viernes, 25 de agosto de 2017

Las microalgas y las macromiserias

Cuesta entender el debate central en los medios este verano sobre las microalgas y las macrocacas. Asociar en Canarias tales planteamientos es entrar en la miseria política, sin argumentos científicos y, lo que es peor, ignorando trabajos científicos serios como el de Sebastián Delgado.

Sebastián, profesor de la ULL a lo largo de más de veinte años, ha realizado un análisis riguroso sobre las aguas depuradas de Santa Cruz-La Laguna y Adeje-Arona, que riegan una superficie importante del sur de Tenerife, siendo referencia en la reutilización de aguas depuradas en España, junto con el levante español.

Claro que hemos de depurar y reutilizar los más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas urbanas en Canarias. Este es un asunto fundamental tanto para la salud como por la necesidad de aprovechar un recurso escaso para la producción de alimentos, forrajes para el ganado, mantenimiento de jardines y campos de golf, mejorando a la vez nuestros acuíferos y cuidando nuestro medioambiente.

Presentar lo que ocurre en el mar y asociarlo a los vertidos no se sostiene. Las localizadas al Noroeste de Punta Cumplida en La Palma no pueden estar asociadas a cuarenta y cinco viviendas en La Fajana, Barlovento. Igualmente ha ocurrido en otros puntos de las costas noroccidentales de las Islas, con vientos de noreste y corrientes marinas del norte.

Haya o no microalgas, es evidente que debemos cuidar la depuración de aguas residuales en las zonas pobladas. Necesitamos realizar un importante esfuerzo en todas las Islas en infraestructuras de saneamiento, depuración y reutilización. Son más de doscientos hectómetros cúbicos de aguas residuales urbanas las que producimos, de las cuales reutilizamos menos de treinta, y en otros casos se depuran y se vierten al mar no siempre con emisarios adecuados. Son urgentes acciones de mejora entre Arrecife y Puerto del Carmen o la desembocadura del barranco de Guiniguada, o entre Lazareto y Buenos Aires, la costa de Adeje hasta Arona o gran parte de la costa sur de Gran Canaria.

No es objetivo ni serio asociar el tema de las microalgas con problemas humanos de mala gestión en las Islas. Si Alemania y Holanda mantienen cientos de millones de excretores en la vega de los ríos Rhin y Escalda, donde siguen bebiendo agua y lavando los biberones de los niños, es difícil de entender para un habitante de Rotterdam que no se pueda bañar en nuestras costas por la incompetencia de nuestros políticos, que encargan mapas de las Islas con miles de puntos de vertido en un supuesto mundo de irresponsables o incompetentes.

Leamos los trabajos de Sebastián Delgado, hablemos seriamente de recursos y de medioambiente, de costes económicos y ambientales. Las aguas residuales las hemos de depurar por aspectos sanitarios, pero también para aportar a la naturaleza parte de lo que le quitamos. Reutilizamos poco más del 10 % de las aguas residuales; podemos y debemos regar más de veinte mil hectáreas con esas aguas, generando trabajo, invirtiendo en infraestructuras y mejorando nuestra salud y nuestro medio ambiente. Sembremos una cultura solidaria y responsable, más sostenible social y ambientalmente.

domingo, 13 de agosto de 2017

Granjas en Holanda y gallinas en Canarias

Estos días surge un problema (nada nuevo) en la producción masiva de alimentos en espacios reducidos utilizando procesos industriales. Hemos pasado de modelos naturales casi artesanales a la concentración de la producción con rendimientos productivos propios de la industria.

Ya hay vacas que son manantiales de 10 o 15.000 litros de leche anuales, o gallinas que inundan la demanda del mercado. Holanda es uno de los mayores productores de huevos del mundo, con 105 millones de aves, y consumen sus 17 millones de holandeses solo el 40% de los huevos producidos, exportando el resto a media Europa.

Las leyes de bienestar animal que aplica la UE han obligado a las granjas a una serie de controles y límites de difícil aplicación. Las granjas familiares son las que más dificultades sufren para cumplir con esas exigencias. Aquí en Canarias un gallinero requiere de más papeles y proyectos que una fábrica de tornillos: llegamos al absurdo de que se impide tener un gallo para no alterar la tranquilidad de los vecinos en cualquiera de nuestros pueblos. Aquí tenemos unas 200 gallinas por kilómetro cuadrado, mientras en Holanda pasan de las 3.000 para la misma superficie.

Sin embargo, lo que ha ocurrido en Holanda debería hacernos reflexionar sobre qué tipo de alimentos queremos consumir. La agencia de seguridad alimentaria NVW ha detectado un problema de contaminación en los huevos por la aplicación a las gallinas de un pesticida (Fipronil) que la OMS considera peligroso y prohibido para el tratamiento de semillas de maíz y girasol por riesgo para las abejas. Millones de huevos han sido destruidos, se han sacrificado cientos de miles de gallinas y más de cien granjas han sido cerradas, con el consiguiente perjuicio económico ante un riesgo sanitario de imprevisibles consecuencias.

Este escándalo se suma a los ya sufridos, como la gripe aviar, las vacas locas, la peste porcina, etcétera. Se pone de manifiesto que la producción masiva de alimentos con técnicas industriales tiene también limitaciones, que las producciones familiares locales tienen mucho que hacer y decir. El hecho de que una cadena de supermercados como Aldi, con más de 10.000 establecimientos, suspenda la venta de huevos holandeses indica la envergadura de un problema creado por una concentración cada vez mayor en la producción y la distribución de alimentos.

La dependencia de la soja y otras leguminosas y cereales, la deforestación para crear nuevas explotaciones intensivas y la práctica totalidad de las nuevas técnicas agrícolas y ganaderas llevan a la "desagrarización" de la sociedad, a un alejamiento total del hombre y el campo. Debemos luchar por la relación entre sociedad y alimentos, entre nosotros y el territorio que pisamos. Ni siquiera en Holanda, que se encuentra en la vanguardia de la tecnología alimentaria de Europa y el mundo, está claro que lo primero es la salud de los seres humanos, por no hablar de otros países (¿quién recuerda la amenaza de la carne de Brasil de hace escasos meses?).

La producción de alimentos es mucho más que abaratar costes y aumentar rendimientos y beneficios. La cultura agraria, la sociedad rural, los alimentos sanos y un equilibrio ambiental son todos aspectos de una misma moneda, son elementos básicos de una sociedad sostenible y equilibrada. Cuidemos lo nuestro, lo local, lo pequeño: el campo canario tiene futuro.

lunes, 31 de julio de 2017

Sur de Tenerife: algo más que turismo

En la historia de las Islas ha predominado la ley del péndulo, ahora la viña, ahora la cochinilla, ahora el turismo..., parece razonable no poner todos los huevos en el mismo cesto, eso lo solemos decir, sin embargo, los hechos son otros. En la actualidad, el foco que alumbra, la referencia predominante, es el turismo, tema este que no requiere debate y que tenemos que cuidar. Sin embargo, nos equivocamos si no hacemos referencia y leemos una cultura, un paisaje, un paisanaje, en un territorio cargado de dificultades para la actividad agraria, domesticado por nuestra gente con una referencia que nos enorgullece de sabiduría, esfuerzo, trabajo, para hacer productivo un territorio en el que la pluviometría y el suelo hacen que cada surco, cada frutal, sea una respuesta de un esfuerzo inteligente, de un pueblo..., las huertas de jable, Agache, Ifonche, las cuevas y canteras para su obtención de Jable de Chimiche a Vilaflor, y otros puntos aislados (Fasnia, Arico, Las Fuentes, Arafo, etc., etc.).

No ponemos en tela de juicio lo que ocurre entre Granadilla y Santiago del Teide, uno de los núcleos turísticos más importantes del Archipiélago, tema que, como ya he señalado, hemos de cuidar en dicho plano. No obstante, hemos de leer el territorio, más frecuentado por lo mismo, paisaje rural y urbano, restaurantes, entornos de las vías de comunicación, cultura y gestión del territorio. Tenemos que plantearnos cómo dignificar, valorizar y presentar a los visitantes nuestros paisajes y nuestros paisanos..., desde los eres [1], el gofio de cosco, las aulagas y los balos, los pinos de Vilaflor y las retamas, los almendros sobre lavas casi calientes, a las viñas en cepas, los cultivos de hortalizas, las galerías de agua y la cultura del agua, canales, presas, estanques, los cultivos en jable como una tecnología avanzada ante la adversidad de la naturaleza..., en una palabra, el hombre, que aquí no ha sido un elemento pasivo.

Hagamos lectura del siguiente cuadro, en el que es muy expresivo los surcos que sobreviven en el sotavento insular:

Hemos de destacar que el sotavento de Tenerife aguanta con un patrimonio de suelo cultivado importante, suelos cultivados bajo riego, siendo muy significativo el papel que juega la administración y la iniciativa privada en la gestión del agua: infraestructuras, comunidades de riego, instalaciones, prioridades en el buen funcionamiento de las mismas. Señalar que no siendo menos importante la relación de la agricultura con el entorno: mercadillos, ambientes culturales con la agricultura, ferias, encuentros, agricultura y el entorno, los productos de la tierra, la incorporación de frutales de secano a la economía local y el turismo..., almendros, higos pasados, otros cultivos en jable, como el caso de la vid, el olivo, los higos picos.

El jable como cultura que se extiende de Arafo a Ifonche, el almendro en Vilaflor y el oeste de Tenerife (Guía-Santiago). Los mercadillos y el campo. El sotavento de Tenerife: turismo, agricultura y cultura. El jable como paisaje, como gestión de recursos de Agache a Vilaflor: de los eres [1], las galerías a las desaladoras, de los pinos de Vilaflor a la barrilla, y a los campos de golf en la diversidad del sotavento tinerfeño.

Hemos de hacer una lectura que dignifique la manera de gestionar un medio cargado de dificultades, que hemos revalorizado con trabajo de una manera inteligente. En una palabra, una dignificación de un pueblo que ha luchado ante una naturaleza adversa (sorribas, jable, búsqueda de agua), y que, aún hoy, tenemos un potencial agrario importante, que hemos de cuidar, vincularlo al turismo, no solo en los mercadillos yen la alimentación de los turistas en los hoteles, sino también en fincas visitables, degustación de productos de la tierra, bodegas, o restaurantes. La agricultura no es parte del pasado, es también presente y futuro. Tenemos que creerlo con compromiso por los que hacen los surcos en la piel de esta tierra. La recuperación de los frutales abandonados (higueras, almendros, tuneras), son parte del ayer, pero también del hoy y del mañana.

martes, 18 de julio de 2017

Cambio climático o cambio cultural

Asociamos cambio climático a las emisiones de gases de los combustibles fósiles. En contadas ocasiones relacionamos el clima con una manera de vivir la relación que tenemos con el territorio que pisamos, de cómo nos alimentamos, lugar de producción, época, proximidad o lejanía, entre alimentos y consumidores, tratamientos y costes energéticos de los mismos, paisaje y producción de alimentos, eso que ahora llaman kilómetro cero..., alimentos, puestos de trabajo, medio ambiente, etc.

En Canarias hemos de asociar la alimentación con la agricultura y la ganadería, dada la precariedad del entorno, alejado de los lugares para abastecernos, pero también la relación que tienen los alimentos con las tierras labradas, con la optimización del medio, del riesgo de incendios, en el largo verano canario, tema importante en las cinco islas occidentales.

El barranco de la Chaurera como marco que hace lindero, quinientos años después. De tierras de la Mesa hasta El Rosario, tenemos un paisaje agrario menos deteriorado, ya que irrumpen con más fuerza dos cultivos que son referencia en las medianías de los secanos de Canarias... Los cultivos de papas y viña, al este de dicho barranco. Por otra parte, juega un papel importante la actividad ganadera en torno a La Laguna-Benijos, con importancia de cultivos relacionados con los mismos forrajes, maíz, cereal, pastos, aunque una parte importante del ganado estabulado. Hemos destacar en dicho paisaje los recursos humanos en la organización del paisaje de dicha comarca.

Agate, la cooperativa La Candelaria, Pedro Molina, la Asociación de bodegueros, denominación de origen, bodegas, los guachinches, la dignificación del vino y las papas del país, una cultura que ha revalorizado nuestros vinos, nuestros quesos, nuestra cocina, la vaca, basta, con identidad propia, el arrastre, la romería, las cabras como referencia con incorporación como elemento identificativo y productivo, caso de la cooperativa de Benijos con más de cien ganaderos.

Por ello campesinos, vacas, cabras, papas, vino, guachinches, romerías, arrastre, bodegas, concursos de vino, la enología y la mejora de nuestros vinos entran en una cultura básica, social y ambientalmente.

Un campo bien cuidado, valga como referencia La Victoria, modelo de paisaje cuidado en viñas, y La Laguna, municipio con la mayor cabaña ganadera de Canarias. Lamentamos los matorrales como elementos de propagación del fuego, que se extienden, sobre todo, al borde de los barrancos abandonados, barrancos de Tacoronte, El Rosario, Tigaiga, Barranco de Ruíz, etc.

Los cultivos de papa, maíz, legumbres, desde tierras de Mesa hasta Aguamansa, con pequeña zona entre La Vica, en la Matanza, y Las Rosas, en El Rosario, quedando una amplia comarca.

La comarca comprendida entre el barranco de la Chaurera y El Rosario significa más del 50% de los cultivos de papas de Tenerife y el 60 % de las viñas (Véase cuadro).

El cuidado de la viña, las papas y la reactivación de la ganadería, incluido el pastoreo en zonas forestales, cortafuegos, franjas de matorral en los bordes del monte y tierras marginales para la agricultura son medidas básicas para la seguridad de las zonas pobladas y evitar la expansión de los incendios, sobre todo en zonas pobladas al borde de los barrancos.

Tengamos como referencia que la Isla tiene algo más de 18.000 hectáreas cultivadas, superando a las tierras balutas en algo más de veinte mil hectáreas. En muchos casos están ocupada por el monte, y en otros por matorrales de zarzas, retamas, cañaveral, tabaibas, granadellos, hinojos, helechos... vegetación de gran peligro sobre todo en los últimos meses de verano.

El cambio cultural es una asignatura pendiente, la lucha contra el los incendios no es un problema, solo de la administración pública, al margen de los vecinos, los sueños que las máquinas y los bomberos apaguen el fuego y nos protegen a todos no se ajustan a la realidad, los incendios en California de los últimos años quemando zonas urbanas, cortando autopistas, en el país más rico del mundo, pone de manifiesto que la prevención es la única herramienta que conocemos, con o sin cambio climático. Las olas de calor, el viento y la vegetación seca son elementos de difícil control en cosa de horas. Está en nuestras manos la retirada de combustible que antes era pasto para el ganado. Los agricultores y ganaderos son bomberos de antes y ahora revaloricemos su trabajo, su servicio tanto en el plano ambiental como social.

Un plato de papas arrugadas y un vaso de vino del país, una vaca, una cabra, un agricultor, son parte del antes y el ahora, dignifiquemos su trabajo, su compromiso...

La degradación de la cultura rural nos empobrece social y ambientalmente. El cambio climático es parte de un módulo económico cultural hacia la naturaleza, degradando los conocimientos locales, buscando alternativas en el exterior, degradando lo local, lo nuestro. "Sembremos" agricultores y ganaderos con compromiso económico y social. Con los campesinos, el medio rural lo podemos gestionar con cultura de ayer, incorporando la tecnología como complemento a lo que hacen los campesinos, no sustituyendo al hombre del campo desde el despacho, muchas cosas del ayer son modernas hoy.

domingo, 9 de julio de 2017

Los campesinos y los peligros de los incendios

Es fundamental saber realizar una lectura del territorio adecuada. Para ello, tenemos múltiples ejemplos, como la referencia del barranco de La Chaurera, en el que, hace ya más de quinientos años, los guanches tenían claro la distribución de las actividades económicas según los suelos, asociando las coladas de lava al pastoreo. Hoy, sin embargo, el noroeste de la isla (Tenerife) sufre una crisis profunda de la actividad agraria, si exceptuamos la franja costera de la Isla baja y la platanera por, en parte, no haber sabido sacar partido de las posibilidades que nos da cada territorio. Los siete municipios del N.W. se encuentran en una situación seria, de enorme dificultad, ya que los cultivos de secano, frutales y cereal, han entrado casi en su extinción. Misma situación se reproduce en la ganadería, con pérdidas significativas en ganado de carne y leche.

La crisis de la agricultura ha generado la expansión de matorrales de zarzas, helecheras, hinojos, granadillos, tabaibas, rabo de gato... El poblamiento disperso, la ocupación de la población por zonas "sorribadas", entre las lenguas de las coladas ocupadas por pinar, brezal, jaral, hasta puntos bajos, hace que los peligros para la defensa de los caseríos se complique, al quedar rodeados tanto por el monte, como por los matorrales, que han crecido en las huertas de cultivo, hoy colonizadas, por plantas de gran capacidad para propagar fuego (zarzas, granadillos, heleheras, hinojos, tabaibas,...) En el territorio quedaron sin cubrir por las lavas (Teide - Pico Viejo- Chinyero - Montañas Negra) unos amplios espacios: Topete, Serico Gordo, con suelos más fértiles, sin apenas malpaís. Sin embargo, hoy se encuentran con el mismo panorama sombrío. El problema se repite en Fuente La Vega, San José de los Llanos, San Francisco de la Montañeta, Erjos, Ruigomez,...saltando también al Valle del Palmar, que hoy es campo de zarzas, hinojos y tabaibas. Valga como referencia el siguiente cuadro recién publicado:

                                        TIERRAS CULTIVADAS            ABANDONADAS

SAN JUAN DE LA RAMBLA           359 Has                            240 Has

LA GUANCHA                             280 Has                            210 Has

ICOD DE LOS VINOS                  657 Has                            950 Has

GARACHICO                              280 Has                            210 Has

EL TANQUE                                111 Has                           556 Has

LOS SILOS                                 504 Has                           200 Has

BUENAVISTA DEL NORTE             474 Has                           890 Has

COMARCA                                2665 Has                          3256 Has

Sirvan dichas referencias como lectura de la urgencia de tomar medidas por la seguridad y prevención de incendios, dado el volumen de combustible que tenemos en amplias zonas pobladas, ante los largos veranos canarios, en los que demandamos auxilios de las administraciones y los vecinos para la retirada y limpieza en las proximidades de las viviendas así como, en las proximidades de las vías de comunicación.

El último bando municipal, conocido, exigiendo a los vecinos la limpieza de entorno de las zonas pobladas, lo estableció D. Manuel Reyes en San Juan de La Rambla. Medida responsable, que hoy tendría una comarca con menos peligros o con menos problemas ante los incendios. Es urgente una movilización que actúe en la prevención, pero también otra política agraria y ganadera que incorpore población a la actividad. Sobre todo es clave, en la zona alta, ya que la Isla Baja mantiene un paisaje cuidado, siendo Los Silos, un ejemplo, si bien, en la Juncia y Erjos, se sufre el problema de crisis en toda la comarca.

Es urgente la actuación entre la fuente de La Guancha y Ruigomez, especialmente, en los entornos de los caseríos, dadas la características del fuego con tiempo sur y sureste. Es fundamental la limpieza en todos los pueblos, sobre todo, de la vertiente del naciente. Se requiere este compromiso, tanto por aspectos sociales y de seguridad, como por cuestiones ambientales. Estamos a tiempo, actuemos.

domingo, 2 de julio de 2017

El CETA y los/as chaureros/as. De las chaureras a los helicópteros

Estos días se ha abierto un debate político sobre las declaraciones de Pedro Sánchez y supuestos cambios en la economía española. Aunque Canadá significa el 0,25 del PIB en el comercio con España, aquí y ahora las importaciones han estrangulado una parte significativa de la economía... Así, las importaciones de productos cárnicos y lácteos sin arancel han creado serios problemas a los ganaderos y de manera colateral al medio rural, al poblamiento y, por supuesto, a la seguridad de nuestros pueblos (campos cubiertos de pastos y maleza -una vaca come entre 30 y 50 kilos y una cabra en torno a los 8 o 10 kilos-).

Vacunos: las importaciones de productos cárnicos significan solo en vacuno más de cien mil reses al año. Si relacionamos los pastos que demanda cada vacuno, significa entre 15 y 20 tm3. Podemos leer el impacto en la piel del territorio: no digamos las tres o cuatro toneladas que demanda una cabra al año, tema básico en la limpieza de nuestro campos, lo cual supone la creación de puestos de trabajo y menor dependencia del exterior, generando también seguridad en los caseríos y menor peligro para nuestros montes.

De las chaureras a los helicópteros .- En la toponimia de Tenerife está el barranco de la Chaurera (según parece, era la que distribuía los pastos entre guanches). El barranco está situado al borde de las lavas del Teide -Pico Viejo-; hacia el naciente están las tierras sin apenas piedras, lo que ahora llamamos tierras de pan de sembrar (Tierras de Mesa en Icod de los Trigos) y hacia el poniente los malpaíses donde dominaba la zona de pasta. Ahora nos hablan de cambio climático, de peligro de incendios, de problemas con el agua... Olvidamos una cultura que gestionó el territorio en la que el pasto era para el ganado; ahora es combustible para el fuego, con el consiguiente riesgo para la población. Nos decía D. Benito Fraga, guarda forestal de los años cincuenta, cómo entraban en Las Cañadas desde Los Realejos (Casa del Queso) más de 5.000 cabras en los veranos o cómo funcionó una era en Boca Tauce, próxima a la casa de D. Juan Évora...

El hambre no es buen aliado del medio ambiente..., pero ahora hemos olvidado otra lectura: la que hacía el veterinario de la Isla Baja D. Pedro López Sumer, o la que hacía D. Domingo Romero sobre el Valle del Palmar o D. Antonio Mesa (marchante).

D. Pedro daba solo para la Isla Baja 4.600 vacas de raza basta; el señor Romero y Antonio Mesa situaban en el Valle del Palmar más de 1.000 vacas, que eran complementarias de la agricultura y que demandaban no solo pasto, sino cama y, en consecuencia, retiraban la pinocha de los montes... Qué decir de los campos sembrados, con cultivos, con rotación, bien a dos o tres hojas... Cereal, legumbres, manchón, papas...

Ahora aquí tenemos barreras a las labores por supuesta protección ambiental. Pero lo más grave son las importaciones sin arancel, alegando el abaratamiento de la cesta de la compra, y lo peor es que en los pueblos predominen las grandes superficies con productos importados. Por no tener, no tenemos ni gangocheros, papas a 0,40/kilo o las vendemos sin precio para el agricultor, agravada la situación por la polilla guatemalteca.

La lucha contra el fuego no la resolvemos con medios solo mecánicos, necesitamos estímulos para labrar y cultivar el campo; los temas ambientales no pueden estar separados de los agrarios y los sociales. El pastoreo, la actividad agraria y ganadera puede y debe tener estímulos sociales y económicos, con precios mínimos garantizados y con freno a las importaciones. El supuesto (CETA) para Canarias puede ser una herramienta básica y necesaria para esta tierra. Hay que penalizar las tierras de cultivo sin surcos, sin campesinos, creando estímulos para que rompan con la alergia al sacho. Necesitamos otras lecturas del campo, que dignifique tanto en lo económico como en lo social el trabajo y la defensa de lo rural, lo nuestro...

Las importaciones han de contar con los productores en una sociedad más solidaria, en la que la chaurera de ahora debe controlar las importaciones, pero también estimulando a los que hacen surcos aquí y ahora.

lunes, 26 de junio de 2017

Portugal: no llegaron los bomberos

Sean estas líneas de reflexión sobre la cultura del territorio, lo pequeño, lo local, la cultura del medio, la autogestión, la aldea como comunidad, la relación de los vecinos con el entorno. Pautas que han de funcionar en entornos pequeños. La autosuficiencia, en el caso del fuego, no puede tener pautas urbanas: los bomberos.

Aquí se impone la prevención, los vecinos deben saber que en las proximidades de las viviendas no debe haber vegetación en la estación seca. Eso lo sabían los campesinos cuando éramos pobres, cuando no había bomberos en el medio rural, y mucho menos medios aéreos. Ahora confiamos demasiado en las máquinas y hacemos poco por la prevención. Nos decía el martes 20 de junio la ministra de Medio Ambiente, la señora García Tejerina, que España es la mayor potencia en Medio Ambiente, la señora García Tejerina, que España es la mayor potencia en medios aéreos de la UE, con más de 250. ¿Es suficiente?, ¿son eficientes?, ¿cuántas horas al día?

Viento, humo, topografía, etc., etc. Con los bomberos ocurre igual. No podemos aplicar pautas urbanas para proteger a los vecinos en los caseríos. Los que hemos vivido y sufrido los incendios sabemos que la iniciativa local es básica. Aquí la principal asignatura es la retirada de combustible de los núcleos de población. Las pautas urbanas en el modelo rural han roto gran parte de la gestión de antaño, apenas retiramos pasto, leña o cuidamos ganado.

Ahora en Portugal se han propiciado las plantaciones de eucaliptos como monocultivo para madera (combustible), mientras que ha habido una pérdida de actividades agroganaderas, y con ello se acumula maleza.

En los casos de Canarias, gran parte de las tierras en los entornos de los pueblos hemos dejado de labrarlas, ahora cubiertas de maleza ("31 de julio de 2007, 23:00 horas. Caserío de Redondo. Finca de los Cámaras, lleno de zarzales y helecheras, el fuego nos rodea"). Aquí y ahora, la lucha contra el fuego es el trabajo de la prevención del invierno.

En Portugal han ardido algo más de 30.000 ha, una superficie como La Gomera, quitando la vida a más de sesenta personas, con casi doscientos heridos. Aquí y ahora deben saber que la prevención es clave, que los bomberos y los medios aéreos nos pueden echar una mano, pero que están muy limitados ante una naturaleza en la que los llamados "tres-treinta" (temperatura, velocidad del viento y humedad inferior) y un suelo sin campesinos, a 30º con o sin cambio climático, pone el resto; no estemos pendientes del pirómano maldito o bien de la tormenta seca. Los veranos pueden ser más llevaderos haciendo prevención; hagamos lectura de lo que hacían las generaciones que no vieron ni carreteras ni helicópteros. No conocemos ninguna historia de tragedias como la de Portugal; conocemos situaciones críticas en Canarias, por el agua y los barrancos, por el poblamiento en su entorno, para el fuego tenían claro la prevención.

Sean estas líneas de una lectura responsable sobre lo que tenemos que hacer tanto desde el plano de las instituciones como desde el plano individual. Tenemos zonas con un grado de vegetación en las proximidades de las viviendas que ponen en peligro la integridad de sus vecinos, sobre todo ante una entrada de aire caliente con viento.

No hay bomberos para cada casa, y los medios aéreos son para un foco, unas horas al día, sin viento y con buena visibilidad. Lo efectivo es la prevención, retirada de combustible en la proximidad de las viviendas.

Hagamos una lectura responsable de nuestro territorio. Nuestros pueblos han sobrevivido a numerosos incendios sin quemarse, separemos el monte de las casas.

domingo, 18 de junio de 2017

Campo: algo más que PIB

Pedro Molina ha sido una referencia en la dignificación del mundo rural ante una cultura, la llamada globalización, que asocia modernidad con lo urbano, con la robótica, el whatssap.

Estamos convencidos de que los logros de la humanidad no pueden separar al hombre de la tierra, que las grandes preocupaciones de la sanidad, la educación, no pueden ignorar el suelo de donde salen los alimentos. Eso que llamamos la teoría del "Kilómetro cero" hasta aun a varios miles de kilómetros de las Islas. La rentabilidad económica se pone por encima, olvidando que los logros de la humanidad son logros sociales, o es un espejismo, fracaso cortoplacista que separa las demandas básicas por coyunturas comerciales y tecnológicas que nos alejan del entorno, en una falsa modernidad que margina, ignora, lo próximo, lo local, lo pequeño, lo nuestro. En cambio, la globalización, las bodegas de los barcos, los modelos insolidarios y egoístas ponen el resto. Disociamos lo que comemos, y nuestra tierra, incluso nuestra salud.

La agricultura y la ganadería, junto con el medioambiente, son asignaturas olvidadas tanto en el sistema educativo como en los valores prioritarios de nuestros pueblos. Los campos sin cultivar, la maleza, los incendios, las plagas en el mundo rural, los asociamos a los equipos forestales públicos, lucha contra incendios, las máquinas, los helicópteros, no al papel de los campesinos y los campos labrados.

No queremos animales en la proximidad porque tienen aparato excretor (solo se lo permitimos a los animales de compañía). Pedro, de una manera didáctica, incorpora las vacas y las cabras a las romerías, a la fiesta, frenando la hemorragia que sufría nuestro medio rural. La valoración de la vaca del país, las cabras y los burros entra en una nueva percepción de un mundo que había degradado lo nuestro, lo pequeño, lo de aquí. El arrastre, la romería, la revalorización del queso, la dignificación de los productos de la tierra ante un aluvión de productos importados.

La defensa de la agricultura y la ganadería, el freno al cierre de granjas ante la expansión de los adosados, ha tenido mucho que ver con Agate y la Cooperativa La Candelaria, con un tejido social creado en torno a la ganadería, una semilla que arraiga.

En una lectura de lo que ocurre con nuestro campo, la impronta de Pedro Molina ha marcado (no solo en Tenerife, sino en toda Canarias) la lucha por la dignificación del mundo rural, y en particular de la ganadería, siendo una gran referencia en La Laguna y todo su entorno. La localidad es hoy el mayor municipio agrario de Canarias, con casi dos mil hectáreas cultivadas, siendo con diferencia el que tiene más suelo sembrado de cereal, destacando el cultivo de millo como forraje para el ganado, siendo Pedro uno de los mayores agricultores de trigo de las Islas.

Pedro es un referente no solo por lo que ha defendido a lo largo de su vida como comunicador en los medios, sino sobre todo por lo que hace, ya que es de los mayores surcadores que arañan una amplia superficie de la isla, frenando la expansión de las zarzas, los matorrales, incluido el rabo de gato ("Pennisetum setaceum").

No olvidemos que vivimos en una tierra con múltiples problemas sociales, en unas islas en las que tenemos más zonas de cultivo en abandono que cultivadas. Faltan ideas, ilusiones, compromiso; algo que Pedro hace todos los días. Los cambios se han de producir en las ideas, en un modelo que dignifique también la cultura local, tanto a la hora de comer como en los tiempos de siembre y escarda, que haga que lo que espigue grane. Nuestros graneros están vacíos no solo de grano, también de ideas y compromiso. El amigo Pedro sigue sembrando, frenando el rabo de gato y la desidia.

Pedro no solo es referente porque haya contribuido a que La Laguna sea el mayor municipio ganadero de la isla, sino porque sigue siendo un modelo a seguir para el colectivo de jóvenes que se inician en el mundo de la ganadería.

Claro que hemos de hablar de rentas para los campesinos, pero sobre todo dignificar la tierra, los alimentos sanos, y los hombres y mujeres que cuidan de nuestro campo y la naturaleza en las Islas, con clara implicación de protección al mundo rural. Ejemplo de ello es Pedro, a quien felicito por el homenaje que le ha brindado recientemente la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, a la cual me sumo.

domingo, 11 de junio de 2017

De la Orotava a Guía de Isora


En los últimos años hemos venido realizando una lectura de nuestro territorio con poca reflexión sobre el entorno, ignorando el tema temporal, ya que vivimos con miradas básicamente económicas, con la luz corta. Tampoco tenemos un planteamiento de futuro, dejando tal temática para la tecnología y el "destino", asunto que damos por hecho, que no nos corresponde a los humanos... (otros piensan por nosotros).

Sin embargo, entiendo que, aquí y ahora, leer lo que ocurre sobre dos pedazos de tierra en la isla de Tenerife, en este caso La Orotava y Guía de Isora, resulta interesante. En estas dos zonas los cambios que se han venido produciendo son significativos, cambios que obedecen a los humanos, pues han sido los que han ido devaluando un territorio y han revalorizado otro, paisaje y economía, hijos de decisiones político-administrativas que han puesto en valor o depreciado un espacio cuando las modas y los modos, y los que han manejado los hilos del telar para hacer la manta, así lo han considerado oportuno.

La Orotava fue la joya de la corona, ya que disponía de agua y suelo para riego en la costa, y suelos fértiles regados por los Alisios, con un amplio campo de las medianías húmedas de Tenerife. Si tomamos como referencia los años 40, La Orotava era uno de los municipios más ricos de Canarias, mientras Guía de Isora era un territorio pobre y sin agua, cubierto por lavas volcánicas, sin apenas suelo donde hacer surcos, sobre todo en la parte occidental del municipio. En dicha época se producen los primeros alumbramientos de agua en la localidad sureña, comenzando de manera tímida los primeros cultivos de tomate.

Más adelante, en 1960, La Orotava tenía más de 700 ha de plátanos, alcanzando todo el Valle unas 1.500 ha, próximo al 30 % de la platanera de Tenerife y el 10 % de toda Canarias. Cuando el Puerto había alcanzado una capacidad hotelera similar a la actual, en el Valle teníamos más de mil hectáreas de platanera conviviendo con una de las zonas turísticas de más auge de Canarias en esos momentos, al igual que unas medianías vivas, sobre todo de secano, papas, ganadería, cereal, pastos, viña.

Al mismo tiempo, Guía de Isora comenzaba con cultivos de tomates, arañando entre malpaís y suelos transportados desde el barlovento de la isla, a la vez que los alumbramientos de las galerías se incrementaban.

En la década de los 60 se marcan pautas que diferencian claramente los dos territorios. Guía tenía 407 ha de plátanos mientras La Orotava aún mantenía 680; sin embargo, en tomate, Guía se había impuesto como el mayor municipio de la isla con algo más de 700 ha.

La Orotava-Guía de Isora en el s. XXI.- Posteriormente, La Orotava y el Valle optaron por un modelo urbano, que inutiliza gran parte del suelo agrario. De hecho, ahora es un solar como zona residencial (chalets y adosados), y con gran parte de las tierras sin ocupación. La platanera pasa de 1.400 ha en 1984 (Valle) a las pírricas 300 de estos momentos. Sólo cabe justificar las 200 ha de nuevos cultivos de aguacates; el resto de los territorios ocupados antaño por platanera están en gran medida como tierras no cultivadas, lo que ahora llamamos "barbecho prolongado", que en el Valle supera las 1.000 ha. En muchos casos, además, son tierras con infraestructura de riego. Quedan, por lo tanto, como referencia en La Orotava, únicamente los cultivos de secano: papas, viñas y tierras balutas con importantes infraestructuras de riego en total abandono, siendo de los lugares de la isla con menos problemas de agua.

Mientras tanto, en el pasado más reciente, Guía de Isora ha plantado, sobre las cenizas de los tomates (en declive, y actualmente con solo 15 ha), unas 400 ha de platanera, situándose como el mayor municipio platanero de Canarias, al incrementar los cultivos en invernaderos en unas 300 ha.

Como parte de un análisis general, entendemos que el problema del abandono de la tierra hay que abordarlo con actuaciones concretas y de calado. Es imprescindible desarrollar una ley de arrendamiento que penalice las tierras ociosas, y favorecer el acceso a créditos, asesoramiento y semillas para nuevas incorporaciones al campo, con precios y garantías para la producción local. Tenemos en Tenerife más de mil hectáreas con infraestructuras de riego abandonadas, tal como ocurre en Arico, Granadilla o La Laguna, con instalaciones ociosas, incluso invernaderos. Entendemos que una parte importante de las tierras inactivas son hijas de un modelo rentista sobre el suelo rústico, marginando la actividad productiva, con una cultura que relega el campo y la ganadería. No es solo un tema de rentabilidad cortoplacista, ya que en platanera hemos pasado de 14.000 a 9.000 hectáreas en Canarias, con importantes aportes comunitarios y continua hemorragia en los activos canarios. En el caso del Valle hemos sufrido mayores pérdidas al quedar reducido dicho cultivo al 30 % de lo que se cultivaba en la década de los setenta. Valga como referencia que los cultivos de las medianías del Valle, papas y viña, han tenido menores pérdidas en algunos casos, o bien lo que ocurre con la Cooperativa Benijos con el queso, con peor suerte con las papas.

Es cierto, no obstante, respecto a Guía de Isora, que no podemos idealizar su modelo, ya que ha perdido más de 1.500 puestos de trabajo en el cultivo de tomate, mientras los frutales de las medianías (higueras, almendros, vid) están en abandono. Por el contrario, las medianías del Valle aún respiran con los mayores productores de papas de la isla, en un territorio al que hemos importado el año pasado más de 50 millones de kilos, y aquí gran parte de las tierras de cultivo están cubiertas de maleza, con los peligros para el verano.

Una isla más sostenible demanda los cuidados en los frutales de secano de Guía, y la puesta en cultivo de gran parte del Valle de La Orotava, sobre todo las tierras que antaño fueron de platanera, hoy cubiertas de maleza, incluido el rabo de gato.

sábado, 3 de junio de 2017

Los campesinos: ¿especie protegida?

Vivimos en una tierra con fiebre proteccionista que quiere poner puertas, muros, alegatos proteccionistas; que si un saltamontes en Las Manchas en La Palma, que si una salamandra en el barranco de Erques, los escarabajos de La Tejita, el cardo de plata, la piña del mar... Nos parece bien. ¿Y los campesinos no son una especie en vías de extinción?

Si hacemos una lectura de lo que ocurre en el territorio, desde Betancuria a Garafía, encontramos numerosas localidades en las que no se labra un almud de tierra, no tienen una vaca, cabra u oveja... Todas las tierras "balutas", si leemos los datos de las altas en la Seguridad Social, significan que menos del 3% de los activos en Canarias, es decir, menos de 25.000 personas, están cotizando, cuando hace años teníamos como activos más del 20% de los activos de las Islas. Es decir, hemos declarado como protegido en Canarias aproximadamente el 50% del territorio; eso sí, sin presupuesto, porque ni tan siquiera ponemos recursos económicos y hacemos para gestionar, tanto los supuestos espacios protegidos como aquellos en los que hacemos surcos, que en Canarias es la pírrica cifra de cuatrocientos kilómetros cuadrados, es decir, el 5,2% de la superficie de las Islas de algo más del 15% tierras cultivables, y lo que es peor: tenemos una huida del medio rural, con la pérdida de población, no solo sin relevo generacional, pérdida de conocimientos, desvinculación al territorio, despoblamiento como sinónimo de empobrecimiento a dejar huérfanos de humanos. Más de veinte municipios han perdido población en los últimos años en Canarias; no solo tierras, aguas, instalaciones desde cuevas, estanques, frutales cubiertos de maleza, empobrecimiento en el sentido amplio.

Secamos las fuentes que manan sabiduría y nos quedamos buscando poquémons...

Los campos cubiertos de maleza, sin relevo generacional. Canarias debe tener la mayor superficie de tierras balutas de los últimos cuatrocientos años, campos cubiertos de aulagas, magarzas, tabaibas, verodes, rabos de gato, zarzas helecheras, hinojos, granadillos... Qué decir de frutales adaptados a la aridez, cultivados antaño en nateros, zanjas, ribazos, bordes de malpaíses, variedades de frutales propios de las zonas áridas.

Dignificando cultura y espacio.-

Variedades de higueras, almendros, damasqueros, guindos, castaños, nogales... Qué decir de chicharos, habas, garbanzos, variedades de cereales, papas, intercambios de semillas entre distintas zonas climáticas y suelos complementarios, costa, monte, norte, sur. Una sabiduría que nos hacía más sostenibles en el territorio, desde los nateros del barranco de Tenegüime hasta las rozas en la montaña de San Antonio en Garafía.

Dignificando plantas y conocimiento local, cultura y espacio, hacíamos útiles territorios con condiciones adversas. La paciencia, la tenacidad de nuestros campesinos, ponían el resto. Por ello, las higueras cultivadas en el barranco de Tenegüime (Lanzarote) y La Empalizada con El Hierro eran marcadamente diferentes. Qué decir de los castaños de Arafo y La Victoria en dos medios bioclimáticos marcadamente diferentes.

Vivencias locales y aportes de los emigrantes potenciando unos recursos locales, con aportes de sabiduría en el mundo empírico de acierto y error, como herramientas básicas, en el campo, cargadas de intuición y sabiduría enriquecida en muchos aspectos por la emigración. Valga como ejemplo las papas de color con fuentes en la isla de Chiloé y en los Andes. Qué decir de los mangos y aguacates y nuestros emigrantes con numerosas plantas introducidas, como es el caso de las batatas aclimatadas, incluso a los secanos de las Islas con pluviometría que no alcanza el 10% de los trópicos de procedencia.

Más preocupación por los lagartos de Salmor que por nuestros campesinos, maltratados e ignorados tanto en el plano cultural como económico, imperando una cultura urbana globalizada que devalúa lo local, lo pequeño, lo nuestro, asociando el campo al pasado, a la ignorancia, a la miseria.

Demandamos la revalorización del mundo rural, tanto en el plano cultural como económico. Valga como referencia que de los diez mil parados de La Palma, menos del 5% declaran ocupación agraria.

Pueblos en los que los agricultores los podemos contar con los dedos de la mano; la declaración del 50% del territorio como protegido es una medida voluntarista, ya que no se han presupuestado partidas económicas para tal declaración de intenciones. Tampoco hemos valorado la complementariedad de la naturaleza y el mundo rural de los agricultores y ganaderos como elementos activos, responsables históricos de la riqueza ambiental de Canarias y aportación básica de alimentos en la historia de las Islas. Tradicionalmente alimentos y medioambiente han sido elementos básicos en la gestión del territorio entre agroagricultura y medioambiente.

Los agricultores no se merecen guetos cargados de medidas, cancelas, gambuezas, puertas y barreras dictadas desde los despachos alejados del medio, su cultura y la gestión de las Isla.

domingo, 28 de mayo de 2017

¿Somos lo que comemos?

Nos plantean todos los días los problemas de obesidad en Canarias, en muchos casos como la comunidad autónoma con más obesos y enfermedades relacionadas con la misma. El doctor Maceiras nos plantea la prevención como asignatura pendiente en nuestra salud.

Nos dice el amigo Pedro Molina que los trece millones de turistas no son "aristócratas" y que muchos quieren alimentos de la tierra y se interesan por los campos cultivados, en una valoración agroambiental.

¿Qué hacemos aquí y ahora para conjugar dicha realidad? La tele, el sillón, la comida basura, las papas fritas, la bollería..., pérdida de relación con el campo..., ni vacas ni cochinos ni gallinas...

Nos quejamos de que un litro de leche lo pagan al ganadero a 0,40 euros, menos que una botella de agua, y nos lamentamos de que los jóvenes no miran para el campo, el cual hemos devaluado social y económicamente; no queremos "esclavos" y nuestros hijos siguen el espejismo urbano de la ciudad, que impone al mundo rural un marco jurídico de contemplación, un campo sin campesinos. Nos alimentamos del exterior, ordeñamos el wasap o bien buscamos pokémons.

¿Son los campesinos una especie en extinción?-

La ley del suelo propone otro tratamiento sobre el mundo rural: que las labores y las actividades en suelo rústico sean más sencillas, que los campos balutos y las normas supuestamente ambientales dejen de ser una barrera como hasta ahora, donde las tierras labradas descienden cada año, o corrigiendo casos como que gran parte de las explotaciones ganaderas están como alegales y piden una moratoria, ya que la legislación anterior las condenó a la "ilegalidad". Leyes cargadas de normas urbano-consumistas planteadas por unos supuestos cuidadores de la naturaleza, sin contar con los campesinos.

Nos dicen los cocineros de la nueva ley que dicho documento recoge gran parte de la problemática del campo y los campesinos, y demandan una moratoria para casos complicados, con lecturas temporales para casos excepcionales. Esperemos que casos como el del suelo rústico de protección paisajística permita usos tradicionales: en una palabra, se simplifiquen los usos como antaño, ya que con dichos usos hemos conservado el actual patrimonio ambiental en las Islas. Esperemos también que cortemos las contradicciones actuales en las que un consejero autoriza y el otro prohíbe una instalación básica en el campo, un cuarto de aperos, un baño (Trabajo lo pide y Política Territorial lo niega).

Espejismo urbano y supuestos planteamientos de la modernidad.-

Nos decía el doctor Norman Borlaug (padre de la Revolución Verde) que con la mejora de las semillas, los fertilizantes, pesticidas, herbicidas, es decir, con la agroquímica, sobran alimentos y, por supuesto, campesinos. En Canarias nos hemos pasado: menos del 3% de nuestros activos para cultivar nuestros campos de complicada mecanización.

En las Islas tenemos actualmente una mentalización que comienza a valorar la sentencia de Víctor Lindlahr ("eres lo que comes"), que venía a decir que el 90% de las enfermedades eran producto de los "comestibles baratos". La inquietud por la comida ha ido en aumento en Canarias: la obesidad, la "alergia al sacho", las modas urbano-consumistas, los supuestos "protectores" de la naturaleza sin campesinos, los que dejan el sacho por la PlayStation, etc.

La nueva ley parece que está en un nuevo marco que rompe las barreras actuales, que facilita acercarse al campo y que promueve la producción de alimentos, los cultivos de la tierra, una alimentación sana, la puesta en cultivo de algo más de cien mil hectáreas, ahora cargadas de matorrales, desde aulagas a magarzas, zarzas y cañeros, con riesgo para los incendios.

Se debe volver a los usos tradicionales en nuestros campos, mejorando la situación alimenticia en nuestra tierra. Es preciso fomentar el papel social de la agricultura como generadora de alimentos y trabajo, así como su función vital en otro estado de cosas como el tema ambiental, pero también en el equilibrio demográfico y el mantenimiento del poblamiento. No olvidemos que en Canarias han perdido población más de veinte municipios en las últimas décadas.

Tenemos un serio problema con el campo y los campesinos. Hemos de crear nuevas condiciones tanto en un equilibrio de población, alimentación y medioambiente, sobre todo la incorporación de nuestros jóvenes al territorio en un nuevo modelo socioambiental en el que lo local, lo pequeño, lo nuestro, se dignifique y revalorice. La actividad agroganadera es una de las patas de la mesa del territorio y la sociedad canaria.

domingo, 21 de mayo de 2017

La deshumanización del territorio

Es difícil entender y explicar, tanto al mundo rural como a los entendidos, las dificultades que existen para desarrollar la actividad de agricultor o ganadero en nuestro medio rural. En Canarias no solo hemos de soportar una naturaleza adversa para la actividad, que incluye vientos, sequías, difícil orografía, plagas..., y que se completa con una compleja estructura comercial compuesta por intermediarios locales, importadores o un mercado atomizado. Además, el agricultor y el ganadero soportan un amplio aparato de leyes que parten de los ayuntamientos y llegan hasta Bruselas, leyes que establecen numerosas líneas rojas que ignoran que los gestores del territorio en Canarias, los campesinos, nos han dejado uno de los espacios más ricos en el plano ambiental.

Es este un tema que no queremos reconocer. El pueblo con mayor riqueza de diversidad de la UE tendría la obligación de respetar y tratar con cariño a los agricultores y ganaderos canarios, ya que han sido capaces de conservar, con gran sabiduría, nuestra naturaleza. Es inconcebible cómo aquí y ahora las vacas no caben en un suelo rústico de protección paisajística, hasta el límite de tener que esconderlas, mientras que en países con mayor tradición de conservación medioambiental, como Holanda, sí se permite. Asistimos incrédulos a cómo se establecen barreras que prohíben y limitan usos tradicionales de siempre, como la construcción de una pared de protección, un establo para el ganado, la limpieza de maleza por si hay plantas supuestamente protegidas, un gallinero, con o sin gallo, o un goro para un cochino. Incluso utilizar una gañanía que tiene cabras para poner vacas requiere de unos permisos especiales, motivados por unos supuestos cambios de uso. Con tanta legislación estamos olvidando cuáles fueron los motivos de haber creado esas normas, y la existencia de prácticas tradicionales y pactos no escritos que, por ejemplo, posibilitaban la limpieza de las malezas para prevenir incendios y evitar los problemas de plagas en nuestros campos.

Antes, los campos abiertos, la rastrojera con pastores en los veranos, permitían una mejor gestión del territorio, como ocurría con los pastores en Los Rodeos en los años ochenta. En estos momentos ignoramos los usos tradicionales, como referencia de una gestión compartida, más sostenible, que contribuye a reducir el peligro de incendios gracias a las tierras de cultivo, un campo sin maleza, un campo vivo, más sostenible, con campesinos y ganaderos. Aquí secamos las fuentes que manan sabiduría.

Aquí y ahora echamos a los que quedan, como bien dice el amigo Pedro Molina. Seguimos poniendo piedras en el camino que desmotivan y crean incertidumbre a los que quieren hacer surcos, con la áspera piel de las islas. Relato ahora un ejemplo de libro. Un joven con 20 años, que tiene seis vacas, consigue una cuadra, en Lomo Largo, en La Laguna, alejada de vecinos. A pesar de que la lógica diría que es un lugar ideal para esa actividad, no le autorizan poner las vacas porque la cuadra se encuentra en suelo rústico pero de protección paisajística. Es decir, hay una línea roja que determina que en ese lugar no pueden pasar las vacas que han estado pastando y conviviendo con los ganaderos por esos lares a lo largo de quinientos años.

Volviendo al caso de Holanda, este país, que tiene apenas unos 40.000 km2 de superficie, sin embargo tiene más de cuarenta millones de holandeses, vacas y colinas. No obstante, en nuestro territorio parece que no hay espacio para media docena de vacas, y, lo que es peor, estamos echando a nuestros jóvenes de una actividad clave en el presente y futuro de esta tierra, desmotivando a un colectivo joven que no tiene alergia al sacho, que siembra y planta gran parte de lo que le queda en Tenerife, que quiere vivir de la actividad ganadera. Jóvenes que son claves en la recuperación del campo, pero, sobre todo, en la tarea de dignificar no solo el mundo rural, sino una labor que contribuye a armonizar la agricultura con el medioambiente, la producción de alimentos obtenidos aquí como "kilómetro cero" y la sostenibilidad. Jóvenes que se sientan reconocidos, valorados no solo como parte de romerías a las que se va vestidos con trajes típicos prestados, y que tengan un reconocimiento social, en el que se valore el importante papel de la ganadería y la agricultura, tanto en su papel de productora de alimentos como también en el plano ambiental, lucha contra incendios y como parte de una sociedad más sana y equilibrada.

¿Que no ponemos vacas en Lomo Largo? ¿Las ponemos en La Carrera? Las leyes han de estar al servicio de los hombres. Demandamos leyes justas, con reconocimiento humano de lo que hemos hecho bien en el territorio.

Los agricultores y ganaderos son básicos en una sociedad ambiental y socialmente más justa. No echemos más campesinos del campo.

sábado, 6 de mayo de 2017

Icod de los Trigos y los urbanitas

Leer lo que ocurre en nuestro territorio es complicado, tenemos un lenguaje cargado de tópicos y generalidades. Icod el Alto es un caso de un pueblo ampliamente desconocido en la propia isla de Tenerife, ya que en algunos casos lo confunden con Icod de los Vinos y en otros lo asocian al Tenerife más profundo.

Icod de los Trigos es una isla dentro de la isla picuda, ya que, hacia el Valle de La Orotava lo separa una gran pared, salvada en contadas ocasiones por la carretera (caso de Risco Blanco por la primera carretera), mientras que tampoco tiene mejor situación hacia elmar, al quedar colgado por una acantilado cortado hacia poniente por el barranco de Ruiz. Si bien en la parte alta la topografía es más suave -Fuente del Bardo, Tierras de Mesa-, al sur, con una orografía más dura, nos encontramos la cumbre y el acceso a Las Cañadas del Teide, muy vinculada con el pueblo dado el gran peso ganadero y la complementariedad económica con el sotavento insular.

Icod de los Trigos y los Alisios, buenos suelos en una cota barrida por los mismos, acoge condiciones de humedad ideales para cultivos de secano, papas de color, trigo, maíz, legumbres. Lo que se conoce como una cultura de rotación, generalmente a tres hojas, papas, cereal manchón y legumbres. Los suelos son fértiles, ya que no han tenido vulcanismo reciente, dominando suelos ricos hasta en el barranco de La Chaurrera en San Juan de la Rambla.

La propiedad de la tierra en tiempos pasados no fue un factor positivo, ya que lo que predominó fue un sistema absentista, quedando los vecinos del pueblo como medianeros, con un peso tanto del pastoreo como de actividades complementarias, como la cría de cerdas madre, venta de lechones en toda la isla (los cochinos de Icod el Alto), en otros casos pavos, bestias de trabajo, mulos, asnos... Economías complementarias con el sotavento insular, semillas de papas intercambiando entre ambas, higos pasados, almendras, vino, castañas, con Las Cañadas como vía de comunicación en el invierno, que por sus peligros adoptaron a la Virgen del Buen Viaje como patrona de La Cruz de Tea e Icod de los Trigos (ruta de la cumbre Granadilla-Los Realejos).

Posteriormente llegaron cambios sociales, con la carretera se abrió la búsqueda del trabajo asalariado fuera, hacia el Valle y hacia el sur. Las mejoras de las carreteras hacia el valle en la década de 1940 y hacia San Juan de la Rambla-La Guancha en los 60 generaron cambios significativos: agua y luz eléctrica, venta de gran parte de las fincas... Los medianeros adquirieron parte de los predios que habían cultivado sus padres y ahora solo quedan solo tres fincas grandes de antaño. Otros cambios sociales han sido las pistas agrícolas, la construcción del colegio de La Pared con luchas sociales de sus vecinos (Hilaria, Antonio Mesa, Estela, Cesario Llanos, Diego Pérez) y por parte de algunos dirigentes locales, que dignificaron una comunidad marginada, con numerosas referencias del aislamiento local, siendo la fiesta de La Degollada uno de los puntos de encuentro.

Los urbanitas.- Ahora parece que esa época de puesta en valor de la identidad de la zona, enraizada en lo rural, ha quedado atrás, reflejándose en una pérdida de referencia de lo local. Si bien se mantiene un alto porcentaje de tierras labradas, domina la cultura urbana que ahora llamamos globalización -caballos de paseo, concursos de perros de raza olvidando nuestros podencos, rallyes-, a lo que hay que unir problemas en el sector primario derivados, en muchos casos, del olvido de buenas prácticas tradicionales -los problemas con la polilla guatemalteca en las papas, pérdida de los sistemas de rotación de antaño, dificultades no resueltas en la gestión del agua que afecta a tomaderos, redes de riego y mantenimiento de las balsas; problemática en la comercialización y tareas pendientes, como la necesidad de agrupar los terrenos dada la dispersión parcelaria-.

Los jóvenes dejan de ser ciudadanos de un pueblo aislado, afortunadamente, pero a costa de denostar el mundo rural. No hemos conseguido en Canarias, ni en la localidad más aislada, la dignificación y revalorización del mundo rural, algo básico tanto en el plano cultural como económico. En el caso de Icod de los Trigos, las papas de color tienen una demanda y posibilidades de generar ingresos pero la cultura dominante no mira para el campo. Vivimos en un mundo rural con cultura urbano-consumista, nuestros jóvenes viven en una sociedad que ha devaluado todo lo rural. Icod de los Trigos apenas tiene trigo, no hay barbecho, ni siembra, ni plantación en lo que fue una comunidad rural de las más arraigadas de Tenerife, en el monte, en el campo o en iniciativas valiosas como la de perforaciones de las galerías.

Encontrarnos con el ayer es también optimizar un medio fértil, útil tanto en el plano económico como ambiental. La presencia de tierras balutas en Icod de los Trigos -zarzales y helecheras-, existiendo paro y bancos de alimentos, es una ofensa a una tierra de hombres y mujeres cargados de lucha e ilusiones, en una tierra con surcos en tierras de otros amos. Ahora faltan ilusiones y compromiso, con un campo que atiende y brinda cosecha a los que hacen surcos en su piel.

Dignificar el pasado es tener compromiso con la cultura agraria en uno de los terrenos más fértiles de Tenerife, dignificando su gente, su trabajo, su sabiduría y espíritu de lucha. Dignificar el campo es desterrar complejos, es hacer de esta una tierra más sostenible social y ambientalmente. Icod de los Trigos debe continuar siendo un ejemplo de lucha y de compromiso por la dignificación del mundo rural en Canarias.

Miremos hacia dentro, dignifiquemos el ayer.

domingo, 30 de abril de 2017

Sembrando campesinos

Hemos tratado en numerosos artículos los problemas del mundo rural, asociando agricultura y crisis demográfica, ya que tenemos en Canarias más de veinte municipios perdiendo población, con datos alarmantes en lo que llamamos relevo generacional, que no se produce, con menos del 3% de los activos en el campo y el medioambiente. En otro estado de cosas, hacemos referencia a la separación del sistema educativo-formativo y la cultura agraria, que se ha transmitido por la universidad de la vida, abuelos a padres, a hijos a nietos, conocimientos y experiencia básicos en el mundo rural, hoy en crisis.

Este año la lluvia de abril (la que suele salvar las cosechas) coincide con buenas noticias de la Consejería de Agricultura de la Comunidad Autónoma. Nos parece altamente positivo que se plantee un presupuesto con recursos económicos, con propuestas concretas, con nombres y apellidos puestos sobre nuestro territorio, con tiempo y fecha, en la que algo más de 350 jóvenes dispondrán de recursos económicos únicos, siete millones de euros ampliables hasta once, con una prima entre 18.000 y 70.000 euros por joven, con una subvención a la modernización hasta el 75% de la inversión, es decir, garantizándole una cobertura económica para comenzar a hacer surcos en la piel áspera del mundo rural canario, en el que queda mucho por hacer: bancos de tierra, garantía de precios de productos básicos, control sobre las importaciones, etc.

Entendemos que es un paso positivo que tenemos que apoyar, tanto por la cuantía como por la voluntad puesta para motivar la incorporación de jóvenes al mundo rural, ya que, hasta ahora, planteamientos de este tipo carecían de recursos y de voluntad política para su puesta en marcha.

No olvidemos el envejecimiento del campo canario y la baja ocupación que tienen los centros educativos y formativos vinculados a esta actividad, y cómo hemos de leer que los jóvenes que se incorporan a la nueva siembra de campesinos nacen como amapolas en la siembra del trigo, es decir, nacen en territorios en que los cuidados del campo se encuentran mejor. Por ejemplo, no es casualidad que predomine la incorporación de jóvenes en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, quedando dicha propuesta de manera testimonial en otras islas, en las que no se siembra casi nada, y en consecuencia las amapolas no nacen porque no hay labradores que siembren cereal.

Preparemos la siembra para los próximos años. Es buena hora, señor consejero y su equipo. Esperemos que esta siembra de campesinos espigue y grane, por el bien de dichos campesinos, y por un futuro de progreso y compromiso con esta tierra, tan necesitada de labradores que siembren sementera e ilusiones, y compromiso con los campos y las demandas de nuestro pueblo.

Hasta las amapolas prefieren las tierras labradas a los campos yermos. La siembra de campesinos es un compromiso con un campo y una sociedad.

miércoles, 26 de abril de 2017

Agua y sentido común

Estos días la naturaleza nos ha recordado un tema básico en la historia de las Islas: la sequía. Con la entrada de aire caliente del vecino continente, acompañado del polvo en suspensión, muchos cultivos se han visto afectados por golpe de calor.

¿Qué hemos hecho para reducir el efecto de estos fenómenos sobre la economía de nuestros agricultores? De todo no es responsable la naturaleza, con o sin cambio climático. Leamos lo que ocurre en Tenerife -situación que se puede extrapolar a otros puntos de Canarias-. Aquí hemos tenido un invierno seco y, sin embargo, numerosos barrancos de Anaga han vertido en el mar varios miles de metros cúbicos. Mientras tanto, en las medianías de dichas zonas no hemos construido depósito o red de riego alguno. Valga como ejemplo que en el mayor espacio de suelo cultivable de la isla, en una sola unidad física que se extiende desde Las Mercedes a Machado, prologándose hacia Acentejo hasta la balsa de San Antonio, y que son tierras de gran capacidad productiva, la cosecha de papas se habría salvado con uno o dos riegos. Sin embargo, ello no fue posible debido a la inexistencia de un plan de balsas y una red de riego que contribuya a potenciar los cultivos en las medianías húmedas, que este año han perdido gran parte de la cosecha por falta de agua para dar un riego o dos, es decir, 40 o 60 litros por m2 de cultivo, mejorando la economía de nuestros agricultores y el autoabastecimiento de nuestro pueblo.

En otro orden de cosas, seguimos con la falta de una política hidráulica más ágil, en la limpieza y mantenimiento de las galerías. Numerosas comunidades de agua no tienen gestión, sobre todo las de pequeño caudal (menos de 30 pipas/ hora), ante la burocracia papelera y la judicialización de las mismas, tras el desgraciado accidente de Piedra de los Cochinos, a lo que se une la pérdida de gestión de numerosas comunidades en manos de la tercera o cuarta generación, que ignora incluso la localización de las galerías, y a una administración alejada de la problemática de que Hacienda no reconozca los gastos en el mantenimiento de las comunidades, ni tan siquiera los costes de la energía necesaria para la elevación de agua de los pozos, etc.

Es necesaria otra política hidráulica, que priorice el agua de las zonas altas, tanto para la población como para los cultivos, es decir, para que los agricultores no tengan que competir con el turismo en la costa, que puedan utilizar agua desalada. Las balsas de Fasnia y Trevejos son ejemplos de que el mercado no debe ser la única regulación que tenemos sobre el uso del agua. Con galerías en Guía de Isora y Fasnia y otros casos en balsas del Norte, vacías por pura ineficiencia, este es un tema grave que hay que atajar, pues estar vacías afecta no sólo al riego, sino a la prevención de incendios.

Tenemos otras asignaturas pendientes, como la depuración y la reutilización de aguas negras, con casos como La Laguna-El Rosario, en los que debemos depurar y reutilizar las aguas en el entorno.

Otra cultura sobre la economía del agua en los usos urbanos debe imponerse, ya que tenemos una lectura equivocada sobre el agua y una supuesta abundancia, con desaladoras que nos sitúan en la Arcadia feliz. El colegio y la sociedad tienen que hacer un esfuerzo de mentalización sobre el agua, como recurso escaso, y sobre todo la calidad de vida que genera una gestión más sostenible de un bien que, en el caso de Tenerife, ha sufrido el deterioro del acuífero con consecuencias directas sobre la producción de las galerías, que han pasado de producir más de 180 hm3 en 1980 a situarse en menos del 50% en estos momentos. Es en este plano en el que debemos hablar del agua y otro marco político, cultural, sobre el líquido alimento, en el que las obras hidráulicas con otra cultura en su administración nos obligan que busquemos gestión aquí y ahora con mayor eficiencia, tanto social como ambientalmente.

Está en nuestras manos un mejor uso del líquido elemento, que aprendamos de los maestros que construyeron miles de galerías y pozos que aún aportan el 80% de la demanda.

domingo, 9 de abril de 2017

Canarias y Guyana

La semana pasada hubo una importante reunión en Bruselas de las llamadas regiones ultraperiféricas, con una nutrida asistencia canaria, y la ausencia del mayor territorio de los ultraperiféricos, la Guyana, ya que los problemas sociales no han permitido salir a sus responsables políticos. En estos momentos existe un levantamiento en un territorio rico en recursos y pobre para sus moradores, situación que hace que estos días varios ministros del Gobierno francés se hayan desplazado a la Guyana (Matthias Feckl, ministro del Interior, y Ericka Bareigts, ministra de Ultramar), proponiendo invertir más de mil millones de euros, asumiendo que dicho territorio es uno de los más pobres de Francia.[1]

Guyana es un territorio como Portugal (90.000 km2), con sólo 260.000 habitantes, con una actividad económica pobre, sin apenas agricultura, algo de pesca y minería, siendo su principal fuente de ingresos una base aeroespacial (Puerto Espacial Kourou), mientras importan gran parte de los alimentos y apenas explotan un territorio rico en recursos.[2]

Población pobre en un territorio rico, ya que la población es hija de un sistema esclavista y de marginales, puesto que fue cárcel colonial, lugar utilizado para aparcar los problemas de la sociedad francesa. Desde la metrópolis desterraron aquí a los seguidores de Robespierre, pero también gran parte de la delincuencia y marginales del continente. No enviaron a la Guyana a los mejores agricultores y ganaderos, y ahora hay que importar gran parte de los alimentos, mientras que la población se concentra en Cayena y Saint-Laurent du Marconi, esperando el "maná" del exterior. Por ello, los planteamientos comunitarios de acercar social y geográficamente economía y población en una sociedad más solidaria en la llamada ultraperiferia tienen que sembrar y plantar riqueza humana, no sólo euros y excedentes agrícolas de la metrópolis.

Canarias tiene un capital humano en un territorio con pocos recursos, capital que sufre un deterioro económico cultural en temas ambientales, y falta de compromiso con el medio y su cultura, tema este que queremos resaltar, ya que en un corto periodo de tiempo nuestro pueblo fue capaz de domesticar una naturaleza hostil, con una riqueza cultural que hizo productivas lavas y rocas casi calientes. Se han establecido todas las culturas agrícolas del planeta, exceptuando la del arroz. Aquí hemos manejado nuestro campo, desde la cultura de lo más árido, Los Nabateos (Petra), a la cultura de los Andes (papa, maíz, batata), o a la europea atlántica (el castaño), y qué decir del mundo mediterráneo y caribeño, de la viña, la higuera o los aguacates.

Canarias ha viajado a Bruselas con planteamientos reivindicativos: la incorporación de jóvenes o la potenciación del paisaje rural, con ejemplos como la pérdida de superficie de viña que sufre el sur de La Palma, que debemos frenar, o la situación del Malpaís de la Corona en Lanzarote (rabo de gato en lo que antes eran extensos campos de vid). Es lamentable que mientras se venden todos los vinos locales dejemos de cultivar, importando más de treinta millones de litros de vino foráneo, y, a la vez, tenemos los campos cubiertos de aulagas, vinagreras, magarzas, zarzas, hinojos..., con más de veinte municipios perdiendo población. Son referencias que podemos corregir. Los centros de formación profesional, la escuela y la familia tienen mucho que hacer transmitiendo tradición, y los consumidores demandando productos de la tierra. La visita de urgencia de los ministros franceses a la Guyana por problemas relacionados con el estómago indica algo básico en la historia de la humanidad: gran parte de los cambios sociales son hijos del estómago y no de la cabeza. Hagamos con nuestras cabezas los cambios que esta tierra se merece. Dignifiquemos económica y socialmente a nuestro campo y los campesinos.

En Guyana sobra agua y tierra, faltan campesinos, faltan ilusiones y compromiso. Aquí todavía tenemos una minoría que defiende el campo y tiene ilusiones, cuidemos nuestros campesinos.

La semana pasada nos oyeron en Bruselas. El modelo de Guyana no es la alternativa. Dignifiquemos los surcos y a los surcadores. Hagámoslo con cabeza, no esperemos a las leyes del estómago.

domingo, 26 de marzo de 2017

El escándalo de la carne de Brasil: nueva pista de por dónde no debe ir nuestra alimentación

Estos días surge en Brasil un tema sobre la adulteración de los alimentos que, pudiendo sonar recurrente, supone en este caso una novedad, al tratarse del mayor exportador de carne del mundo, con cuantías que superan los 14.000 millones de dólares. La situación hace que numerosos países suspendan la compra (China, Chile, Corea del Sur...). La UE está a la espera. El presidente Temer lo reconoce.

¿Qué decimos en Canarias? ¿Cuántos kilos nos han tocado? Estamos convencidos de que, más que lamentos, debemos aprovechar esta crisis para replantearnos nuestro sistema alimentario. Para mejorar nuestra alimentación, y no ser víctimas de sistemas de producción inseguros, la única solución es sembrar y plantar en nuestra tierra para ser menos dependientes. La situación actual es que hemos de importar más del 80% de lo que consumimos del sector ganadero, exceptuando huevos y queso. Tenemos condiciones en las Islas para producir aquí más de 40 millones de kilos de carne que ahora importamos, y qué decir de otros productos, como la leche.

Otra lectura del agro.- Leemos cómo en Alemania un alto porcentaje de los huevos que consumen se obtienen con gallinas camperas (8 m2 por gallina), o cómo incluso McDonald's presenta en su menú huevos de gallinas criadas fuera de las jaulas, dando una enorme importancia a las producciones de origen local.

En Canarias en estos momentos, sin embargo, la situación es que gran parte de las instalaciones ganaderas están supuestamente fuera de la ley, por un marco urbano ambiental que trata a los ganaderos como si fueran delincuentes (miles de granjas alegales). Espero que con la nueva Ley del Suelo mejore la situación para los ganaderos y agricultores.

Estas líneas no pretenden mirar para Brasil ni preguntarnos cuántos kilos nos han tocado -con lo grave del asunto-. Creemos que el Gobierno de Canarias está en la obligación de crear condiciones jurídicas y económicas para que nuestros jóvenes miren para el campo, que seamos menos dependientes del exterior, y para ello estamos convencidos de que tenemos posibilidades, cultivando forrajeras, bien con riego, aguas depuradas, bien pastos de las medianías (que actualmente son un peligro de incendios por el abandono durante largos veranos canarios) o contribuyendo a mejorar el pastoreo, etc.

Una parte de la ganadería tiene que ver en todo el mundo con forrajes importados. Aquí y ahora genera menor dependencia del exterior la utilización del estiércol para la agricultura local, la creación de puestos de trabajo y, sobre todo, la garantía de la calidad alimentaria que ahora no tenemos. El debate sanitario es importante, pero entendemos que hemos de crear condiciones para que no tengamos que importar en Canarias más de cien millones de litros de leche. La misma reflexión se puede hacer en el caso de las importaciones de carne de vacuno. Lo que nos parece más grave es que una parte importante de las importaciones de Canarias provengan de terceros países sin pagar ningún arancel, mientras que para entrar en el resto del continente europeo sí lo tienen que abonar; aquí y ahora no podemos decir a nuestros jóvenes que miren para el campo con este marco económico y jurídico, que penaliza que un gallo cante de madrugada y que importa sin consideración a la producción local. La UE importó en el año 2016 algo más de 2.500 millones de dólares solo de carne de pollo de Brasil.

La crisis de Brasil es una situación plantada y sembrada en un modelo industrial, aplicando al mundo rural desforestación, cultivos intensivos de soja u otras forrajeas, con un proceso industrial implementado a toda la actividad. El modelo utilizado fabrica leche y carne como si se fabricasen tornillos, en un campo deshumanizado, sin campesinos.

Las gallinas camperas de Alemania son una reacción más acorde, con otro modelo más humano y más sostenible. El discurso oficial de la UE, en su apuesta por la producción local y por una manera diferente de hacer las cosas, debe tener reflejo en el marco que se aplica.

La crisis alimentaria surgida hoy en Brasil pero mañana en cualquier otro lugar ha generado un debate que es muy positivo, porque nos vuelve a dar la oportunidad de pensar qué estamos haciendo en Canarias con nuestro sistema agroalimentario, por qué aquí aplicamos unas varas de medir a los ganaderos locales, y somos muy tolerantes con lo que importamos, por qué le ponemos unas condiciones muy rígidas a nuestras explotaciones ganaderas.

Tenemos que pensar si debemos seguir viviendo sin agricultura y ganadería en Canarias. Tenemos razones para mirar a un campo más solidario con nuestro pueblo, y solo es posible apoyando la producción local y defendiendo los alimentos frescos de la tierra en una sociedad más solidaria. Ello requiere que, de manera urgente, revisemos los marcos normativos que regulan la producción y la alimentación en Canarias, y que los adaptemos para priorizar el producto local. El escándalo de la carne de Brasil es un ejemplo más de que poner en manos de países con mejor seguridad alimentaria y menores exigencias sanitarias, medioambientales o laborales no es el camino correcto. Espero que, esta vez sí, lo entendamos y empecemos a enderezar el rumbo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Las papas y el "brexit"

La cultura de la papa ha tenido un gran arraigo en Canarias, siendo una referencia las variedades andinas cultivadas en las Islas desde el s. XVI (papas de color). Tengamos presente que las papas, el gofio y los productos ganaderos y pesqueros han sido la base de la alimentación de los canarios durante más de cuatro siglos.

Los ingleses y las papas.- Hemos de tener presente que en las últimas décadas del s. XIX, Inglaterra introduce un nuevo ciclo en la exportación de las Islas (tomates-plátanos-papas), incorporando en las Islas numerosas variedades mejoradas en el Reino Unido, haciéndonos dependientes de semilla inglesa a lo largo de 127 años. En un primer periodo exportaban las Islas papas tempranas de enero a junio hasta 1973, año en que Inglaterra se incorpora a la CEE, rompiendo con casi cien años de abastecimiento canario de papas tempranas. Se da la situación de que los ingleses venían comprando papas del área externa de la CEE con importantes partidas de Egipto y Chipre, para las que habían negociado aranceles un 50% más bajos de los que aplicaban a las papas de Canarias, siendo importante en la economía del Archipiélago las exportaciones a las islas británicas, de algo más de 40.000 tm3 al año hasta 1977.

Las papas y el "brexit".- Hoy tenemos que relacionar la nueva situación, dado que Inglaterra deja la UE, pero también porque seguimos comprando semilla de papa de las islas británicas, al mismo tiempo que somos dependientes de una parte importante del consumo de las Islas con papas inglesas (¿"dumping"?, excedentes, organizaciones comerciales...).

Nuestros responsables políticos tienen que negociar ante una nueva coyuntura económica para Inglaterra, en la que Canarias tiene mucho que decir, dada la complementariedad de la producción entre Inglaterra y Canarias y las posibilidades de mejorar la economía y la producción de los agricultores isleños.

Una nueva época.- Las medidas proteccionistas que se producen en numerosos países, la vuelta a los acuerdos bilaterales ("brexit"), Trump y otros y las necesidades que tenemos de potenciar la producción local deben hacernos reflexionar cómo hacer el agro algo menos dependiente del exterior, que en el caso de las papas podemos ser autosuficientes, o exportando cultivos tempranos.

Debemos hacer una lectura amplia de lo que está ocurriendo con los alimentos en el mundo, tanto por la concentración del poder de los que manejan las semillas, los fertilizantes (caso de la fusión Monsanto-Bayer) o toda una reestructuración de grandes empresas agrarias en EE.UU. (Cargrill y otras), así como los nuevos planteamientos de aranceles a las importaciones. Hay numerosos interrogantes en el mayor productor de cereales y carne del planeta. Hemos de comentar cómo en un país de grandes recursos agrarios tienen un debate en la necesidad de mantener a más de dos millones de granjeros como referencia de estabilidad productiva, a la que hemos de añadir varios millones de asalariados que ahora peligran, tal situación con los planteamientos de papeles o la frontera del señor Trump. Aquí y ahora debemos tener un debate profundo con los aranceles y la agricultura, en la que la mayor potencia del mundo tiene numerosos interrogantes sobre barreras de entrada y prioridades.

Cómo no vamos a plantear en Canarias la producción local y la manera de abastecernos, en las que las importaciones sin aranceles y otros deben tener un control que prime el interés público en el sentido amplio de la palabra, garantías de autoabastecimiento y estabilidad social. Creemos que sería oportuno que los responsables políticos tengan un debate sobre el futuro del campo, en el que los temas arancelarios, las ayudas a la producción y las prioridades en el uso de la tierra sean el eje central. Hagamos otra lectura con un compromiso del presente y del futuro. Aranceles y campo no son solo temas del señor Trump, aquí y ahora debiéramos ser conscientes de la tierra y la estabilidad social, la tierra y el estómago... Leamos lo que ocurre en Nigeria o Somalia.

domingo, 12 de marzo de 2017

Los puertos y los huertos

Tenemos la mala costumbre de asociar nuestra alimentación a los puertos, en un lenguaje que, por otro lado, identifica al campo, la agricultura y la ganadería con tiempos pretéritos, superados. Ahora nos hablan del abastecimiento de las Islas, incluso los que más han hecho por su desagrarización (las cadenas de supermercados), cargando los posibles problemas a los portuarios. Aquí y ahora tenemos la obligación de entender que los agricultores y ganaderos producen alimentos, y el hombre ha domesticado los animales y parte de las plantas incorporando trabajo y conocimiento en lo que hoy llamamos agricultura, y gracias a tal actividad el planeta mantiene algo más de 7.000 millones de habitantes. Por ello, la agricultura en Canarias es también futuro.

En nuestras islas nos hemos alimentado con productos locales hasta los años 60 del siglo XX. Importando cereales, aceite, azúcar y poco más. En 1950 el 40% del PIB de las Islas procedía del campo. Hoy este campo es algo testimonial. En el PIB apenas alcanza el 2%, como algunos hacen notar para restarle valor. Otros entendemos que lo que se produce aquí y ahora es mucho más que datos del PIB. Es cultura, es la manera de vivir y estar de muchos canarios, sobre todo del mundo rural. También son señas de identidad, poblamiento, paisaje, garantía en la lucha contra la erosión y, sobre todo, retirada de vegetación en la prevención de incendios, cada día más asociados a los campos abandonados.

Los huertos y la comida. En los últimos años hemos dejado de cultivar más de 100.000 hectáreas, pasando de las algo más de 140.000 (19% del territorio canario) a situarnos en unas pírricas 40.000. También es revelador el dato de que los activos del sector primario no alcanzan las 20.000 personas, es decir, 1 por cada 2 hectáreas cultivadas, a lo que hemos de añadir los agricultores de fin de semana, pensionistas, y otros, considerados como supuestos defraudadores con las supuestas rentas en B, víctimas de unas leyes alejadas de los problemas del campo, tanto en aspectos ambientales como, por supuesto, problemas con la Seguridad Social y Hacienda, y que desprecian el aporte de conocimiento y actividad básica como maestros de la tierra en el agro de las Islas, huérfano del saber y de ilusiones que erosionan. Una burocracia que frena cualquier actividad en el medio rural.

La lectura entre lo que producimos y las demandas de cada día ponen de manifiesto que el autoabastecimiento es posible en gran parte de las necesidades, excluyendo el importante capítulo de los cereales. Tenemos terrenos suficientes para autoabastecernos en papas, hortalizas, fruta, vino, queso y leche (con aporte del exterior), y mejorar significativamente en sectores como el de la carne y los huevos. Ello significa incorporar al mundo rural otros 20.000 campesinos más, potenciando una actividad agroganadera básica en la prevención de incendios, ya que el pastoreo y la agricultura son parte esencial en la lucha contra los mismos.

La sostenibilidad en Canarias requiere unas leyes ambientales que hagan compatibles los usos tradicionales del mundo rural con la política ambiental. Un pacto del territorio con un compromiso entre los distribuidores y consumidores con la gestión del medio rural, acto que haga posible producir con precios que garanticen costos tanto a los productores como a los consumidores, que excluyan las importaciones en sistema dumping o carentes de aranceles de terceros países.

Los puertos y los huertos son una oportunidad para una lectura política de otro campo y otra economía más solidaria y sostenible en Canarias, pues es irónico que importemos 60 millones de kilos de papas mientras que 8.000 o 10.000 hectáreas están ocupadas por la maleza cuando estuvieron labradas hasta hace unos años. Y qué decir de la producción del forraje para el ganado, pastos, frutales, etc.

El campo y la agricultura generan una población mejor distribuida en las Islas, optimizando todos nuestros recursos, incluidos los humanos. Los puertos no pueden sustituir a los huertos. Indudablemente los puertos tienen una enorme importancia para la alimentación, como ponen de manifiesto la entrada y salida en las Islas de algo más de 60 camiones frigoríficos diarios con productos perecederos, sólo en plátanos más de 1 millón de kilos diarios. Sin embargo, las demandas de los portuarios han de estar separadas y evaluarse para que sean compatibles con la lucha contra los problemas que sufre y padece el sector primario. Han de tener otra lectura, de compromiso con el presente y futuro del agro canario.