelo cultivable ocupadas por zarzales, rabos de gatos, etc.

El futuro de La Palma pasa por una revalorización de lo local, del campo y la naturaleza, dignificando el trabajo, el esfuerzo de generaciones que han buscado el agua, que han manejado millones de piedras para hacer paredes, que han dignificado un territorio con esfuerzo y trabajo. Mirar hacia dentro, dignificar las generaciones que hicieron las galerías y los pozos, sorribando las lavas calientes de los volcanes, sembrando y plantando frutales. Sin embargo, nos hemos olvidado de sembrar ilusiones y compromiso con nuestros hijos; la Isla tendrá futuro en cuanto en tanto sus moradores se lo crean y revaloricemos una cultura, una manera de vivir y estar en el territorio.

La crisis económica es más que nada cultural. Al mar fui por naranja, cosa que la mar no tiene.

Por primera vez en la historia de la Isla, la crisis tiene nombres y apellidos, es hija de una cultura que no mira para adentro, que ve espejismos, más que futuro, fuera, devaluando lo local, de tal manera que la Isla que dispone de más del 16% del líquido elemento no mantiene el 3% de la población. Está en nuestras manos otra lectura del presente y futuro, revalorizando lo local, el trabajo y el futuro de una sociedad más solidaria que dignifique a los palmeros, que han levantado las paredes y han hecho los canales, pozos o galerías. Se lo debemos tanto a los emigrantes como a los que se quedaron en una isla que tiene futuro si los moradores se lo creen. Para ello debemos mirar con respeto y cariño al ayer comprometido con un mañana.

viernes, 2 de marzo de 2018

Lanzarote y el cambio climático

Cuando leemos lo que está ocurriendo con los monocultivos y el abuso de pesticidas y agroquímicos, aparecen los interrogantes de los transgénicos. Países con desiertos "verdes", como el caso de la soja del norte de Argentina y Paraguay o Brasil. Suelo en el que los herbicidas no han dejado hierbas ni a los pájaros, causando problemas de salud en sus habitantes, llegando incluso a plantear el debate sobre prohibir la fabricación del glifosato y otros agrotóxicos.

En otro estado de cosas está la sequía, el cambio climático, los problemas del agua para la población, y los consumos por parte de la agricultura.

La agricultura de Lanzarote es una lección de economía de recursos, la adaptación de las plantas al medio, ya que tiene los secanos más productivos de Canarias, cultivando unas 4 mil hectáreas, con una producción que supera, los años buenos, las 20 mil Tm. Si bien hace unos años solo en cebollas y batatas superaban dicha cifra. Hablamos de una crisis cultural más que económica.

La devaluación del agro en Lanzarote es un tema cultural, en la que el productivismo, la revalorización de la naturaleza, separada de la cultura agraria conejera, unida a las modas, las importaciones de comida barata y la separación de los jóvenes del manejo y conocimiento de lo rural, asociando la agricultura solo con dinero y vida fácil, separando campo y salud, campo y cultura. Solo queda como referencia la bodega y el vino del país, por ello, más del 50% de las tierras cultivadas tienen viña. El resto de cultivos, jables y enarenados, ha entrado en crisis, ya que la cebolla ha tenido problemas de comercialización. Las legumbres de la tierra, higueras, tuneras y otros frutales, manteniéndose como paisaje singular, los cultivos de viña en hoyos o las goronas abiertas al sur.

Agricultura y viento en Lanzarote. Sin duda, una de las lecciones más bonitas de la agricultura conejera está en el maíz enano: ¿en cuánto tiempo ha conseguido el conejero cambiar la biología de una planta que según Jaime Gil se cultiva en Lanzarote dese 1750? La planta ha aprendido a vivir con los vientos alisios. En un periodo menor a los 300 años la planta se hace enana solo en el tallo, pero de gran rendimiento en la producción, con la quinta parte del agua que necesita en México, hasta dos mazorcas, en muchos casos. Es un cultivo que podemos proteger del viento, con setos vivos, de centeno, o bien con paja haciendo de barrera a barlovento del maíz. Cultivo que ha disminuido de manera significativa, quedando un 30% de la superficie cultivada en 1980, reduciendo también la superficie de cebolla al 10% (de 1.310 Has. en el año 1980, a 118 en 2014). La batata y sandía de 722 Has. a solo 118. Si bien se mantienen otros cultivos de hortalizas bajo riego, o bien las tuneras, que siguen manteniendo un 50%, y unos cultivos de papas en los valles.

La agricultura de Lanzarote es una referencia cultural de primer orden. No solo por mantener los cultivos de secano más activos de Canarias, unidos al Norte de Tenerife y a las viñas de La Palma. Es una agricultura singular en el manejo, bajo condiciones adversas (viento y sequía), tenemos un nivel de conocimientos empíricos muy valiosos, que hay que codificarlos y transmitirlos a los jóvenes. No olvidemos que se trata de una cultura que no es hija solo del hambre y la penuria, ya que en la vecina Maxorata la situación no ha tenido tal arraigo. Cultura que ha permitido la subsistencia ante situaciones límites, como ocurrió el año 1948 ante la sequía, en la que, sin una gota de lluvia, consiguieron una cosecha de boniatos en el jable.

Dignificar la cultura agraria es una tarea alcanzable, ya que Lanzarote se estimuló de valor hacia la naturaleza y el paisaje natural, pero separados de los agricultores. Hemos de señalar y dignificar al agricultor conejero como innovador, como adelantado ante la agricultura industrial, cargada de agrotóxicos e interrogantes. Un puchero con boniatos cultivados con estiércol en jable, y unas piñas de millo conejero, son algo básico que dignifica el paisaje y paisanaje, en una isla en la que el hombre ha domesticado la naturaleza sin romperla. Los cultivos de Lanzarote tienen mucho de imaginación, pero también de trabajo y lucha para domesticar los volcanes y conseguir algo para llevarse al estómago.

Por favor, separemos la agricultura del PIB económico mercantil. Asociemos el campo al PIB cultural de mucha sabiduría y experiencia acumulada al estómago y la vida más humanizada y menos monetarizada. Lanzarote es un laboratorio vivo del cambio climático y la lucha contra la aridez.

viernes, 23 de febrero de 2018

Lanzarote: las aulagas y los boniatos

En una lectura de la riqueza agroambiental de Canarias, son sin duda los cultivos en jable de Lanzarote los que ponen de manifiesto los aportes de una riqueza cultural del mundo campesino, cargado de experiencia, en un sistema de acierto-error que demuestra la gran sabiduría agroambiental de nuestro pueblo. Un saber que, lamentablemente, lo asociamos al pasado, a la rutina, a la pobreza, a la ignorancia, en una sociedad cargada del espejismo urbano, que mira al exterior, incorporando modas y modos, devaluando lo local como sinónimo de pobreza y, lo que es peor, de un pasado sin futuro.

La tecnología, la mejora de las comunicaciones, la mecanización de la agricultura, los abonos químicos (¿agrotóxicos?) y los pesticidas han puesto las bases para el olvido y la marginación de los usos tradicionales, de los valores útiles y positivos, de su sabiduría, de aportes de gran valor agroambiental que ahora tendría una lectura rica en otro ámbito social.

Veamos:

La aulaga es una planta de medio árido, carece de hojas, y está formada por espinas. Es la planta que sobrevive a las puertas del desierto. Los conejeros sustituyeron la aulaga en jable por los boniatos (o batatas), planta tropical exigente de agua, de 400 a 600 m2 de agua por año. Ahora que hablamos de cambio climático, de plantas que soporten la sequía, aquí tenemos un ejemplo de libro. Con rendimientos de 6.000 a 8.000 kg/ Ha, cultivo que significó alimento para los isleños, siendo importante la exportación tanto al continente como a las islas británicas hasta hace unos años. No olvidemos que en el jable se cultivan también numerosas hortalizas y frutas (calabazas, tomate, sandía, etc.).

Jable es un vocablo francés derivado de "sable" (arena). Pero no es arena mineral, es arena de procedencia animal, formada por conchas y moluscos triturados, la marea los deposita en la playa de Famara, y el viento los transporta a lo largo de un corredor hasta Playa Honda al sureste.

El jable fue un castigo para los antiguos campesinos, ya que ahogaba los cultivos de grano o cereal, hasta que los luchadores campesinos conejeros incorporaron los boniatos, creando un sistema de control de la circulación del jable. En la piel de los campos utilizaron setos vivos o muertos que frenaban la circulación de la arena, depositando el jable al pie del seto, y extendiéndolo también por toda la parcela. También tenían un sistema de barbecho, retirando la hierba para mantener la humedad y la fertilidad.

El manejo del jable tiene un valor extraordinario, ya que el cultivo del boniato tiene algo menos de 200 años. Véase Jaime Gil y Marta Peña, y otros cultivos tradicionales de Lanzarote.

Otra lectura del jable. Gran parte de las tierras donde se cultivó el jable ahora es lo que llaman "monte aulaga", y lo que queda cultivado, una parte está enarenado con riego, ya que los campos de secano están cubiertos de aulaga. No olvidemos que los boniatos se han quedado en la actualidad con un consumo reducido en las islas, si bien ahora cultivamos una nueva variedad cubana, con boniatos más pequeños, ya que las variedades de antaño dejaron de tener interés comercial por su excesivo peso.

En una palabra, los cultivos en jable son una lección de sabiduría y riqueza cultural, de aporte de imaginación y lucha para optimizar un medio hostil. Un ejemplo que la escuela y la Universidad han devaluado, identificándola como cultura de la pobreza, todo ello regado por la ignorancia de una sociedad que ha dejado de lado lo nuestro, lo pequeño, lo local. Una sociedad en la que los boniatos no entran en la comida preparada, ni en los valores de moda actual, tampoco entran en lo que les presentamos a los turistas, ni como gimnasio para los jóvenes.

Es necesario reivindicar el valor cultural de los platos con este cultivo, desde un puchero a boniatos al horno y tantos otros platos.

Qué decir del valor como paisaje, referencia de un cultivo único en el mundo, cultivado sobre restos marinos que los alisios depositan en tierra, regados con la lluvia del desierto. Plantas tropicales gracias a la sabiduría y el saber hacer de los campesinos conejeros, sistema que dignifica el trabajo y el esfuerzo de nuestros hombres y mujeres del campo, que cultivan sobre restos marinos de moluscos milenarios.

Volvamos al cultivo sobre los campos de aulaga, dignifiquemos social y económicamente a nuestros campesinos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Tenerife: el agua y las papas

Cuesta entender cómo cada día somos más dependientes del exterior, ya que todos hablamos de la sostenibilidad, de la huella de carbono, de la diversidad de la agricultura como paisaje y como elemento de cohesión social, y de estabilidad ambiental, etc., etc.

Desde el punto de vista de la lectura de nuestro paisaje, las papas han sido una referencia desde los valles del norte de Lanzarote hasta Taibique en El Hierro. El territorio en el que cultivamos papas no ha tenido competencia con el suelo urbanizable, la competencia está en el agua. La isla que ha tenido la mayor superficie cultivada ha sido Tenerife, donde ha encontrado un duro cuello de botella en el sotavento, básicamente en los jables del sur, en Agache o Ifonche. En el norte de la isla, la mayoría del cultivo apenas lo regamos, en numerosas ocasiones con un par de riegos en mayo-junio se salva la cosecha.

Con respecto a las aguas del sotavento de Tenerife, los procesos de urbanización y la demanda de agua han sido decisivos en la crisis. Veamos: Tenerife ha cultivado más del 50 % de las papas de Canarias. Valga como referencia la exportación del año 1976/1977, cuando de las 44.000 Tm exportadas, por un valor superior a los 800 millones de pesetas, Tenerife había producido entre el 70 u 80%. En el año 2017, Canarias importó 60.000 Tm de papas de consumo, es decir, 30 kg por habitante, pasando Canarias de sembrar unas 15.000 Has a situarnos en algo menos de 5.000, ya que hemos pasado de importar 17.000 Tm de papas de semilla 1976/77 a solo 6.000 Tm el año 2017.

Papas y agua. Gran parte de los agricultores del sotavento de Tenerife alegan que el principal factor limitante es la carencia de agua. No olvidemos que producir un kilo de papas es similar al consumo de un turista al día (unos 300 litros), y el precio del agua es igual para el consumo humano que para la agricultura.

Ruptura entre agua y agricultura. En los últimos años, gran parte del agua ha pasado a ser controlada por 3 o 4 empresas urbanas, que compran el agua de las galerías, pozos o desaladoras, y abastecen a la población y al turismo. No tenemos comunidades de regantes, en la gestión del agua para la agricultura el interés de los nuevos gestores del agua no está en el campo.

Veamos algunos aspectos del mercado:

Los precios que cobran las comunidades de agua por una pipa oscilan entre los 0,17 ? de la galería de Vergara y los 0,46 ? por pipa desalada en Las Galletas. Hay otros precios de agua desalada, en torno a los 0,30 ?.

Como vemos, a los nuevos gestores del agua no les interesa la desalada, ya que obtienen más barata la de galerías y pozos.

El mercado no regula. El agua no es una mercancía, es un bien básico para todos, es por esto que la gestión de las galerías, pozos y canales debe cuidarse, es preciso poner recursos públicos, participando con los comuneros para la optimización de este elemento vital. También es necesario que los ayuntamientos y áreas turísticas utilicen agua desalada en sus zonas medias y bajas (esto es, cotas inferiores a los 350 s.n.m.), dejando los aportes hídricos de las zonas medias y altas para el regadío.

El autoabastecernos de papas u otras hortalizas está en nuestras manos, con otra política hídrica que tenga un mayor compromiso con la relación agua y agricultura.

El mercado no regula, todo lo contrario. Y lo que es peor, construimos las desaladoras con dinero público, lo que distorsiona los precios del agua tanto en el plano urbano como en las comunidades de galerías y pozos, que en muchos casos acaban descapitalizadas, como de hecho ocurre con los canales construidos hace 70 años, cuando el agua tenía como finalidad el riego. Hoy el uso urbano requiere en muchos casos de tubos cerrados y los anteriores han quedado en la ruina.

Demandamos un nuevo marco legal que priorice agua para la población y para la agricultura, que optimice las desaladoras, usándolas como herramienta complementaria de la agricultura y el medioambiente. Y no digamos lo que se podría hacer con la depuración de las aguas urbanas y su aprovechamiento para el agro. Es urgente otra política hidráulica.

Las importaciones de papas del año 2017 no solo ponen de manifiesto nuestra dependencia del exterior en un producto básico que podemos generar nosotros, también son expresivos los costes, más de 26 millones de euros, sino que olvidamos que suponen también varios miles de puestos de trabajo. Puestos que de generarse en nuestras islas jugarían un papel positivo, ya que la población en el medio rural es la principal cuidadora ambiental y gestor de nuestro medio.

El agua en el campo es mucho más que un bien de comercio. Necesitamos vincular el agua a la tierra, tanto en el plano social como en el ambiental.

viernes, 9 de febrero de 2018

Papas "dumping"

La aragonesa María Moliner, autora del Diccionario del Uso del Español, nos introduce la palabra inglesa "dumping", que significa que una mercancía es vendida con precios más bajos que los costes de producción, y ello supone que crea ruina para los productores del país en el que se comercializa. Con ello, Moliner no nos presenta una nueva variedad de papas inglesa, sino que nos traduce al castellano una picaresca del comercio internacional que crea problemas serios a los que lo sufren.

Hace cuatro o cinco años, en Canarias comprábamos papas a 5 euros los 25 kilos, es decir, 0,20 euros el kilo. ¿Es posible producir papas en Inglaterra, envasarlas y transportarlas a Canarias por sólo 20 céntimos? Ahora podemos contemplar parte de los resultados: los precios de importación doblan los de las supuestas papas baratas, ya que los precios anteriores hicieron desertar a los agricultores que las cultivaban en Canarias.

Ahora sólo hay tierras balutas; ahora tenemos que pagar las alegrías de las papas "dumping", a las que se unen otros problemas relacionados con el agua, la sequía, la polilla guatemalteca, etc., etc.

Como vemos, la filóloga no introduce una nueva variedad de papa; nos dice que hay que poner en valor el trabajo, el esfuerzo, lo pequeño, lo local, en resumen, separar el trigo de la paja, fuera de espejismos coyunturales. El coste de las cosas tiene que tener armonía; por ello, los agricultores deben tener una recompensa por su trabajo. Lo que nuestra experiencia señala es que, cuando no hay papa local, el precio al consumidor sube, ya que el importador sabe que, no habiendo papa canaria, puede llevar al alza la papa de fuera sin mucha dificultad.

Apoyar la producción local es, además, una garantía de calidad. En el caso de este año, por ejemplo, consumiremos papas inglesas "viejas" (cavadas en septiembre pasado) por lo menos hasta abril, ya que la cosecha local de invierno ha tenido problemas con la escasez de agua, sobre todo en los jables entre La Escalona y Agache.

Aquí, el cuello de botella es el agua, ya que los cultivos en jable como siembra de verano demandan más de 200 l/ m2. Este verano ha sido largo y seco, encontrándose, además de las mermas de las galerías, las carencias en la balsa de Trevejos, y la dura competencia de las demandas urbanas, situación que requiere un esfuerzo por parte de la administración para suministro de abasto urbano de las zonas medias y bajas con aguas desaladas.

Las papas y la vid son también paisaje, población viviendo en el mundo rural. Es necesario dignificar un territorio y su gente, donde el autoabastecimiento es algo básico. Qué decir de las papas como un plato de la tierra. Los agricultores demandan unos precios similares que cubran sus costes de producción, que, dependiendo de las zonas, puede situarse entre los 0,50 ?/kg y los 0,60 ?/Kg. Nuestros productores están dispuestos al autoabastecimiento de las Islas doblando la superficie cultivada, mejorando no sólo la calidad y la estabilidad de un plato básico en la dieta de los canarios, con un consumo de más de 30 kg por persona y año.

Las papas y su cultivo significan también diversidad en las medianías, tanto cuando se alterna con legumbres y cereal como cuando complementa a la viña. También es de destacar el papel que cumplen las tierras sembradas de papas como barreras contra incendios forestales en las medianías, sobre todo en el norte.

Las papas de significan también un elemento de identidad y referencia en el paisaje y la cocina, una seña de identidad vinculada al vino del país. En consecuencia, nuestro medio rural no se entiende sin papas y vino.

Tenemos que dignificar a los agricultores y ganaderos echando de las Islas las papas "dumping" de María Moliner; aquí y ahora podemos autoabastecernos con papas canarias.

Las papas "dumping" siembran una miseria en nuestro campo y espejismo en el mundo urbano, al dejar los surcos para el rabo de gato. Las papas son más baratas cuando hay producción local.

viernes, 2 de febrero de 2018

Comprometido con lo nuestro. Pedro Molina: in memoriam

Cuesta hilvanar, en unas pocas líneas, la que ha sido una de las personas más ricas en el plano humano. Fue un hijo de la tierra comprometido con su gente, solidario con el mundo rural, con una sabiduría cargada de un ayer rico en vivencias de gran valor para entender el hoy, y como referencia de un mañana que sembraba todos los días. Pedro fue voluntad de esfuerzo y compromiso hasta el último aliento (estuvo sembrando trigo en el Rodeo, o en el arrastre unas pocas horas antes de entrar en el hospital)

Pedro tenía claro que, en los tiempos que nos toca vivir, el campo no se defiende sólo con el arado y la hoz. Como ejemplo, su convivencia con la ganadería, la labranza para mantener los animales, y los programas en medios de comunicación en los que fue un maestro con gran autoridad, no sólo moral, sino bien documentada. Sus planteamientos sobre el REF, sobre la política agraria, las importaciones, la defensa de la producción local frente a los "lobbys" de los grandes importadores, etc., fueron algunas de las cuestiones que le llevaron a ganarse el respeto de todo el sector. Su papel en la defensa del matadero, la vaca canaria, el queso, las cabras.

Marcó escuela, con los jóvenes incorporados al campo, el arrastre, las vacas y las romerías, como elementos de dignificación y acercamiento del mundo rural a la sociedad urbana, que no quiere que cante un gallo en la madrugada isleña.

Qué decir de Pedro en la defensa del suelo rústico y su filosofía de que "el mejor protector del suelo rústico es el que lo cultiva". No es casual que sea La Laguna el mayor municipio en superficie labrada de Canarias. Recordemos también a Pedro y el "no" a la autopista por Los Rodeos o a la vía al sur de la Mesa Mota.

Pedro fue un maestro autodidacta, capaz de mantener debates sobre economía, medioambiente y entorno económico canario con profesionales de la materia y del mundo universitario. Se ganó el respeto no sólo en el plano ético, campo en el que todo el mundo era consciente de su valía por su defensa del interés colectivo.

Molina fue un muro ante los procesos de vida fácil, comida rápida, "dumping" y campo para urbanizar. Entendemos que es en este ámbito en el que tuvo una visión adelantada a su tiempo, ya que, ante el espejismo del dinero fácil, tierra igual solares, comida barata, campo como sinónimo del pasado, él se plantó en la defensa de la vaca basta (hoy reconocida como una raza propia), de las semillas de nuestra tierra, los aperos de labranza y en sacar a la luz la contaminación con el campo y lo rural, el valor y el precio de las cosas (el agua, la leche).

Ahora oímos hablar de que China es el mayor importador de alimentos del planeta, y de que parte de la deforestación de Brasil, Paraguay y otros es a causa de la plantación de soja para abastecer al gigante asiático, mientras que las cuencas de los grandes ríos Hoang-Ho y Yang-Tse, en los que se cultivaba arroz, ahora son ciudades y autopistas. Pedro, sin viajar a China ni Java, tenía claro que no hay que visitar el Yang-tse para comprometerse con lo pequeño, lo local, lo nuestro. Con su defensa de las tierras para hacer surcos entre Las Mercedes y Mª de Birmagen, dejó un campo cargado de compromiso, con su obra y su buen hacer.

Nena, Pedrito, Cacho y un colectivo amplio, como alumnos, estamos comprometidos con escardar y cuidar su sementera. Sirvan estas líneas para trasladar nuestro respeto y cariño a Pedro y su familia.

domingo, 28 de enero de 2018

Las restricciones de agua en la Isla están a la vuelta de la esquina

Wladimiro Rodríguez Brito, exconsejero insular de Medio Ambiente y Paisaje, doctor en Geografía y una de las voces más expertas en esta materia, apela a la cultura del ahorro.

Las últimas lluvias apenas han aliviado la sed de la Isla, especialmente en el Sur, donde la falta de agua no solo amenaza de ruina al campo, sino que la población de medianías y zonas altas, donde no llega la producción de las desaladoras, teme al fantasma de las restricciones, algo a lo que, por desgracia, ya están acostumbrados en Vilaflor, donde no sale una gota de los grifos por las noches desde el verano pasado. Ante este panorama, Wladimiro Rodríguez Brito, exconsejero insular de Medio Ambiente y Paisaje, doctor en Geografía y una de las voces más expertas en esta materia, apela a la cultura del ahorro y reprocha a los políticos que no hayan hecho la tarea, al no apostar decididamente por la depuración de aguas. “Pero eso no da votos y el político sabe que el ciudadano quiere farolas y fiestas”, afirma.

Ya nadie duda de que tenemos encima un problema muy serio.

“Hay un problema de limitación de recursos, pero, sobre todo, cultural. La isla de Tenerife pasó de producir 30 millones de metros cúbicos de agua en 1930 a 200 millones al año en la década de los 70 (6.000 litros por segundo). Se llegaron a perforar hasta 30 kilómetros al año de galerías y el acuífero lo acusaba. En estos momentos estamos con menos de 3.000 litros por segundo y nadie dice nada".

¿Por qué se ha llegado a esta situación?

“Por sobreexplotación y por la apuesta por un modelo económico".

Vilaflor es el municipio tinerfeño que más sufre los efectos de la falta de lluvias, con restricciones desde el pasado verano. ¿Qué medidas habría que adoptar para que el agua llegue a las zonas altas?

“Hay una galería, que es la de Niágara, de muy buena calidad, que está regando turistas en la costa, además de plátanos, cuando en esa zona esa labor la debe hacer la desaladora de Fonsalía. El agua de las partes altas debe destinarse principalmente a la agricultura. Ese es un debate que aún no hemos ganado. Llenar piscinas o regar césped no puede competir en precios con el agua para las papas, coles o lechugas. Eso no puede ser”.

Usted es un firme defensor de una mayor reutilización de las aguas depuradas. ¿Podría ser parte de la solución?

“Por supuesto. Las aguas depuradas, que ya superan los 200 millones de metros cúbicos al año, se deberían reutilizar en mayor medida. Cuando vas a Aranjuez, ves cómo riegan unas fresas que son un lujo, y eso se hace con agua con materia orgánica de los madrileños”.

¿Y aquí por qué no se hace con mayor determinación?

“En su día se dio un paso muy positivo con la instalación de la tubería negra, junto a la autopista, que va del área metropolitana a Las Galletas y que está en estos momentos al 100%. Tenerife fue pionera en la reutilización de aguas depuradas. Ahora, en cambio, estamos reutilizando menos del 30% de las aguas negras. El resto se está vertiendo al mar o al subsuelo, porque donde hay un volcán, hacemos un pozo negro”.

Las microalgas del verano parecen haber marcado un antes y un después a la hora de que las instituciones se pongan, por fin, manos a la obra en el tratamiento de aguas residuales.

“El alcantarillado y la depuración no dan votos. No tenemos cultura del agua ni somos conscientes del esfuerzo de quienes han construido las galerías. En Tenerife hay más de 1.000 con más de 1.600 kilómetros. Y los nietos de quienes las hicieron hoy no las gestionan porque sus abuelos se han muerto, pero también porque tras la desgracia de Piedra de Los Cochinos, donde murieron seis muchachos, nadie quiere ser responsable de una galería"

El problema es que hoy muchas de ellas están obstruidas y limpiarlas no debe ser una tarea fácil.

“Hemos hecho unas leyes, a las que yo me opuse en su día, que obligan a quien quiera limpiar una galería en la corona forestal de Tenerife, el mayor espacio protegido de más de 400 kilómetros cuadrados, a llevar los escombros a un vertedero autorizado. Nadie puede estar en la puerta de una gruta esperando que venga una vagoneta con escombros para meterlos en un camión y llevarlos a un vertedero autorizado. Se ha hecho un marco de leyes que no son para vivir en esta tierra. La depuración, la reutilización o intentar llegar a un acuerdo con los comuneros de la galería de Niágara para que en Vilaflor puedan beber y regar las papas es parte de una política económica agraria que no se está practicando”.

En la polémica Ley de Aguas a usted le acusaron de sovietizar el agua, pero el tiempo le ha dado la razón.

“Lo que decíamos es que había que racionalizarla y que no podíamos seguir haciendo agujeros para robarnos el agua unos a otros. Cuando sucedió eso, el acuífero de Tenerife bajaba de 8 a 10 metros al año. Se pensaba que era inagotable”.

Y ahora que está constatado científicamente que cada vez llueve menos, ¿qué medidas se deberían adoptar para lo que nos viene?

“Lo primero es cambiar la mentalidad. Yo tengo un debate en mi casa con mi hija cada vez que baña a los niños. El agua es un bien escaso aquí y en el mundo. Los consumos urbanos se han disparado y hay que empezar a hablar de la economía del agua. Necesitamos que la gente joven abra los ojos y se dé cuenta de que en esta isla, con un millón de habitantes, no se puede derrochar el agua como lo estamos haciendo. Hay que reutilizar mucho más”.

¿Teníamos tiempo atrás mayor conciencia que ahora?

“Totalmente. Antes había una economía del agua. Los chicos de Gran Canaria, Lanzarote Fuerteventura o El Hierro que venían a estudiar a La Laguna se sabía de qué isla eran por cómo abrían el grifo para lavarse los dientes. Esa cultura hoy está rota”.

Además de la falta de mentalización, el mal estado de las galerías y la baja reutilización, otro de los problemas graves está en las fugas, por el mal estado de las conducciones.

“Hay municipios en los que se pierde más del 60% del agua, con tuberías de uralita y galvanizadas que se enterraron hace muchos años y que se han ido pudriendo. Tenemos un grave problema que requiere una red de agua potable nueva. En Tenerife y Gran Canaria el consumo agrícola oscila entre el 30 y el 40%, mientras que el urbano supera el 60% y una parte no llega al grifo de casa, se pierde en red. Pero nadie quiere hablar de esto porque, insisto, no da votos. Una buena red de alcantarillado o de agua potable no es ningún gancho electoral. Los políticos saben que el ciudadano quiere farolas y fiestas”.

¿Tenemos que prepararnos para convivir en el futuro con restricciones de agua?

“Seguro. Eso está a la vuelta de la esquina. Las desaladoras son un espejismo porque es mentira que lo resuelvan todo. Es cierto que la tecnología ha mejorado mucho, de hecho estamos desalando con menos de tres kilovatios el metro cúbico y la ósmosis inversa ha sido un cambio revolucionario. Pero, cuidado, porque elevar agua a medianías significa emplear tanta energía como la que cuesta desalarla. Por tanto, beber agua desalada en las medianías de Canarias significaría seis kilovatios y eso son palabras mayores. Otra cosa es que empecemos a hablar de energías alternativas".

¿Entonces, por dónde pasa la solución para las medianías?

“Lo primero es que la zona de costa se autoabastezca con agua desalada. Si queremos seguir manteniendo una superficie regada en Canarias, que es básica porque produce alimentos frescos, crea paisaje y genera puestos de trabajo, hay que apostar por nuestros agricultores, que no pueden competir con el agua destinada al turismo y a los campos de golf. Eso es un disparate”.

¿Siendo un problema tan grave, por qué no parece estar en la agenda ni en las declaraciones de nuestros políticos?

“Yo estoy sorprendido del nivel de pobreza política que tenemos actualmente. No hay más que ver los debates en el Parlamento, donde no se habla de los verdaderos temas de Canarias. Todo lo contrario de lo que ocurre en el mundo agrario, donde existe un alto concepto de la solidaridad que se demuestra, por ejemplo, al cerrar las galerías cada vez que cae un aguacero para retener el agua y que no se pierda al mar. Ahora, en cambio, prima la cultura del yo pago y esto es mío”.

¿Qué obras serían, a su juicio, las más urgentes que habría que acometer?

“En primer lugar hay que crear condiciones para limpiar las galerías y propiciar comunidades de regantes, que en Tenerife no tenemos, o mixtas entre el Cabildo y los accionistas. En muchas de las galerías no se ha entrado en 30 años. Debemos volver a la cultura de nuestros queridos magos. Tenerife tiene hoy más población que Gran Canaria gracias a las galerías y los pozos”.

Y además de limpiar galerías, ¿qué otras obras se deberían impulsar?

“Todo el mundo dice que hay que construir presas y en eso solo no está la solución. Gran Canaria tiene más de 60 presas de más de 15 metros de altura y lo que se retiene no llega al 10% de su capacidad. Aquí el agua hay que buscarla donde está: en la depuración y reutilización. Esa es la mayor bolsa que nos queda en la Isla. Las galerías dan ahora cerca de 90 hectómetros cúbicos, estamos desalando otros 30, más el agua de los pozos… De los 170 millones de metros cúbicos de Tenerife habría que reutilizar más de la mitad. Y estamos reutilizando menos de 15 hectómetros cúbicos”.

O sea, que hacen falta más depuradoras…

“Sí, pero también red de alcantarillado y mentalización, porque aquí hay gente que no quiere comer fruta regada con aguas negras. Y eso es pura ignorancia”.

Hemos hablado del mal estado de las galerías, pero ¿en qué situación se encuentran los canales?

“Esa es una asignatura pendiente que debe ser prioritaria. Hay canales que tienen más de 70 años, que están a cielo abierto con agua para beber y con pérdidas muy significativas. Necesitaríamos una nueva red, unas autopistas del agua en esta Isla, y ese es un tema que no se ha resuelto”.

Escuchándole parece claro que la política hidrológica de la Isla en los últimos años deja bastante que desear. ¿Tan mal se han hecho las cosas?

“Se han hecho muchas cosas mal. Lo positivo es haber creado una cultura del esfuerzo, de las galerías, de los canales, de las sorribas y del agricultor, que ha sido jardinero en este territorio. Y hemos hecho mal en confundir progreso con urbanización y con derroche. No cabe decir que yo abro el grifo y pago el agua, como me dicen mis hijos. Esto no es un problema de coste económico. Hay cosas que no tienen precio, como el agua, que es un bien escaso".

viernes, 26 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (y III)

Sean estas líneas no solo de lo que ocurre en Venezuela, sino también de reflexión de lo que podemos hacer aquí, porque la Venezuela "saudí" sembró la actual situación, y aquí y ahora también vivimos en una sociedad cargada de espejismos, de nuevos ricos que olvidan y marginan el mundo rural.

También tenemos un mundo "saudí", el de los dieciséis millones de turistas que convive, al mismo tiempo, con paro, pobreza, tierras balutas e importaciones masivas de alimentos que podemos producir aquí.

Veamos algunos aspectos: la carne con papas en Venezuela y las arepas en Canarias son parte de los vasos comunicantes de nuestros emigrantes. Los cultivos de papas en Venezuela, fuera de la zona andina, han estado vinculados con canarios, incorporando el consumo de papas a la Venezuela urbana, ya que, con anterioridad a los canarios, las papas eran un cultivo andino, con más de siete mil años de antigüedad en estas montañas. Los canarios, sin embargo, están familiarizados con este cultivo desde el Norte de Lanzarote hasta Nizdafe (El Hierro), en muchos casos con variedades andinas que se cultivan desde hace más de cuatro siglos.

Papas de carne amarilla.- Los canarios mejoran los cultivos, que habían sido mayoritariamente de secano, con semilla local o colombiana. Potencian los cultivos en cotas más bajas hasta los 300 metros, con semillas importadas, principalmente de Canadá, de carne blanca, con cultivos mayoritariamente de regadío, con mecanización y fertilización.

Gran parte del abastecimiento de papas está en manos de los canarios, que importan unos 600.000 sacos de 50 kilos de semillas, y generan una producción que supera los 300 millones de kilos. Según Simón Ortega, un 80 % lo cultivan los canarios y el otro 20 % los venezolanos.

Los isleños establecen medidas para mejorar la producción, consiguen del gobierno precios mínimos para los agricultores y un sistema de cupos a la importación de semilla; esto, unido a la construcción de instalaciones de almacenaje, como un elemento básico en la dieta del venezolano. Aunque también hubo cortocircuitos de cosecha propia, lo que llaman "rosca" en Venezuela y en Europa "grupo de presión" ("lobby"), sobre todo en los mercados, en el de Barquisimeto y en otros.

Actualmente, no importan la semilla del Canadá, y la producción queda reducida a la semilla local, además de que no hay insumos básicos para obtener cosecha. Por otra parte, la fijación de precios mínimos a los agricultores por parte de la administración, estando su valor por debajo de los costes de producción, hace que la cosecha haya caído más de un 50 %, según Fedeagro (Asociación de Agricultores de Venezuela), pasando de algo más de veinte kilos por persona al año, a la Venezuela de las colas y el hambre.

En Canarias también hemos perdido gran parte del autoabastecimiento. Incluso la exportación hasta el año 1977, cuando cultivábamos quince mil hectáreas. Hoy no cultivamos ni cinco mil, importando gran parte de nuestras demandas, mientras tengamos euros. Y al mismo tiempo, nuestros campos están cubiertos de maleza. Según COAG, en estos últimos años las importaciones agrarias triplicaron las exportaciones.

"Sembremos turismo", garanticemos precios mínimos a los agricultores y hagamos inversiones en el sector primario, acuerdos con los distribuidores, con el turismo (como "Crecer Juntos"), dignificando el sector agrario.

Lamentamos que el gobierno de Venezuela no esté mirando para el campo para producir alimentos, garantizando precios que cubran los costes de producción a los agricultores, insumos que cubran el mantenimiento de tal actividad, y seguridad en el mundo rural, tanto en el plano jurídico como el policial. Lo que propone como prioridad el señor Maduro es la criptodivisa, el "petro", poniendo como aval la franja del Orinoco?, mientras, los campos de cultivo los cubre la maleza, y los venezolanos hacen colas por productos básicos que se pueden cultivar en las tierras fértiles de un país que podría alimentar más de cien millones de habitantes. La alimentación de los venezolanos no es un problema difícil si se crean condiciones en el campo; como bien planteaba Arturo Uslar Pietri, "sembrar el petróleo". Los isleños cubrieron una etapa, ahora todos son venezolanos. Toca un nuevo periodo dignificando el trabajo, el esfuerzo, olvidándose de una cultura rentista: "Me tocan todos los días varios miles de litros de petróleo, nacimos para disfrutar, el trabajo no nos corresponde, etc.". Vamos para el Orinoco con el "petro", no hacemos un surco para cultivar yuca y el cazabe está racionado.

Hay alternativas, miremos también para el campo. No sigamos mirando para los bienes de la naturaleza para especular, olvidando que los estómagos demandan productos que dan la tierra y el trabajo de los campesinos. Con el "petro" y lo virtual no atendemos al estómago.

viernes, 12 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (II)

Tras la guerra civil, numerosos canarios entran en Venezuela. Es una emigración económica y política (Rómulo Gallegos y Pérez Jiménez). Estos emigrantes buscan tierras cultivables, sobre todo tierras con agua en torno a la cuenca de los ríos. Con posterioridad, cuando tenían problemas en la estación húmeda, se interesan por suelo en las zonas áridas para cultivar hortalizas, desplazándose a la Venezuela seca (Quíbor, Coro)

En la década de los 60, numerosos canarios rompen con la historia de espaldas dobladas sobre el surco. El petróleo y la falta de interés por el campo de la clase media venezolana hacen que muchos isleños se suban al tractor, a la cosechadora, a la agroquímica y la mejora de las semillas, incorporándolos a la política agraria de la Venezuela petrolera, por su capacidad de trabajo y disciplina para mejorar las semillas.

En estos años, Rómulo Betancourt -hijo de canarios- hace una reforma agraria influenciado por las hechas en Méjico y Cuba. La tierra deja de ser una barrera para muchos canarios, portugueses, italianos y otros. Los venezolanos se quedan en el conuco o migran a las ciudades, ante la expansión de la Venezuela "saudí". Rómulo crea en Irak la Opep en el año 1960 junto a cinco países más, y Venezuela se sitúa entre los mayores productores de petróleo del mundo.

El petróleo no se come.- Los canarios se incorporan, con técnicos de la administración venezolana, a las mejoras del agro (herbicidas, equipos de riego, mejoras en la producción de alimentos, etc.). Muchos isleños destacan en el campo de las semillas: legumbres, sorgo, arroz, etc., creándose numerosas empresas en este ámbito: Elio Pérez Ortega (Semillas Aragua), Alquimiro Marante (Flor de Aragua), Haroldo Pino (Prosevenca). Agroisleña pone en marcha Semillas Híbridas de Venezuela (Sehiveca). También se incorporan otras semillas por italo-venezolanos con menor implantación. Se crean infraestructuras para el agro en semillas, abonos, equipos de riego, silos para el grano, como ocurre con Bermúdez Agrolanzarote en Acarigua.

La Venezuela de las arepas y los frijoles la abastecen los isleños, mientras que las pastas y el maíz amarillo para pienso quedan fuera de su influencia.

Los canarios están vinculados con la Universidad y la Agronomía en Venezuela, como es el caso de Santiago Clavijo, decano de la Universidad Central de Venezuela, doctor por la Universidad de California, que es hijo de un represaliado político de Tenerife. O también Simón Ortega, agricultor y universitario, vinculado a la semilla de papas y su mejora, becado en Canadá, país del que se importaba gran parte de la semilla. Y otros muchos isleños que se incorporaron en el campo de la mejora agroganadera, y también en la capitalización y modernización del agro en Venezuela.

El campo venezolano fue de los más dinámicos de América Latina, sólo faltó la soja.

Petróleo y espejismo.- El chavismo asocia la revolución bolivariana a los precios del petróleo y olvida el campo y, lo que es peor, lo degrada. La expropiación de la mayor empresa agraria del país (Agroisleña) en 2011 significó el mayor golpe que se le ha dado a la agricultura venezolana. Una empresa de origen canario, con implantación en todo el país, es absorbida por un Estado que marca políticamente los precios, por debajo de los costes de producción, y propiciando la deserción de los campesinos y de la agricultura tal y como era hasta entonces. Y, lo que es peor, no la sustituye por profesionales y una empresa con capitalización, sino que lo hace con petróleo a 120 dólares el barril, importando todo. Venezuela fue el mayor importador de leche en polvo del mundo; ahora no hay ni leche ni vacas.

Lamentamos el anonimato del Gobierno de España con relación a esta expropiación. Madrid no dice nada, pues son numerosas -y más importantes parece- las empresas españolas en Venezuela que el chavismo de momento respeta.

La Venezuela del "fracking" (2014, petróleo a 25 dólares el barril) deja los estómagos vacíos y, lo que es peor, sin voluntad de hacer surcos por los responsables políticos. Los venezolanos quedan huérfanos no solo de agricultores que siembren.

La agricultura y los agricultores no se pueden improvisar. La Venezuela de los isleños de antaño ha terminado, no tenemos campesinos en las Islas para exportar, pero tampoco tienen un campo que implique solidaridad y compromiso con los que hacen los surcos.

No creemos en un país sin campesinos; no sembraron el petróleo, y han cosechado hambre. Otra Venezuela es posible en una solidaridad entre campo y ciudad, en una Venezuela solidaria con el trabajo y sus gentes.

En Canarias debemos aprender del caso de Venezuela; sembremos el turismo y cosecharemos un futuro, ya que, como bien dice José Mújica, expresidente de Uruguay, "con el estómago vacío no se puede hacer revolución".

domingo, 7 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (I)

Cuesta entender lo que ocurre en Venezuela, país con buenos suelos y agua, semidespoblado, con carencias en alimentos básicos. Hoy, un kilo de frijoles negros, proteínas de los pobres, cuesta 90.000 bolívares, mientras que el salario básico es de 10.000 bolívares. El salario mínimo lo han subido siete veces durante 2017, con una inflación de más del 2.500 %.

Los alimentos escasean, con precios prohibitivos; mientras, el gobierno establece unos comités locales de alimentación y producción socialista, pero ni así están al alcance de los que tienen el carné de la patria. Venezuela tiene hoy más de 33 millones de habitantes, de los cuales viven en ciudades unos 25 millones; en la Venezuela prepetrolera no se superaban los 6 millones.

Para repartir hay que producir, tema olvidado por gran parte de los políticos venezolanos ahora y antes. Decía allí el intelectual Arturo Uslar Pietri (1906-2001) "sembrar el petróleo", que en Venezuela no se han producido alimentos, ya que el campo venezolano ha estado marginado con una cultura agraria refugiada en la parte larense y andina, en lo que resta de cultivos itinerantes en rozas, como actividad complementaria a la pesca y a la caza.

En la década de los años 50 del pasado siglo se produce una masiva entrada de inmigrantes: españoles, italianos y portugueses. Destacaron en el campo los canarios como grandes productores de alimentos para las zonas urbanas en crecimiento. Los canarios no solo producían alimentos, sino que también participaron en su distribución (Quinta, Crespo y Coche estuvieron gestionadas por canarios y portugueses). Los campesinos isleños crearon infraestructuras en el campo para cultivar papas, tomates, cebollas o tabaco, pero también para cultivos desconocidos en las Islas, como arroz, sorgo y yuca.

Los isleños y el resto del sector agrícola y ganadero siguieron trabajando e invirtiendo, mejorando la mecanización y la agricultura intensiva que autoabastecía el país, a excepción de algunos productos como el trigo o la leche. La "Venezuela Saudí" exportaba petróleo en algo más de 2 millones de barriles diarios, mientras apenas demandaba alimentos del exterior.

Hemos de tener presente que el 96% de las exportaciones dependen del petróleo, que con su bajada de precio pasó de valer 70.000 millones de dólares en 2011 a 20.000 millones en 2016. Por otra parte, la petrolera estatal, PDVSA, pierde competitividad y baja la producción total; mientras la gasolina se vende allí a 6 bolívares el litro, un huevo cuesta 30.

Sin embargo, la expansión urbana y los petrodólares permitieron que los políticos del país se olvidaran del medio rural, ya que la importación de alimentos era extremadamente fácil. Los teóricos de la revolución chavista han aplicado unas teorías que no funcionan. El campo venezolano ha perdido la iniciativa privada y el empuje de los emigrantes que lo pusieron en marcha. Las nuevas generaciones no están dispuestas a seguir las pautas de unos burócratas urbanos que establecen precios políticos para alimentar a las ciudades. Son burócratas que ponen en duda la propiedad de las tierras y meten presión política al sector agrario, en muchos casos a canarios que soportan el secuestro exprés y el aumento de la delincuencia. La gestión de la producción agrícola se está desmoronando, agravándose la situación por la escasez de insumos, a la vez que los precios de los productos de primera necesidad se disparan.

Hoy un kilo de azúcar cuesta más de 180.000 bolívares, la carne está a 220.000 bolívares el kilo, los plátanos a 6.000 bolívares por kilo, las cebollas a 130.000 o el arroz a 140.000 bolívares el kilo, y la leche en polvo a 1.000.000 de bolívares el kilo. Mientras un neumático para un camión cuesta 10.000.000 de bolívares, la gasolina está más barata que el agua, a 6 bolívares el litro. La moneda venezolana se devalúa dos o tres veces al día.

Venezuela ha pasado de autoabastecerse en carne de res, cerdo, pollo, café, arroz y maíz, llegando a exportar, y de casi lograrlo con la carne (con la que cubría un 80% del mercado interior en 2011), al debate del pernil de estas navidades. No sembraron el petróleo, y ahora se plantean la distribución de carne portuguesa y colombiana sin pagarla.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (III)

Estamos ante uno de los peores momentos en la historia del cultivo de los plátanos de Canarias, ya que esta semana se propone picar más del 20%.

En la Península siguen consumiendo plátanos (en algunos casos superan los 2 €/kg). Sin embargo, las ventas en el mercado en verde no alcanzan los 0,70 €, es decir, no queda para el agricultor más de 0,35 €, a lo que hay que restar más del 20% de pica que queda en Canarias. De esta producción que dejamos en el Archipiélago, una gran parte acaba en el vertedero, ya que el consumo en las Islas no demanda más de 20 kilos por habitante al año, mientras que en una sola semana de diciembre se ha dejado un kilo por habitante en Canarias y, concretamente en la isla de La Palma, doce kilos por habitante para una sola semana.

No olvidemos que los costes de producción están en torno a los 0,65 €/kg, y que, por otra parte, estamos en la temporada en la que menos fruta compite en el mercado.

La saturación del mercado se debe a la banana y a las peleas de familia locales. Existen seis organizaciones de productores de plátano (OPP), que, en muchos casos, hacen de agencia de aduanas y que no compran y venden en conjunto, como dicen los estatutos, sino que miembros de una misma OPP compiten en el mercado. Pocos buscan alternativas en el exterior; alegan que no quieren la pica porque tienen los plátanos vendidos en la Península; no nos dicen que juegan a la baja con los precios, que no queda nada para el agricultor, ya que los costes para poner un kilo del cantero al madurador superan los 0,34 € (cajas, empaquetado, flete, etc.). Por todo esto necesitamos un nuevo mercado, o bien dejar de cultivar, es decir, menos agricultores y más ruina para el campo canario, lo contrario de lo que se nos ha dicho en la UE, que ha puesto muletas para la agricultura en la Unión alegando razones sociales. Aquí y ahora, Asprocan, peleas de familia, pica sí-pica no, dejarlo en el campo, unos sí y otros no, la IGP, cajas con es adjetivos.

Cuando rebosa el vaso aplicamos la medicina de la pica; no somos capaces de un aprovechamiento como recurso, como alimento, bien para las personas o para el ganado (plátanos deshidratados). Hemos construido unas instalaciones en El Paso (Frutín) que han costado unos dos millones de euros de dinero público y están como un museo, mientras nos dicen que Coplaca quiere construir una similar en Valencia ¿Es acaso más barato deshidratar plátanos de Canarias en la Península?

Aquí y ahora olvidamos que podemos producir los plátanos más naturales, con menos venenos que muchos otros que entran en la UE; que nuestra fruta no está producida con sudor y hambre del tercer mundo, con hombres y mujeres que quieren ser ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los europeos, que gran parte de lo que consumimos en Canarias viene de dicho territorio. No tienen razón de ser los planteamientos que parece que hacen un grupo de empresarios de Martinica y Guadalupe, que producen en África y abandonan a los campesinos tras el temporal de las islas del Caribe.

Aquí, el Gobierno y los agricultores no pueden seguir por el actual derrotero. Podemos mantener los puestos de trabajo, el paisaje y la producción haciendo las cosas bien, introduciendo sistemas de calidad en toda la estructura organizativa platanera.

También tenemos que hablar del descreste arancelario y el nivel de control. Se requiere establecer garantías para que las producciones europeas puedan mantenerse, sobre la base de que debemos ser la principal garantía de seguridad alimentaria y de producciones respetuosas desde el punto de vista social y medioambiental.

La Indicación Geográfica Protegida se ha de cumplir, y las OPP han de mantener un nivel de sociedad y solvencia que supere la miseria en la que nos tienen sumidos, y los agricultores han de poner ilusión y preocupación por la comercialización, para que esta se haga con el esmero con el que cultivamos la tierra.

Los plátanos tienen futuro si nos unimos haciendo las cosas bien, con profesionales rompiendo con la miseria de las peleas de familia. Los últimos acontecimientos en los que, apoyándose en el argumento de que se tiene todo vendido, a cualquier precio, algunas OPP están poniendo en riesgo la unidad del sector, no pueden permitirse. En este sentido, es fundamental que desde las administraciones se traslade el mensaje de que los sistemas de apoyo actual solo pueden garantizarse con un sector unido que apueste por la calidad de las producciones, y en el que el agricultor se considere el principal protagonista a defender. Cualquier iniciativa dirigida a obtener réditos a corto plazo a costa del conjunto del sector tiene que ser rechazada y penalizada. Solo así tendremos futuro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Campesinos y rabo de gato

Hace unos días hice una lectura sobre el terreno en el sur de la isla de La Palma, leyendo el paisaje agrario que habría pisado hace cuarenta años. Los cambios son significativos. Gran parte de las tierras cultivadas en los ochenta están balutas, la viña ha perdido más del 50 % de los cultivos, la platanera ha ganado puntos tanto en Breña Baja-Mazo como en Fuencaliente y Los Llanos. Pero lo más destacable es la expansión del rabo de gato ("Pennisetum setaceum"), alcanzando desde la costa hasta tierras para siembra en las medianías, tanto en la zona de la isla que toca el Alisio, Montaña Las Toscas, como al oeste, en el Pico del Bejenao.

Gran parte de la expansión de dicha gramínea está ocupando tierras labradas hace unos años, tierras en las que se cultivaban boniatos, centeno, viña, higueras, tuneras, cereales y legumbres.

La pérdida de las tierras labradas, el abandono del pastoreo y la actividad ganadera, son factores influyentes en esta plaga. Valga como referencia la pérdida de más del 40 % de la superficie cultivada de vid entre los años 2000 y 2016 en la zona de Fuencaliente y Mazo, dejando un espacio ideal para el arraigo del rabo de gato, principal especie colonizadora en terrenos que han dejado de cultivarse.

La política de lucha contra el "Pennisetum setaceum" vía administración -como en el caso del Cabildo de La Palma- ha terminado en fracaso, ya que se ha basado en aspectos coyunturales en el plano político-administrativo.

La lucha contra el rabo de gato ha de contar con agricultores y ganaderos, con actividad sobre el territorio, en la que los recursos públicos colaboren con actividad económica sobre el territorio.

La viña, los boniatos y el pastoreo no pueden ser actividades marginales en la zona, como de hecho ocurre con los cultivos de antaño, hoy casi desaparecidos, plantas de gran capacidad productiva, como distintas variedades de boniatos, cultivos de secano en Mazo y Fuencaliente; y qué decir de la vid, que ha dejado de cultivarse en gran parte de dichos municipios.

La lucha contra el rabo de gato no puede ser un problema coyuntural de un contrato temporal, de unas cuadrillas amparadas en temas sociales de empleo. Los frentes de avance del "Pennisetum" están en terrenos abandonados. Por eso, la principal preocupación debe centrarse en la recuperación del paisaje agrario de antaño, mejorando las condiciones de agricultores y ganaderos, dignificando la cultura y la economía de los campesinos. Es la manera más barata para frenar la expansión de dicho problema. También, socialmente es una garantía de lucha contra los incendios, al eliminar maleza, mejorando la distribución de la población en el territorio. Y qué decir de la revalorización de los productos de la tierra en La Palma, Reserva de la Biosfera.

En relación a la categoría de Reserva de la Biosfera, señalar que no es sólo monte verde La Caldera y el Observatorio del Roque de los Muchachos. Son también las lavas casi humeantes de los volcanes del sur de la isla, cultivadas con plantas tropicales, como los boniatos en secano con pluviometría que no alcanza el 20 % de los trópicos, o con viña como la malvasía, exigente en humedad, cultivadas en bancales cubiertos de lapilli en Los Llanos Negros. Qué decir de los frutales, hoy en franco abandono, los morales, las higueras, las tuneras (atacadas ahora por una nueva cochinilla).

Frutales, boniatos, ganaderos, alimentos sanos de la tierra. Cultura agraria, dignificar lo pequeño, lo local, lo nuestro, el ayer hilvanado con el mañana.

El rabo de gato es hijo de una crisis agraria, de una crisis de valores.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (II)

No queremos creer que los plátanos tienen los días contados, ya que existe un colectivo de agricultores que pelea con ilusiones no sólo por cultivar bien, sino también por avanzar en la comercialización, mejorando de manera sensible nuestros plátanos en el mercado, teniendo como aliados a los consumidores en la Península, que han sido fieles a los plátanos de Canarias frente a las bananas y las multinacionales a lo largo de más de veinte años.

Aquí y ahora, los plátanos tienen un nuevo aliado: la preocupación por el cambio climático y la huella de carbono, y el papel que juega esta fruta en esta lucha. Su repercusión en la alimentación, sobre todo de los canarios, y en los hábitos de consumo en la Península, donde se alcanzan los doce kilos de plátanos por habitante al año (sólo superado por el consumo de cítricos), se refleja en los cuarenta frigos que salen cada día con un millón de kilos para la Península.

El principal cuello de botella sigue siendo la atomizada comercialización, que hace rígida la movilidad, tanto para nuevos mercados como para mantener el actual. Los responsables de la política agraria han de crear elementos que obliguen a la concentración, con aplicación de medidas que den solvencia al sector, reducir las OPP, crear condiciones para abaratar costes y potenciar la solvencia y la profesionalización. Los agricultores han de entender no solo que han de cuidar el cultivo, sino que debemos hacer un esfuerzo en la dignificación de todo el proceso. Con las políticas que hemos tenido hasta ahora, se ha fomentado una actitud de cambiarse de entidad atendiendo a los beneficios personales, y esto es una de las cuestiones que nos ha debilitado.

Los plátanos tienen futuro si mejoramos la comercialización, y entendemos que hemos de participar todos, comprendiendo que las muletas que pone la UE en los plátanos, la historia, el paisaje, el esfuerzo de varias generaciones de canarios, unido al compromiso de los consumidores en la Península, son nuestros aliados. Hemos de reducir costes; no es de recibo que tengamos más de noventa empaquetados, tratando en algunos casos treinta millones de kilos y en otros, medios millón. No olvidemos los costes de dichas instalaciones cincuenta y dos semanas al año, ni la obligación, por ejemplo, de tener que alcanzar las 20 tm3 de un frigo para abaratar costes.

Las miserias de familia no ayudan a potenciar nuevos mercados, como de hecho ha ocurrido este año con el hueco dejado por los productos de Martinica y Guadalupe tras el temporal. Mantener las instalaciones con sólo 7.000 tm3 semanal y las cajas cargadas de marcas y es que nadie lee y que encarecen el producto. ¿Para cuándo la caja única?

Hemos de reducir costes inútiles para tener solvencia profesional y que la IGP se cumpla. Reducir costes que nos hagan competitivos; nada de chiringuitos. La situación actual empobrece a los agricultores y grava a los consumidores, nos hace más débiles en el mercado. Está en nuestras manos mantenernos compitiendo con las bananas con las muletas de la UE, como toda la agricultura de la eurozona.

Defendamos la trazabilidad del huerto al consumidor, garantizando productos más sanos que han de ir en lo posible como cultivos ECO. No es razonable, ni tiene futuro, cobrar por medio kilo de plátanos en una bolsa de es lo que cuesta un kilo de bananas. Tampoco producir para llevar la fruta al vertedero o al ganado, entre otras cosas porque es el esfuerzo, la ilusión de los agricultores, además de trescientos litros de agua por kilo. Podemos sembrar futuro si corregimos lo que hacemos mal ahora.

La fidelidad al plátano de Canarias en la Península no tiene nombre y apellidos; la competencia vende a granel, no es cosa de caja de es. Es un alimento básico que hemos de cuidar como garantía de salud, como un bien de solidaridad entre ambos pueblos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (I)

No tiene una explicación fácil decirles a los agricultores canarios que no podemos exportar nueve millones de plátanos en noviembre, en un mercado en el que no hay fruta de temporada, y que, en realidad, demanda más de doce millones de kilos semanales, máxime cuando vemos que los precios al consumidor entre el plátano y la banana dista en muchos mercados, estando muy por encima el precio de nuestra fruta. Valga como referencia los 0,40 ?/kg que presentaba como diferencia de precio entre el plátano y la banana un Mercadona de la localidad de Benidorm, y que es apreciable en numerosos mercados y supermercados de la Península.

Hemos de destacar que la comercialización ha mejorado y, por ejemplo, la presentación de los plátanos no tiene los niveles de rozaduras de antaño. Sin embargo, encontramos situaciones que hacen de cortocircuito. Veamos algunos casos:

En una cadena de supermercados (Consum, origen Valencia, extensión sur y este peninsular) encontramos los plátanos como exquisitez a 2,10 ? /kg, frente a las bananas a 0,99 ? la bolsa de tres dedos, es decir, las categorías han desaparecido. Las bananas tienen buena presentación, pero están sin nombre ni apellidos, sin lugar de nacimiento, y compiten mediante precios bajos, que además tienen apenas oscilaciones a lo largo del año.

En el caso de los plátanos, aquí y ahora tenemos más de treinta marcas haciéndose la competencia (¿para supuestamente competir en Península?) entre las distintas entidades locales, con las llamadas leyes del mercado. Sin embargo, la banana es diferente en su procedencia, pero ante el consumidor mantiene precio y presentación uniforme, y así nos va desplazando. La cadena que tiene los plátanos a 2,10 ? la próxima semana los tendrá que bajar si quiere venderlos ante la banana a 0,99 ?.

Mientras tanto, en Canarias los plátanos los enviamos al barranco o al ganado. Los agricultores cobramos una semana a 0,50 ?/kg, mientras que la banana sigue ganando mercado, y nosotros lo perdemos, ya que no podemos enviar a la piel de toro más de ocho millones de kilos.

Aquí nos lamentamos


lamentamos, echamos la culpa al calor, lamentamos que no haya viento que tire los plátanos del vecino, y el seguro resuelva lo que nosotros hacemos mal, porque no se ven razones para clarificar menos marcas, unificar criterios de comercialización y establecer precios con otros criterios, por ejemplo por temporada, que evite la picaresca de producir más kilos, olvidando el mercado. No podemos seguir manteniendo la situación actual de guerra local que nos debilita en el mercado, como ponen de manifiesto los hechos, ya que hemos pasado de vender más de doce millones de kilos en las semanas anteriores de noviembre, a los ocho de esta semana.

Hay razones objetivas para entender que los plátanos tienen problemas locales en Canarias, problemas de familia que tenemos que resolver, ya que con 140 millones de euros de la UE no hay razón para que tengamos como futuro la situación del tomate.

Los problemas familiares son siempre complicados; los tiempos nos obligan a una siembra de sentido común, de compromiso, de cuidar un cultivo que ha generado trabajo y recursos a lo largo de más de cien años. ¡Está en nuestras manos, superemos los pleitos de familia!

lunes, 20 de noviembre de 2017

Tenerife: agua, olvido y sequía

Hemos olvidado en unos años los signos de progreso más serios en la historia de la isla picuda. Entender lo que ha ocurrido en el último siglo en Tenerife nos obliga a una lectura de las obras hidráulicas, que han aportado algo básico en la vida de dicho territorio. Y es que Tenerife estuvo en tercer lugar en los aportes hídricos de Canarias varios siglos, manteniéndose en una media de 30 Hm3, hasta que la perforación de galerías y pozos aportó lo que la naturaleza había guardado bajo su piel. Hasta bien avanzado el s.XX, entorno a los años 30, la isla disponía de algo menos de 50 Hm3/ año; la situación cambió en sólo cuarenta años, se multiplicaron los caudales por cuatro, para situarse en la década de los 70 en algo más de 200 Hm3, situación que se produce extrayendo reservas, ya que los recursos disponibles no cubrían tal volumen.

Actualmente estamos hipotecando no sólo el futuro, sino también el presente. La isla ha perdido más del 50% del caudal que manaban las galerías en la década de los 70, mientras hemos doblado la población en este periodo. Se ha aumentado el consumo por habitante, por lo que tenemos la obligación de tratar este tema como algo prioritario en el plano social y económico.

El descenso de más de 100 Hm3 en cuarenta años es una mala cifra que debe hacernos reflexionar, si bien las desaladoras están cubriendo el hueco de manera coyuntural, no olvidemos el papel de los alumbramientos de agua distribuidos por toda la isla, algo básico para abastecer a la población y para mantener la agricultura y la vida en el interior de la isla. Esta situación se explica por la sobre explotación del acuífero insular, pero también por la descapitalización del sector de galerías y pozos. En este sentido se carece de gestores en las galerías, canales, obras básicas de mantenimiento, además, se ha apostado por la venta de agua a puerta de la galería, con rentabilidad a corto plazo, y por la desvinculación con un patrimonio económico-cultural por parte de la segunda o tercera generación de los que buscaron el agua. Es necesario un acercamiento entre las instituciones públicas y las comunidades de riego, pozos y galerías.

De una generación "heroica" se pasa a una "rentista". Es difícil entender que en la isla picuda se construían en los años 70 una media de algo más de 20 Km de galerías al año, es decir, 10 metros al día, mientras que hoy no construimos al año lo que antes se hacía en un día, tiempos en los que labrábamos más de 50.000 Has, construyendo sorribas, estanques, canales, carreteras, viviendas, escuelas, hospitales, etc., etc. Ahora solo miramos a las desaladoras como alternativas, y nos acordamos de las depuradoras cuando aparecen las microalgas.

Otra cultura y otra política son necesarias; obras hidráulicas y gestión del agua es mucho más que desaladoras. Hemos de invertir más recursos económicos en resolver la problemática del agua, tanto en mejora de las canalizaciones y red de distribución, como en la depuración y red de canales hacia el mundo rural. En otro estado de cosas, se requiere el fomento y el apoyo por parte de las instituciones a comunidades de regantes. Se impone, por razones obvias, rescatar social y culturalmente otra visión del agua y su gestión, ya que es difícil mantener los actuales niveles de consumo y derroche del líquido elemento, con un alto nivel de insolidaridad regado por la ignorancia. La sequía no es solo meteorológica, necesitamos regar ideas de solidaridad y compromiso propio de los tiempos. Este año se ha puesto de manifiesto el agotamiento del modelo en Vilaflor, Icod de los Vinos y El Rosario, donde se palpan síntomas, no sólo del agotamiento de los acuíferos, sino también de una red y una gestión cargada de ineficiencias.

Los hechos nos imponen otra política hídrica para el s.XXI. El problema del agua no es sólo de más tornillos y petróleo, utilicemos la cabeza.

Necesitamos regar la sequía de ideas sobre otra cultura del agua propia de cuando éramos "pobres"