domingo, 28 de enero de 2018

Las restricciones de agua en la Isla están a la vuelta de la esquina

Wladimiro Rodríguez Brito, exconsejero insular de Medio Ambiente y Paisaje, doctor en Geografía y una de las voces más expertas en esta materia, apela a la cultura del ahorro.

Las últimas lluvias apenas han aliviado la sed de la Isla, especialmente en el Sur, donde la falta de agua no solo amenaza de ruina al campo, sino que la población de medianías y zonas altas, donde no llega la producción de las desaladoras, teme al fantasma de las restricciones, algo a lo que, por desgracia, ya están acostumbrados en Vilaflor, donde no sale una gota de los grifos por las noches desde el verano pasado. Ante este panorama, Wladimiro Rodríguez Brito, exconsejero insular de Medio Ambiente y Paisaje, doctor en Geografía y una de las voces más expertas en esta materia, apela a la cultura del ahorro y reprocha a los políticos que no hayan hecho la tarea, al no apostar decididamente por la depuración de aguas. “Pero eso no da votos y el político sabe que el ciudadano quiere farolas y fiestas”, afirma.

Ya nadie duda de que tenemos encima un problema muy serio.

“Hay un problema de limitación de recursos, pero, sobre todo, cultural. La isla de Tenerife pasó de producir 30 millones de metros cúbicos de agua en 1930 a 200 millones al año en la década de los 70 (6.000 litros por segundo). Se llegaron a perforar hasta 30 kilómetros al año de galerías y el acuífero lo acusaba. En estos momentos estamos con menos de 3.000 litros por segundo y nadie dice nada".

¿Por qué se ha llegado a esta situación?

“Por sobreexplotación y por la apuesta por un modelo económico".

Vilaflor es el municipio tinerfeño que más sufre los efectos de la falta de lluvias, con restricciones desde el pasado verano. ¿Qué medidas habría que adoptar para que el agua llegue a las zonas altas?

“Hay una galería, que es la de Niágara, de muy buena calidad, que está regando turistas en la costa, además de plátanos, cuando en esa zona esa labor la debe hacer la desaladora de Fonsalía. El agua de las partes altas debe destinarse principalmente a la agricultura. Ese es un debate que aún no hemos ganado. Llenar piscinas o regar césped no puede competir en precios con el agua para las papas, coles o lechugas. Eso no puede ser”.

Usted es un firme defensor de una mayor reutilización de las aguas depuradas. ¿Podría ser parte de la solución?

“Por supuesto. Las aguas depuradas, que ya superan los 200 millones de metros cúbicos al año, se deberían reutilizar en mayor medida. Cuando vas a Aranjuez, ves cómo riegan unas fresas que son un lujo, y eso se hace con agua con materia orgánica de los madrileños”.

¿Y aquí por qué no se hace con mayor determinación?

“En su día se dio un paso muy positivo con la instalación de la tubería negra, junto a la autopista, que va del área metropolitana a Las Galletas y que está en estos momentos al 100%. Tenerife fue pionera en la reutilización de aguas depuradas. Ahora, en cambio, estamos reutilizando menos del 30% de las aguas negras. El resto se está vertiendo al mar o al subsuelo, porque donde hay un volcán, hacemos un pozo negro”.

Las microalgas del verano parecen haber marcado un antes y un después a la hora de que las instituciones se pongan, por fin, manos a la obra en el tratamiento de aguas residuales.

“El alcantarillado y la depuración no dan votos. No tenemos cultura del agua ni somos conscientes del esfuerzo de quienes han construido las galerías. En Tenerife hay más de 1.000 con más de 1.600 kilómetros. Y los nietos de quienes las hicieron hoy no las gestionan porque sus abuelos se han muerto, pero también porque tras la desgracia de Piedra de Los Cochinos, donde murieron seis muchachos, nadie quiere ser responsable de una galería"

El problema es que hoy muchas de ellas están obstruidas y limpiarlas no debe ser una tarea fácil.

“Hemos hecho unas leyes, a las que yo me opuse en su día, que obligan a quien quiera limpiar una galería en la corona forestal de Tenerife, el mayor espacio protegido de más de 400 kilómetros cuadrados, a llevar los escombros a un vertedero autorizado. Nadie puede estar en la puerta de una gruta esperando que venga una vagoneta con escombros para meterlos en un camión y llevarlos a un vertedero autorizado. Se ha hecho un marco de leyes que no son para vivir en esta tierra. La depuración, la reutilización o intentar llegar a un acuerdo con los comuneros de la galería de Niágara para que en Vilaflor puedan beber y regar las papas es parte de una política económica agraria que no se está practicando”.

En la polémica Ley de Aguas a usted le acusaron de sovietizar el agua, pero el tiempo le ha dado la razón.

“Lo que decíamos es que había que racionalizarla y que no podíamos seguir haciendo agujeros para robarnos el agua unos a otros. Cuando sucedió eso, el acuífero de Tenerife bajaba de 8 a 10 metros al año. Se pensaba que era inagotable”.

Y ahora que está constatado científicamente que cada vez llueve menos, ¿qué medidas se deberían adoptar para lo que nos viene?

“Lo primero es cambiar la mentalidad. Yo tengo un debate en mi casa con mi hija cada vez que baña a los niños. El agua es un bien escaso aquí y en el mundo. Los consumos urbanos se han disparado y hay que empezar a hablar de la economía del agua. Necesitamos que la gente joven abra los ojos y se dé cuenta de que en esta isla, con un millón de habitantes, no se puede derrochar el agua como lo estamos haciendo. Hay que reutilizar mucho más”.

¿Teníamos tiempo atrás mayor conciencia que ahora?

“Totalmente. Antes había una economía del agua. Los chicos de Gran Canaria, Lanzarote Fuerteventura o El Hierro que venían a estudiar a La Laguna se sabía de qué isla eran por cómo abrían el grifo para lavarse los dientes. Esa cultura hoy está rota”.

Además de la falta de mentalización, el mal estado de las galerías y la baja reutilización, otro de los problemas graves está en las fugas, por el mal estado de las conducciones.

“Hay municipios en los que se pierde más del 60% del agua, con tuberías de uralita y galvanizadas que se enterraron hace muchos años y que se han ido pudriendo. Tenemos un grave problema que requiere una red de agua potable nueva. En Tenerife y Gran Canaria el consumo agrícola oscila entre el 30 y el 40%, mientras que el urbano supera el 60% y una parte no llega al grifo de casa, se pierde en red. Pero nadie quiere hablar de esto porque, insisto, no da votos. Una buena red de alcantarillado o de agua potable no es ningún gancho electoral. Los políticos saben que el ciudadano quiere farolas y fiestas”.

¿Tenemos que prepararnos para convivir en el futuro con restricciones de agua?

“Seguro. Eso está a la vuelta de la esquina. Las desaladoras son un espejismo porque es mentira que lo resuelvan todo. Es cierto que la tecnología ha mejorado mucho, de hecho estamos desalando con menos de tres kilovatios el metro cúbico y la ósmosis inversa ha sido un cambio revolucionario. Pero, cuidado, porque elevar agua a medianías significa emplear tanta energía como la que cuesta desalarla. Por tanto, beber agua desalada en las medianías de Canarias significaría seis kilovatios y eso son palabras mayores. Otra cosa es que empecemos a hablar de energías alternativas".

¿Entonces, por dónde pasa la solución para las medianías?

“Lo primero es que la zona de costa se autoabastezca con agua desalada. Si queremos seguir manteniendo una superficie regada en Canarias, que es básica porque produce alimentos frescos, crea paisaje y genera puestos de trabajo, hay que apostar por nuestros agricultores, que no pueden competir con el agua destinada al turismo y a los campos de golf. Eso es un disparate”.

¿Siendo un problema tan grave, por qué no parece estar en la agenda ni en las declaraciones de nuestros políticos?

“Yo estoy sorprendido del nivel de pobreza política que tenemos actualmente. No hay más que ver los debates en el Parlamento, donde no se habla de los verdaderos temas de Canarias. Todo lo contrario de lo que ocurre en el mundo agrario, donde existe un alto concepto de la solidaridad que se demuestra, por ejemplo, al cerrar las galerías cada vez que cae un aguacero para retener el agua y que no se pierda al mar. Ahora, en cambio, prima la cultura del yo pago y esto es mío”.

¿Qué obras serían, a su juicio, las más urgentes que habría que acometer?

“En primer lugar hay que crear condiciones para limpiar las galerías y propiciar comunidades de regantes, que en Tenerife no tenemos, o mixtas entre el Cabildo y los accionistas. En muchas de las galerías no se ha entrado en 30 años. Debemos volver a la cultura de nuestros queridos magos. Tenerife tiene hoy más población que Gran Canaria gracias a las galerías y los pozos”.

Y además de limpiar galerías, ¿qué otras obras se deberían impulsar?

“Todo el mundo dice que hay que construir presas y en eso solo no está la solución. Gran Canaria tiene más de 60 presas de más de 15 metros de altura y lo que se retiene no llega al 10% de su capacidad. Aquí el agua hay que buscarla donde está: en la depuración y reutilización. Esa es la mayor bolsa que nos queda en la Isla. Las galerías dan ahora cerca de 90 hectómetros cúbicos, estamos desalando otros 30, más el agua de los pozos… De los 170 millones de metros cúbicos de Tenerife habría que reutilizar más de la mitad. Y estamos reutilizando menos de 15 hectómetros cúbicos”.

O sea, que hacen falta más depuradoras…

“Sí, pero también red de alcantarillado y mentalización, porque aquí hay gente que no quiere comer fruta regada con aguas negras. Y eso es pura ignorancia”.

Hemos hablado del mal estado de las galerías, pero ¿en qué situación se encuentran los canales?

“Esa es una asignatura pendiente que debe ser prioritaria. Hay canales que tienen más de 70 años, que están a cielo abierto con agua para beber y con pérdidas muy significativas. Necesitaríamos una nueva red, unas autopistas del agua en esta Isla, y ese es un tema que no se ha resuelto”.

Escuchándole parece claro que la política hidrológica de la Isla en los últimos años deja bastante que desear. ¿Tan mal se han hecho las cosas?

“Se han hecho muchas cosas mal. Lo positivo es haber creado una cultura del esfuerzo, de las galerías, de los canales, de las sorribas y del agricultor, que ha sido jardinero en este territorio. Y hemos hecho mal en confundir progreso con urbanización y con derroche. No cabe decir que yo abro el grifo y pago el agua, como me dicen mis hijos. Esto no es un problema de coste económico. Hay cosas que no tienen precio, como el agua, que es un bien escaso".

viernes, 26 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (y III)

Sean estas líneas no solo de lo que ocurre en Venezuela, sino también de reflexión de lo que podemos hacer aquí, porque la Venezuela "saudí" sembró la actual situación, y aquí y ahora también vivimos en una sociedad cargada de espejismos, de nuevos ricos que olvidan y marginan el mundo rural.

También tenemos un mundo "saudí", el de los dieciséis millones de turistas que convive, al mismo tiempo, con paro, pobreza, tierras balutas e importaciones masivas de alimentos que podemos producir aquí.

Veamos algunos aspectos: la carne con papas en Venezuela y las arepas en Canarias son parte de los vasos comunicantes de nuestros emigrantes. Los cultivos de papas en Venezuela, fuera de la zona andina, han estado vinculados con canarios, incorporando el consumo de papas a la Venezuela urbana, ya que, con anterioridad a los canarios, las papas eran un cultivo andino, con más de siete mil años de antigüedad en estas montañas. Los canarios, sin embargo, están familiarizados con este cultivo desde el Norte de Lanzarote hasta Nizdafe (El Hierro), en muchos casos con variedades andinas que se cultivan desde hace más de cuatro siglos.

Papas de carne amarilla.- Los canarios mejoran los cultivos, que habían sido mayoritariamente de secano, con semilla local o colombiana. Potencian los cultivos en cotas más bajas hasta los 300 metros, con semillas importadas, principalmente de Canadá, de carne blanca, con cultivos mayoritariamente de regadío, con mecanización y fertilización.

Gran parte del abastecimiento de papas está en manos de los canarios, que importan unos 600.000 sacos de 50 kilos de semillas, y generan una producción que supera los 300 millones de kilos. Según Simón Ortega, un 80 % lo cultivan los canarios y el otro 20 % los venezolanos.

Los isleños establecen medidas para mejorar la producción, consiguen del gobierno precios mínimos para los agricultores y un sistema de cupos a la importación de semilla; esto, unido a la construcción de instalaciones de almacenaje, como un elemento básico en la dieta del venezolano. Aunque también hubo cortocircuitos de cosecha propia, lo que llaman "rosca" en Venezuela y en Europa "grupo de presión" ("lobby"), sobre todo en los mercados, en el de Barquisimeto y en otros.

Actualmente, no importan la semilla del Canadá, y la producción queda reducida a la semilla local, además de que no hay insumos básicos para obtener cosecha. Por otra parte, la fijación de precios mínimos a los agricultores por parte de la administración, estando su valor por debajo de los costes de producción, hace que la cosecha haya caído más de un 50 %, según Fedeagro (Asociación de Agricultores de Venezuela), pasando de algo más de veinte kilos por persona al año, a la Venezuela de las colas y el hambre.

En Canarias también hemos perdido gran parte del autoabastecimiento. Incluso la exportación hasta el año 1977, cuando cultivábamos quince mil hectáreas. Hoy no cultivamos ni cinco mil, importando gran parte de nuestras demandas, mientras tengamos euros. Y al mismo tiempo, nuestros campos están cubiertos de maleza. Según COAG, en estos últimos años las importaciones agrarias triplicaron las exportaciones.

"Sembremos turismo", garanticemos precios mínimos a los agricultores y hagamos inversiones en el sector primario, acuerdos con los distribuidores, con el turismo (como "Crecer Juntos"), dignificando el sector agrario.

Lamentamos que el gobierno de Venezuela no esté mirando para el campo para producir alimentos, garantizando precios que cubran los costes de producción a los agricultores, insumos que cubran el mantenimiento de tal actividad, y seguridad en el mundo rural, tanto en el plano jurídico como el policial. Lo que propone como prioridad el señor Maduro es la criptodivisa, el "petro", poniendo como aval la franja del Orinoco?, mientras, los campos de cultivo los cubre la maleza, y los venezolanos hacen colas por productos básicos que se pueden cultivar en las tierras fértiles de un país que podría alimentar más de cien millones de habitantes. La alimentación de los venezolanos no es un problema difícil si se crean condiciones en el campo; como bien planteaba Arturo Uslar Pietri, "sembrar el petróleo". Los isleños cubrieron una etapa, ahora todos son venezolanos. Toca un nuevo periodo dignificando el trabajo, el esfuerzo, olvidándose de una cultura rentista: "Me tocan todos los días varios miles de litros de petróleo, nacimos para disfrutar, el trabajo no nos corresponde, etc.". Vamos para el Orinoco con el "petro", no hacemos un surco para cultivar yuca y el cazabe está racionado.

Hay alternativas, miremos también para el campo. No sigamos mirando para los bienes de la naturaleza para especular, olvidando que los estómagos demandan productos que dan la tierra y el trabajo de los campesinos. Con el "petro" y lo virtual no atendemos al estómago.

viernes, 12 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (II)

Tras la guerra civil, numerosos canarios entran en Venezuela. Es una emigración económica y política (Rómulo Gallegos y Pérez Jiménez). Estos emigrantes buscan tierras cultivables, sobre todo tierras con agua en torno a la cuenca de los ríos. Con posterioridad, cuando tenían problemas en la estación húmeda, se interesan por suelo en las zonas áridas para cultivar hortalizas, desplazándose a la Venezuela seca (Quíbor, Coro)

En la década de los 60, numerosos canarios rompen con la historia de espaldas dobladas sobre el surco. El petróleo y la falta de interés por el campo de la clase media venezolana hacen que muchos isleños se suban al tractor, a la cosechadora, a la agroquímica y la mejora de las semillas, incorporándolos a la política agraria de la Venezuela petrolera, por su capacidad de trabajo y disciplina para mejorar las semillas.

En estos años, Rómulo Betancourt -hijo de canarios- hace una reforma agraria influenciado por las hechas en Méjico y Cuba. La tierra deja de ser una barrera para muchos canarios, portugueses, italianos y otros. Los venezolanos se quedan en el conuco o migran a las ciudades, ante la expansión de la Venezuela "saudí". Rómulo crea en Irak la Opep en el año 1960 junto a cinco países más, y Venezuela se sitúa entre los mayores productores de petróleo del mundo.

El petróleo no se come.- Los canarios se incorporan, con técnicos de la administración venezolana, a las mejoras del agro (herbicidas, equipos de riego, mejoras en la producción de alimentos, etc.). Muchos isleños destacan en el campo de las semillas: legumbres, sorgo, arroz, etc., creándose numerosas empresas en este ámbito: Elio Pérez Ortega (Semillas Aragua), Alquimiro Marante (Flor de Aragua), Haroldo Pino (Prosevenca). Agroisleña pone en marcha Semillas Híbridas de Venezuela (Sehiveca). También se incorporan otras semillas por italo-venezolanos con menor implantación. Se crean infraestructuras para el agro en semillas, abonos, equipos de riego, silos para el grano, como ocurre con Bermúdez Agrolanzarote en Acarigua.

La Venezuela de las arepas y los frijoles la abastecen los isleños, mientras que las pastas y el maíz amarillo para pienso quedan fuera de su influencia.

Los canarios están vinculados con la Universidad y la Agronomía en Venezuela, como es el caso de Santiago Clavijo, decano de la Universidad Central de Venezuela, doctor por la Universidad de California, que es hijo de un represaliado político de Tenerife. O también Simón Ortega, agricultor y universitario, vinculado a la semilla de papas y su mejora, becado en Canadá, país del que se importaba gran parte de la semilla. Y otros muchos isleños que se incorporaron en el campo de la mejora agroganadera, y también en la capitalización y modernización del agro en Venezuela.

El campo venezolano fue de los más dinámicos de América Latina, sólo faltó la soja.

Petróleo y espejismo.- El chavismo asocia la revolución bolivariana a los precios del petróleo y olvida el campo y, lo que es peor, lo degrada. La expropiación de la mayor empresa agraria del país (Agroisleña) en 2011 significó el mayor golpe que se le ha dado a la agricultura venezolana. Una empresa de origen canario, con implantación en todo el país, es absorbida por un Estado que marca políticamente los precios, por debajo de los costes de producción, y propiciando la deserción de los campesinos y de la agricultura tal y como era hasta entonces. Y, lo que es peor, no la sustituye por profesionales y una empresa con capitalización, sino que lo hace con petróleo a 120 dólares el barril, importando todo. Venezuela fue el mayor importador de leche en polvo del mundo; ahora no hay ni leche ni vacas.

Lamentamos el anonimato del Gobierno de España con relación a esta expropiación. Madrid no dice nada, pues son numerosas -y más importantes parece- las empresas españolas en Venezuela que el chavismo de momento respeta.

La Venezuela del "fracking" (2014, petróleo a 25 dólares el barril) deja los estómagos vacíos y, lo que es peor, sin voluntad de hacer surcos por los responsables políticos. Los venezolanos quedan huérfanos no solo de agricultores que siembren.

La agricultura y los agricultores no se pueden improvisar. La Venezuela de los isleños de antaño ha terminado, no tenemos campesinos en las Islas para exportar, pero tampoco tienen un campo que implique solidaridad y compromiso con los que hacen los surcos.

No creemos en un país sin campesinos; no sembraron el petróleo, y han cosechado hambre. Otra Venezuela es posible en una solidaridad entre campo y ciudad, en una Venezuela solidaria con el trabajo y sus gentes.

En Canarias debemos aprender del caso de Venezuela; sembremos el turismo y cosecharemos un futuro, ya que, como bien dice José Mújica, expresidente de Uruguay, "con el estómago vacío no se puede hacer revolución".

domingo, 7 de enero de 2018

Venezuela, el estómago y los canarios (I)

Cuesta entender lo que ocurre en Venezuela, país con buenos suelos y agua, semidespoblado, con carencias en alimentos básicos. Hoy, un kilo de frijoles negros, proteínas de los pobres, cuesta 90.000 bolívares, mientras que el salario básico es de 10.000 bolívares. El salario mínimo lo han subido siete veces durante 2017, con una inflación de más del 2.500 %.

Los alimentos escasean, con precios prohibitivos; mientras, el gobierno establece unos comités locales de alimentación y producción socialista, pero ni así están al alcance de los que tienen el carné de la patria. Venezuela tiene hoy más de 33 millones de habitantes, de los cuales viven en ciudades unos 25 millones; en la Venezuela prepetrolera no se superaban los 6 millones.

Para repartir hay que producir, tema olvidado por gran parte de los políticos venezolanos ahora y antes. Decía allí el intelectual Arturo Uslar Pietri (1906-2001) "sembrar el petróleo", que en Venezuela no se han producido alimentos, ya que el campo venezolano ha estado marginado con una cultura agraria refugiada en la parte larense y andina, en lo que resta de cultivos itinerantes en rozas, como actividad complementaria a la pesca y a la caza.

En la década de los años 50 del pasado siglo se produce una masiva entrada de inmigrantes: españoles, italianos y portugueses. Destacaron en el campo los canarios como grandes productores de alimentos para las zonas urbanas en crecimiento. Los canarios no solo producían alimentos, sino que también participaron en su distribución (Quinta, Crespo y Coche estuvieron gestionadas por canarios y portugueses). Los campesinos isleños crearon infraestructuras en el campo para cultivar papas, tomates, cebollas o tabaco, pero también para cultivos desconocidos en las Islas, como arroz, sorgo y yuca.

Los isleños y el resto del sector agrícola y ganadero siguieron trabajando e invirtiendo, mejorando la mecanización y la agricultura intensiva que autoabastecía el país, a excepción de algunos productos como el trigo o la leche. La "Venezuela Saudí" exportaba petróleo en algo más de 2 millones de barriles diarios, mientras apenas demandaba alimentos del exterior.

Hemos de tener presente que el 96% de las exportaciones dependen del petróleo, que con su bajada de precio pasó de valer 70.000 millones de dólares en 2011 a 20.000 millones en 2016. Por otra parte, la petrolera estatal, PDVSA, pierde competitividad y baja la producción total; mientras la gasolina se vende allí a 6 bolívares el litro, un huevo cuesta 30.

Sin embargo, la expansión urbana y los petrodólares permitieron que los políticos del país se olvidaran del medio rural, ya que la importación de alimentos era extremadamente fácil. Los teóricos de la revolución chavista han aplicado unas teorías que no funcionan. El campo venezolano ha perdido la iniciativa privada y el empuje de los emigrantes que lo pusieron en marcha. Las nuevas generaciones no están dispuestas a seguir las pautas de unos burócratas urbanos que establecen precios políticos para alimentar a las ciudades. Son burócratas que ponen en duda la propiedad de las tierras y meten presión política al sector agrario, en muchos casos a canarios que soportan el secuestro exprés y el aumento de la delincuencia. La gestión de la producción agrícola se está desmoronando, agravándose la situación por la escasez de insumos, a la vez que los precios de los productos de primera necesidad se disparan.

Hoy un kilo de azúcar cuesta más de 180.000 bolívares, la carne está a 220.000 bolívares el kilo, los plátanos a 6.000 bolívares por kilo, las cebollas a 130.000 o el arroz a 140.000 bolívares el kilo, y la leche en polvo a 1.000.000 de bolívares el kilo. Mientras un neumático para un camión cuesta 10.000.000 de bolívares, la gasolina está más barata que el agua, a 6 bolívares el litro. La moneda venezolana se devalúa dos o tres veces al día.

Venezuela ha pasado de autoabastecerse en carne de res, cerdo, pollo, café, arroz y maíz, llegando a exportar, y de casi lograrlo con la carne (con la que cubría un 80% del mercado interior en 2011), al debate del pernil de estas navidades. No sembraron el petróleo, y ahora se plantean la distribución de carne portuguesa y colombiana sin pagarla.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (III)

Estamos ante uno de los peores momentos en la historia del cultivo de los plátanos de Canarias, ya que esta semana se propone picar más del 20%.

En la Península siguen consumiendo plátanos (en algunos casos superan los 2 €/kg). Sin embargo, las ventas en el mercado en verde no alcanzan los 0,70 €, es decir, no queda para el agricultor más de 0,35 €, a lo que hay que restar más del 20% de pica que queda en Canarias. De esta producción que dejamos en el Archipiélago, una gran parte acaba en el vertedero, ya que el consumo en las Islas no demanda más de 20 kilos por habitante al año, mientras que en una sola semana de diciembre se ha dejado un kilo por habitante en Canarias y, concretamente en la isla de La Palma, doce kilos por habitante para una sola semana.

No olvidemos que los costes de producción están en torno a los 0,65 €/kg, y que, por otra parte, estamos en la temporada en la que menos fruta compite en el mercado.

La saturación del mercado se debe a la banana y a las peleas de familia locales. Existen seis organizaciones de productores de plátano (OPP), que, en muchos casos, hacen de agencia de aduanas y que no compran y venden en conjunto, como dicen los estatutos, sino que miembros de una misma OPP compiten en el mercado. Pocos buscan alternativas en el exterior; alegan que no quieren la pica porque tienen los plátanos vendidos en la Península; no nos dicen que juegan a la baja con los precios, que no queda nada para el agricultor, ya que los costes para poner un kilo del cantero al madurador superan los 0,34 € (cajas, empaquetado, flete, etc.). Por todo esto necesitamos un nuevo mercado, o bien dejar de cultivar, es decir, menos agricultores y más ruina para el campo canario, lo contrario de lo que se nos ha dicho en la UE, que ha puesto muletas para la agricultura en la Unión alegando razones sociales. Aquí y ahora, Asprocan, peleas de familia, pica sí-pica no, dejarlo en el campo, unos sí y otros no, la IGP, cajas con es adjetivos.

Cuando rebosa el vaso aplicamos la medicina de la pica; no somos capaces de un aprovechamiento como recurso, como alimento, bien para las personas o para el ganado (plátanos deshidratados). Hemos construido unas instalaciones en El Paso (Frutín) que han costado unos dos millones de euros de dinero público y están como un museo, mientras nos dicen que Coplaca quiere construir una similar en Valencia ¿Es acaso más barato deshidratar plátanos de Canarias en la Península?

Aquí y ahora olvidamos que podemos producir los plátanos más naturales, con menos venenos que muchos otros que entran en la UE; que nuestra fruta no está producida con sudor y hambre del tercer mundo, con hombres y mujeres que quieren ser ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los europeos, que gran parte de lo que consumimos en Canarias viene de dicho territorio. No tienen razón de ser los planteamientos que parece que hacen un grupo de empresarios de Martinica y Guadalupe, que producen en África y abandonan a los campesinos tras el temporal de las islas del Caribe.

Aquí, el Gobierno y los agricultores no pueden seguir por el actual derrotero. Podemos mantener los puestos de trabajo, el paisaje y la producción haciendo las cosas bien, introduciendo sistemas de calidad en toda la estructura organizativa platanera.

También tenemos que hablar del descreste arancelario y el nivel de control. Se requiere establecer garantías para que las producciones europeas puedan mantenerse, sobre la base de que debemos ser la principal garantía de seguridad alimentaria y de producciones respetuosas desde el punto de vista social y medioambiental.

La Indicación Geográfica Protegida se ha de cumplir, y las OPP han de mantener un nivel de sociedad y solvencia que supere la miseria en la que nos tienen sumidos, y los agricultores han de poner ilusión y preocupación por la comercialización, para que esta se haga con el esmero con el que cultivamos la tierra.

Los plátanos tienen futuro si nos unimos haciendo las cosas bien, con profesionales rompiendo con la miseria de las peleas de familia. Los últimos acontecimientos en los que, apoyándose en el argumento de que se tiene todo vendido, a cualquier precio, algunas OPP están poniendo en riesgo la unidad del sector, no pueden permitirse. En este sentido, es fundamental que desde las administraciones se traslade el mensaje de que los sistemas de apoyo actual solo pueden garantizarse con un sector unido que apueste por la calidad de las producciones, y en el que el agricultor se considere el principal protagonista a defender. Cualquier iniciativa dirigida a obtener réditos a corto plazo a costa del conjunto del sector tiene que ser rechazada y penalizada. Solo así tendremos futuro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Campesinos y rabo de gato

Hace unos días hice una lectura sobre el terreno en el sur de la isla de La Palma, leyendo el paisaje agrario que habría pisado hace cuarenta años. Los cambios son significativos. Gran parte de las tierras cultivadas en los ochenta están balutas, la viña ha perdido más del 50 % de los cultivos, la platanera ha ganado puntos tanto en Breña Baja-Mazo como en Fuencaliente y Los Llanos. Pero lo más destacable es la expansión del rabo de gato ("Pennisetum setaceum"), alcanzando desde la costa hasta tierras para siembra en las medianías, tanto en la zona de la isla que toca el Alisio, Montaña Las Toscas, como al oeste, en el Pico del Bejenao.

Gran parte de la expansión de dicha gramínea está ocupando tierras labradas hace unos años, tierras en las que se cultivaban boniatos, centeno, viña, higueras, tuneras, cereales y legumbres.

La pérdida de las tierras labradas, el abandono del pastoreo y la actividad ganadera, son factores influyentes en esta plaga. Valga como referencia la pérdida de más del 40 % de la superficie cultivada de vid entre los años 2000 y 2016 en la zona de Fuencaliente y Mazo, dejando un espacio ideal para el arraigo del rabo de gato, principal especie colonizadora en terrenos que han dejado de cultivarse.

La política de lucha contra el "Pennisetum setaceum" vía administración -como en el caso del Cabildo de La Palma- ha terminado en fracaso, ya que se ha basado en aspectos coyunturales en el plano político-administrativo.

La lucha contra el rabo de gato ha de contar con agricultores y ganaderos, con actividad sobre el territorio, en la que los recursos públicos colaboren con actividad económica sobre el territorio.

La viña, los boniatos y el pastoreo no pueden ser actividades marginales en la zona, como de hecho ocurre con los cultivos de antaño, hoy casi desaparecidos, plantas de gran capacidad productiva, como distintas variedades de boniatos, cultivos de secano en Mazo y Fuencaliente; y qué decir de la vid, que ha dejado de cultivarse en gran parte de dichos municipios.

La lucha contra el rabo de gato no puede ser un problema coyuntural de un contrato temporal, de unas cuadrillas amparadas en temas sociales de empleo. Los frentes de avance del "Pennisetum" están en terrenos abandonados. Por eso, la principal preocupación debe centrarse en la recuperación del paisaje agrario de antaño, mejorando las condiciones de agricultores y ganaderos, dignificando la cultura y la economía de los campesinos. Es la manera más barata para frenar la expansión de dicho problema. También, socialmente es una garantía de lucha contra los incendios, al eliminar maleza, mejorando la distribución de la población en el territorio. Y qué decir de la revalorización de los productos de la tierra en La Palma, Reserva de la Biosfera.

En relación a la categoría de Reserva de la Biosfera, señalar que no es sólo monte verde La Caldera y el Observatorio del Roque de los Muchachos. Son también las lavas casi humeantes de los volcanes del sur de la isla, cultivadas con plantas tropicales, como los boniatos en secano con pluviometría que no alcanza el 20 % de los trópicos, o con viña como la malvasía, exigente en humedad, cultivadas en bancales cubiertos de lapilli en Los Llanos Negros. Qué decir de los frutales, hoy en franco abandono, los morales, las higueras, las tuneras (atacadas ahora por una nueva cochinilla).

Frutales, boniatos, ganaderos, alimentos sanos de la tierra. Cultura agraria, dignificar lo pequeño, lo local, lo nuestro, el ayer hilvanado con el mañana.

El rabo de gato es hijo de una crisis agraria, de una crisis de valores.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (II)

No queremos creer que los plátanos tienen los días contados, ya que existe un colectivo de agricultores que pelea con ilusiones no sólo por cultivar bien, sino también por avanzar en la comercialización, mejorando de manera sensible nuestros plátanos en el mercado, teniendo como aliados a los consumidores en la Península, que han sido fieles a los plátanos de Canarias frente a las bananas y las multinacionales a lo largo de más de veinte años.

Aquí y ahora, los plátanos tienen un nuevo aliado: la preocupación por el cambio climático y la huella de carbono, y el papel que juega esta fruta en esta lucha. Su repercusión en la alimentación, sobre todo de los canarios, y en los hábitos de consumo en la Península, donde se alcanzan los doce kilos de plátanos por habitante al año (sólo superado por el consumo de cítricos), se refleja en los cuarenta frigos que salen cada día con un millón de kilos para la Península.

El principal cuello de botella sigue siendo la atomizada comercialización, que hace rígida la movilidad, tanto para nuevos mercados como para mantener el actual. Los responsables de la política agraria han de crear elementos que obliguen a la concentración, con aplicación de medidas que den solvencia al sector, reducir las OPP, crear condiciones para abaratar costes y potenciar la solvencia y la profesionalización. Los agricultores han de entender no solo que han de cuidar el cultivo, sino que debemos hacer un esfuerzo en la dignificación de todo el proceso. Con las políticas que hemos tenido hasta ahora, se ha fomentado una actitud de cambiarse de entidad atendiendo a los beneficios personales, y esto es una de las cuestiones que nos ha debilitado.

Los plátanos tienen futuro si mejoramos la comercialización, y entendemos que hemos de participar todos, comprendiendo que las muletas que pone la UE en los plátanos, la historia, el paisaje, el esfuerzo de varias generaciones de canarios, unido al compromiso de los consumidores en la Península, son nuestros aliados. Hemos de reducir costes; no es de recibo que tengamos más de noventa empaquetados, tratando en algunos casos treinta millones de kilos y en otros, medios millón. No olvidemos los costes de dichas instalaciones cincuenta y dos semanas al año, ni la obligación, por ejemplo, de tener que alcanzar las 20 tm3 de un frigo para abaratar costes.

Las miserias de familia no ayudan a potenciar nuevos mercados, como de hecho ha ocurrido este año con el hueco dejado por los productos de Martinica y Guadalupe tras el temporal. Mantener las instalaciones con sólo 7.000 tm3 semanal y las cajas cargadas de marcas y es que nadie lee y que encarecen el producto. ¿Para cuándo la caja única?

Hemos de reducir costes inútiles para tener solvencia profesional y que la IGP se cumpla. Reducir costes que nos hagan competitivos; nada de chiringuitos. La situación actual empobrece a los agricultores y grava a los consumidores, nos hace más débiles en el mercado. Está en nuestras manos mantenernos compitiendo con las bananas con las muletas de la UE, como toda la agricultura de la eurozona.

Defendamos la trazabilidad del huerto al consumidor, garantizando productos más sanos que han de ir en lo posible como cultivos ECO. No es razonable, ni tiene futuro, cobrar por medio kilo de plátanos en una bolsa de es lo que cuesta un kilo de bananas. Tampoco producir para llevar la fruta al vertedero o al ganado, entre otras cosas porque es el esfuerzo, la ilusión de los agricultores, además de trescientos litros de agua por kilo. Podemos sembrar futuro si corregimos lo que hacemos mal ahora.

La fidelidad al plátano de Canarias en la Península no tiene nombre y apellidos; la competencia vende a granel, no es cosa de caja de es. Es un alimento básico que hemos de cuidar como garantía de salud, como un bien de solidaridad entre ambos pueblos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (I)

No tiene una explicación fácil decirles a los agricultores canarios que no podemos exportar nueve millones de plátanos en noviembre, en un mercado en el que no hay fruta de temporada, y que, en realidad, demanda más de doce millones de kilos semanales, máxime cuando vemos que los precios al consumidor entre el plátano y la banana dista en muchos mercados, estando muy por encima el precio de nuestra fruta. Valga como referencia los 0,40 ?/kg que presentaba como diferencia de precio entre el plátano y la banana un Mercadona de la localidad de Benidorm, y que es apreciable en numerosos mercados y supermercados de la Península.

Hemos de destacar que la comercialización ha mejorado y, por ejemplo, la presentación de los plátanos no tiene los niveles de rozaduras de antaño. Sin embargo, encontramos situaciones que hacen de cortocircuito. Veamos algunos casos:

En una cadena de supermercados (Consum, origen Valencia, extensión sur y este peninsular) encontramos los plátanos como exquisitez a 2,10 ? /kg, frente a las bananas a 0,99 ? la bolsa de tres dedos, es decir, las categorías han desaparecido. Las bananas tienen buena presentación, pero están sin nombre ni apellidos, sin lugar de nacimiento, y compiten mediante precios bajos, que además tienen apenas oscilaciones a lo largo del año.

En el caso de los plátanos, aquí y ahora tenemos más de treinta marcas haciéndose la competencia (¿para supuestamente competir en Península?) entre las distintas entidades locales, con las llamadas leyes del mercado. Sin embargo, la banana es diferente en su procedencia, pero ante el consumidor mantiene precio y presentación uniforme, y así nos va desplazando. La cadena que tiene los plátanos a 2,10 ? la próxima semana los tendrá que bajar si quiere venderlos ante la banana a 0,99 ?.

Mientras tanto, en Canarias los plátanos los enviamos al barranco o al ganado. Los agricultores cobramos una semana a 0,50 ?/kg, mientras que la banana sigue ganando mercado, y nosotros lo perdemos, ya que no podemos enviar a la piel de toro más de ocho millones de kilos.

Aquí nos lamentamos


lamentamos, echamos la culpa al calor, lamentamos que no haya viento que tire los plátanos del vecino, y el seguro resuelva lo que nosotros hacemos mal, porque no se ven razones para clarificar menos marcas, unificar criterios de comercialización y establecer precios con otros criterios, por ejemplo por temporada, que evite la picaresca de producir más kilos, olvidando el mercado. No podemos seguir manteniendo la situación actual de guerra local que nos debilita en el mercado, como ponen de manifiesto los hechos, ya que hemos pasado de vender más de doce millones de kilos en las semanas anteriores de noviembre, a los ocho de esta semana.

Hay razones objetivas para entender que los plátanos tienen problemas locales en Canarias, problemas de familia que tenemos que resolver, ya que con 140 millones de euros de la UE no hay razón para que tengamos como futuro la situación del tomate.

Los problemas familiares son siempre complicados; los tiempos nos obligan a una siembra de sentido común, de compromiso, de cuidar un cultivo que ha generado trabajo y recursos a lo largo de más de cien años. ¡Está en nuestras manos, superemos los pleitos de familia!

lunes, 20 de noviembre de 2017

Tenerife: agua, olvido y sequía

Hemos olvidado en unos años los signos de progreso más serios en la historia de la isla picuda. Entender lo que ha ocurrido en el último siglo en Tenerife nos obliga a una lectura de las obras hidráulicas, que han aportado algo básico en la vida de dicho territorio. Y es que Tenerife estuvo en tercer lugar en los aportes hídricos de Canarias varios siglos, manteniéndose en una media de 30 Hm3, hasta que la perforación de galerías y pozos aportó lo que la naturaleza había guardado bajo su piel. Hasta bien avanzado el s.XX, entorno a los años 30, la isla disponía de algo menos de 50 Hm3/ año; la situación cambió en sólo cuarenta años, se multiplicaron los caudales por cuatro, para situarse en la década de los 70 en algo más de 200 Hm3, situación que se produce extrayendo reservas, ya que los recursos disponibles no cubrían tal volumen.

Actualmente estamos hipotecando no sólo el futuro, sino también el presente. La isla ha perdido más del 50% del caudal que manaban las galerías en la década de los 70, mientras hemos doblado la población en este periodo. Se ha aumentado el consumo por habitante, por lo que tenemos la obligación de tratar este tema como algo prioritario en el plano social y económico.

El descenso de más de 100 Hm3 en cuarenta años es una mala cifra que debe hacernos reflexionar, si bien las desaladoras están cubriendo el hueco de manera coyuntural, no olvidemos el papel de los alumbramientos de agua distribuidos por toda la isla, algo básico para abastecer a la población y para mantener la agricultura y la vida en el interior de la isla. Esta situación se explica por la sobre explotación del acuífero insular, pero también por la descapitalización del sector de galerías y pozos. En este sentido se carece de gestores en las galerías, canales, obras básicas de mantenimiento, además, se ha apostado por la venta de agua a puerta de la galería, con rentabilidad a corto plazo, y por la desvinculación con un patrimonio económico-cultural por parte de la segunda o tercera generación de los que buscaron el agua. Es necesario un acercamiento entre las instituciones públicas y las comunidades de riego, pozos y galerías.

De una generación "heroica" se pasa a una "rentista". Es difícil entender que en la isla picuda se construían en los años 70 una media de algo más de 20 Km de galerías al año, es decir, 10 metros al día, mientras que hoy no construimos al año lo que antes se hacía en un día, tiempos en los que labrábamos más de 50.000 Has, construyendo sorribas, estanques, canales, carreteras, viviendas, escuelas, hospitales, etc., etc. Ahora solo miramos a las desaladoras como alternativas, y nos acordamos de las depuradoras cuando aparecen las microalgas.

Otra cultura y otra política son necesarias; obras hidráulicas y gestión del agua es mucho más que desaladoras. Hemos de invertir más recursos económicos en resolver la problemática del agua, tanto en mejora de las canalizaciones y red de distribución, como en la depuración y red de canales hacia el mundo rural. En otro estado de cosas, se requiere el fomento y el apoyo por parte de las instituciones a comunidades de regantes. Se impone, por razones obvias, rescatar social y culturalmente otra visión del agua y su gestión, ya que es difícil mantener los actuales niveles de consumo y derroche del líquido elemento, con un alto nivel de insolidaridad regado por la ignorancia. La sequía no es solo meteorológica, necesitamos regar ideas de solidaridad y compromiso propio de los tiempos. Este año se ha puesto de manifiesto el agotamiento del modelo en Vilaflor, Icod de los Vinos y El Rosario, donde se palpan síntomas, no sólo del agotamiento de los acuíferos, sino también de una red y una gestión cargada de ineficiencias.

Los hechos nos imponen otra política hídrica para el s.XXI. El problema del agua no es sólo de más tornillos y petróleo, utilicemos la cabeza.

Necesitamos regar la sequía de ideas sobre otra cultura del agua propia de cuando éramos "pobres"

lunes, 6 de noviembre de 2017

Garafía y los pobres

Si leemos los datos de la riqueza y la pobreza en Canarias, según localidades de las Islas y asociando las mismas a la declaración del IRPF, vemos cómo Santa Brígida es la más rica (con 34.449 euros anuales de media por habitante), situándose Garafía en la cola de los 81 municipios de Canarias (con 14.016 euros anuales de media).

Los más ricos se sitúan en la periferia de las capitales, zonas de residencia de los nuevos ricos, como Tafira en Gran Canaria o El Rosario en Tenerife. Mientras, en las zonas más alejadas como Garafía en La Palma o El Tanque en Tenerife, se encuentra la periferia campesina, los pobres. Otros como Tazacorte, Hermigua, pobres en pueblos ricos, en unos casos tierras sin campesinos y en otros la riqueza ausente de los habitantes del lugar, lo que llamamos municipios "saudíes", la riqueza en pocas manos y ausente del territorio, casos de la península Arábiga y Venezuela.

Garafía, desde el punto de vista de los recursos, es uno de los municipios más ricos de Canarias, y, con una superficie de 100 km2, barrido por los Alisios, dispone de un amplio campo cultivable. Fue el mayor productor de cereales y papas de la isla, con una importante actividad ganadera, manteniendo en los años cincuenta entre el 8 y el 10% de la población de La Palma (hoy entre el 2 o el 3%). De aquí salían los barcos cargados de alimentos (cabotaje) hacia Las Palmas de Pepe Monagas (papas, queso, ganado, carbón, vacas -el Sancho, la Evelia-). De aquí se llevaron semillas de tagasastes para Australia y Nueva Zelanda, donde hoy cultivan miles de hectáreas, mientras aquí solo hay tierras balutas. Sólo queda como tierra cultivada la zona de las Tricias, con esmerados cultivos de vid, mientras el resto de Garafía es la referencia de un modelo que ha empobrecido el medio rural, en el que importamos todo, no defendemos la producción local, y hemos creado una cultura del espejismo urbano, generando la huida del campo.

Garafía ha pasado de más de veinte colegios a menos de media docena; de la mayor feria ganadera de Canarias, San Antonio, a una docena de vacunos. La Garafía sin carretera, sin luz ni agua, que pagaba los quintos a la administración en la década de los 50 a la Garafía con varias galerías de agua, con mejoras significativas en las comunicaciones, pero sin estímulos económicos ni culturales, ni garantías de precios para los productores de la tierra, importando hasta el trigo para un potaje tradicional.

Otra Garafía es posible y otras islas son básicas para sembrar solidaridad y riqueza mejor distribuidas en Canarias: inversiones en el medio rural, garantía de precios a los productores locales, escuela que dignifique el trabajo en el campo. Gran parte de los recursos sociales hemos de ponerlos en los surcos, en las tierras balutas. Otra Garafía es posible con planteamientos por parte de las administraciones que dignifiquen la vida en el medio rural.

Curiosamente, han sido personas venidas de fuera, de procedencias centroeuropeas, que aquí vemos como marginados, las que han dignificado el paisaje rural y agrario de Garafía. Es el ejemplo de Buracas, donde esta población significa ya la mitad de los niños del pueblo, y son los que han contribuido en mayor medida al relevo generacional del campo garafiano, contribuyendo en el impulso del mercado del agricultor. También Puntagorda ha ganado población de esta manera. Otra Garafía es posible con garafianos "contaminados" por un modelo más solidario social y ambiental. Ello requiere un cambio en la política y la cultura en Canarias hacia un modelo más solidario y sostenible. Hay razones para abrir nuevos surcos, nuevas ilusiones en el campo canario. Garafía es una de las parcelas con más posibilidades; puede y debe salir de la Canarias insolidaria y marginal.

Santa Brígida no es más rica que Garafía; necesitamos una sociedad más solidaria y más justa también con los campesinos.

El mundo rural tiene que revalorizarse económica y socialmente para que esta tierra sea más sostenible y autosuficiente.

lunes, 23 de octubre de 2017

El fuego: las máquinas y el arado

En la segunda semana de octubre la naturaleza nos ha dado un tirón de orejas. Las máquinas y los bomberos no pueden con el fuego. Portugal, Galicia, California, son ejemplos de libro. No todo es cambio climático y pirómanos, temas importantes, pero el hombre, su cultura, la gestión de la naturaleza, la máquina como máxima expresión en California, con equipos aéreos y terrestres, desde los medios propios de un país cargado de recursos, con aporte incluso de Australia y Canadá, desalojando más de cien mil personas, miles de casas quemadas, víctimas humanas.

California, Galicia y Portugal han puesto de manifiesto que las máquinas no son suficientes, y, lo que es peor, han creado una dependencia que hipoteca la seguridad de una población. Se confía y se hace dependiente de la supuesta garantía que ante el fuego dan dichos aparatos a los que confiamos nuestra integridad física poniendo mayores recursos económicos en la extinción, y muy pocos en la prevención (también llamada extinción de invierno), ignorando la sabiduría de antaño, es decir, la limpieza en la estación húmeda de lo que ahora llaman combustible, antes pasto para el ganado, hojas secas para camas de los animales, leña para el fuego, etc.

Los ejemplos del monasterio orensano de Osera, con más de seiscientos años, desalojado estos días, ya que los medios mecánicos y aéreos no pudieron garantizar la seguridad de los monjes, pone de manifiesto los puntos débiles de los sistemas actuales, ya que hasta ahora los pastores y campesinos tenían limpios los entornos de dicho monasterio. Qué decir de un parador de turismo en Tejeda, quemado ante la falta de limpieza de la maleza de su entorno.

Fuego y cultura.- La sociedad urbana ignora la relación del hombre con el entorno, no solo confiando en las máquinas, sino ignorando que los usos que se hacen del medio rural tienen un importante papel de armonía: pastos, cultivos, economía complementaria, agricultura y ganadería, vivienda y entorno.

Ahora existen residentes en el campo sin vínculos con la tierra, caso de California, o bien las pequeñas explotaciones familiares agroganaderas de Portugal, Galicia o Canarias, que entran en crisis pasando al monocultivo del eucalipto, la madera y la crisis de los usos tradicionales.

Aquí, los cultivos tradicionales hacen que tengamos numerosos pueblos rodeados de zarzas, helechos, hinojos, tojo (espino), granidellos, etc.

En Galicia se llegaron a plantar, cual lechugas, más de dos mil eucaliptos por hectárea para la producción maderera. Y más preocupante es Portugal, donde casi todo el monte se ha privatizado, estando ahora en manos de la industria maderera. A esto hay que contraponer el bajo presupuesto que se está dedicando a la prevención, teniendo ya el caldo de cultivo para la situación que se está viviendo actualmente.

Aquí y ahora necesitamos otra política (agroambiental) que potencie los cultivos y los usos ganaderos, con penalización para los campos sin labrar, poniendo más recursos en la prevención, aportes económicos a las familias que labren los terrenos, cambios que mejoren el pastoreo y el medio ambiente, acuerdos con pastores que retiren pastos de los entornos forestales, cortafuegos, etc. Qué decir de obligaciones de limpieza del entorno a las viviendas, con entornos limpios de vegetación al final de la estación húmeda. En definitiva, poner más recursos en la prevención, un pacto con los agricultores y ganaderos en la gestión de la naturaleza, los campesinos como aliados ambientales, con aporte económico y menos burocracia papelera.

Entre Portugal, Galicia y California se han quemado más de quinientas mil hectáreas y han perdido la vidas más de cien personas, esperando por la lluvia para controlar los incendios. Es un ejemplo del fracaso de un sistema que ha confiado en las máquinas, olvidando la cultura del arado y los campesinos.

El fuego en las puertas de Vigo o cortando las autopistas de California son ejemplos de libro de lo que no se debe hacer. El monasterio de Orense nos da una lección de la eficiencia de la cultura de ayer ¿Cuándo éramos pobres?

martes, 10 de octubre de 2017

Medioambiente: algo más que fechas y cartera

Esta semana concluyeron las campañas de incendios de manera oficial -un año "afortunado"-. Sin embargo, la naturaleza y los peligros de los incendios no entienden de almanaques. No podemos desmovilizar unos recursos humanos y materiales básicos en una isla cargada de lo que ahora llaman combustible.

¿Podemos desmovilizar unos medios que, ya de hecho, son reducidos para cuidar del 60% de la superficie insular? En el caso de Tenerife, este ha sido uno de los años más secos de los últimos cincuenta, y en el que, a las más de 50.000 ha de monte en las que hemos tenido peligro, hemos de añadir algo más de 120.000 de erial y tierras de cultivo abandonadas. Es decir, de las casi 200.000 ha de la isla, tenemos riesgo de incendio en más del 60% del territorio, incluyendo núcleos de población rodeados por grandes matorrales que son consecuencia de la crisis agraria y las limitaciones que hemos puesto a los usos ganaderos. Como ejemplo de este año seco, podemos observar el promedio de lo que ha llovido en Aguamansa (municipio de La Orotava, altura 1.070 m), que está en torno al 50% de la pluviometría media del entorno, ya que en lo que va de año solo han caído 251 litros, es decir, 30 litros mensuales, cuando los registros de la zona superan los 60 litros.

Entendemos que hemos de habilitar otra política que potencie la agricultura y la ganadería en los espacios próximos al monte, con medidas de obligado cumplimiento en los entornos urbanos y los barrancos, con aportes económicos para los que cultiven y tengan los campos limpios, y medidas que penalicen los campos balutos. Un marco teórico con recursos económicos en la política ambiental que no sea todo en cuadrillas y helicópteros o drones, es decir, un campo humanizado, con campesinos como gestores con responsabilidad, no solo como agricultores y ganaderos, sino también como gestores ambientales.

Los últimos incendios en California y Tamarán indican que la herramienta básica contra el fuego es la prevención. En Gran Canaria nos ayudó la tímida lluvia. Aquí y ahora, octubre y el Alisio favorecen que las noches sean frescas, pero tenemos una vegetación maltratada por un invierno seco y un verano duro y largo.

El almanaque y la cartera no pueden hacer de frontera. Hasta que nos visite la lluvia tenemos que mantener todos los recursos existentes hasta ahora, y no dejar en manos de la suerte un tema de gran riesgo y responsabilidad. Quiero pensar que los responsables políticos cambiarán de actitud, no mirando para el almanaque y, asumiendo que la naturaleza y los peligros del fuego sólo los aplaca la lluvia o la retirada de combustible, tema este importante, ya que eso requiere poner en la piel de las islas miles de campesinos con importantes rebaños de ganado.

Está en nuestras manos mantener los recursos que hemos tenido durante el verano y desear que las cosas se mantengan como hasta ahora. No olvidemos que en España se han quemado más de 100.000 ha solo hasta mediados de septiembre. Entendemos que la situación de riesgo es similar en las cinco islas occidentales.

¿Don Alisio nos da tranquilidad? Pero ¿don Siroco nos ha dicho que no vuelve? Y ¿nuestros campos están labrados, pastados, limpios, cargados de campesinos y pastores? Tan siquiera los medios que teníamos hasta ayer, día que finalizaron unos contratos laborales… ¿De verdad? ¿Hemos recogido la cosecha?

El cambio climático y el cultural también nos obligan a leer otro almanaque. No asociemos los peligros del fuego solo al ámbito forestal, ya que la interfaz entre lo urbano y lo forestal tiene gran peso en Canarias. El abandono de los montes y de las tierras labradas (balutas) con una población dispersa, sumado a la sequía, nos hace mucho más frágiles ante los incendios, que ya no son solo forestales, para convertirse en una emergencia civil.

Dejemos de "ordeñar" whatsapp y leamos el territorio con ojos de campesino desde Tenteniguada a Sabinosa.

domingo, 1 de octubre de 2017

Plátano y reutilización del agua

La semana anterior hablábamos del uso urbano del agua, pero también hemos de hacer una lectura del papel que juega la agricultura en el ámbito de la reutilización. En relación a este sistema hemos tenido un recorrido adverso por, entre otras cuestiones, barreras culturales y ambientales.

Debemos asumir que es un debate económico y cultural que hay que mantener, tomando como punto de partida que la reutilización de las aguas urbanas es un hecho en otras zonas. Desde los usos que hacen los cosmonautas hasta la rica California, y qué decir de los usos de esas aguas en las cuencas de los grandes ríos, con zonas industriales como es el caso del Rhin o el río Amarillo, donde a la materia orgánica hemos de añadir los metales pesados generados.

Canarias y las aguas depuradas han tenido un recorrido importante en las últimas décadas del s. XX, en las que Tenerife fue pionera con una obra de trasvase como la de Santa Cruz-Valle San Lorenzo, con un acueducto de casi 1.000 m3/hora. Esta situación permitió mantener y potenciar el regadío de casi 1.000 ha de plátanos en una época de expansión del turismo y descenso significativo de los caudales de galerías y pozos en el sotavento insular.

Como vemos, hemos pasado de comprar once pipas, con lo que obteníamos en un marco económico de difícil salida para los plátanos, a ponernos en una situación de no cubrir ni tan siquiera los costes de una pipa del líquido elemento, tanto en Tenerife como en Gran Canaria. En el caso de La Palma y La Gomera la situación es algo mejor, comprando en algunos casos hasta dos pipas por kilo de plátanos.

Entendemos que el cultivo de los plátanos ha de reutilizar aguas depuradas, dado el volumen que se vierte al mar y el bajo porcentaje de platanera que reutiliza aguas depuradas, que no alcanza el 15% del cultivo. No olvidemos el deterioro de los acuíferos, siendo la fuente más abundante las aguas depuradas.

Mientras la rentabilidad de un kilo de plátanos no llega ni a cubrir el coste de una pipa de agua, vertimos cada año al mar o a los acuíferos del interior de las Islas más de 150 millones de metros cúbicos. Está en nuestras manos el uso racional de los recursos con la reutilización de las estaciones de bombeo: agua, tierra, naturaleza.

La depuración y el reaprovechamiento del agua es una asignatura pendiente en Canarias.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Agua y microalgas

Hablar del agua y las microalgas es también hablar del "cultivo" que más agua demanda en Canarias, que no es otro que el consumo urbano. Las microalgas se asocian con vertidos de agua dulce al mar, aunque las mismas las encontramos en puntos alejados de emisarios submarinos como en el norte y oeste de La Palma. Ahora el monocultivo de las mentes: lo que no se transmite por el móvil no existe; la tecnología, la aceleración del tiempo; no hablamos, no miramos alrededor.

Los temas del agua han sido endémicos en Canarias, al tratarse de un bien escaso controlado por pocos. Ahora nos preocupa la contaminación del mar. De los vertidos en el volcán en el interior de las Islas no hablamos, de la reutilización tampoco; nos preocupan el mar y la playa, que hasta hace poco era un ilimitado vertedero al que vertíamos todo, sin contemplación. Tampoco nos preocupa el estado de los recursos de nuestros acuíferos, de los hábitos de consumo de la red de agua potable, de una gestión sostenida agua-población, en una palabra, consumo y ahorro del agua.

Hemos multiplicado por cinco los caudales de las Islas, con un aumento importante de los consumos urbanos, situándose próximos al 50% de los recursos disponibles, mientras que las aguas que reutilizamos únicamente están en torno a un 15%; el resto se vierte, bien en el mar o bien en el interior de las islas, mayoritariamente sin depurar, pozos que se vierten al volcán en las zonas geológicamente más jóvenes, mientras que en las más antiguas discurre por barrancos, que en contadas ocasiones depuramos y reutilizamos.

La reutilización tiene una lectura agridulce, ya que se han dado pasos positivos que han tenido un recorrido desigual. Si leemos nuestro paisaje y el agua, podemos encontrar sorpresas, ya que dista mucho lo que producimos de lo que reutilizamos.

En los últimos cincuenta años hemos multiplicado por dos las población, pero, lo que es más importante, se ha ampliado de manera tremenda el consumo urbano, multiplicándose en Canarias por ocho, y en algunas zonas incluso por diez, pasando las islas de unas estimaciones de consumo de unos 30 hm3 en dicha fecha para situarnos en casi 300 hm3 en estos momentos.

Otro de los aspectos que complican la depuración es la dispersión del poblamiento, a quien las características geológicas han facilitado para enterrar en el subsuelo (volcán) las aguas negras, creando problemas en las zonas antiguas de las islas, en las que las aguas negras discurren por barrancos y, en consecuencia, han obligado a la depuración.

No sequemos las fuentes de la sabiduría popular.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El arado y el medioambiente

Quiero pensar que para los próximos años vamos camino de entender que la política ambiental y agraria forman parte de un todo, y que la lucha contra los incendios sea mucho más que máquinas, helicópteros y torres o drones de vigilancia. Los campesinos, los agricultores, los pastores, el arado, como herramienta ambiental. Lo que han conseguido un grupo de agricultores del norte de la isla [de Tenerife], como lo ganado por un grupo de ganaderos pastores trashumantes en las cumbres de Tamarán.

Entendemos que los próximos años tendremos más jóvenes haciendo surcos en las tierras balutas, y en algunos casos los abuelos se sientan animados y dignificados. Otro campo y otra sociedad son posibles, donde la siega y la trilla sean actividades agro-ambientales; nada de mundos separados cargados de cortocircuitos o las tierras cubiertas de zarzas, tojos, magarzas, cenizos, granadillos, aulagas, etc., etc.

Gavia que beban de Fuerteventura a Garafía; comiencen con el arado y la semilla de recuperación de otra cultura, otro paisaje y otro paisanaje que anime social y demográficamente; que el mundo rural deje de perder población. Los habitantes y la actividad económica en nuestros pueblos, donde los niños tomen biberón con gofio del país, al menos en igualdad de demanda con el que nos manda la Nestlé de cuatro, cinco y hasta ocho cereales tostados y molidos, lo que en Canarias llamamos gofio, que se produce sin apenas venenos y química, nada de transgénicos, y que es también una alternativa en la lucha contra la polilla guatemalteca de las papas.

Que nuestro cereal sea una garantía contra la propagación de incendios, tanto hacia el monte como hacia las zonas pobladas, como ocurrió con las tierras labradas en torno al Camino de los Guancheros, el 31 de julio de 2007, que evitó que el fuego se propagara hacia San Juan de la Rambla y La Guancha.

Cultivo en hojas, barbecho, agricultura y ganadería, pueblos rodeados de tierras labradas, complementariedad entre campo y ciudad, entre agricultura y turismo, seguridad para la población en caseríos sin matorrales de maleza en el patio de la casa.

El paisaje que tenemos entre La Guancha y El Palmar, en el que se sembraron menos de cien hectáreas de cereal, es parte de un modelo ambiental y socialmente lamentable, extensible de Garafía a La Oliva, en el que las zarzas y las helecheras rodean la casa consistorial de El Tanque, como referencia de lo que no debemos hacer.

La gestión del monte, el arado y el barbecho son compatibles, los monocultivos y las mono modas nos empobrecen.

¡Enhorabuena, campesinos!

domingo, 10 de septiembre de 2017

El trigo y la cultura ambiental

En otro estado de cosas, el saludable y sabio cultivo en hojas (cereal, legumbre y papas) existe en contadas parcelas en el norte de Tenerife (400 ha); es más, nuestros molinos no utilizan trigo o maíz de aquí (la supuesta trazabilidad que exige la administración). Tampoco hemos creado una demanda de gofio y pan con cereal de la tierra; hemos de agradecer la buena voluntad de los molineros que aún muelen productos de la zona. La dignificación de nuestro propio gofio y pan de origen local significa incorporar suelo y campesinos en las zonas húmedas de las cinco islas occidentales, y significa, además, labrar, sembrar y cultivar más de 50.000 ha, ahora cubiertas de maleza; también, dignificar semillas y cultura propia, como el trigo barbilla y variedades de maíz de la tierra. Ello requiere una política que penalice las tierras balutas, mejore en la mecanización tanto de la siembra, como de la siega y la trilla, y mejore el acceso a las parcelas. Una política agraria que favorezca no sólo los cultivos, sino que también limpie la maleza en los entornos forestales, que actualmente son más de 50.000 ha balutas en zonas con alto nivel de propagación de incendios.

También es necesario intensificar los cultivos de papas y frutales, y la rotación como lucha contra la polilla guatemalteca, y como elemento de dignificación del medio rural. Qué decir de la potenciación del gofio y el pan del país, como elemento que nos identifica con el paisaje, unido al vino, las papas bonitas y los frutos de la tierra, o de nuestra ganadería, con los quesos y las carnes. La dignificación de los frutales más característicos del campo canario: higos, almendros, castaños, nogales, manzanos, naranjos, aguacateros?

Los mercadillos del agricultor como referencia para ennoblecer económica y culturalmente los productos locales, mejorando la relación productor-consumidor.

El título de este artículo es una lectura nueva del campo canario, de los jóvenes y el agro, de una manera de dignificar social y económicamente nuestro campo, la asociación para la defensa del cereal, la incorporación de unos treinta jóvenes con cereal, planteando mejoras en el agro: rotación de los cultivos papas-trigo-legumbres, las mejoras en las papas de color, y planteamientos que incorporan innovaciones tanto en la mecanización, sustituyendo la hoz y el burro por elementos mecánicos; demanda de cambio hacia una cultura del agua que honre el medio rural, cambios en las políticas de producción y comercialización dignificando los productos de la tierra.

ACETE (Asociación de Cereales de Tenerife), la Cooperativa de la Candelaria, con Pedro Molina al frente, y un colectivo joven, los molinos de gofio y la creación de demanda por el gofio y el pan de trigo y maíz del país, en el que variedades locales, tanto trigo barbilla como papas de color, sean una referencia que ponga en valor a los campesinos, acerque a los consumidores urbanos para que lleguen a apreciar los productos de la tierra, y ponga en contacto al paisaje con su gente.

Lamentamos lo ocurrido este año, ya que una parte de la cosecha se ha perdido por motivos burocráticos, puesto que podíamos haber segado y trillado en agosto. Hemos de valorar el campo, los campesinos y el medioambiente como un todo. Nuestros agricultores son algo básico en la lucha contra el fuego, labrando y sembrando una superficie cargada de maleza, en la que nacen y crecen gran parte de los incendios forestales. El refrán castellano sobre la trilla y el hambre dice mucho sobre lo que debemos hacer.

Espero que los cuarenta jóvenes que han tenido problemas con la siega y la trilla en 2017 se animen para el próximo año, exigiendo a la administración que les repongan los daños y perjuicios económicos, y el compromiso de que dicha situación no se vuelva a producir.

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿Trilla en invierno?

En los últimos años hemos entrado en una crisis agraria que no solo tiene que ver con aspectos económicos, sino también que conlleva peores ingresos para el agricultor, que en contadas ocasiones puede vivir con lo que da el campo. Mientras tanto, importamos de todo; en muchos casos, excedentes de los mercados internacionales: papas, conejos, huevos, etc., que vienen de países terceros, sin pagar aranceles (por ejemplo, más de cuarenta millones de kilos de carne).

Nuestros consumidores tampoco demandan productos de la tierra. Además, nuestra geografía no favorece la producción local de determinadas producciones, caso del cereal, sector en el que los precios internaciones y los costes locales hacen que tengamos dificultades para mantener la producción. Sin embargo, y a pesar de todo, aún quedan en Tenerife unas cuatrocientas hectáreas de este cultivo. Sobre este particular considero que deberíamos hacer una reflexión, y entender que su existencia es fundamental para el sistema agrario, y que deberíamos incrementar su superficie para mejorar el resto de la producción local. No hay que olvidar que la rotación de cultivos es básica para mantener la fertilidad de los suelos y la lucha contra las plagas, como de hecho ocurre con la polilla guatemalteca en las papas; por ello, los cultivos de papas bonitas en el norte de Tenerife y las variedades que hacemos con semillas importadas tienen la necesidad de mantener en Canarias los cultivos de cereal y legumbres, chochos, habas?

Este tema es clave, pues cultivamos de cereales menos de un 10% de lo que sembramos de papas en Canarias, y, lo que es peor, con la falta de coordinación entre las administraciones y los agricultores, como ha ocurrido este año, llevamos camino de seguir reduciendo su peso hasta la completa desaparición. Hemos burocratizado la siega y la trilla y, lo que es más lamentable, lo hemos hecho en nombre del medioambiente.

Entremos en materia. Entre Mamio en La Orotava y la pared de Icod de los Trigos, quedan por segar algo más de cuarenta hectáreas, tema no resuelto por haber parado los trabajos de siega, ante la ola de calor. Si bien en un primer momento se hizo una gestión con el consejero que permitió la continuación del trabajo unos días, sin embargo, un nuevo parón ha impedido la recogida de parte del cereal, lo que ha significado amplias pérdidas para los agricultores, tanto por los daños por las plagas en los campos como por el deterioro que sufre el cultivo al tenderse en el suelo. Por otra parte, esperemos que la humedad no deteriore aún más el grano en septiembre.

Queremos lamentar la falta de coordinación entre las áreas de agricultura y medioambiente del Cabildo insular, ya que con poner una cuba con agua en las proximidades de la siega se habrían solventado los supuestos problemas de la seguridad. La administración y los agricultores deben estar coordinados, ya que, si queremos potenciar la producción local, hemos de mejorar la relación entre ambos.

Si queremos mejorar la rotación de cultivos, gofios y papas de la tierra, reducir los bardos de zarzas etc., etc., no podemos ni debemos sembrar la desmotivación y desorientación actual, tanto con la polilla guatemalteca de las papas, las importaciones de papas del exterior en agosto, como con el lamentable espectáculo de perjudicar el trabajo de los segadores porque hemos tenido sol y calor. La trilla siempre ha sido una actividad de agosto, de calores y altas temperaturas, no de invierno. Los responsables políticos han de buscar alternativas viables tanto en el plano social como ambiental que no supongan que los agricultores paguen, como siempre, la factura de una administración alejada del campo y de los campesinos.

viernes, 25 de agosto de 2017

Las microalgas y las macromiserias

Cuesta entender el debate central en los medios este verano sobre las microalgas y las macrocacas. Asociar en Canarias tales planteamientos es entrar en la miseria política, sin argumentos científicos y, lo que es peor, ignorando trabajos científicos serios como el de Sebastián Delgado.

Sebastián, profesor de la ULL a lo largo de más de veinte años, ha realizado un análisis riguroso sobre las aguas depuradas de Santa Cruz-La Laguna y Adeje-Arona, que riegan una superficie importante del sur de Tenerife, siendo referencia en la reutilización de aguas depuradas en España, junto con el levante español.

Claro que hemos de depurar y reutilizar los más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas urbanas en Canarias. Este es un asunto fundamental tanto para la salud como por la necesidad de aprovechar un recurso escaso para la producción de alimentos, forrajes para el ganado, mantenimiento de jardines y campos de golf, mejorando a la vez nuestros acuíferos y cuidando nuestro medioambiente.

Presentar lo que ocurre en el mar y asociarlo a los vertidos no se sostiene. Las localizadas al Noroeste de Punta Cumplida en La Palma no pueden estar asociadas a cuarenta y cinco viviendas en La Fajana, Barlovento. Igualmente ha ocurrido en otros puntos de las costas noroccidentales de las Islas, con vientos de noreste y corrientes marinas del norte.

Haya o no microalgas, es evidente que debemos cuidar la depuración de aguas residuales en las zonas pobladas. Necesitamos realizar un importante esfuerzo en todas las Islas en infraestructuras de saneamiento, depuración y reutilización. Son más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas residuales urbanas las que producimos, de las cuales reutilizamos menos de treinta, y en otros casos se depuran y se vierten al mar no siempre con emisarios adecuados. Son urgentes acciones de mejora entre Arrecife y Puerto del Carmen o la desembocadura del barranco de Guiniguada, o entre Lazareto y Buenos Aires, la costa de Adeje hasta Arona o gran parte de la costa sur de Gran Canaria.

No es objetivo ni serio asociar el tema de las microalgas con problemas humanos de mala gestión en las Islas. Si Alemania y Holanda mantienen cientos de millones de excretores en la vega de los ríos Rhin y Escalda, donde siguen bebiendo agua y lavando los biberones de los niños, es difícil de entender para un habitante de Rotterdam que no se pueda bañar en nuestras costas por la incompetencia de nuestros políticos, que encargan mapas de las Islas con miles de puntos de vertido en un supuesto mundo de irresponsables o incompetentes.

Leamos los trabajos de Sebastián Delgado, hablemos seriamente de recursos y de medioambiente, de costes económicos y ambientales. Las aguas residuales las hemos de depurar por aspectos sanitarios, pero también para aportar a la naturaleza parte de lo que le quitamos. Reutilizamos poco más del 10 % de las aguas residuales; podemos y debemos regar más de veinte mil hectáreas con esas aguas, generando trabajo, invirtiendo en infraestructuras y mejorando nuestra salud y nuestro medio ambiente. Sembremos una cultura solidaria y responsable, más sostenible social y ambientalmente.

domingo, 13 de agosto de 2017

Granjas en Holanda y gallinas en Canarias

Estos días surge un problema (nada nuevo) en la producción masiva de alimentos en espacios reducidos utilizando procesos industriales. Hemos pasado de modelos naturales casi artesanales a la concentración de la producción con rendimientos productivos propios de la industria.

Ya hay vacas que son manantiales de 10 o 15.000 litros de leche anuales, o gallinas que inundan la demanda del mercado. Holanda es uno de los mayores productores de huevos del mundo, con 105 millones de aves, y consumen sus 17 millones de holandeses solo el 40% de los huevos producidos, exportando el resto a media Europa.

Las leyes de bienestar animal que aplica la UE han obligado a las granjas a una serie de controles y límites de difícil aplicación. Las granjas familiares son las que más dificultades sufren para cumplir con esas exigencias. Aquí en Canarias un gallinero requiere de más papeles y proyectos que una fábrica de tornillos: llegamos al absurdo de que se impide tener un gallo para no alterar la tranquilidad de los vecinos en cualquiera de nuestros pueblos. Aquí tenemos unas 200 gallinas por kilómetro cuadrado, mientras en Holanda pasan de las 3.000 para la misma superficie.

Sin embargo, lo que ha ocurrido en Holanda debería hacernos reflexionar sobre qué tipo de alimentos queremos consumir. La agencia de seguridad alimentaria NVW ha detectado un problema de contaminación en los huevos por la aplicación a las gallinas de un pesticida (Fipronil) que la OMS considera peligroso y prohibido para el tratamiento de semillas de maíz y girasol por riesgo para las abejas. Millones de huevos han sido destruidos, se han sacrificado cientos de miles de gallinas y más de cien granjas han sido cerradas, con el consiguiente perjuicio económico ante un riesgo sanitario de imprevisibles consecuencias.

Este escándalo se suma a los ya sufridos, como la gripe aviar, las vacas locas, la peste porcina, etcétera. Se pone de manifiesto que la producción masiva de alimentos con técnicas industriales tiene también limitaciones, que las producciones familiares locales tienen mucho que hacer y decir. El hecho de que una cadena de supermercados como Aldi, con más de 10.000 establecimientos, suspenda la venta de huevos holandeses indica la envergadura de un problema creado por una concentración cada vez mayor en la producción y la distribución de alimentos.

La dependencia de la soja y otras leguminosas y cereales, la deforestación para crear nuevas explotaciones intensivas y la práctica totalidad de las nuevas técnicas agrícolas y ganaderas llevan a la "desagrarización" de la sociedad, a un alejamiento total del hombre y el campo. Debemos luchar por la relación entre sociedad y alimentos, entre nosotros y el territorio que pisamos. Ni siquiera en Holanda, que se encuentra en la vanguardia de la tecnología alimentaria de Europa y el mundo, está claro que lo primero es la salud de los seres humanos, por no hablar de otros países (¿quién recuerda la amenaza de la carne de Brasil de hace escasos meses?).

La producción de alimentos es mucho más que abaratar costes y aumentar rendimientos y beneficios. La cultura agraria, la sociedad rural, los alimentos sanos y un equilibrio ambiental son todos aspectos de una misma moneda, son elementos básicos de una sociedad sostenible y equilibrada. Cuidemos lo nuestro, lo local, lo pequeño: el campo canario tiene futuro.

lunes, 31 de julio de 2017

Sur de Tenerife: algo más que turismo

En la historia de las Islas ha predominado la ley del péndulo, ahora la viña, ahora la cochinilla, ahora el turismo..., parece razonable no poner todos los huevos en el mismo cesto, eso lo solemos decir, sin embargo, los hechos son otros. En la actualidad, el foco que alumbra, la referencia predominante, es el turismo, tema este que no requiere debate y que tenemos que cuidar. Sin embargo, nos equivocamos si no hacemos referencia y leemos una cultura, un paisaje, un paisanaje, en un territorio cargado de dificultades para la actividad agraria, domesticado por nuestra gente con una referencia que nos enorgullece de sabiduría, esfuerzo, trabajo, para hacer productivo un territorio en el que la pluviometría y el suelo hacen que cada surco, cada frutal, sea una respuesta de un esfuerzo inteligente, de un pueblo..., las huertas de jable, Agache, Ifonche, las cuevas y canteras para su obtención de Jable de Chimiche a Vilaflor, y otros puntos aislados (Fasnia, Arico, Las Fuentes, Arafo, etc., etc.).

No ponemos en tela de juicio lo que ocurre entre Granadilla y Santiago del Teide, uno de los núcleos turísticos más importantes del Archipiélago, tema que, como ya he señalado, hemos de cuidar en dicho plano. No obstante, hemos de leer el territorio, más frecuentado por lo mismo, paisaje rural y urbano, restaurantes, entornos de las vías de comunicación, cultura y gestión del territorio. Tenemos que plantearnos cómo dignificar, valorizar y presentar a los visitantes nuestros paisajes y nuestros paisanos..., desde los eres [1], el gofio de cosco, las aulagas y los balos, los pinos de Vilaflor y las retamas, los almendros sobre lavas casi calientes, a las viñas en cepas, los cultivos de hortalizas, las galerías de agua y la cultura del agua, canales, presas, estanques, los cultivos en jable como una tecnología avanzada ante la adversidad de la naturaleza..., en una palabra, el hombre, que aquí no ha sido un elemento pasivo.

Hagamos lectura del siguiente cuadro, en el que es muy expresivo los surcos que sobreviven en el sotavento insular:

Hemos de destacar que el sotavento de Tenerife aguanta con un patrimonio de suelo cultivado importante, suelos cultivados bajo riego, siendo muy significativo el papel que juega la administración y la iniciativa privada en la gestión del agua: infraestructuras, comunidades de riego, instalaciones, prioridades en el buen funcionamiento de las mismas. Señalar que no siendo menos importante la relación de la agricultura con el entorno: mercadillos, ambientes culturales con la agricultura, ferias, encuentros, agricultura y el entorno, los productos de la tierra, la incorporación de frutales de secano a la economía local y el turismo..., almendros, higos pasados, otros cultivos en jable, como el caso de la vid, el olivo, los higos picos.

El jable como cultura que se extiende de Arafo a Ifonche, el almendro en Vilaflor y el oeste de Tenerife (Guía-Santiago). Los mercadillos y el campo. El sotavento de Tenerife: turismo, agricultura y cultura. El jable como paisaje, como gestión de recursos de Agache a Vilaflor: de los eres [1], las galerías a las desaladoras, de los pinos de Vilaflor a la barrilla, y a los campos de golf en la diversidad del sotavento tinerfeño.

Hemos de hacer una lectura que dignifique la manera de gestionar un medio cargado de dificultades, que hemos revalorizado con trabajo de una manera inteligente. En una palabra, una dignificación de un pueblo que ha luchado ante una naturaleza adversa (sorribas, jable, búsqueda de agua), y que, aún hoy, tenemos un potencial agrario importante, que hemos de cuidar, vincularlo al turismo, no solo en los mercadillos yen la alimentación de los turistas en los hoteles, sino también en fincas visitables, degustación de productos de la tierra, bodegas, o restaurantes. La agricultura no es parte del pasado, es también presente y futuro. Tenemos que creerlo con compromiso por los que hacen los surcos en la piel de esta tierra. La recuperación de los frutales abandonados (higueras, almendros, tuneras), son parte del ayer, pero también del hoy y del mañana.