domingo, 31 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (III)

Estamos ante uno de los peores momentos en la historia del cultivo de los plátanos de Canarias, ya que esta semana se propone picar más del 20%.

En la Península siguen consumiendo plátanos (en algunos casos superan los 2 €/kg). Sin embargo, las ventas en el mercado en verde no alcanzan los 0,70 €, es decir, no queda para el agricultor más de 0,35 €, a lo que hay que restar más del 20% de pica que queda en Canarias. De esta producción que dejamos en el Archipiélago, una gran parte acaba en el vertedero, ya que el consumo en las Islas no demanda más de 20 kilos por habitante al año, mientras que en una sola semana de diciembre se ha dejado un kilo por habitante en Canarias y, concretamente en la isla de La Palma, doce kilos por habitante para una sola semana.

No olvidemos que los costes de producción están en torno a los 0,65 €/kg, y que, por otra parte, estamos en la temporada en la que menos fruta compite en el mercado.

La saturación del mercado se debe a la banana y a las peleas de familia locales. Existen seis organizaciones de productores de plátano (OPP), que, en muchos casos, hacen de agencia de aduanas y que no compran y venden en conjunto, como dicen los estatutos, sino que miembros de una misma OPP compiten en el mercado. Pocos buscan alternativas en el exterior; alegan que no quieren la pica porque tienen los plátanos vendidos en la Península; no nos dicen que juegan a la baja con los precios, que no queda nada para el agricultor, ya que los costes para poner un kilo del cantero al madurador superan los 0,34 € (cajas, empaquetado, flete, etc.). Por todo esto necesitamos un nuevo mercado, o bien dejar de cultivar, es decir, menos agricultores y más ruina para el campo canario, lo contrario de lo que se nos ha dicho en la UE, que ha puesto muletas para la agricultura en la Unión alegando razones sociales. Aquí y ahora, Asprocan, peleas de familia, pica sí-pica no, dejarlo en el campo, unos sí y otros no, la IGP, cajas con es adjetivos.

Cuando rebosa el vaso aplicamos la medicina de la pica; no somos capaces de un aprovechamiento como recurso, como alimento, bien para las personas o para el ganado (plátanos deshidratados). Hemos construido unas instalaciones en El Paso (Frutín) que han costado unos dos millones de euros de dinero público y están como un museo, mientras nos dicen que Coplaca quiere construir una similar en Valencia ¿Es acaso más barato deshidratar plátanos de Canarias en la Península?

Aquí y ahora olvidamos que podemos producir los plátanos más naturales, con menos venenos que muchos otros que entran en la UE; que nuestra fruta no está producida con sudor y hambre del tercer mundo, con hombres y mujeres que quieren ser ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que los europeos, que gran parte de lo que consumimos en Canarias viene de dicho territorio. No tienen razón de ser los planteamientos que parece que hacen un grupo de empresarios de Martinica y Guadalupe, que producen en África y abandonan a los campesinos tras el temporal de las islas del Caribe.

Aquí, el Gobierno y los agricultores no pueden seguir por el actual derrotero. Podemos mantener los puestos de trabajo, el paisaje y la producción haciendo las cosas bien, introduciendo sistemas de calidad en toda la estructura organizativa platanera.

También tenemos que hablar del descreste arancelario y el nivel de control. Se requiere establecer garantías para que las producciones europeas puedan mantenerse, sobre la base de que debemos ser la principal garantía de seguridad alimentaria y de producciones respetuosas desde el punto de vista social y medioambiental.

La Indicación Geográfica Protegida se ha de cumplir, y las OPP han de mantener un nivel de sociedad y solvencia que supere la miseria en la que nos tienen sumidos, y los agricultores han de poner ilusión y preocupación por la comercialización, para que esta se haga con el esmero con el que cultivamos la tierra.

Los plátanos tienen futuro si nos unimos haciendo las cosas bien, con profesionales rompiendo con la miseria de las peleas de familia. Los últimos acontecimientos en los que, apoyándose en el argumento de que se tiene todo vendido, a cualquier precio, algunas OPP están poniendo en riesgo la unidad del sector, no pueden permitirse. En este sentido, es fundamental que desde las administraciones se traslade el mensaje de que los sistemas de apoyo actual solo pueden garantizarse con un sector unido que apueste por la calidad de las producciones, y en el que el agricultor se considere el principal protagonista a defender. Cualquier iniciativa dirigida a obtener réditos a corto plazo a costa del conjunto del sector tiene que ser rechazada y penalizada. Solo así tendremos futuro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Campesinos y rabo de gato

Hace unos días hice una lectura sobre el terreno en el sur de la isla de La Palma, leyendo el paisaje agrario que habría pisado hace cuarenta años. Los cambios son significativos. Gran parte de las tierras cultivadas en los ochenta están balutas, la viña ha perdido más del 50 % de los cultivos, la platanera ha ganado puntos tanto en Breña Baja-Mazo como en Fuencaliente y Los Llanos. Pero lo más destacable es la expansión del rabo de gato ("Pennisetum setaceum"), alcanzando desde la costa hasta tierras para siembra en las medianías, tanto en la zona de la isla que toca el Alisio, Montaña Las Toscas, como al oeste, en el Pico del Bejenao.

Gran parte de la expansión de dicha gramínea está ocupando tierras labradas hace unos años, tierras en las que se cultivaban boniatos, centeno, viña, higueras, tuneras, cereales y legumbres.

La pérdida de las tierras labradas, el abandono del pastoreo y la actividad ganadera, son factores influyentes en esta plaga. Valga como referencia la pérdida de más del 40 % de la superficie cultivada de vid entre los años 2000 y 2016 en la zona de Fuencaliente y Mazo, dejando un espacio ideal para el arraigo del rabo de gato, principal especie colonizadora en terrenos que han dejado de cultivarse.

La política de lucha contra el "Pennisetum setaceum" vía administración -como en el caso del Cabildo de La Palma- ha terminado en fracaso, ya que se ha basado en aspectos coyunturales en el plano político-administrativo.

La lucha contra el rabo de gato ha de contar con agricultores y ganaderos, con actividad sobre el territorio, en la que los recursos públicos colaboren con actividad económica sobre el territorio.

La viña, los boniatos y el pastoreo no pueden ser actividades marginales en la zona, como de hecho ocurre con los cultivos de antaño, hoy casi desaparecidos, plantas de gran capacidad productiva, como distintas variedades de boniatos, cultivos de secano en Mazo y Fuencaliente; y qué decir de la vid, que ha dejado de cultivarse en gran parte de dichos municipios.

La lucha contra el rabo de gato no puede ser un problema coyuntural de un contrato temporal, de unas cuadrillas amparadas en temas sociales de empleo. Los frentes de avance del "Pennisetum" están en terrenos abandonados. Por eso, la principal preocupación debe centrarse en la recuperación del paisaje agrario de antaño, mejorando las condiciones de agricultores y ganaderos, dignificando la cultura y la economía de los campesinos. Es la manera más barata para frenar la expansión de dicho problema. También, socialmente es una garantía de lucha contra los incendios, al eliminar maleza, mejorando la distribución de la población en el territorio. Y qué decir de la revalorización de los productos de la tierra en La Palma, Reserva de la Biosfera.

En relación a la categoría de Reserva de la Biosfera, señalar que no es sólo monte verde La Caldera y el Observatorio del Roque de los Muchachos. Son también las lavas casi humeantes de los volcanes del sur de la isla, cultivadas con plantas tropicales, como los boniatos en secano con pluviometría que no alcanza el 20 % de los trópicos, o con viña como la malvasía, exigente en humedad, cultivadas en bancales cubiertos de lapilli en Los Llanos Negros. Qué decir de los frutales, hoy en franco abandono, los morales, las higueras, las tuneras (atacadas ahora por una nueva cochinilla).

Frutales, boniatos, ganaderos, alimentos sanos de la tierra. Cultura agraria, dignificar lo pequeño, lo local, lo nuestro, el ayer hilvanado con el mañana.

El rabo de gato es hijo de una crisis agraria, de una crisis de valores.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (II)

No queremos creer que los plátanos tienen los días contados, ya que existe un colectivo de agricultores que pelea con ilusiones no sólo por cultivar bien, sino también por avanzar en la comercialización, mejorando de manera sensible nuestros plátanos en el mercado, teniendo como aliados a los consumidores en la Península, que han sido fieles a los plátanos de Canarias frente a las bananas y las multinacionales a lo largo de más de veinte años.

Aquí y ahora, los plátanos tienen un nuevo aliado: la preocupación por el cambio climático y la huella de carbono, y el papel que juega esta fruta en esta lucha. Su repercusión en la alimentación, sobre todo de los canarios, y en los hábitos de consumo en la Península, donde se alcanzan los doce kilos de plátanos por habitante al año (sólo superado por el consumo de cítricos), se refleja en los cuarenta frigos que salen cada día con un millón de kilos para la Península.

El principal cuello de botella sigue siendo la atomizada comercialización, que hace rígida la movilidad, tanto para nuevos mercados como para mantener el actual. Los responsables de la política agraria han de crear elementos que obliguen a la concentración, con aplicación de medidas que den solvencia al sector, reducir las OPP, crear condiciones para abaratar costes y potenciar la solvencia y la profesionalización. Los agricultores han de entender no solo que han de cuidar el cultivo, sino que debemos hacer un esfuerzo en la dignificación de todo el proceso. Con las políticas que hemos tenido hasta ahora, se ha fomentado una actitud de cambiarse de entidad atendiendo a los beneficios personales, y esto es una de las cuestiones que nos ha debilitado.

Los plátanos tienen futuro si mejoramos la comercialización, y entendemos que hemos de participar todos, comprendiendo que las muletas que pone la UE en los plátanos, la historia, el paisaje, el esfuerzo de varias generaciones de canarios, unido al compromiso de los consumidores en la Península, son nuestros aliados. Hemos de reducir costes; no es de recibo que tengamos más de noventa empaquetados, tratando en algunos casos treinta millones de kilos y en otros, medios millón. No olvidemos los costes de dichas instalaciones cincuenta y dos semanas al año, ni la obligación, por ejemplo, de tener que alcanzar las 20 tm3 de un frigo para abaratar costes.

Las miserias de familia no ayudan a potenciar nuevos mercados, como de hecho ha ocurrido este año con el hueco dejado por los productos de Martinica y Guadalupe tras el temporal. Mantener las instalaciones con sólo 7.000 tm3 semanal y las cajas cargadas de marcas y es que nadie lee y que encarecen el producto. ¿Para cuándo la caja única?

Hemos de reducir costes inútiles para tener solvencia profesional y que la IGP se cumpla. Reducir costes que nos hagan competitivos; nada de chiringuitos. La situación actual empobrece a los agricultores y grava a los consumidores, nos hace más débiles en el mercado. Está en nuestras manos mantenernos compitiendo con las bananas con las muletas de la UE, como toda la agricultura de la eurozona.

Defendamos la trazabilidad del huerto al consumidor, garantizando productos más sanos que han de ir en lo posible como cultivos ECO. No es razonable, ni tiene futuro, cobrar por medio kilo de plátanos en una bolsa de es lo que cuesta un kilo de bananas. Tampoco producir para llevar la fruta al vertedero o al ganado, entre otras cosas porque es el esfuerzo, la ilusión de los agricultores, además de trescientos litros de agua por kilo. Podemos sembrar futuro si corregimos lo que hacemos mal ahora.

La fidelidad al plátano de Canarias en la Península no tiene nombre y apellidos; la competencia vende a granel, no es cosa de caja de es. Es un alimento básico que hemos de cuidar como garantía de salud, como un bien de solidaridad entre ambos pueblos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Plátanos de colores (I)

No tiene una explicación fácil decirles a los agricultores canarios que no podemos exportar nueve millones de plátanos en noviembre, en un mercado en el que no hay fruta de temporada, y que, en realidad, demanda más de doce millones de kilos semanales, máxime cuando vemos que los precios al consumidor entre el plátano y la banana dista en muchos mercados, estando muy por encima el precio de nuestra fruta. Valga como referencia los 0,40 ?/kg que presentaba como diferencia de precio entre el plátano y la banana un Mercadona de la localidad de Benidorm, y que es apreciable en numerosos mercados y supermercados de la Península.

Hemos de destacar que la comercialización ha mejorado y, por ejemplo, la presentación de los plátanos no tiene los niveles de rozaduras de antaño. Sin embargo, encontramos situaciones que hacen de cortocircuito. Veamos algunos casos:

En una cadena de supermercados (Consum, origen Valencia, extensión sur y este peninsular) encontramos los plátanos como exquisitez a 2,10 ? /kg, frente a las bananas a 0,99 ? la bolsa de tres dedos, es decir, las categorías han desaparecido. Las bananas tienen buena presentación, pero están sin nombre ni apellidos, sin lugar de nacimiento, y compiten mediante precios bajos, que además tienen apenas oscilaciones a lo largo del año.

En el caso de los plátanos, aquí y ahora tenemos más de treinta marcas haciéndose la competencia (¿para supuestamente competir en Península?) entre las distintas entidades locales, con las llamadas leyes del mercado. Sin embargo, la banana es diferente en su procedencia, pero ante el consumidor mantiene precio y presentación uniforme, y así nos va desplazando. La cadena que tiene los plátanos a 2,10 ? la próxima semana los tendrá que bajar si quiere venderlos ante la banana a 0,99 ?.

Mientras tanto, en Canarias los plátanos los enviamos al barranco o al ganado. Los agricultores cobramos una semana a 0,50 ?/kg, mientras que la banana sigue ganando mercado, y nosotros lo perdemos, ya que no podemos enviar a la piel de toro más de ocho millones de kilos.

Aquí nos lamentamos


lamentamos, echamos la culpa al calor, lamentamos que no haya viento que tire los plátanos del vecino, y el seguro resuelva lo que nosotros hacemos mal, porque no se ven razones para clarificar menos marcas, unificar criterios de comercialización y establecer precios con otros criterios, por ejemplo por temporada, que evite la picaresca de producir más kilos, olvidando el mercado. No podemos seguir manteniendo la situación actual de guerra local que nos debilita en el mercado, como ponen de manifiesto los hechos, ya que hemos pasado de vender más de doce millones de kilos en las semanas anteriores de noviembre, a los ocho de esta semana.

Hay razones objetivas para entender que los plátanos tienen problemas locales en Canarias, problemas de familia que tenemos que resolver, ya que con 140 millones de euros de la UE no hay razón para que tengamos como futuro la situación del tomate.

Los problemas familiares son siempre complicados; los tiempos nos obligan a una siembra de sentido común, de compromiso, de cuidar un cultivo que ha generado trabajo y recursos a lo largo de más de cien años. ¡Está en nuestras manos, superemos los pleitos de familia!

lunes, 20 de noviembre de 2017

Tenerife: agua, olvido y sequía

Hemos olvidado en unos años los signos de progreso más serios en la historia de la isla picuda. Entender lo que ha ocurrido en el último siglo en Tenerife nos obliga a una lectura de las obras hidráulicas, que han aportado algo básico en la vida de dicho territorio. Y es que Tenerife estuvo en tercer lugar en los aportes hídricos de Canarias varios siglos, manteniéndose en una media de 30 Hm3, hasta que la perforación de galerías y pozos aportó lo que la naturaleza había guardado bajo su piel. Hasta bien avanzado el s.XX, entorno a los años 30, la isla disponía de algo menos de 50 Hm3/ año; la situación cambió en sólo cuarenta años, se multiplicaron los caudales por cuatro, para situarse en la década de los 70 en algo más de 200 Hm3, situación que se produce extrayendo reservas, ya que los recursos disponibles no cubrían tal volumen.

Actualmente estamos hipotecando no sólo el futuro, sino también el presente. La isla ha perdido más del 50% del caudal que manaban las galerías en la década de los 70, mientras hemos doblado la población en este periodo. Se ha aumentado el consumo por habitante, por lo que tenemos la obligación de tratar este tema como algo prioritario en el plano social y económico.

El descenso de más de 100 Hm3 en cuarenta años es una mala cifra que debe hacernos reflexionar, si bien las desaladoras están cubriendo el hueco de manera coyuntural, no olvidemos el papel de los alumbramientos de agua distribuidos por toda la isla, algo básico para abastecer a la población y para mantener la agricultura y la vida en el interior de la isla. Esta situación se explica por la sobre explotación del acuífero insular, pero también por la descapitalización del sector de galerías y pozos. En este sentido se carece de gestores en las galerías, canales, obras básicas de mantenimiento, además, se ha apostado por la venta de agua a puerta de la galería, con rentabilidad a corto plazo, y por la desvinculación con un patrimonio económico-cultural por parte de la segunda o tercera generación de los que buscaron el agua. Es necesario un acercamiento entre las instituciones públicas y las comunidades de riego, pozos y galerías.

De una generación "heroica" se pasa a una "rentista". Es difícil entender que en la isla picuda se construían en los años 70 una media de algo más de 20 Km de galerías al año, es decir, 10 metros al día, mientras que hoy no construimos al año lo que antes se hacía en un día, tiempos en los que labrábamos más de 50.000 Has, construyendo sorribas, estanques, canales, carreteras, viviendas, escuelas, hospitales, etc., etc. Ahora solo miramos a las desaladoras como alternativas, y nos acordamos de las depuradoras cuando aparecen las microalgas.

Otra cultura y otra política son necesarias; obras hidráulicas y gestión del agua es mucho más que desaladoras. Hemos de invertir más recursos económicos en resolver la problemática del agua, tanto en mejora de las canalizaciones y red de distribución, como en la depuración y red de canales hacia el mundo rural. En otro estado de cosas, se requiere el fomento y el apoyo por parte de las instituciones a comunidades de regantes. Se impone, por razones obvias, rescatar social y culturalmente otra visión del agua y su gestión, ya que es difícil mantener los actuales niveles de consumo y derroche del líquido elemento, con un alto nivel de insolidaridad regado por la ignorancia. La sequía no es solo meteorológica, necesitamos regar ideas de solidaridad y compromiso propio de los tiempos. Este año se ha puesto de manifiesto el agotamiento del modelo en Vilaflor, Icod de los Vinos y El Rosario, donde se palpan síntomas, no sólo del agotamiento de los acuíferos, sino también de una red y una gestión cargada de ineficiencias.

Los hechos nos imponen otra política hídrica para el s.XXI. El problema del agua no es sólo de más tornillos y petróleo, utilicemos la cabeza.

Necesitamos regar la sequía de ideas sobre otra cultura del agua propia de cuando éramos "pobres"

lunes, 6 de noviembre de 2017

Garafía y los pobres

Si leemos los datos de la riqueza y la pobreza en Canarias, según localidades de las Islas y asociando las mismas a la declaración del IRPF, vemos cómo Santa Brígida es la más rica (con 34.449 euros anuales de media por habitante), situándose Garafía en la cola de los 81 municipios de Canarias (con 14.016 euros anuales de media).

Los más ricos se sitúan en la periferia de las capitales, zonas de residencia de los nuevos ricos, como Tafira en Gran Canaria o El Rosario en Tenerife. Mientras, en las zonas más alejadas como Garafía en La Palma o El Tanque en Tenerife, se encuentra la periferia campesina, los pobres. Otros como Tazacorte, Hermigua, pobres en pueblos ricos, en unos casos tierras sin campesinos y en otros la riqueza ausente de los habitantes del lugar, lo que llamamos municipios "saudíes", la riqueza en pocas manos y ausente del territorio, casos de la península Arábiga y Venezuela.

Garafía, desde el punto de vista de los recursos, es uno de los municipios más ricos de Canarias, y, con una superficie de 100 km2, barrido por los Alisios, dispone de un amplio campo cultivable. Fue el mayor productor de cereales y papas de la isla, con una importante actividad ganadera, manteniendo en los años cincuenta entre el 8 y el 10% de la población de La Palma (hoy entre el 2 o el 3%). De aquí salían los barcos cargados de alimentos (cabotaje) hacia Las Palmas de Pepe Monagas (papas, queso, ganado, carbón, vacas -el Sancho, la Evelia-). De aquí se llevaron semillas de tagasastes para Australia y Nueva Zelanda, donde hoy cultivan miles de hectáreas, mientras aquí solo hay tierras balutas. Sólo queda como tierra cultivada la zona de las Tricias, con esmerados cultivos de vid, mientras el resto de Garafía es la referencia de un modelo que ha empobrecido el medio rural, en el que importamos todo, no defendemos la producción local, y hemos creado una cultura del espejismo urbano, generando la huida del campo.

Garafía ha pasado de más de veinte colegios a menos de media docena; de la mayor feria ganadera de Canarias, San Antonio, a una docena de vacunos. La Garafía sin carretera, sin luz ni agua, que pagaba los quintos a la administración en la década de los 50 a la Garafía con varias galerías de agua, con mejoras significativas en las comunicaciones, pero sin estímulos económicos ni culturales, ni garantías de precios para los productores de la tierra, importando hasta el trigo para un potaje tradicional.

Otra Garafía es posible y otras islas son básicas para sembrar solidaridad y riqueza mejor distribuidas en Canarias: inversiones en el medio rural, garantía de precios a los productores locales, escuela que dignifique el trabajo en el campo. Gran parte de los recursos sociales hemos de ponerlos en los surcos, en las tierras balutas. Otra Garafía es posible con planteamientos por parte de las administraciones que dignifiquen la vida en el medio rural.

Curiosamente, han sido personas venidas de fuera, de procedencias centroeuropeas, que aquí vemos como marginados, las que han dignificado el paisaje rural y agrario de Garafía. Es el ejemplo de Buracas, donde esta población significa ya la mitad de los niños del pueblo, y son los que han contribuido en mayor medida al relevo generacional del campo garafiano, contribuyendo en el impulso del mercado del agricultor. También Puntagorda ha ganado población de esta manera. Otra Garafía es posible con garafianos "contaminados" por un modelo más solidario social y ambiental. Ello requiere un cambio en la política y la cultura en Canarias hacia un modelo más solidario y sostenible. Hay razones para abrir nuevos surcos, nuevas ilusiones en el campo canario. Garafía es una de las parcelas con más posibilidades; puede y debe salir de la Canarias insolidaria y marginal.

Santa Brígida no es más rica que Garafía; necesitamos una sociedad más solidaria y más justa también con los campesinos.

El mundo rural tiene que revalorizarse económica y socialmente para que esta tierra sea más sostenible y autosuficiente.

lunes, 23 de octubre de 2017

El fuego: las máquinas y el arado

En la segunda semana de octubre la naturaleza nos ha dado un tirón de orejas. Las máquinas y los bomberos no pueden con el fuego. Portugal, Galicia, California, son ejemplos de libro. No todo es cambio climático y pirómanos, temas importantes, pero el hombre, su cultura, la gestión de la naturaleza, la máquina como máxima expresión en California, con equipos aéreos y terrestres, desde los medios propios de un país cargado de recursos, con aporte incluso de Australia y Canadá, desalojando más de cien mil personas, miles de casas quemadas, víctimas humanas.

California, Galicia y Portugal han puesto de manifiesto que las máquinas no son suficientes, y, lo que es peor, han creado una dependencia que hipoteca la seguridad de una población. Se confía y se hace dependiente de la supuesta garantía que ante el fuego dan dichos aparatos a los que confiamos nuestra integridad física poniendo mayores recursos económicos en la extinción, y muy pocos en la prevención (también llamada extinción de invierno), ignorando la sabiduría de antaño, es decir, la limpieza en la estación húmeda de lo que ahora llaman combustible, antes pasto para el ganado, hojas secas para camas de los animales, leña para el fuego, etc.

Los ejemplos del monasterio orensano de Osera, con más de seiscientos años, desalojado estos días, ya que los medios mecánicos y aéreos no pudieron garantizar la seguridad de los monjes, pone de manifiesto los puntos débiles de los sistemas actuales, ya que hasta ahora los pastores y campesinos tenían limpios los entornos de dicho monasterio. Qué decir de un parador de turismo en Tejeda, quemado ante la falta de limpieza de la maleza de su entorno.

Fuego y cultura.- La sociedad urbana ignora la relación del hombre con el entorno, no solo confiando en las máquinas, sino ignorando que los usos que se hacen del medio rural tienen un importante papel de armonía: pastos, cultivos, economía complementaria, agricultura y ganadería, vivienda y entorno.

Ahora existen residentes en el campo sin vínculos con la tierra, caso de California, o bien las pequeñas explotaciones familiares agroganaderas de Portugal, Galicia o Canarias, que entran en crisis pasando al monocultivo del eucalipto, la madera y la crisis de los usos tradicionales.

Aquí, los cultivos tradicionales hacen que tengamos numerosos pueblos rodeados de zarzas, helechos, hinojos, tojo (espino), granidellos, etc.

En Galicia se llegaron a plantar, cual lechugas, más de dos mil eucaliptos por hectárea para la producción maderera. Y más preocupante es Portugal, donde casi todo el monte se ha privatizado, estando ahora en manos de la industria maderera. A esto hay que contraponer el bajo presupuesto que se está dedicando a la prevención, teniendo ya el caldo de cultivo para la situación que se está viviendo actualmente.

Aquí y ahora necesitamos otra política (agroambiental) que potencie los cultivos y los usos ganaderos, con penalización para los campos sin labrar, poniendo más recursos en la prevención, aportes económicos a las familias que labren los terrenos, cambios que mejoren el pastoreo y el medio ambiente, acuerdos con pastores que retiren pastos de los entornos forestales, cortafuegos, etc. Qué decir de obligaciones de limpieza del entorno a las viviendas, con entornos limpios de vegetación al final de la estación húmeda. En definitiva, poner más recursos en la prevención, un pacto con los agricultores y ganaderos en la gestión de la naturaleza, los campesinos como aliados ambientales, con aporte económico y menos burocracia papelera.

Entre Portugal, Galicia y California se han quemado más de quinientas mil hectáreas y han perdido la vidas más de cien personas, esperando por la lluvia para controlar los incendios. Es un ejemplo del fracaso de un sistema que ha confiado en las máquinas, olvidando la cultura del arado y los campesinos.

El fuego en las puertas de Vigo o cortando las autopistas de California son ejemplos de libro de lo que no se debe hacer. El monasterio de Orense nos da una lección de la eficiencia de la cultura de ayer ¿Cuándo éramos pobres?

martes, 10 de octubre de 2017

Medioambiente: algo más que fechas y cartera

Esta semana concluyeron las campañas de incendios de manera oficial -un año "afortunado"-. Sin embargo, la naturaleza y los peligros de los incendios no entienden de almanaques. No podemos desmovilizar unos recursos humanos y materiales básicos en una isla cargada de lo que ahora llaman combustible.

¿Podemos desmovilizar unos medios que, ya de hecho, son reducidos para cuidar del 60% de la superficie insular? En el caso de Tenerife, este ha sido uno de los años más secos de los últimos cincuenta, y en el que, a las más de 50.000 ha de monte en las que hemos tenido peligro, hemos de añadir algo más de 120.000 de erial y tierras de cultivo abandonadas. Es decir, de las casi 200.000 ha de la isla, tenemos riesgo de incendio en más del 60% del territorio, incluyendo núcleos de población rodeados por grandes matorrales que son consecuencia de la crisis agraria y las limitaciones que hemos puesto a los usos ganaderos. Como ejemplo de este año seco, podemos observar el promedio de lo que ha llovido en Aguamansa (municipio de La Orotava, altura 1.070 m), que está en torno al 50% de la pluviometría media del entorno, ya que en lo que va de año solo han caído 251 litros, es decir, 30 litros mensuales, cuando los registros de la zona superan los 60 litros.

Entendemos que hemos de habilitar otra política que potencie la agricultura y la ganadería en los espacios próximos al monte, con medidas de obligado cumplimiento en los entornos urbanos y los barrancos, con aportes económicos para los que cultiven y tengan los campos limpios, y medidas que penalicen los campos balutos. Un marco teórico con recursos económicos en la política ambiental que no sea todo en cuadrillas y helicópteros o drones, es decir, un campo humanizado, con campesinos como gestores con responsabilidad, no solo como agricultores y ganaderos, sino también como gestores ambientales.

Los últimos incendios en California y Tamarán indican que la herramienta básica contra el fuego es la prevención. En Gran Canaria nos ayudó la tímida lluvia. Aquí y ahora, octubre y el Alisio favorecen que las noches sean frescas, pero tenemos una vegetación maltratada por un invierno seco y un verano duro y largo.

El almanaque y la cartera no pueden hacer de frontera. Hasta que nos visite la lluvia tenemos que mantener todos los recursos existentes hasta ahora, y no dejar en manos de la suerte un tema de gran riesgo y responsabilidad. Quiero pensar que los responsables políticos cambiarán de actitud, no mirando para el almanaque y, asumiendo que la naturaleza y los peligros del fuego sólo los aplaca la lluvia o la retirada de combustible, tema este importante, ya que eso requiere poner en la piel de las islas miles de campesinos con importantes rebaños de ganado.

Está en nuestras manos mantener los recursos que hemos tenido durante el verano y desear que las cosas se mantengan como hasta ahora. No olvidemos que en España se han quemado más de 100.000 ha solo hasta mediados de septiembre. Entendemos que la situación de riesgo es similar en las cinco islas occidentales.

¿Don Alisio nos da tranquilidad? Pero ¿don Siroco nos ha dicho que no vuelve? Y ¿nuestros campos están labrados, pastados, limpios, cargados de campesinos y pastores? Tan siquiera los medios que teníamos hasta ayer, día que finalizaron unos contratos laborales… ¿De verdad? ¿Hemos recogido la cosecha?

El cambio climático y el cultural también nos obligan a leer otro almanaque. No asociemos los peligros del fuego solo al ámbito forestal, ya que la interfaz entre lo urbano y lo forestal tiene gran peso en Canarias. El abandono de los montes y de las tierras labradas (balutas) con una población dispersa, sumado a la sequía, nos hace mucho más frágiles ante los incendios, que ya no son solo forestales, para convertirse en una emergencia civil.

Dejemos de "ordeñar" whatsapp y leamos el territorio con ojos de campesino desde Tenteniguada a Sabinosa.

domingo, 1 de octubre de 2017

Plátano y reutilización del agua

La semana anterior hablábamos del uso urbano del agua, pero también hemos de hacer una lectura del papel que juega la agricultura en el ámbito de la reutilización. En relación a este sistema hemos tenido un recorrido adverso por, entre otras cuestiones, barreras culturales y ambientales.

Debemos asumir que es un debate económico y cultural que hay que mantener, tomando como punto de partida que la reutilización de las aguas urbanas es un hecho en otras zonas. Desde los usos que hacen los cosmonautas hasta la rica California, y qué decir de los usos de esas aguas en las cuencas de los grandes ríos, con zonas industriales como es el caso del Rhin o el río Amarillo, donde a la materia orgánica hemos de añadir los metales pesados generados.

Canarias y las aguas depuradas han tenido un recorrido importante en las últimas décadas del s. XX, en las que Tenerife fue pionera con una obra de trasvase como la de Santa Cruz-Valle San Lorenzo, con un acueducto de casi 1.000 m3/hora. Esta situación permitió mantener y potenciar el regadío de casi 1.000 ha de plátanos en una época de expansión del turismo y descenso significativo de los caudales de galerías y pozos en el sotavento insular.

Como vemos, hemos pasado de comprar once pipas, con lo que obteníamos en un marco económico de difícil salida para los plátanos, a ponernos en una situación de no cubrir ni tan siquiera los costes de una pipa del líquido elemento, tanto en Tenerife como en Gran Canaria. En el caso de La Palma y La Gomera la situación es algo mejor, comprando en algunos casos hasta dos pipas por kilo de plátanos.

Entendemos que el cultivo de los plátanos ha de reutilizar aguas depuradas, dado el volumen que se vierte al mar y el bajo porcentaje de platanera que reutiliza aguas depuradas, que no alcanza el 15% del cultivo. No olvidemos el deterioro de los acuíferos, siendo la fuente más abundante las aguas depuradas.

Mientras la rentabilidad de un kilo de plátanos no llega ni a cubrir el coste de una pipa de agua, vertimos cada año al mar o a los acuíferos del interior de las Islas más de 150 millones de metros cúbicos. Está en nuestras manos el uso racional de los recursos con la reutilización de las estaciones de bombeo: agua, tierra, naturaleza.

La depuración y el reaprovechamiento del agua es una asignatura pendiente en Canarias.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Agua y microalgas

Hablar del agua y las microalgas es también hablar del "cultivo" que más agua demanda en Canarias, que no es otro que el consumo urbano. Las microalgas se asocian con vertidos de agua dulce al mar, aunque las mismas las encontramos en puntos alejados de emisarios submarinos como en el norte y oeste de La Palma. Ahora el monocultivo de las mentes: lo que no se transmite por el móvil no existe; la tecnología, la aceleración del tiempo; no hablamos, no miramos alrededor.

Los temas del agua han sido endémicos en Canarias, al tratarse de un bien escaso controlado por pocos. Ahora nos preocupa la contaminación del mar. De los vertidos en el volcán en el interior de las Islas no hablamos, de la reutilización tampoco; nos preocupan el mar y la playa, que hasta hace poco era un ilimitado vertedero al que vertíamos todo, sin contemplación. Tampoco nos preocupa el estado de los recursos de nuestros acuíferos, de los hábitos de consumo de la red de agua potable, de una gestión sostenida agua-población, en una palabra, consumo y ahorro del agua.

Hemos multiplicado por cinco los caudales de las Islas, con un aumento importante de los consumos urbanos, situándose próximos al 50% de los recursos disponibles, mientras que las aguas que reutilizamos únicamente están en torno a un 15%; el resto se vierte, bien en el mar o bien en el interior de las islas, mayoritariamente sin depurar, pozos que se vierten al volcán en las zonas geológicamente más jóvenes, mientras que en las más antiguas discurre por barrancos, que en contadas ocasiones depuramos y reutilizamos.

La reutilización tiene una lectura agridulce, ya que se han dado pasos positivos que han tenido un recorrido desigual. Si leemos nuestro paisaje y el agua, podemos encontrar sorpresas, ya que dista mucho lo que producimos de lo que reutilizamos.

En los últimos cincuenta años hemos multiplicado por dos las población, pero, lo que es más importante, se ha ampliado de manera tremenda el consumo urbano, multiplicándose en Canarias por ocho, y en algunas zonas incluso por diez, pasando las islas de unas estimaciones de consumo de unos 30 hm3 en dicha fecha para situarnos en casi 300 hm3 en estos momentos.

Otro de los aspectos que complican la depuración es la dispersión del poblamiento, a quien las características geológicas han facilitado para enterrar en el subsuelo (volcán) las aguas negras, creando problemas en las zonas antiguas de las islas, en las que las aguas negras discurren por barrancos y, en consecuencia, han obligado a la depuración.

No sequemos las fuentes de la sabiduría popular.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El arado y el medioambiente

Quiero pensar que para los próximos años vamos camino de entender que la política ambiental y agraria forman parte de un todo, y que la lucha contra los incendios sea mucho más que máquinas, helicópteros y torres o drones de vigilancia. Los campesinos, los agricultores, los pastores, el arado, como herramienta ambiental. Lo que han conseguido un grupo de agricultores del norte de la isla [de Tenerife], como lo ganado por un grupo de ganaderos pastores trashumantes en las cumbres de Tamarán.

Entendemos que los próximos años tendremos más jóvenes haciendo surcos en las tierras balutas, y en algunos casos los abuelos se sientan animados y dignificados. Otro campo y otra sociedad son posibles, donde la siega y la trilla sean actividades agro-ambientales; nada de mundos separados cargados de cortocircuitos o las tierras cubiertas de zarzas, tojos, magarzas, cenizos, granadillos, aulagas, etc., etc.

Gavia que beban de Fuerteventura a Garafía; comiencen con el arado y la semilla de recuperación de otra cultura, otro paisaje y otro paisanaje que anime social y demográficamente; que el mundo rural deje de perder población. Los habitantes y la actividad económica en nuestros pueblos, donde los niños tomen biberón con gofio del país, al menos en igualdad de demanda con el que nos manda la Nestlé de cuatro, cinco y hasta ocho cereales tostados y molidos, lo que en Canarias llamamos gofio, que se produce sin apenas venenos y química, nada de transgénicos, y que es también una alternativa en la lucha contra la polilla guatemalteca de las papas.

Que nuestro cereal sea una garantía contra la propagación de incendios, tanto hacia el monte como hacia las zonas pobladas, como ocurrió con las tierras labradas en torno al Camino de los Guancheros, el 31 de julio de 2007, que evitó que el fuego se propagara hacia San Juan de la Rambla y La Guancha.

Cultivo en hojas, barbecho, agricultura y ganadería, pueblos rodeados de tierras labradas, complementariedad entre campo y ciudad, entre agricultura y turismo, seguridad para la población en caseríos sin matorrales de maleza en el patio de la casa.

El paisaje que tenemos entre La Guancha y El Palmar, en el que se sembraron menos de cien hectáreas de cereal, es parte de un modelo ambiental y socialmente lamentable, extensible de Garafía a La Oliva, en el que las zarzas y las helecheras rodean la casa consistorial de El Tanque, como referencia de lo que no debemos hacer.

La gestión del monte, el arado y el barbecho son compatibles, los monocultivos y las mono modas nos empobrecen.

¡Enhorabuena, campesinos!

domingo, 10 de septiembre de 2017

El trigo y la cultura ambiental

En otro estado de cosas, el saludable y sabio cultivo en hojas (cereal, legumbre y papas) existe en contadas parcelas en el norte de Tenerife (400 ha); es más, nuestros molinos no utilizan trigo o maíz de aquí (la supuesta trazabilidad que exige la administración). Tampoco hemos creado una demanda de gofio y pan con cereal de la tierra; hemos de agradecer la buena voluntad de los molineros que aún muelen productos de la zona. La dignificación de nuestro propio gofio y pan de origen local significa incorporar suelo y campesinos en las zonas húmedas de las cinco islas occidentales, y significa, además, labrar, sembrar y cultivar más de 50.000 ha, ahora cubiertas de maleza; también, dignificar semillas y cultura propia, como el trigo barbilla y variedades de maíz de la tierra. Ello requiere una política que penalice las tierras balutas, mejore en la mecanización tanto de la siembra, como de la siega y la trilla, y mejore el acceso a las parcelas. Una política agraria que favorezca no sólo los cultivos, sino que también limpie la maleza en los entornos forestales, que actualmente son más de 50.000 ha balutas en zonas con alto nivel de propagación de incendios.

También es necesario intensificar los cultivos de papas y frutales, y la rotación como lucha contra la polilla guatemalteca, y como elemento de dignificación del medio rural. Qué decir de la potenciación del gofio y el pan del país, como elemento que nos identifica con el paisaje, unido al vino, las papas bonitas y los frutos de la tierra, o de nuestra ganadería, con los quesos y las carnes. La dignificación de los frutales más característicos del campo canario: higos, almendros, castaños, nogales, manzanos, naranjos, aguacateros?

Los mercadillos del agricultor como referencia para ennoblecer económica y culturalmente los productos locales, mejorando la relación productor-consumidor.

El título de este artículo es una lectura nueva del campo canario, de los jóvenes y el agro, de una manera de dignificar social y económicamente nuestro campo, la asociación para la defensa del cereal, la incorporación de unos treinta jóvenes con cereal, planteando mejoras en el agro: rotación de los cultivos papas-trigo-legumbres, las mejoras en las papas de color, y planteamientos que incorporan innovaciones tanto en la mecanización, sustituyendo la hoz y el burro por elementos mecánicos; demanda de cambio hacia una cultura del agua que honre el medio rural, cambios en las políticas de producción y comercialización dignificando los productos de la tierra.

ACETE (Asociación de Cereales de Tenerife), la Cooperativa de la Candelaria, con Pedro Molina al frente, y un colectivo joven, los molinos de gofio y la creación de demanda por el gofio y el pan de trigo y maíz del país, en el que variedades locales, tanto trigo barbilla como papas de color, sean una referencia que ponga en valor a los campesinos, acerque a los consumidores urbanos para que lleguen a apreciar los productos de la tierra, y ponga en contacto al paisaje con su gente.

Lamentamos lo ocurrido este año, ya que una parte de la cosecha se ha perdido por motivos burocráticos, puesto que podíamos haber segado y trillado en agosto. Hemos de valorar el campo, los campesinos y el medioambiente como un todo. Nuestros agricultores son algo básico en la lucha contra el fuego, labrando y sembrando una superficie cargada de maleza, en la que nacen y crecen gran parte de los incendios forestales. El refrán castellano sobre la trilla y el hambre dice mucho sobre lo que debemos hacer.

Espero que los cuarenta jóvenes que han tenido problemas con la siega y la trilla en 2017 se animen para el próximo año, exigiendo a la administración que les repongan los daños y perjuicios económicos, y el compromiso de que dicha situación no se vuelva a producir.

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿Trilla en invierno?

En los últimos años hemos entrado en una crisis agraria que no solo tiene que ver con aspectos económicos, sino también que conlleva peores ingresos para el agricultor, que en contadas ocasiones puede vivir con lo que da el campo. Mientras tanto, importamos de todo; en muchos casos, excedentes de los mercados internacionales: papas, conejos, huevos, etc., que vienen de países terceros, sin pagar aranceles (por ejemplo, más de cuarenta millones de kilos de carne).

Nuestros consumidores tampoco demandan productos de la tierra. Además, nuestra geografía no favorece la producción local de determinadas producciones, caso del cereal, sector en el que los precios internaciones y los costes locales hacen que tengamos dificultades para mantener la producción. Sin embargo, y a pesar de todo, aún quedan en Tenerife unas cuatrocientas hectáreas de este cultivo. Sobre este particular considero que deberíamos hacer una reflexión, y entender que su existencia es fundamental para el sistema agrario, y que deberíamos incrementar su superficie para mejorar el resto de la producción local. No hay que olvidar que la rotación de cultivos es básica para mantener la fertilidad de los suelos y la lucha contra las plagas, como de hecho ocurre con la polilla guatemalteca en las papas; por ello, los cultivos de papas bonitas en el norte de Tenerife y las variedades que hacemos con semillas importadas tienen la necesidad de mantener en Canarias los cultivos de cereal y legumbres, chochos, habas?

Este tema es clave, pues cultivamos de cereales menos de un 10% de lo que sembramos de papas en Canarias, y, lo que es peor, con la falta de coordinación entre las administraciones y los agricultores, como ha ocurrido este año, llevamos camino de seguir reduciendo su peso hasta la completa desaparición. Hemos burocratizado la siega y la trilla y, lo que es más lamentable, lo hemos hecho en nombre del medioambiente.

Entremos en materia. Entre Mamio en La Orotava y la pared de Icod de los Trigos, quedan por segar algo más de cuarenta hectáreas, tema no resuelto por haber parado los trabajos de siega, ante la ola de calor. Si bien en un primer momento se hizo una gestión con el consejero que permitió la continuación del trabajo unos días, sin embargo, un nuevo parón ha impedido la recogida de parte del cereal, lo que ha significado amplias pérdidas para los agricultores, tanto por los daños por las plagas en los campos como por el deterioro que sufre el cultivo al tenderse en el suelo. Por otra parte, esperemos que la humedad no deteriore aún más el grano en septiembre.

Queremos lamentar la falta de coordinación entre las áreas de agricultura y medioambiente del Cabildo insular, ya que con poner una cuba con agua en las proximidades de la siega se habrían solventado los supuestos problemas de la seguridad. La administración y los agricultores deben estar coordinados, ya que, si queremos potenciar la producción local, hemos de mejorar la relación entre ambos.

Si queremos mejorar la rotación de cultivos, gofios y papas de la tierra, reducir los bardos de zarzas etc., etc., no podemos ni debemos sembrar la desmotivación y desorientación actual, tanto con la polilla guatemalteca de las papas, las importaciones de papas del exterior en agosto, como con el lamentable espectáculo de perjudicar el trabajo de los segadores porque hemos tenido sol y calor. La trilla siempre ha sido una actividad de agosto, de calores y altas temperaturas, no de invierno. Los responsables políticos han de buscar alternativas viables tanto en el plano social como ambiental que no supongan que los agricultores paguen, como siempre, la factura de una administración alejada del campo y de los campesinos.

viernes, 25 de agosto de 2017

Las microalgas y las macromiserias

Cuesta entender el debate central en los medios este verano sobre las microalgas y las macrocacas. Asociar en Canarias tales planteamientos es entrar en la miseria política, sin argumentos científicos y, lo que es peor, ignorando trabajos científicos serios como el de Sebastián Delgado.

Sebastián, profesor de la ULL a lo largo de más de veinte años, ha realizado un análisis riguroso sobre las aguas depuradas de Santa Cruz-La Laguna y Adeje-Arona, que riegan una superficie importante del sur de Tenerife, siendo referencia en la reutilización de aguas depuradas en España, junto con el levante español.

Claro que hemos de depurar y reutilizar los más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas urbanas en Canarias. Este es un asunto fundamental tanto para la salud como por la necesidad de aprovechar un recurso escaso para la producción de alimentos, forrajes para el ganado, mantenimiento de jardines y campos de golf, mejorando a la vez nuestros acuíferos y cuidando nuestro medioambiente.

Presentar lo que ocurre en el mar y asociarlo a los vertidos no se sostiene. Las localizadas al Noroeste de Punta Cumplida en La Palma no pueden estar asociadas a cuarenta y cinco viviendas en La Fajana, Barlovento. Igualmente ha ocurrido en otros puntos de las costas noroccidentales de las Islas, con vientos de noreste y corrientes marinas del norte.

Haya o no microalgas, es evidente que debemos cuidar la depuración de aguas residuales en las zonas pobladas. Necesitamos realizar un importante esfuerzo en todas las Islas en infraestructuras de saneamiento, depuración y reutilización. Son más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas residuales urbanas las que producimos, de las cuales reutilizamos menos de treinta, y en otros casos se depuran y se vierten al mar no siempre con emisarios adecuados. Son urgentes acciones de mejora entre Arrecife y Puerto del Carmen o la desembocadura del barranco de Guiniguada, o entre Lazareto y Buenos Aires, la costa de Adeje hasta Arona o gran parte de la costa sur de Gran Canaria.

No es objetivo ni serio asociar el tema de las microalgas con problemas humanos de mala gestión en las Islas. Si Alemania y Holanda mantienen cientos de millones de excretores en la vega de los ríos Rhin y Escalda, donde siguen bebiendo agua y lavando los biberones de los niños, es difícil de entender para un habitante de Rotterdam que no se pueda bañar en nuestras costas por la incompetencia de nuestros políticos, que encargan mapas de las Islas con miles de puntos de vertido en un supuesto mundo de irresponsables o incompetentes.

Leamos los trabajos de Sebastián Delgado, hablemos seriamente de recursos y de medioambiente, de costes económicos y ambientales. Las aguas residuales las hemos de depurar por aspectos sanitarios, pero también para aportar a la naturaleza parte de lo que le quitamos. Reutilizamos poco más del 10 % de las aguas residuales; podemos y debemos regar más de veinte mil hectáreas con esas aguas, generando trabajo, invirtiendo en infraestructuras y mejorando nuestra salud y nuestro medio ambiente. Sembremos una cultura solidaria y responsable, más sostenible social y ambientalmente.

domingo, 13 de agosto de 2017

Granjas en Holanda y gallinas en Canarias

Estos días surge un problema (nada nuevo) en la producción masiva de alimentos en espacios reducidos utilizando procesos industriales. Hemos pasado de modelos naturales casi artesanales a la concentración de la producción con rendimientos productivos propios de la industria.

Ya hay vacas que son manantiales de 10 o 15.000 litros de leche anuales, o gallinas que inundan la demanda del mercado. Holanda es uno de los mayores productores de huevos del mundo, con 105 millones de aves, y consumen sus 17 millones de holandeses solo el 40% de los huevos producidos, exportando el resto a media Europa.

Las leyes de bienestar animal que aplica la UE han obligado a las granjas a una serie de controles y límites de difícil aplicación. Las granjas familiares son las que más dificultades sufren para cumplir con esas exigencias. Aquí en Canarias un gallinero requiere de más papeles y proyectos que una fábrica de tornillos: llegamos al absurdo de que se impide tener un gallo para no alterar la tranquilidad de los vecinos en cualquiera de nuestros pueblos. Aquí tenemos unas 200 gallinas por kilómetro cuadrado, mientras en Holanda pasan de las 3.000 para la misma superficie.

Sin embargo, lo que ha ocurrido en Holanda debería hacernos reflexionar sobre qué tipo de alimentos queremos consumir. La agencia de seguridad alimentaria NVW ha detectado un problema de contaminación en los huevos por la aplicación a las gallinas de un pesticida (Fipronil) que la OMS considera peligroso y prohibido para el tratamiento de semillas de maíz y girasol por riesgo para las abejas. Millones de huevos han sido destruidos, se han sacrificado cientos de miles de gallinas y más de cien granjas han sido cerradas, con el consiguiente perjuicio económico ante un riesgo sanitario de imprevisibles consecuencias.

Este escándalo se suma a los ya sufridos, como la gripe aviar, las vacas locas, la peste porcina, etcétera. Se pone de manifiesto que la producción masiva de alimentos con técnicas industriales tiene también limitaciones, que las producciones familiares locales tienen mucho que hacer y decir. El hecho de que una cadena de supermercados como Aldi, con más de 10.000 establecimientos, suspenda la venta de huevos holandeses indica la envergadura de un problema creado por una concentración cada vez mayor en la producción y la distribución de alimentos.

La dependencia de la soja y otras leguminosas y cereales, la deforestación para crear nuevas explotaciones intensivas y la práctica totalidad de las nuevas técnicas agrícolas y ganaderas llevan a la "desagrarización" de la sociedad, a un alejamiento total del hombre y el campo. Debemos luchar por la relación entre sociedad y alimentos, entre nosotros y el territorio que pisamos. Ni siquiera en Holanda, que se encuentra en la vanguardia de la tecnología alimentaria de Europa y el mundo, está claro que lo primero es la salud de los seres humanos, por no hablar de otros países (¿quién recuerda la amenaza de la carne de Brasil de hace escasos meses?).

La producción de alimentos es mucho más que abaratar costes y aumentar rendimientos y beneficios. La cultura agraria, la sociedad rural, los alimentos sanos y un equilibrio ambiental son todos aspectos de una misma moneda, son elementos básicos de una sociedad sostenible y equilibrada. Cuidemos lo nuestro, lo local, lo pequeño: el campo canario tiene futuro.

lunes, 31 de julio de 2017

Sur de Tenerife: algo más que turismo

En la historia de las Islas ha predominado la ley del péndulo, ahora la viña, ahora la cochinilla, ahora el turismo..., parece razonable no poner todos los huevos en el mismo cesto, eso lo solemos decir, sin embargo, los hechos son otros. En la actualidad, el foco que alumbra, la referencia predominante, es el turismo, tema este que no requiere debate y que tenemos que cuidar. Sin embargo, nos equivocamos si no hacemos referencia y leemos una cultura, un paisaje, un paisanaje, en un territorio cargado de dificultades para la actividad agraria, domesticado por nuestra gente con una referencia que nos enorgullece de sabiduría, esfuerzo, trabajo, para hacer productivo un territorio en el que la pluviometría y el suelo hacen que cada surco, cada frutal, sea una respuesta de un esfuerzo inteligente, de un pueblo..., las huertas de jable, Agache, Ifonche, las cuevas y canteras para su obtención de Jable de Chimiche a Vilaflor, y otros puntos aislados (Fasnia, Arico, Las Fuentes, Arafo, etc., etc.).

No ponemos en tela de juicio lo que ocurre entre Granadilla y Santiago del Teide, uno de los núcleos turísticos más importantes del Archipiélago, tema que, como ya he señalado, hemos de cuidar en dicho plano. No obstante, hemos de leer el territorio, más frecuentado por lo mismo, paisaje rural y urbano, restaurantes, entornos de las vías de comunicación, cultura y gestión del territorio. Tenemos que plantearnos cómo dignificar, valorizar y presentar a los visitantes nuestros paisajes y nuestros paisanos..., desde los eres [1], el gofio de cosco, las aulagas y los balos, los pinos de Vilaflor y las retamas, los almendros sobre lavas casi calientes, a las viñas en cepas, los cultivos de hortalizas, las galerías de agua y la cultura del agua, canales, presas, estanques, los cultivos en jable como una tecnología avanzada ante la adversidad de la naturaleza..., en una palabra, el hombre, que aquí no ha sido un elemento pasivo.

Hagamos lectura del siguiente cuadro, en el que es muy expresivo los surcos que sobreviven en el sotavento insular:

Hemos de destacar que el sotavento de Tenerife aguanta con un patrimonio de suelo cultivado importante, suelos cultivados bajo riego, siendo muy significativo el papel que juega la administración y la iniciativa privada en la gestión del agua: infraestructuras, comunidades de riego, instalaciones, prioridades en el buen funcionamiento de las mismas. Señalar que no siendo menos importante la relación de la agricultura con el entorno: mercadillos, ambientes culturales con la agricultura, ferias, encuentros, agricultura y el entorno, los productos de la tierra, la incorporación de frutales de secano a la economía local y el turismo..., almendros, higos pasados, otros cultivos en jable, como el caso de la vid, el olivo, los higos picos.

El jable como cultura que se extiende de Arafo a Ifonche, el almendro en Vilaflor y el oeste de Tenerife (Guía-Santiago). Los mercadillos y el campo. El sotavento de Tenerife: turismo, agricultura y cultura. El jable como paisaje, como gestión de recursos de Agache a Vilaflor: de los eres [1], las galerías a las desaladoras, de los pinos de Vilaflor a la barrilla, y a los campos de golf en la diversidad del sotavento tinerfeño.

Hemos de hacer una lectura que dignifique la manera de gestionar un medio cargado de dificultades, que hemos revalorizado con trabajo de una manera inteligente. En una palabra, una dignificación de un pueblo que ha luchado ante una naturaleza adversa (sorribas, jable, búsqueda de agua), y que, aún hoy, tenemos un potencial agrario importante, que hemos de cuidar, vincularlo al turismo, no solo en los mercadillos yen la alimentación de los turistas en los hoteles, sino también en fincas visitables, degustación de productos de la tierra, bodegas, o restaurantes. La agricultura no es parte del pasado, es también presente y futuro. Tenemos que creerlo con compromiso por los que hacen los surcos en la piel de esta tierra. La recuperación de los frutales abandonados (higueras, almendros, tuneras), son parte del ayer, pero también del hoy y del mañana.

martes, 18 de julio de 2017

Cambio climático o cambio cultural

Asociamos cambio climático a las emisiones de gases de los combustibles fósiles. En contadas ocasiones relacionamos el clima con una manera de vivir la relación que tenemos con el territorio que pisamos, de cómo nos alimentamos, lugar de producción, época, proximidad o lejanía, entre alimentos y consumidores, tratamientos y costes energéticos de los mismos, paisaje y producción de alimentos, eso que ahora llaman kilómetro cero..., alimentos, puestos de trabajo, medio ambiente, etc.

En Canarias hemos de asociar la alimentación con la agricultura y la ganadería, dada la precariedad del entorno, alejado de los lugares para abastecernos, pero también la relación que tienen los alimentos con las tierras labradas, con la optimización del medio, del riesgo de incendios, en el largo verano canario, tema importante en las cinco islas occidentales.

El barranco de la Chaurera como marco que hace lindero, quinientos años después. De tierras de la Mesa hasta El Rosario, tenemos un paisaje agrario menos deteriorado, ya que irrumpen con más fuerza dos cultivos que son referencia en las medianías de los secanos de Canarias... Los cultivos de papas y viña, al este de dicho barranco. Por otra parte, juega un papel importante la actividad ganadera en torno a La Laguna-Benijos, con importancia de cultivos relacionados con los mismos forrajes, maíz, cereal, pastos, aunque una parte importante del ganado estabulado. Hemos destacar en dicho paisaje los recursos humanos en la organización del paisaje de dicha comarca.

Agate, la cooperativa La Candelaria, Pedro Molina, la Asociación de bodegueros, denominación de origen, bodegas, los guachinches, la dignificación del vino y las papas del país, una cultura que ha revalorizado nuestros vinos, nuestros quesos, nuestra cocina, la vaca, basta, con identidad propia, el arrastre, la romería, las cabras como referencia con incorporación como elemento identificativo y productivo, caso de la cooperativa de Benijos con más de cien ganaderos.

Por ello campesinos, vacas, cabras, papas, vino, guachinches, romerías, arrastre, bodegas, concursos de vino, la enología y la mejora de nuestros vinos entran en una cultura básica, social y ambientalmente.

Un campo bien cuidado, valga como referencia La Victoria, modelo de paisaje cuidado en viñas, y La Laguna, municipio con la mayor cabaña ganadera de Canarias. Lamentamos los matorrales como elementos de propagación del fuego, que se extienden, sobre todo, al borde de los barrancos abandonados, barrancos de Tacoronte, El Rosario, Tigaiga, Barranco de Ruíz, etc.

Los cultivos de papa, maíz, legumbres, desde tierras de Mesa hasta Aguamansa, con pequeña zona entre La Vica, en la Matanza, y Las Rosas, en El Rosario, quedando una amplia comarca.

La comarca comprendida entre el barranco de la Chaurera y El Rosario significa más del 50% de los cultivos de papas de Tenerife y el 60 % de las viñas (Véase cuadro).

El cuidado de la viña, las papas y la reactivación de la ganadería, incluido el pastoreo en zonas forestales, cortafuegos, franjas de matorral en los bordes del monte y tierras marginales para la agricultura son medidas básicas para la seguridad de las zonas pobladas y evitar la expansión de los incendios, sobre todo en zonas pobladas al borde de los barrancos.

Tengamos como referencia que la Isla tiene algo más de 18.000 hectáreas cultivadas, superando a las tierras balutas en algo más de veinte mil hectáreas. En muchos casos están ocupada por el monte, y en otros por matorrales de zarzas, retamas, cañaveral, tabaibas, granadellos, hinojos, helechos... vegetación de gran peligro sobre todo en los últimos meses de verano.

El cambio cultural es una asignatura pendiente, la lucha contra el los incendios no es un problema, solo de la administración pública, al margen de los vecinos, los sueños que las máquinas y los bomberos apaguen el fuego y nos protegen a todos no se ajustan a la realidad, los incendios en California de los últimos años quemando zonas urbanas, cortando autopistas, en el país más rico del mundo, pone de manifiesto que la prevención es la única herramienta que conocemos, con o sin cambio climático. Las olas de calor, el viento y la vegetación seca son elementos de difícil control en cosa de horas. Está en nuestras manos la retirada de combustible que antes era pasto para el ganado. Los agricultores y ganaderos son bomberos de antes y ahora revaloricemos su trabajo, su servicio tanto en el plano ambiental como social.

Un plato de papas arrugadas y un vaso de vino del país, una vaca, una cabra, un agricultor, son parte del antes y el ahora, dignifiquemos su trabajo, su compromiso...

La degradación de la cultura rural nos empobrece social y ambientalmente. El cambio climático es parte de un módulo económico cultural hacia la naturaleza, degradando los conocimientos locales, buscando alternativas en el exterior, degradando lo local, lo nuestro. "Sembremos" agricultores y ganaderos con compromiso económico y social. Con los campesinos, el medio rural lo podemos gestionar con cultura de ayer, incorporando la tecnología como complemento a lo que hacen los campesinos, no sustituyendo al hombre del campo desde el despacho, muchas cosas del ayer son modernas hoy.

domingo, 9 de julio de 2017

Los campesinos y los peligros de los incendios

Es fundamental saber realizar una lectura del territorio adecuada. Para ello, tenemos múltiples ejemplos, como la referencia del barranco de La Chaurera, en el que, hace ya más de quinientos años, los guanches tenían claro la distribución de las actividades económicas según los suelos, asociando las coladas de lava al pastoreo. Hoy, sin embargo, el noroeste de la isla (Tenerife) sufre una crisis profunda de la actividad agraria, si exceptuamos la franja costera de la Isla baja y la platanera por, en parte, no haber sabido sacar partido de las posibilidades que nos da cada territorio. Los siete municipios del N.W. se encuentran en una situación seria, de enorme dificultad, ya que los cultivos de secano, frutales y cereal, han entrado casi en su extinción. Misma situación se reproduce en la ganadería, con pérdidas significativas en ganado de carne y leche.

La crisis de la agricultura ha generado la expansión de matorrales de zarzas, helecheras, hinojos, granadillos, tabaibas, rabo de gato... El poblamiento disperso, la ocupación de la población por zonas "sorribadas", entre las lenguas de las coladas ocupadas por pinar, brezal, jaral, hasta puntos bajos, hace que los peligros para la defensa de los caseríos se complique, al quedar rodeados tanto por el monte, como por los matorrales, que han crecido en las huertas de cultivo, hoy colonizadas, por plantas de gran capacidad para propagar fuego (zarzas, granadillos, heleheras, hinojos, tabaibas,...) En el territorio quedaron sin cubrir por las lavas (Teide - Pico Viejo- Chinyero - Montañas Negra) unos amplios espacios: Topete, Serico Gordo, con suelos más fértiles, sin apenas malpaís. Sin embargo, hoy se encuentran con el mismo panorama sombrío. El problema se repite en Fuente La Vega, San José de los Llanos, San Francisco de la Montañeta, Erjos, Ruigomez,...saltando también al Valle del Palmar, que hoy es campo de zarzas, hinojos y tabaibas. Valga como referencia el siguiente cuadro recién publicado:

                                        TIERRAS CULTIVADAS            ABANDONADAS

SAN JUAN DE LA RAMBLA           359 Has                            240 Has

LA GUANCHA                             280 Has                            210 Has

ICOD DE LOS VINOS                  657 Has                            950 Has

GARACHICO                              280 Has                            210 Has

EL TANQUE                                111 Has                           556 Has

LOS SILOS                                 504 Has                           200 Has

BUENAVISTA DEL NORTE             474 Has                           890 Has

COMARCA                                2665 Has                          3256 Has

Sirvan dichas referencias como lectura de la urgencia de tomar medidas por la seguridad y prevención de incendios, dado el volumen de combustible que tenemos en amplias zonas pobladas, ante los largos veranos canarios, en los que demandamos auxilios de las administraciones y los vecinos para la retirada y limpieza en las proximidades de las viviendas así como, en las proximidades de las vías de comunicación.

El último bando municipal, conocido, exigiendo a los vecinos la limpieza de entorno de las zonas pobladas, lo estableció D. Manuel Reyes en San Juan de La Rambla. Medida responsable, que hoy tendría una comarca con menos peligros o con menos problemas ante los incendios. Es urgente una movilización que actúe en la prevención, pero también otra política agraria y ganadera que incorpore población a la actividad. Sobre todo es clave, en la zona alta, ya que la Isla Baja mantiene un paisaje cuidado, siendo Los Silos, un ejemplo, si bien, en la Juncia y Erjos, se sufre el problema de crisis en toda la comarca.

Es urgente la actuación entre la fuente de La Guancha y Ruigomez, especialmente, en los entornos de los caseríos, dadas la características del fuego con tiempo sur y sureste. Es fundamental la limpieza en todos los pueblos, sobre todo, de la vertiente del naciente. Se requiere este compromiso, tanto por aspectos sociales y de seguridad, como por cuestiones ambientales. Estamos a tiempo, actuemos.

domingo, 2 de julio de 2017

El CETA y los/as chaureros/as. De las chaureras a los helicópteros

Estos días se ha abierto un debate político sobre las declaraciones de Pedro Sánchez y supuestos cambios en la economía española. Aunque Canadá significa el 0,25 del PIB en el comercio con España, aquí y ahora las importaciones han estrangulado una parte significativa de la economía... Así, las importaciones de productos cárnicos y lácteos sin arancel han creado serios problemas a los ganaderos y de manera colateral al medio rural, al poblamiento y, por supuesto, a la seguridad de nuestros pueblos (campos cubiertos de pastos y maleza -una vaca come entre 30 y 50 kilos y una cabra en torno a los 8 o 10 kilos-).

Vacunos: las importaciones de productos cárnicos significan solo en vacuno más de cien mil reses al año. Si relacionamos los pastos que demanda cada vacuno, significa entre 15 y 20 tm3. Podemos leer el impacto en la piel del territorio: no digamos las tres o cuatro toneladas que demanda una cabra al año, tema básico en la limpieza de nuestro campos, lo cual supone la creación de puestos de trabajo y menor dependencia del exterior, generando también seguridad en los caseríos y menor peligro para nuestros montes.

De las chaureras a los helicópteros .- En la toponimia de Tenerife está el barranco de la Chaurera (según parece, era la que distribuía los pastos entre guanches). El barranco está situado al borde de las lavas del Teide -Pico Viejo-; hacia el naciente están las tierras sin apenas piedras, lo que ahora llamamos tierras de pan de sembrar (Tierras de Mesa en Icod de los Trigos) y hacia el poniente los malpaíses donde dominaba la zona de pasta. Ahora nos hablan de cambio climático, de peligro de incendios, de problemas con el agua... Olvidamos una cultura que gestionó el territorio en la que el pasto era para el ganado; ahora es combustible para el fuego, con el consiguiente riesgo para la población. Nos decía D. Benito Fraga, guarda forestal de los años cincuenta, cómo entraban en Las Cañadas desde Los Realejos (Casa del Queso) más de 5.000 cabras en los veranos o cómo funcionó una era en Boca Tauce, próxima a la casa de D. Juan Évora...

El hambre no es buen aliado del medio ambiente..., pero ahora hemos olvidado otra lectura: la que hacía el veterinario de la Isla Baja D. Pedro López Sumer, o la que hacía D. Domingo Romero sobre el Valle del Palmar o D. Antonio Mesa (marchante).

D. Pedro daba solo para la Isla Baja 4.600 vacas de raza basta; el señor Romero y Antonio Mesa situaban en el Valle del Palmar más de 1.000 vacas, que eran complementarias de la agricultura y que demandaban no solo pasto, sino cama y, en consecuencia, retiraban la pinocha de los montes... Qué decir de los campos sembrados, con cultivos, con rotación, bien a dos o tres hojas... Cereal, legumbres, manchón, papas...

Ahora aquí tenemos barreras a las labores por supuesta protección ambiental. Pero lo más grave son las importaciones sin arancel, alegando el abaratamiento de la cesta de la compra, y lo peor es que en los pueblos predominen las grandes superficies con productos importados. Por no tener, no tenemos ni gangocheros, papas a 0,40/kilo o las vendemos sin precio para el agricultor, agravada la situación por la polilla guatemalteca.

La lucha contra el fuego no la resolvemos con medios solo mecánicos, necesitamos estímulos para labrar y cultivar el campo; los temas ambientales no pueden estar separados de los agrarios y los sociales. El pastoreo, la actividad agraria y ganadera puede y debe tener estímulos sociales y económicos, con precios mínimos garantizados y con freno a las importaciones. El supuesto (CETA) para Canarias puede ser una herramienta básica y necesaria para esta tierra. Hay que penalizar las tierras de cultivo sin surcos, sin campesinos, creando estímulos para que rompan con la alergia al sacho. Necesitamos otras lecturas del campo, que dignifique tanto en lo económico como en lo social el trabajo y la defensa de lo rural, lo nuestro...

Las importaciones han de contar con los productores en una sociedad más solidaria, en la que la chaurera de ahora debe controlar las importaciones, pero también estimulando a los que hacen surcos aquí y ahora.

lunes, 26 de junio de 2017

Portugal: no llegaron los bomberos

Sean estas líneas de reflexión sobre la cultura del territorio, lo pequeño, lo local, la cultura del medio, la autogestión, la aldea como comunidad, la relación de los vecinos con el entorno. Pautas que han de funcionar en entornos pequeños. La autosuficiencia, en el caso del fuego, no puede tener pautas urbanas: los bomberos.

Aquí se impone la prevención, los vecinos deben saber que en las proximidades de las viviendas no debe haber vegetación en la estación seca. Eso lo sabían los campesinos cuando éramos pobres, cuando no había bomberos en el medio rural, y mucho menos medios aéreos. Ahora confiamos demasiado en las máquinas y hacemos poco por la prevención. Nos decía el martes 20 de junio la ministra de Medio Ambiente, la señora García Tejerina, que España es la mayor potencia en Medio Ambiente, la señora García Tejerina, que España es la mayor potencia en medios aéreos de la UE, con más de 250. ¿Es suficiente?, ¿son eficientes?, ¿cuántas horas al día?

Viento, humo, topografía, etc., etc. Con los bomberos ocurre igual. No podemos aplicar pautas urbanas para proteger a los vecinos en los caseríos. Los que hemos vivido y sufrido los incendios sabemos que la iniciativa local es básica. Aquí la principal asignatura es la retirada de combustible de los núcleos de población. Las pautas urbanas en el modelo rural han roto gran parte de la gestión de antaño, apenas retiramos pasto, leña o cuidamos ganado.

Ahora en Portugal se han propiciado las plantaciones de eucaliptos como monocultivo para madera (combustible), mientras que ha habido una pérdida de actividades agroganaderas, y con ello se acumula maleza.

En los casos de Canarias, gran parte de las tierras en los entornos de los pueblos hemos dejado de labrarlas, ahora cubiertas de maleza ("31 de julio de 2007, 23:00 horas. Caserío de Redondo. Finca de los Cámaras, lleno de zarzales y helecheras, el fuego nos rodea"). Aquí y ahora, la lucha contra el fuego es el trabajo de la prevención del invierno.

En Portugal han ardido algo más de 30.000 ha, una superficie como La Gomera, quitando la vida a más de sesenta personas, con casi doscientos heridos. Aquí y ahora deben saber que la prevención es clave, que los bomberos y los medios aéreos nos pueden echar una mano, pero que están muy limitados ante una naturaleza en la que los llamados "tres-treinta" (temperatura, velocidad del viento y humedad inferior) y un suelo sin campesinos, a 30º con o sin cambio climático, pone el resto; no estemos pendientes del pirómano maldito o bien de la tormenta seca. Los veranos pueden ser más llevaderos haciendo prevención; hagamos lectura de lo que hacían las generaciones que no vieron ni carreteras ni helicópteros. No conocemos ninguna historia de tragedias como la de Portugal; conocemos situaciones críticas en Canarias, por el agua y los barrancos, por el poblamiento en su entorno, para el fuego tenían claro la prevención.

Sean estas líneas de una lectura responsable sobre lo que tenemos que hacer tanto desde el plano de las instituciones como desde el plano individual. Tenemos zonas con un grado de vegetación en las proximidades de las viviendas que ponen en peligro la integridad de sus vecinos, sobre todo ante una entrada de aire caliente con viento.

No hay bomberos para cada casa, y los medios aéreos son para un foco, unas horas al día, sin viento y con buena visibilidad. Lo efectivo es la prevención, retirada de combustible en la proximidad de las viviendas.

Hagamos una lectura responsable de nuestro territorio. Nuestros pueblos han sobrevivido a numerosos incendios sin quemarse, separemos el monte de las casas.

domingo, 18 de junio de 2017

Campo: algo más que PIB

Pedro Molina ha sido una referencia en la dignificación del mundo rural ante una cultura, la llamada globalización, que asocia modernidad con lo urbano, con la robótica, el whatssap.

Estamos convencidos de que los logros de la humanidad no pueden separar al hombre de la tierra, que las grandes preocupaciones de la sanidad, la educación, no pueden ignorar el suelo de donde salen los alimentos. Eso que llamamos la teoría del "Kilómetro cero" hasta aun a varios miles de kilómetros de las Islas. La rentabilidad económica se pone por encima, olvidando que los logros de la humanidad son logros sociales, o es un espejismo, fracaso cortoplacista que separa las demandas básicas por coyunturas comerciales y tecnológicas que nos alejan del entorno, en una falsa modernidad que margina, ignora, lo próximo, lo local, lo pequeño, lo nuestro. En cambio, la globalización, las bodegas de los barcos, los modelos insolidarios y egoístas ponen el resto. Disociamos lo que comemos, y nuestra tierra, incluso nuestra salud.

La agricultura y la ganadería, junto con el medioambiente, son asignaturas olvidadas tanto en el sistema educativo como en los valores prioritarios de nuestros pueblos. Los campos sin cultivar, la maleza, los incendios, las plagas en el mundo rural, los asociamos a los equipos forestales públicos, lucha contra incendios, las máquinas, los helicópteros, no al papel de los campesinos y los campos labrados.

No queremos animales en la proximidad porque tienen aparato excretor (solo se lo permitimos a los animales de compañía). Pedro, de una manera didáctica, incorpora las vacas y las cabras a las romerías, a la fiesta, frenando la hemorragia que sufría nuestro medio rural. La valoración de la vaca del país, las cabras y los burros entra en una nueva percepción de un mundo que había degradado lo nuestro, lo pequeño, lo de aquí. El arrastre, la romería, la revalorización del queso, la dignificación de los productos de la tierra ante un aluvión de productos importados.

La defensa de la agricultura y la ganadería, el freno al cierre de granjas ante la expansión de los adosados, ha tenido mucho que ver con Agate y la Cooperativa La Candelaria, con un tejido social creado en torno a la ganadería, una semilla que arraiga.

En una lectura de lo que ocurre con nuestro campo, la impronta de Pedro Molina ha marcado (no solo en Tenerife, sino en toda Canarias) la lucha por la dignificación del mundo rural, y en particular de la ganadería, siendo una gran referencia en La Laguna y todo su entorno. La localidad es hoy el mayor municipio agrario de Canarias, con casi dos mil hectáreas cultivadas, siendo con diferencia el que tiene más suelo sembrado de cereal, destacando el cultivo de millo como forraje para el ganado, siendo Pedro uno de los mayores agricultores de trigo de las Islas.

Pedro es un referente no solo por lo que ha defendido a lo largo de su vida como comunicador en los medios, sino sobre todo por lo que hace, ya que es de los mayores surcadores que arañan una amplia superficie de la isla, frenando la expansión de las zarzas, los matorrales, incluido el rabo de gato ("Pennisetum setaceum").

No olvidemos que vivimos en una tierra con múltiples problemas sociales, en unas islas en las que tenemos más zonas de cultivo en abandono que cultivadas. Faltan ideas, ilusiones, compromiso; algo que Pedro hace todos los días. Los cambios se han de producir en las ideas, en un modelo que dignifique también la cultura local, tanto a la hora de comer como en los tiempos de siembre y escarda, que haga que lo que espigue grane. Nuestros graneros están vacíos no solo de grano, también de ideas y compromiso. El amigo Pedro sigue sembrando, frenando el rabo de gato y la desidia.

Pedro no solo es referente porque haya contribuido a que La Laguna sea el mayor municipio ganadero de la isla, sino porque sigue siendo un modelo a seguir para el colectivo de jóvenes que se inician en el mundo de la ganadería.

Claro que hemos de hablar de rentas para los campesinos, pero sobre todo dignificar la tierra, los alimentos sanos, y los hombres y mujeres que cuidan de nuestro campo y la naturaleza en las Islas, con clara implicación de protección al mundo rural. Ejemplo de ello es Pedro, a quien felicito por el homenaje que le ha brindado recientemente la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, a la cual me sumo.

domingo, 11 de junio de 2017

De la Orotava a Guía de Isora


En los últimos años hemos venido realizando una lectura de nuestro territorio con poca reflexión sobre el entorno, ignorando el tema temporal, ya que vivimos con miradas básicamente económicas, con la luz corta. Tampoco tenemos un planteamiento de futuro, dejando tal temática para la tecnología y el "destino", asunto que damos por hecho, que no nos corresponde a los humanos... (otros piensan por nosotros).

Sin embargo, entiendo que, aquí y ahora, leer lo que ocurre sobre dos pedazos de tierra en la isla de Tenerife, en este caso La Orotava y Guía de Isora, resulta interesante. En estas dos zonas los cambios que se han venido produciendo son significativos, cambios que obedecen a los humanos, pues han sido los que han ido devaluando un territorio y han revalorizado otro, paisaje y economía, hijos de decisiones político-administrativas que han puesto en valor o depreciado un espacio cuando las modas y los modos, y los que han manejado los hilos del telar para hacer la manta, así lo han considerado oportuno.

La Orotava fue la joya de la corona, ya que disponía de agua y suelo para riego en la costa, y suelos fértiles regados por los Alisios, con un amplio campo de las medianías húmedas de Tenerife. Si tomamos como referencia los años 40, La Orotava era uno de los municipios más ricos de Canarias, mientras Guía de Isora era un territorio pobre y sin agua, cubierto por lavas volcánicas, sin apenas suelo donde hacer surcos, sobre todo en la parte occidental del municipio. En dicha época se producen los primeros alumbramientos de agua en la localidad sureña, comenzando de manera tímida los primeros cultivos de tomate.

Más adelante, en 1960, La Orotava tenía más de 700 ha de plátanos, alcanzando todo el Valle unas 1.500 ha, próximo al 30 % de la platanera de Tenerife y el 10 % de toda Canarias. Cuando el Puerto había alcanzado una capacidad hotelera similar a la actual, en el Valle teníamos más de mil hectáreas de platanera conviviendo con una de las zonas turísticas de más auge de Canarias en esos momentos, al igual que unas medianías vivas, sobre todo de secano, papas, ganadería, cereal, pastos, viña.

Al mismo tiempo, Guía de Isora comenzaba con cultivos de tomates, arañando entre malpaís y suelos transportados desde el barlovento de la isla, a la vez que los alumbramientos de las galerías se incrementaban.

En la década de los 60 se marcan pautas que diferencian claramente los dos territorios. Guía tenía 407 ha de plátanos mientras La Orotava aún mantenía 680; sin embargo, en tomate, Guía se había impuesto como el mayor municipio de la isla con algo más de 700 ha.

La Orotava-Guía de Isora en el s. XXI.- Posteriormente, La Orotava y el Valle optaron por un modelo urbano, que inutiliza gran parte del suelo agrario. De hecho, ahora es un solar como zona residencial (chalets y adosados), y con gran parte de las tierras sin ocupación. La platanera pasa de 1.400 ha en 1984 (Valle) a las pírricas 300 de estos momentos. Sólo cabe justificar las 200 ha de nuevos cultivos de aguacates; el resto de los territorios ocupados antaño por platanera están en gran medida como tierras no cultivadas, lo que ahora llamamos "barbecho prolongado", que en el Valle supera las 1.000 ha. En muchos casos, además, son tierras con infraestructura de riego. Quedan, por lo tanto, como referencia en La Orotava, únicamente los cultivos de secano: papas, viñas y tierras balutas con importantes infraestructuras de riego en total abandono, siendo de los lugares de la isla con menos problemas de agua.

Mientras tanto, en el pasado más reciente, Guía de Isora ha plantado, sobre las cenizas de los tomates (en declive, y actualmente con solo 15 ha), unas 400 ha de platanera, situándose como el mayor municipio platanero de Canarias, al incrementar los cultivos en invernaderos en unas 300 ha.

Como parte de un análisis general, entendemos que el problema del abandono de la tierra hay que abordarlo con actuaciones concretas y de calado. Es imprescindible desarrollar una ley de arrendamiento que penalice las tierras ociosas, y favorecer el acceso a créditos, asesoramiento y semillas para nuevas incorporaciones al campo, con precios y garantías para la producción local. Tenemos en Tenerife más de mil hectáreas con infraestructuras de riego abandonadas, tal como ocurre en Arico, Granadilla o La Laguna, con instalaciones ociosas, incluso invernaderos. Entendemos que una parte importante de las tierras inactivas son hijas de un modelo rentista sobre el suelo rústico, marginando la actividad productiva, con una cultura que relega el campo y la ganadería. No es solo un tema de rentabilidad cortoplacista, ya que en platanera hemos pasado de 14.000 a 9.000 hectáreas en Canarias, con importantes aportes comunitarios y continua hemorragia en los activos canarios. En el caso del Valle hemos sufrido mayores pérdidas al quedar reducido dicho cultivo al 30 % de lo que se cultivaba en la década de los setenta. Valga como referencia que los cultivos de las medianías del Valle, papas y viña, han tenido menores pérdidas en algunos casos, o bien lo que ocurre con la Cooperativa Benijos con el queso, con peor suerte con las papas.

Es cierto, no obstante, respecto a Guía de Isora, que no podemos idealizar su modelo, ya que ha perdido más de 1.500 puestos de trabajo en el cultivo de tomate, mientras los frutales de las medianías (higueras, almendros, vid) están en abandono. Por el contrario, las medianías del Valle aún respiran con los mayores productores de papas de la isla, en un territorio al que hemos importado el año pasado más de 50 millones de kilos, y aquí gran parte de las tierras de cultivo están cubiertas de maleza, con los peligros para el verano.

Una isla más sostenible demanda los cuidados en los frutales de secano de Guía, y la puesta en cultivo de gran parte del Valle de La Orotava, sobre todo las tierras que antaño fueron de platanera, hoy cubiertas de maleza, incluido el rabo de gato.