domingo, 30 de abril de 2017

Sembrando campesinos

Hemos tratado en numerosos artículos los problemas del mundo rural, asociando agricultura y crisis demográfica, ya que tenemos en Canarias más de veinte municipios perdiendo población, con datos alarmantes en lo que llamamos relevo generacional, que no se produce, con menos del 3% de los activos en el campo y el medioambiente. En otro estado de cosas, hacemos referencia a la separación del sistema educativo-formativo y la cultura agraria, que se ha transmitido por la universidad de la vida, abuelos a padres, a hijos a nietos, conocimientos y experiencia básicos en el mundo rural, hoy en crisis.

Este año la lluvia de abril (la que suele salvar las cosechas) coincide con buenas noticias de la Consejería de Agricultura de la Comunidad Autónoma. Nos parece altamente positivo que se plantee un presupuesto con recursos económicos, con propuestas concretas, con nombres y apellidos puestos sobre nuestro territorio, con tiempo y fecha, en la que algo más de 350 jóvenes dispondrán de recursos económicos únicos, siete millones de euros ampliables hasta once, con una prima entre 18.000 y 70.000 euros por joven, con una subvención a la modernización hasta el 75% de la inversión, es decir, garantizándole una cobertura económica para comenzar a hacer surcos en la piel áspera del mundo rural canario, en el que queda mucho por hacer: bancos de tierra, garantía de precios de productos básicos, control sobre las importaciones, etc.

Entendemos que es un paso positivo que tenemos que apoyar, tanto por la cuantía como por la voluntad puesta para motivar la incorporación de jóvenes al mundo rural, ya que, hasta ahora, planteamientos de este tipo carecían de recursos y de voluntad política para su puesta en marcha.

No olvidemos el envejecimiento del campo canario y la baja ocupación que tienen los centros educativos y formativos vinculados a esta actividad, y cómo hemos de leer que los jóvenes que se incorporan a la nueva siembra de campesinos nacen como amapolas en la siembra del trigo, es decir, nacen en territorios en que los cuidados del campo se encuentran mejor. Por ejemplo, no es casualidad que predomine la incorporación de jóvenes en Gran Canaria, Tenerife y La Palma, quedando dicha propuesta de manera testimonial en otras islas, en las que no se siembra casi nada, y en consecuencia las amapolas no nacen porque no hay labradores que siembren cereal.

Preparemos la siembra para los próximos años. Es buena hora, señor consejero y su equipo. Esperemos que esta siembra de campesinos espigue y grane, por el bien de dichos campesinos, y por un futuro de progreso y compromiso con esta tierra, tan necesitada de labradores que siembren sementera e ilusiones, y compromiso con los campos y las demandas de nuestro pueblo.

Hasta las amapolas prefieren las tierras labradas a los campos yermos. La siembra de campesinos es un compromiso con un campo y una sociedad.

miércoles, 26 de abril de 2017

Agua y sentido común

Estos días la naturaleza nos ha recordado un tema básico en la historia de las Islas: la sequía. Con la entrada de aire caliente del vecino continente, acompañado del polvo en suspensión, muchos cultivos se han visto afectados por golpe de calor.

¿Qué hemos hecho para reducir el efecto de estos fenómenos sobre la economía de nuestros agricultores? De todo no es responsable la naturaleza, con o sin cambio climático. Leamos lo que ocurre en Tenerife -situación que se puede extrapolar a otros puntos de Canarias-. Aquí hemos tenido un invierno seco y, sin embargo, numerosos barrancos de Anaga han vertido en el mar varios miles de metros cúbicos. Mientras tanto, en las medianías de dichas zonas no hemos construido depósito o red de riego alguno. Valga como ejemplo que en el mayor espacio de suelo cultivable de la isla, en una sola unidad física que se extiende desde Las Mercedes a Machado, prologándose hacia Acentejo hasta la balsa de San Antonio, y que son tierras de gran capacidad productiva, la cosecha de papas se habría salvado con uno o dos riegos. Sin embargo, ello no fue posible debido a la inexistencia de un plan de balsas y una red de riego que contribuya a potenciar los cultivos en las medianías húmedas, que este año han perdido gran parte de la cosecha por falta de agua para dar un riego o dos, es decir, 40 o 60 litros por m2 de cultivo, mejorando la economía de nuestros agricultores y el autoabastecimiento de nuestro pueblo.

En otro orden de cosas, seguimos con la falta de una política hidráulica más ágil, en la limpieza y mantenimiento de las galerías. Numerosas comunidades de agua no tienen gestión, sobre todo las de pequeño caudal (menos de 30 pipas/ hora), ante la burocracia papelera y la judicialización de las mismas, tras el desgraciado accidente de Piedra de los Cochinos, a lo que se une la pérdida de gestión de numerosas comunidades en manos de la tercera o cuarta generación, que ignora incluso la localización de las galerías, y a una administración alejada de la problemática de que Hacienda no reconozca los gastos en el mantenimiento de las comunidades, ni tan siquiera los costes de la energía necesaria para la elevación de agua de los pozos, etc.

Es necesaria otra política hidráulica, que priorice el agua de las zonas altas, tanto para la población como para los cultivos, es decir, para que los agricultores no tengan que competir con el turismo en la costa, que puedan utilizar agua desalada. Las balsas de Fasnia y Trevejos son ejemplos de que el mercado no debe ser la única regulación que tenemos sobre el uso del agua. Con galerías en Guía de Isora y Fasnia y otros casos en balsas del Norte, vacías por pura ineficiencia, este es un tema grave que hay que atajar, pues estar vacías afecta no sólo al riego, sino a la prevención de incendios.

Tenemos otras asignaturas pendientes, como la depuración y la reutilización de aguas negras, con casos como La Laguna-El Rosario, en los que debemos depurar y reutilizar las aguas en el entorno.

Otra cultura sobre la economía del agua en los usos urbanos debe imponerse, ya que tenemos una lectura equivocada sobre el agua y una supuesta abundancia, con desaladoras que nos sitúan en la Arcadia feliz. El colegio y la sociedad tienen que hacer un esfuerzo de mentalización sobre el agua, como recurso escaso, y sobre todo la calidad de vida que genera una gestión más sostenible de un bien que, en el caso de Tenerife, ha sufrido el deterioro del acuífero con consecuencias directas sobre la producción de las galerías, que han pasado de producir más de 180 hm3 en 1980 a situarse en menos del 50% en estos momentos. Es en este plano en el que debemos hablar del agua y otro marco político, cultural, sobre el líquido alimento, en el que las obras hidráulicas con otra cultura en su administración nos obligan que busquemos gestión aquí y ahora con mayor eficiencia, tanto social como ambientalmente.

Está en nuestras manos un mejor uso del líquido elemento, que aprendamos de los maestros que construyeron miles de galerías y pozos que aún aportan el 80% de la demanda.

domingo, 9 de abril de 2017

Canarias y Guyana

La semana pasada hubo una importante reunión en Bruselas de las llamadas regiones ultraperiféricas, con una nutrida asistencia canaria, y la ausencia del mayor territorio de los ultraperiféricos, la Guyana, ya que los problemas sociales no han permitido salir a sus responsables políticos. En estos momentos existe un levantamiento en un territorio rico en recursos y pobre para sus moradores, situación que hace que estos días varios ministros del Gobierno francés se hayan desplazado a la Guyana (Matthias Feckl, ministro del Interior, y Ericka Bareigts, ministra de Ultramar), proponiendo invertir más de mil millones de euros, asumiendo que dicho territorio es uno de los más pobres de Francia.[1]

Guyana es un territorio como Portugal (90.000 km2), con sólo 260.000 habitantes, con una actividad económica pobre, sin apenas agricultura, algo de pesca y minería, siendo su principal fuente de ingresos una base aeroespacial (Puerto Espacial Kourou), mientras importan gran parte de los alimentos y apenas explotan un territorio rico en recursos.[2]

Población pobre en un territorio rico, ya que la población es hija de un sistema esclavista y de marginales, puesto que fue cárcel colonial, lugar utilizado para aparcar los problemas de la sociedad francesa. Desde la metrópolis desterraron aquí a los seguidores de Robespierre, pero también gran parte de la delincuencia y marginales del continente. No enviaron a la Guyana a los mejores agricultores y ganaderos, y ahora hay que importar gran parte de los alimentos, mientras que la población se concentra en Cayena y Saint-Laurent du Marconi, esperando el "maná" del exterior. Por ello, los planteamientos comunitarios de acercar social y geográficamente economía y población en una sociedad más solidaria en la llamada ultraperiferia tienen que sembrar y plantar riqueza humana, no sólo euros y excedentes agrícolas de la metrópolis.

Canarias tiene un capital humano en un territorio con pocos recursos, capital que sufre un deterioro económico cultural en temas ambientales, y falta de compromiso con el medio y su cultura, tema este que queremos resaltar, ya que en un corto periodo de tiempo nuestro pueblo fue capaz de domesticar una naturaleza hostil, con una riqueza cultural que hizo productivas lavas y rocas casi calientes. Se han establecido todas las culturas agrícolas del planeta, exceptuando la del arroz. Aquí hemos manejado nuestro campo, desde la cultura de lo más árido, Los Nabateos (Petra), a la cultura de los Andes (papa, maíz, batata), o a la europea atlántica (el castaño), y qué decir del mundo mediterráneo y caribeño, de la viña, la higuera o los aguacates.

Canarias ha viajado a Bruselas con planteamientos reivindicativos: la incorporación de jóvenes o la potenciación del paisaje rural, con ejemplos como la pérdida de superficie de viña que sufre el sur de La Palma, que debemos frenar, o la situación del Malpaís de la Corona en Lanzarote (rabo de gato en lo que antes eran extensos campos de vid). Es lamentable que mientras se venden todos los vinos locales dejemos de cultivar, importando más de treinta millones de litros de vino foráneo, y, a la vez, tenemos los campos cubiertos de aulagas, vinagreras, magarzas, zarzas, hinojos..., con más de veinte municipios perdiendo población. Son referencias que podemos corregir. Los centros de formación profesional, la escuela y la familia tienen mucho que hacer transmitiendo tradición, y los consumidores demandando productos de la tierra. La visita de urgencia de los ministros franceses a la Guyana por problemas relacionados con el estómago indica algo básico en la historia de la humanidad: gran parte de los cambios sociales son hijos del estómago y no de la cabeza. Hagamos con nuestras cabezas los cambios que esta tierra se merece. Dignifiquemos económica y socialmente a nuestro campo y los campesinos.

En Guyana sobra agua y tierra, faltan campesinos, faltan ilusiones y compromiso. Aquí todavía tenemos una minoría que defiende el campo y tiene ilusiones, cuidemos nuestros campesinos.

La semana pasada nos oyeron en Bruselas. El modelo de Guyana no es la alternativa. Dignifiquemos los surcos y a los surcadores. Hagámoslo con cabeza, no esperemos a las leyes del estómago.

domingo, 26 de marzo de 2017

El escándalo de la carne de Brasil: nueva pista de por dónde no debe ir nuestra alimentación

Estos días surge en Brasil un tema sobre la adulteración de los alimentos que, pudiendo sonar recurrente, supone en este caso una novedad, al tratarse del mayor exportador de carne del mundo, con cuantías que superan los 14.000 millones de dólares. La situación hace que numerosos países suspendan la compra (China, Chile, Corea del Sur...). La UE está a la espera. El presidente Temer lo reconoce.

¿Qué decimos en Canarias? ¿Cuántos kilos nos han tocado? Estamos convencidos de que, más que lamentos, debemos aprovechar esta crisis para replantearnos nuestro sistema alimentario. Para mejorar nuestra alimentación, y no ser víctimas de sistemas de producción inseguros, la única solución es sembrar y plantar en nuestra tierra para ser menos dependientes. La situación actual es que hemos de importar más del 80% de lo que consumimos del sector ganadero, exceptuando huevos y queso. Tenemos condiciones en las Islas para producir aquí más de 40 millones de kilos de carne que ahora importamos, y qué decir de otros productos, como la leche.

Otra lectura del agro.- Leemos cómo en Alemania un alto porcentaje de los huevos que consumen se obtienen con gallinas camperas (8 m2 por gallina), o cómo incluso McDonald's presenta en su menú huevos de gallinas criadas fuera de las jaulas, dando una enorme importancia a las producciones de origen local.

En Canarias en estos momentos, sin embargo, la situación es que gran parte de las instalaciones ganaderas están supuestamente fuera de la ley, por un marco urbano ambiental que trata a los ganaderos como si fueran delincuentes (miles de granjas alegales). Espero que con la nueva Ley del Suelo mejore la situación para los ganaderos y agricultores.

Estas líneas no pretenden mirar para Brasil ni preguntarnos cuántos kilos nos han tocado -con lo grave del asunto-. Creemos que el Gobierno de Canarias está en la obligación de crear condiciones jurídicas y económicas para que nuestros jóvenes miren para el campo, que seamos menos dependientes del exterior, y para ello estamos convencidos de que tenemos posibilidades, cultivando forrajeras, bien con riego, aguas depuradas, bien pastos de las medianías (que actualmente son un peligro de incendios por el abandono durante largos veranos canarios) o contribuyendo a mejorar el pastoreo, etc.

Una parte de la ganadería tiene que ver en todo el mundo con forrajes importados. Aquí y ahora genera menor dependencia del exterior la utilización del estiércol para la agricultura local, la creación de puestos de trabajo y, sobre todo, la garantía de la calidad alimentaria que ahora no tenemos. El debate sanitario es importante, pero entendemos que hemos de crear condiciones para que no tengamos que importar en Canarias más de cien millones de litros de leche. La misma reflexión se puede hacer en el caso de las importaciones de carne de vacuno. Lo que nos parece más grave es que una parte importante de las importaciones de Canarias provengan de terceros países sin pagar ningún arancel, mientras que para entrar en el resto del continente europeo sí lo tienen que abonar; aquí y ahora no podemos decir a nuestros jóvenes que miren para el campo con este marco económico y jurídico, que penaliza que un gallo cante de madrugada y que importa sin consideración a la producción local. La UE importó en el año 2016 algo más de 2.500 millones de dólares solo de carne de pollo de Brasil.

La crisis de Brasil es una situación plantada y sembrada en un modelo industrial, aplicando al mundo rural desforestación, cultivos intensivos de soja u otras forrajeas, con un proceso industrial implementado a toda la actividad. El modelo utilizado fabrica leche y carne como si se fabricasen tornillos, en un campo deshumanizado, sin campesinos.

Las gallinas camperas de Alemania son una reacción más acorde, con otro modelo más humano y más sostenible. El discurso oficial de la UE, en su apuesta por la producción local y por una manera diferente de hacer las cosas, debe tener reflejo en el marco que se aplica.

La crisis alimentaria surgida hoy en Brasil pero mañana en cualquier otro lugar ha generado un debate que es muy positivo, porque nos vuelve a dar la oportunidad de pensar qué estamos haciendo en Canarias con nuestro sistema agroalimentario, por qué aquí aplicamos unas varas de medir a los ganaderos locales, y somos muy tolerantes con lo que importamos, por qué le ponemos unas condiciones muy rígidas a nuestras explotaciones ganaderas.

Tenemos que pensar si debemos seguir viviendo sin agricultura y ganadería en Canarias. Tenemos razones para mirar a un campo más solidario con nuestro pueblo, y solo es posible apoyando la producción local y defendiendo los alimentos frescos de la tierra en una sociedad más solidaria. Ello requiere que, de manera urgente, revisemos los marcos normativos que regulan la producción y la alimentación en Canarias, y que los adaptemos para priorizar el producto local. El escándalo de la carne de Brasil es un ejemplo más de que poner en manos de países con mejor seguridad alimentaria y menores exigencias sanitarias, medioambientales o laborales no es el camino correcto. Espero que, esta vez sí, lo entendamos y empecemos a enderezar el rumbo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Las papas y el "brexit"

La cultura de la papa ha tenido un gran arraigo en Canarias, siendo una referencia las variedades andinas cultivadas en las Islas desde el s. XVI (papas de color). Tengamos presente que las papas, el gofio y los productos ganaderos y pesqueros han sido la base de la alimentación de los canarios durante más de cuatro siglos.

Los ingleses y las papas.- Hemos de tener presente que en las últimas décadas del s. XIX, Inglaterra introduce un nuevo ciclo en la exportación de las Islas (tomates-plátanos-papas), incorporando en las Islas numerosas variedades mejoradas en el Reino Unido, haciéndonos dependientes de semilla inglesa a lo largo de 127 años. En un primer periodo exportaban las Islas papas tempranas de enero a junio hasta 1973, año en que Inglaterra se incorpora a la CEE, rompiendo con casi cien años de abastecimiento canario de papas tempranas. Se da la situación de que los ingleses venían comprando papas del área externa de la CEE con importantes partidas de Egipto y Chipre, para las que habían negociado aranceles un 50% más bajos de los que aplicaban a las papas de Canarias, siendo importante en la economía del Archipiélago las exportaciones a las islas británicas, de algo más de 40.000 tm3 al año hasta 1977.

Las papas y el "brexit".- Hoy tenemos que relacionar la nueva situación, dado que Inglaterra deja la UE, pero también porque seguimos comprando semilla de papa de las islas británicas, al mismo tiempo que somos dependientes de una parte importante del consumo de las Islas con papas inglesas (¿"dumping"?, excedentes, organizaciones comerciales...).

Nuestros responsables políticos tienen que negociar ante una nueva coyuntura económica para Inglaterra, en la que Canarias tiene mucho que decir, dada la complementariedad de la producción entre Inglaterra y Canarias y las posibilidades de mejorar la economía y la producción de los agricultores isleños.

Una nueva época.- Las medidas proteccionistas que se producen en numerosos países, la vuelta a los acuerdos bilaterales ("brexit"), Trump y otros y las necesidades que tenemos de potenciar la producción local deben hacernos reflexionar cómo hacer el agro algo menos dependiente del exterior, que en el caso de las papas podemos ser autosuficientes, o exportando cultivos tempranos.

Debemos hacer una lectura amplia de lo que está ocurriendo con los alimentos en el mundo, tanto por la concentración del poder de los que manejan las semillas, los fertilizantes (caso de la fusión Monsanto-Bayer) o toda una reestructuración de grandes empresas agrarias en EE.UU. (Cargrill y otras), así como los nuevos planteamientos de aranceles a las importaciones. Hay numerosos interrogantes en el mayor productor de cereales y carne del planeta. Hemos de comentar cómo en un país de grandes recursos agrarios tienen un debate en la necesidad de mantener a más de dos millones de granjeros como referencia de estabilidad productiva, a la que hemos de añadir varios millones de asalariados que ahora peligran, tal situación con los planteamientos de papeles o la frontera del señor Trump. Aquí y ahora debemos tener un debate profundo con los aranceles y la agricultura, en la que la mayor potencia del mundo tiene numerosos interrogantes sobre barreras de entrada y prioridades.

Cómo no vamos a plantear en Canarias la producción local y la manera de abastecernos, en las que las importaciones sin aranceles y otros deben tener un control que prime el interés público en el sentido amplio de la palabra, garantías de autoabastecimiento y estabilidad social. Creemos que sería oportuno que los responsables políticos tengan un debate sobre el futuro del campo, en el que los temas arancelarios, las ayudas a la producción y las prioridades en el uso de la tierra sean el eje central. Hagamos otra lectura con un compromiso del presente y del futuro. Aranceles y campo no son solo temas del señor Trump, aquí y ahora debiéramos ser conscientes de la tierra y la estabilidad social, la tierra y el estómago... Leamos lo que ocurre en Nigeria o Somalia.

domingo, 12 de marzo de 2017

Los puertos y los huertos

Tenemos la mala costumbre de asociar nuestra alimentación a los puertos, en un lenguaje que, por otro lado, identifica al campo, la agricultura y la ganadería con tiempos pretéritos, superados. Ahora nos hablan del abastecimiento de las Islas, incluso los que más han hecho por su desagrarización (las cadenas de supermercados), cargando los posibles problemas a los portuarios. Aquí y ahora tenemos la obligación de entender que los agricultores y ganaderos producen alimentos, y el hombre ha domesticado los animales y parte de las plantas incorporando trabajo y conocimiento en lo que hoy llamamos agricultura, y gracias a tal actividad el planeta mantiene algo más de 7.000 millones de habitantes. Por ello, la agricultura en Canarias es también futuro.

En nuestras islas nos hemos alimentado con productos locales hasta los años 60 del siglo XX. Importando cereales, aceite, azúcar y poco más. En 1950 el 40% del PIB de las Islas procedía del campo. Hoy este campo es algo testimonial. En el PIB apenas alcanza el 2%, como algunos hacen notar para restarle valor. Otros entendemos que lo que se produce aquí y ahora es mucho más que datos del PIB. Es cultura, es la manera de vivir y estar de muchos canarios, sobre todo del mundo rural. También son señas de identidad, poblamiento, paisaje, garantía en la lucha contra la erosión y, sobre todo, retirada de vegetación en la prevención de incendios, cada día más asociados a los campos abandonados.

Los huertos y la comida. En los últimos años hemos dejado de cultivar más de 100.000 hectáreas, pasando de las algo más de 140.000 (19% del territorio canario) a situarnos en unas pírricas 40.000. También es revelador el dato de que los activos del sector primario no alcanzan las 20.000 personas, es decir, 1 por cada 2 hectáreas cultivadas, a lo que hemos de añadir los agricultores de fin de semana, pensionistas, y otros, considerados como supuestos defraudadores con las supuestas rentas en B, víctimas de unas leyes alejadas de los problemas del campo, tanto en aspectos ambientales como, por supuesto, problemas con la Seguridad Social y Hacienda, y que desprecian el aporte de conocimiento y actividad básica como maestros de la tierra en el agro de las Islas, huérfano del saber y de ilusiones que erosionan. Una burocracia que frena cualquier actividad en el medio rural.

La lectura entre lo que producimos y las demandas de cada día ponen de manifiesto que el autoabastecimiento es posible en gran parte de las necesidades, excluyendo el importante capítulo de los cereales. Tenemos terrenos suficientes para autoabastecernos en papas, hortalizas, fruta, vino, queso y leche (con aporte del exterior), y mejorar significativamente en sectores como el de la carne y los huevos. Ello significa incorporar al mundo rural otros 20.000 campesinos más, potenciando una actividad agroganadera básica en la prevención de incendios, ya que el pastoreo y la agricultura son parte esencial en la lucha contra los mismos.

La sostenibilidad en Canarias requiere unas leyes ambientales que hagan compatibles los usos tradicionales del mundo rural con la política ambiental. Un pacto del territorio con un compromiso entre los distribuidores y consumidores con la gestión del medio rural, acto que haga posible producir con precios que garanticen costos tanto a los productores como a los consumidores, que excluyan las importaciones en sistema dumping o carentes de aranceles de terceros países.

Los puertos y los huertos son una oportunidad para una lectura política de otro campo y otra economía más solidaria y sostenible en Canarias, pues es irónico que importemos 60 millones de kilos de papas mientras que 8.000 o 10.000 hectáreas están ocupadas por la maleza cuando estuvieron labradas hasta hace unos años. Y qué decir de la producción del forraje para el ganado, pastos, frutales, etc.

El campo y la agricultura generan una población mejor distribuida en las Islas, optimizando todos nuestros recursos, incluidos los humanos. Los puertos no pueden sustituir a los huertos. Indudablemente los puertos tienen una enorme importancia para la alimentación, como ponen de manifiesto la entrada y salida en las Islas de algo más de 60 camiones frigoríficos diarios con productos perecederos, sólo en plátanos más de 1 millón de kilos diarios. Sin embargo, las demandas de los portuarios han de estar separadas y evaluarse para que sean compatibles con la lucha contra los problemas que sufre y padece el sector primario. Han de tener otra lectura, de compromiso con el presente y futuro del agro canario.

viernes, 3 de marzo de 2017

Pueblos o parques temáticos: de Yaiza a Fuencaliente

Hasta la segunda mitad del siglo XX, la sociedad canaria vivía profundamente unida al medio. Nuestra cultura estaba dominada por el conocimiento de nuestras islas, con una arraigada sabiduría para el aprovechamiento de los escasos recursos disponibles en una situación de aislamiento manifiesto. Sufrimos ahora con la desaparición de esa sabiduría la pérdida de gran parte de nuestra cultura y la relación con nuestro medio.

Los pueblos de Yaiza y Fuencaliente son ejemplos de ello. Son paisajes de suelos pobres de vulcanismo reciente, llenos de malpaises, lapillis y rofe, a excepción de La Vega de Femés en Lanzarote, donde además campa el viento y falta el agua. En laderas de aulagas y vinagreras, los campesinos incorporaron el único cultivo viable: la vid.

El ingenio se agudizó ante una situación dificil en las puntas opuestas del archipiélago. Se optimizaron los recursos de una naturaleza hostil: En los Llanos Negros se plantó malvasía aromática, más exigente en humedad, en terrenos más antiguos cubiertos por el volcan de San Antonio. Mientras, en La Geria, se creó un paisaje único en el mundo excavando para encontrar los suelos más ricos bajo los lapillis, protegiendo las matas de los inclementes vientos.

Era la única manera de aprovechar unos terrenos, hasta que llegó el agua, en los años setenta con canales del norte en La Palma, y los ochenta con las desaladoras en Lanzarote. Gracias en gran parte a estos cultivos, ambos pueblos mantuvieron unos 2.000 moradores cada uno.

En los ultimos años la evolución de ambas poblaciones ha sido divergente: Mientras que en Fuencaliente la reciente subida de la demanda turística frente a la agricultura está ahora poniendo en riesgo algo más de 200 hectáreas cultivadas, Yaiza ha transformado ya la práctica totalidad de su actividad económica.

El pueblo conejero ha pasado de 2.000 habitantes con una economía principalmente agrícola, a tener unos 15.000 por el tirón turistico, que han inmigrado durante los últimos 50 años. Frente a esta situación, en Fuencaliente en estas ultimas décadas ha descendido un 20% la población, hasta los apenas 1.500 actuales. Es paradójico que, el que ahora es el principal municipio turístico de La Palma, esté perdiendo población y tierras cultivadas; es hablar que ni el sacho ni la bandeja, como dice el poema de Pedro Lezcano.[1]

Lo que si es común en ambos núcleos es el desarraigo de una población, sea por la llegada masiva de inmigrantes o por la crisis de la cultura agraria. Tambien es desgraciadamente común a ambos el nivel de desempleo, un 20% en Fuencaliente y un 11% en Yaiza. En ambos el vino se vende como producto artesanal, tradicional y hasta exclusivo, pero nadie quiere trabajar en unos campos cada vez más abandonados, y tampoco el sector hotelero genera puestos de trabajo estables.

¿Queremos pueblos o parques temáticos? Hay muchas razones para defender el campo, como modo de vida, cultura e historia, paisaje y gestión ambiental, presente y futuro para nuestra gente. Reivindiquemos a los hombres y mujeres que han hecho de un malpaís un vergel digno de visitar y fotografiar, pero también de pasear, disfrutar y trabajar como monumento al esfuerzo y el ingenio humanos ante la adversidad.

Un vaso de vino debe ser algo más que un agradable tiempo de ocio. Debemos leer en ese vaso el esfuerzo y trabajo dedicados en cultivar esas uvas, y también la sabiduría generada durante muchas generaciones. Los campos ahora abandonados y llenos de aulagas y vinagreras nos empobrecen, pero nos hace más daño pensar en el campo como algo pintoresco del pasado. Nuestros hoteles y restaurantes no solo deben ofrecer productos de la tierra, sino que todos debemos tener presentes y defender la historia y la cultura detrás de ellos. La agricultura canaria no puede quedarse en una foto de un paisano en un jardín temático. El futuro de nuestros pueblos pasa por tener cultivos y campesinos.

sábado, 25 de febrero de 2017

Campesinos y campo en Canarias (y II)

Muchas veces, cuando pensamos en quién gestiona y mantiene nuestro medio rural, nos acordamos solo del personal que las administraciones tienen destinado a esta área; a veces reparamos también en los trabajadores de la agricultura y ganadería, que son también parte importante del mantenimiento de nuestro medio y paisaje. Pero casi nunca caemos en que tenemos un amplio colectivo que no está dado de alta como agricultores, que muchas veces ni siquiera vive allí, pero que es fundamental en la gestión de nuestro campo.

Hay una importante parte de nuestra población que va a nuestros pueblos en su tiempo libre, lo que se viene a llamar agricultores de fin de semana. Son personas que realizan una importante labor de cuidadores del medio rural y que son clave en la producción local de cultivos como papas, vid, hortalizas, frutales e incluso ganadería, y que tienen también una influencia destacable en los cultivos de exportación como plátanos, aguacates, flores, etcétera. Si bien estos cultivos les generan unas rentas complementarias, en la mayoría de los casos se acercan al campo por motivos personales y culturales.

Si pensamos en la evolución de la población canaria, esta se concentra cada vez más. No solamente en las grandes capitales, sino en centros administrativos como Arucas y Telde, El Sauzal y el Valle de Güímar, así como los enclaves turísticos del sur de Tenerife y Gran Canaria, y en menor media los focos del Valle de La Orotava y Gáldar Guía. Si bien en las dos islas más orientales la dispersión de los núcleos turísticos difumina esta tendencia, en las otra cinco se ha producido un despoblamiento en casi treinta municipios, de tal forma que en los últimos veinte años han perdido población dos municipios en El Hierro, siete en La Palma, dos de La Gomera, cinco en Tenerife y seis en Gran Canaria.

Pero los problemas en nuestros pueblos son mucho más que una fría estadística. Se sufre un progresivo desmantelamiento de su sociedad, con la pérdida de su patrimonio, historia y cultura. Desaparecen bancales y caminos, establos, bodegas y casas enteras, estanques y atarjeas, pero también desaparecen sin remedio el conocimiento y el cariño por un territorio, las raíces y los valores de la tierra; son muchos los elementos de identidad históricos que se pierden, sin que sea posible recuperarlos ni mucho menos contabilizarlos en el PIB o en el déficit público.

Otro aspecto destacable de la despoblación de nuestros pueblos es la cantidad de recursos que dejamos ociosos. No solo hablamos de tierras de cultivo cubiertas de maleza, sino de caudales de agua potable sin gestión, como en La Gomera y La Palma. Todo ello mientras se registran en Hermigua quince agricultores dados de alta en la seguridad social, cuatro en Agulo, cinco en Artenara, cuarenta en Fuencaliente, mientras los campos de vid están llenos de matojos donde propagarse los fuegos en verano hasta la orilla del mar.

Necesitamos otra estrategia ante los problemas sociales en Canarias, replantearnos como queremos dar salida a nuestra población desocupada con los recursos disponibles. Nuestro modelo de sociedad de consumo, basada en los servicios y los grandes núcleos urbanos, presenta problemas de desarraigo, sostenibilidad y gestión ambiental. Necesitamos cambiar también nuestra normativa y sistema administrativo. Administraciones como hacienda, inspección de trabajo, agencias ambientales, han de entender que el apoyo entre vecinos como el trocapeón o la gallofa, la venta de un saco de papas o un garrafón de vino nos es fraude, o que el arreglo de un gallinero, levantar una pared o limpiar de matojos una parcela no son atentados ambientales.

Necesitamos que la nueva ley del suelo contribuya de verdad a un cambio en nuestros campos. Pero necesitamos también un cambio en la visión que todos hacemos de nuestros pueblos. Ciudad y campo no son enemigos, deben ser complementarios y aliados en un futuro sostenible para nuestra gente y nuestras islas.

sábado, 11 de febrero de 2017

Campesinos y campo en Canarias (I)

Un análisis de la distribución de la población activa de las Islas en función de su distribución en el territorio nos da una clara visión de nuestra sociedad y nuestra economía; más aún si ademas tenemos en cuenta el volumen de las actividades económicas del sector primario. Según las frías estadísticas, el número de personas dadas de alta en la seguridad social como agricultores es de 566 en Lanzarote, 778 en Fuerteventura, Gran Canaria con 8.151 y Tenerife con 8.787, 1.979 en La Palma, 153 en La Gomera y finalmente El Hierro con 108. La suma total es de 20.583 según los datos del último trimestre de 2016. Esto quiere decir que de las algo más de 700.000 personas declaradas en activo, los gestores del medio rural no alcanzan ni un triste 3%, por no pensar en la edad media de ese exiguo grupo.

Es evidente la falta de trabajadores en nuestros campos, pero aún más grave es que el déficit continúa, y que durante esta larga crisis no se ha aumentado la superficie de cultivo. Hacia nuestro campo no mira nadie, y se sigue agravando el éxodo rural, como se pone de manifiesto en nuestros pueblos de las islas occidentales. La Palma es la isla que más sufre esta despoblación, a pesar de contar con el 15% del agua dulce de las Islas para el 3% de la población total, aunque aún mantiene el 9% de los campesinos canarios. Se repite el abandono de nuestros pueblos en otros puntos de nuestra geografía, como las medianías del noroeste de Tenerife, Agache, Abona o el interior de Tamarán. Aparentemente solo se salvan Lanzarote y Fuerteventura, islas donde la actividad turística está más distribuida, animando, por ejemplo, las poblaciones entre Haría y Pájara-Morro Jable.

Aumentan las tierras ociosas y los pueblos se vacían, concentrándose nuestra gente cada vez más en grandes nucleos urbanos. A la par desarraigamos a nuestros niños y jóvenes, los separamos de su entorno en una cultura cada vez más globalizada y a la vez más somera y vacua, en la que mayores problemas de integración y una evidente falta de alternativas.

Es curioso, sin embargo, que en la comunidad más afectada por el paro junto con Andalucía, más de un 10% de la población activa sea de origen extranjero, fenómeno igualmente implantado en el sector primario. Nuestros jóvenes no se sienten motivados por el trabajo del campo. La agricultura y la ganadería son sectores de segunda categoría en una sociedad que asume un falso ecologísmo que quiere naturaleza sin gastar en gestión, campo sin campesinos y paisajes para el "selfie" sin intervención humana.

Si revisamos los datos en cada pueblo, desde Garafía y Barlovento pasando por Hermigua hasta El Tanque o Buenavista, se pone de manifiesto que la recuperación del campo pasa por una sociedad que busca alternativas ante el espejismo de la cultura "urbanita". Estamos dominados por la influencia del turismo de masas, las importaciones de alimentos de bajo precio y baja calidad, así como una política vacilante en nuestro campo, tanto al nivel nacional como autonómico y local.

Necesitamos otra política agraria que proteja de verdad el campo y los campesinos. Debemos establecer mecanismos de vigilancia y control de los precios de nuestra producción agrícola. Debemos tambien desarrollar legislación que anime a recuperar superficies de cultivo y la entrada de jóvenes en el sector primario. Es muy preocupante que en Garafía haya solamente 30 trabajadores del agro, o en toda La Gomera apenas 150.

Es una bofetada al sentido común que, mientras batimos récords en número de parados, tambien lo hagamos en tierras baldías. Nuestras administraciones deben virar de rumbo: necesitamos un apoyo institucional, legislativo, técnico y económico, para que nuestros parados puedan aprovechar tantos recursos desaprovechados.

Los medios públicos deben literalmente enseñar a pescar en vez de dar pescado, generar actividad económica en vez de caridad: lo social no puede estar separado de recompensar el esfuerzo. Nuestro campo, la gestión de nuestra naturaleza y la creación de puestos de trabajos deben ser nuestra meta.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Canarias: escuela, campo y trabajo (II)

La ruptura del sistema educativo-formativo con el campo es reciente. La globalización, los modelos urbanos, las importaciones de alimentos, sin consideración con las producciones locales, la devaluación de lo pequeño, lo local, lo nuestro..., han motivado la separación de la escuela y el territorio, apostándose por sistemas educativos importados, bien del ministerio, bien de las burocracias locales, que favorecen modelos alejados del medio rural, y en el que este se identifica como sinónimo del pasado, de la pobreza, de un mundo que se presume de atraso e ignorancia, etc.

La supuesta protección al menor conlleva la separación de los niños del campo y la familia en todo tipo de labores. La urbanización de la sociedad, con el espejismo de una sociedad de servicios, en la que la labor del mundo rural es algo del pasado..., alimentos de importación con bajos costes, bien porque sean de excedentes, bien en sistema "dumping", aquí y ahora el campo está devaluado.

No podemos ni tan siquiera vendimiar con participación de abuelos y nietos, ya que es "fraude" según los inspectores. Así, encontramos a pensionistas vendimiando por la noche con linternas huyendo de aquellos..., los maestros de la tierra escondiéndose y los jóvenes buscando "pokémons". A la devaluación de la cultura rural hemos de añadir la sequía, el viento, las importaciones de productos sin consideración, etc.

En dicho marco social, los padres no orientan a sus hijos hacia el campo y lo rural, cegados por el espejismo de supuestas alternativas, alejadas de un mundo rural básico. Incomprensible cuando quedan por potenciar tantos recursos que ahora están ociosos (agua, suelo cultivable), y cuando la actividad agraria es protagonista en múltiples tareas, como son el cuidado del medioambiente, dar equilibrio entre campos labrados y zonas boscosas, la retirada de combustibles de los montes como abono, o evitando incendios, etc.

Los responsables políticos educativos han de cambiar aspectos básicos para que otro campo sea posible.

El trabajo que ha realizado Pedro Molina con la ganadería, y en particular con el arrastre, defendiendo la vaca del país. Lo que se ha conseguido con la cabra y el queso en las Islas, las importantes mejoras en nuestros vinos con enología o la revalorización de las papas de color son logros positivos que deben orientarnos. Los huertos escolares, experiencias como la del CEO Manuel de Falla, en La Orotava, sobre el mundo rural y los niños, o el centro creado en el barrio de San José, en San Juan de la Rambla, o el papel de "La Escuela Navega" de acercar a los niños y los maestros al territorio que pisamos. Tenemos otras lecturas positivas, bancos de tierras para jóvenes que quieran incorporarse al campo, Ley del Suelo que facilite la incorporación de jóvenes, vincular las agencias de extensión agraria al sistema educativo-formativo.

Hemos de hacer un esfuerzo político-educativo sobre campo y sostenibilidad en Canarias que corrija la situación actual, en la que tenemos un número similar de chicos en estética y peluquería a los que hay formándose en agricultura y ganadería, y qué decir de turismo, con cifras similares. La lucha para lograr que tengamos población en los municipios rurales, para que tengamos relevo generacional en el campo y menor dependencia del exterior, depende de un giro hacia la cultura y la formación con nuestro campo y nuestra naturaleza.

Como bien dice el premio nobel Joseph Stiglitz, la globalización aumenta las desigualdades. El actual modelo aleja a los jóvenes del entorno, genera hombres y mujeres para la dura medicina de la emigración, como ocurre en nuestro campo. No nos preparamos para el surco pero tampoco para la hostelería.

En Canarias hay actualmente menos de 3.000 jóvenes en formación profesional de agricultura y ganadería, hemos dejado de inculcar la cultura del campo a nuestros hijos. No tenemos en cuenta que el relevo generacional puede llevar a una menor dependencia de fuera, poniendo políticas que fomenten la economía local. Eso solo es posible cultivando nuestros campos.

A su vez, hemos estigmatizado a nuestros mayores rurales, dándolos por ignorantes y olvidando que son los transmisores del saber y del hacer agrícola y ganadero. Esto ha causado el abandono de las tierras y el empobrecimiento del campo, dándose la contradicción de que haya necesidad de bancos de alimentos en el medio rural mientras las tierras están baldías. ¿Cómo es posible que se requiera de estos bancos cuando otros, como son los bancos de tierras, fracasan de manera terrible?

viernes, 20 de enero de 2017

Canarias, escuela, campo y trabajo (I)



En los últimos años se han producido los cambios culturales y económicos más bruscos en los 500 años de la historia de Canarias. Nuestro territorio había sido gestionado hasta ahora con una cultura dominada por la agricultura y la ganadería: la organización económica y administrativa, la alimentación, la Iglesia y los núcleos de población estaban vinculados al suelo labrado, a los recursos hídricos. La escuela estaba integrada en el mundo rural, las élites urbanas rentistas y el limitado aparato administrativo se encontraba en los pueblos: en Vegueta, La Orotava, La Oliva o Argual... La sociedad canaria estaba totalmente condicionada por los cultivos de abastecimiento y de exportación, buscando siempre optimizar unos recursos muy limitados.

En el último éxodo del campo, la emigración a Venezuela en la década 50 y 60 del pasado siglo, emigraron básicamente campesinos. De igual manera, en la anterior emigración a Cuba, en las primeras décadas del siglo XX, ante los problemas con los criollos y los intentos de blanquear el Caribe, Fyffes priorizaba llevar canarios del "interior", es decir, no quería urbanitas de Las Palmas y Santa Cruz. Canarias estaba especializada en producir campesinos, gran parte de las vegas de tabaco en siglos anteriores habían sido obra de canarios.

Hemos pasado en unos años de una sociedad eminentemente rural a lo que ahora llamamos sociedad de servicios. Antes, la cultura, el trabajo y la familia, los oficios y la alimentación estaban centrados en los núcleos rurales. Ahora, sin embargo, miramos sin ver a nuestro alrededor, ordeñamos el WhatsApp y ni conocemos las fuentes de las que bebemos agua, de dónde sale la harina de nuestro pan o de qué vacas sale la leche.

Hablamos, eso sí, de la huella de carbono y de cambio climático por el calentamiento global. La escuela y la universidad marcan las pautas, las modas y los modos. El trabajo manual se ha devaluado, junto con el conocimiento empírico el conocimiento. Sólo asociamos el progreso a la tecnología y la automatización, y olvidamos deliberadamente unos conocimientos valiosos que han incorporado nuestros campesinos a lo largo de la historia a través del proceso de acierto y error.

Los campesinos canarios, con su limitado conocimiento, fueron capaces en los últimos siglos de adaptar cultivos a los vientos y a la aridez tales como los boniatos y el maíz en Lanzarote o los cultivos sobre Jable desde Famara a Playa Honda, pasando por las gavias y nateros en Fuerteventura y el sur de Tenerife, las papas de color en las medianías del alisio, los tagasaste en La Palma o los castaños adaptados a zonas áridas del Sotavento de Tenerife, etcétera.

Hoy la escuela y la formación profesional no recogen apenas parte de dicho conocimiento, donde la gestión de la naturaleza se basaba en la relación directa de nuestra gente con su medio, con conocimientos empíricos transmitidos en el entorno familiar y con oficios heredados en muchos casos. El entorno académico tenía una limitada influencia sobre la gestión del día a día; ahora la "titulitis" ha marginado o ignorado las fuentes básicas de la experiencia en nuestra sociedad.

Nuestra sociedad no puede permitirse ignorar la llamada "Universidad de la vida", que nos permitió sacar productividad de campos de aulaga en Zonzamas con cultivos de batatas que en América demandaban 8 o 10 veces la pluviometría de Lanzarote. Nuestros sistemas educativo, científico y académico tienen que hacer un esfuerzo para incorporar la cultura agraria canaria a nuestra sociedad, a través de la ciencia, su divulgación y aplicación moderna.

Sufrimos una cultura globalizada que ignora el papel de los padres y la familia en una sociedad rural, que es además extremadamente agresiva hacia lo pequeño y lo local, hacia el medio rural en general. La producción de alimentos, la generación de puestos de trabajo y la revalorización del paisaje rural nos pueden ayudar también a reducir nuestra dependencia del exterior y hacer más sostenible nuestro sistema económico. Superemos nuestros prejuicios y nuestro desprecio e ignorancia deliberada sobre una cultura que nos resulta imprescindible en estos momentos. El campo canario merece la pena.